malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

martes, 31 de julio de 2012

tu más profunda piel - Julio Cortázar

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía --sábelo, allí donde estés-- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh, viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste "Me da pena", y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir la caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omoplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

lunes, 30 de julio de 2012

los hombres huecos - T. S. Elliot



I

Somos los hombres huecos
somos los hombres rellenos
apoyados uno en otro
la mollera llena de paja.¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
susurramos juntos
son tranquilas y sin significado
como viento en hierba seca
o patas de ratas sobre cristal roto
en la bodega seca de nuestras provisiones

Figura sin forma, sombra sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

los que han cruzado
con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte
nos recuerdan -si es que nos recuerdan- no como
perdidas almas violentas, sino sólo
como los hombres huecos
los hombres rellenados.


II

Ojos que no me atrevo a encontrar en sueños
en el reino del sueño de la muerte
esos ojos no aparecen:
ahí, los ojos son
luz del sol en una columna rota
ahí, hay un árbol meciéndose
y las voces son
el canto del viento
más lejanas y más solemnes
que una estrella que se apaga.

No me acerque yo más
en el reino del sueño de la muerte
revístame yo también
de tan deliberados disfraces
pelaje de rata, piel de cuervo, palos cruzados
en un campo
comportándome igual que el viento
sin acercarme más...

No ese encuentro final
en el reino crepuscular.


III

Esta es la tierra muerta
esta es la tierra del cactus
aquí se elevan las imágenes
de piedra, aquí reciben
la súplica de la mano de un muerto
bajo el titilar de una estrella que se apaga.

Así es
en el otro reino de la muerte
despertar solo
a la hora en que
temblamos de ternura
labios que querrían besar
forman oraciones de piedra rota.


IV


Los ojos no están aquí
no hay ojos aquí
en este valle de estrellas que mueren
en este valle hueco
la quijada rota de nuestros reinos perdidos
en este, el último de los lugares del encuentro
vamos a tientas juntos
y evitamos hablar
reunidos en esta playa del río hinchado

sin vista, a no ser que
reaparezcan los ojos
como la estrella perpetua
rosa multifoliada
del crepuscular reino de la muerte
la esperanza solamente
de hombres vacíos.

desnudo en la bañera, asomado al abismo - Lars Iyer




el descenso de la montaña

Hubo un tiempo en que los escritores eran como dioses. Vivían en las montañas, cual eremitas desahuciados o aristócratas lunáticos. Escribían con la única finalidad de comunicarse con los muertos, los aún no nacidos, o con nadie en absoluto. No habían oído hablar nunca del mercado, eran misteriosos y antisociales. Aunque tal vez deploraran sus vidas, marcadas por la soledad y la tristeza, vivían y respiraban en el reino sagrado de la literatura. Escribían teatro y poesía y filosofía y tragedias y cada muestra era más devastadora que la anterior. Los libros que alcanzaban a escribir llegaban con carácter póstumo a sus lectores, y por el más tortuoso de los caminos. Asomarse a sus pensamientos e historias era tan aterrador como toparse con los huesos de un animal extinto.

Andando el tiempo, surgió una segunda oleada de escritores. Vivían en los bosques, al pie de las montañas y, aunque seguían soñando con las alturas, necesitaban morar en los confines de bosques colindantes con alguna ciudad, en la que se adentraban de vez en cuando, para darse una vuelta por la plaza pública. Congregaban multitudes, cuyas mentes agitaban; provocaban escándalos, se metían en política, se retaban en duelos e instigaban revoluciones. A veces emprendían largos viajes a las montañas y cuando regresaban, el pueblo temblaba oyendo sus nuevas proclamas. Los escritores se habían convertido en héroes, áureos, audaces y pomposos. Más de uno entre quieres deambulaban ociosamente por la plaza dio en pensar: ¡Me place esto que veo! Me siento medio inclinado a intentarlo yo mismo.

Pronto, los escritores empezaron a instalarse en pisos de la ciudad, y aceptaron puestos de trabajo. De hecho, ciudades enteras se vieron colonizadas y ocupadas por escritores. Pontificaban acerca de cuanto tema hay bajo el sol, concedían entrevistas y publicaban en la editorial local, Libros del Monte Santo. Los había que llegaron incluso a vivir de las ventas y, cuando éstas menguaron, impartieron clases en la facultad de Olimpia City, y cuando se dejó de contratar a nadie en los Departamentos de Humanidades, se dedicaron a escribir libros de memorias sobre el arte de “vivir en las montañas”. Se hicieron expertos en publicidad, porque resultaba evidente que la industria editorial era una rama de la comunicación. Los más astutos empezaron a escribir anuncios, pues era una excelente manera de adquirir una buena técnica. En poco tiempo, los autores empezaron a ser más numerosos que los lectores, y pronto quedó claro que a fin de cuentas el público no era más que una alucinación, del mismo modo que la importancia de la escritura era básicamente una alucinación.

Ahora te sientas ante el escritorio, soñando con la Literatura y leyendo distraídamente el artículo de Wikipedia sobre la “novela”, mientras picas algo y ves vídeos de perros y gatos en el móvil. Escribes un poco en tu blog y tuiteas los pensamientos más profundos de que eres capaz, te devanas los sesos intentando añadir tu propia opinión sobre algún tema de moda en la red. Susurras, como en una plegaria, los nombres de Kafka, Lautréamont, Bataille, Duras, con la esperanza de conjurar el espectro de algo que apenas comprendes, algo ridículo y obsoleto que, sin embargo, te reconcome todos los días de tu vida. Y te sorprendes riéndote impotente de ti mismo muy a tu pesar, hasta que casi se te saltan las lágrimas. Por fin haces clic en “abrir nuevo documento” y estremecido, clavas la mirada en la pantalla, y te preguntas qué demonios podrías escribir ahora.





sábado, 28 de julio de 2012

primer curso de filosofía - Juan Bonilla





que sean nuestras sábanas las túnicas
de sócrates platón y de aristóteles
sobre ellas no habrá dudas ni preguntas
tan sólo realidad sin ideales
yo sólo sé que lo sé todo si follamos

las togas de agustín de hipona pueden
servirnos como colcha
si arrecia el frío y nos carcome el miedo de que cada uno de nosotros seamos dos
y estemos por entero en cada uno de ellos

con los vidrios con los que fabricaba
spinoza sus lentes para ver
a dios en todas partes nos haremos
un espejo que copie solamente
dos cuerpos en batalla destruyéndose
con la alegría de quien sabe que es así
como nacen los universos

la peluca de kant será una esponja
con la que voy a enjabonarte
todas y cada una de tus categorías
con la navaja de okham
quiero afeitarte el coño
para después tender a la abstracción
comerte el coño

y el látigo de aquel vulgar cochero
que apalizó a un caballo hasta matarlo
e hizo llorar a nietzsche el superhombre
hazlo sonar sobre mi espalda
cuando me vengan dudas o aprensiones
necios deseos sobre lo futuro
ganas de compartir el alquiler
ir al cine contigo y esas cosas

el brazalete nazi de heidegger
nos sirva de mordaza si entra el miedo
a conquistar los seres sin ahí
en que querremos transformar el uno al otro

jueves, 26 de julio de 2012

se te olvidó besarme el alma - Tracey Emin




estoy al borde del abismo, pero la vista desde aquí es excepcional


poseer - Carolina Castro






///una hermosa casa, un patio colorido

un cementerio en la cucha del perro

el mismo perro

rabioso

y tu soledad de niño despavorida y asustada



///el automóvil aniquilará al gato

y por la noche veras a tus padres haciendo el amor

desde tu impotencia de juguete

sin poder entender el ruidoso dolor que sofoca a tu madre



///¡oh, pero niño!

mejor anda, ve

¡juega!

tienes de repente

la cara muy pálida.


–yo también tengo mis deberes, querido, pero yo

yo los cumplo

porque sino el futuro vendrá por mi

con pezuñas de óxido rojo y gritos enormísimos

a invitarme al subsuelo

a la fiesta oscura de las personas que lloran y fracasan mucho



///con el aliento sucio y polvoriento

con suciedad por debajo de todas las uñas

con olor a sangre, a fruta podrida

niño,

mira como la pierna inmensa de los días

te abarcará el cuerpito

la cabeza

mira como el gigantesco pie ciego

te aplastará, niño



///caerán sobre ti litros y litros de sopa hirviendo

de armarios abiertos

a media noche con sus puertas de afilados dientes

un enorme cajón negro de susurros extraños

como regalo de navidad que abrirás sólo, en la más plena

y peligrosa soledad de niño

miércoles, 25 de julio de 2012

John Cheever





Un hombre solo es un ser solitario, una piedra, un hueso, un palo, un receptáculo para la ginebra Gilbey, una figura encorvada sentada en el borde de la cama de un hotel, lanzando suspiros ruidosos como el viento otoñal.
 (...)
Pueden cambiar las estaciones? Pueden las hojas marchitarse y empezar a caer? Puede venir el frío? Puede nevar? Qué significa esto? Uno no se vuelve viejo en el curso de una tarde.
 (...)
En la iglesia, arrodillado en el comulgatorio, comprendo la fuerza abrumadora de mi dependencia del alcohol. Es un sufrimiento que no está representado en las vidrieras, los muros de piedra, las vestimentas antiguas de los monaguillos. Se necesitan un desierto salitroso, cauces de río secos, cordilleras crueles.
 (...)
Durante el día, a ratos, me ha parecido que nuestro dolor, mi dolor, era orgiástico.


martes, 24 de julio de 2012

s.e.n.t.i.m.i.e.n.t.o.l.l.a.m.a.d.o.a.m.o.r. - Jarvis Cocker





el arte es la ceniza que queda en tu vida cuando esta arde bien
Leonard Cohen

hace frío en la habitación y lleva haciendo frío varios meses. si cierro los ojos puedo ver todo lo que hay dentro, hasta el tirador roto del tercer cajón de abajo de la cómoda. y el mundo exterior fuera de esta habitación ha adoptado una forma que resulta familiar: los mismos acontecimientos se mezclan en un orden ligeramente distinto cada día. igual que en un moderno centro comercial. y hace mucho frío. sí, hace mucho frío.
¿qué... es... este... sentimiento llamado amor? ¿por qué yo? ¿por qué tú? ¿por qué ahora? no tiene ningún sentido, no es oportuno, no cuadra en mis planes, es algo que no entiendo.
s.e.n.t.i.m.i.e.n.t.o.l.l.a.m.a.d.o.a.m.o.r.
¿qué es esto que me está pasando?
(y mientras me pongo en pie y cruzo la habitación siento como si toda mi vida previa me hubiera estado conduciendo a este preciso momento. y esta noche mientras te toco el hombro, la habitación se ha convertido en el centro de todo el universo.)
¿así que qué hago? tengo una ligera sensación de náusea en el estómago como si estuviera de pie en lo alto de un rascacielos. oh, sí: todas esas tonterías que te cuentan en las películas... esto no va de cajas de bombones y rosas. es mucho más sucio. como un pequeño animal que sólo sale de noche. y veo, como en fogonazo, la curva de tus pechos y de tu vientre y eso me obliga a sentarme y recuperar el aliento.
y hace mucho frío. sí, hace mucho frío.
(...) vuelvo a sentir ese sabor en la boca.
(y el mundo entero empieza a girar y girar al otro lado de la ventana, más y más y más rápido, y este es el único lugar enfocado, el anzuelo de lo que cuelga todo lo demás.)
¿qué es esto que me está pasando?

lunes, 23 de julio de 2012

sexus - Henry Miller





La habitación empezó a combarse e hincharse, las paredes rezumaban, el colchón, que era de paja, casi tocaba el suelo. La sesión empezó a adquirir todos los aspectos y proporciones de un mal sueño. Desde el extremo del pasillo, llegaba el resuello entrecortado de un asmático; sonaba como las notas finales de un huracán silbando por una ratonera arrugada.




domingo, 22 de julio de 2012

Tú crees en el ron del café, en los presagios - Paul Verlaine




Tú crees en el ron del café, en los presagios,
y crees en el juego;
yo no creo más que en tus ojos azulados.
Tú crees en los cuentos de hadas, en los días
nefastos y en los sueños;
yo creo solamente en tus bellas mentiras.
Tú crees en un vago y quimérico Dios,
o en un santo especial,
y, para curar males, en alguna oración.
Mas yo creo en las horas azules y rosadas
que tú a mí me procuras
y en voluptuosidades de hermosas noches blancas.

Y tan profunda es mi fe
y tanto eres para mí,
que en todo lo que yo creo
sólo vivo para ti.

sábado, 21 de julio de 2012

por septiembre - Luis García Montero






Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.

Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca

Antes del amanecer - Richard Linklater




"- ¿Crees en la reencarnación? Vale bien, la mayoría de las personas hablan de sus vidas pasadas y cosas así, y aunque no crean en ello de una forma concreta. No sé, las personas tienen un concepto de un alma eterna, ¿No? Bien, ahí va mi reflexión: Hace 500 siglos no había ni un millón de personas en el planeta, hará unos 10.000 años había 2 millones tal vez; ahora hay entre 5 o 6 mil millones de personas en el planeta, ¿No? Si todos tenemos nuestra alma individual y única, entonces, ¿De dónde las hemos sacado? ¿Las almas modernas son sólo una fracción de las originarias? Significaría que cada alma se dividió en 5.000 durante sólo los últimos 50.000 años que es un periodo de tiempo insignificante.... Así que como mucho somos sólo pequeñas fracciones de personas caminando.. ¿Somos tan dispersos por eso? ¿Por eso vamos tan desorientados?

viernes, 20 de julio de 2012

una de las noches en las que no me suicidé - Leonard Cohen




Bailáis en el día que salvasteis
mis ángeles teóricos
hijas de la nueva clase media
que lleváis la boca como la Bardot
Venid queridas mías
las películas son verdad
Yo soy el dulce cantante perdido cuya muerte
en la niebla ha sido reducida por vuestras nuevas
botas de tacón alto a colillas
Iba caminando por el puerto esta noche
buscando una cama de agua de 25 centavos
pero dormiré esta noche
con tus ligas enroscadas en mis zapatos
como arcos iris en vacaciones
con tu virginidad gobernando
los cementerios de condones como una segunda oportunidad
Yo creo Yo creo
que el jueves 12 de diciembre
no es la noche
y besaré de nuevo la vertiente de un pecho
un pequeño pezón sobre mí
como una puesta de sol

el tigre y la nieve - Benigni y Cerami




"Si ella muere, para mí el mundo es una puesta en escena, pueden levantarlo todo, enrollar el cielo y cargarlo en un camión, apagar ésta luz bellísima del sol que me gusta tanto, ¿y sabes por qué? porque me gusta ella iluminada por el sol. Pueden llevarse todo, estas alfombras, los edificios, la arena, el viento, las ranas, las sandías maduras, el granizo, las siete de la tarde, mayo, junio, julio, la albahaca, las abejas, el mar, los calabacines, ¡los calabacines! ¡encuéntrame ésta glicerina amigo Al Giumei-li!"

jueves, 19 de julio de 2012

el verbo ser - André Breton


Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se sienta necesariamente a una mesa quitada en una terraza, de noche, a la orilla del mar. La desesperación es y no es el retorno de una serie de pequeños hechos como semillas que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o el vaso de beber. Es un barco plagado de nieve, si queréis, como los pájaros que mueren y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de pelo. Es la desesperación. Un collar de perlas para el que no se sabría encontrar broche y cuya existencia no pende siquiera de un hilo, eso es la desesperación. Del resto no hablemos. Acabaríamos por desesperarnos si comenzáramos. Yo desespero del tragaluz hacia las cuatro, desespero del abanico hacia las doce, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano permanece siempre ante la desesperación jadeando, ante la desesperación que los espejos jamás nos dicen si ha muerto. Vivo de esa desesperación que me encanta. Me gusta esa mosca azul que vuela por el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco a grandes rasgos la desesperación de los largos y frágiles asombros, la desesperación de la soberbia, la desesperación de la ira. Me levanto todos los días como todo el mundo y extiendo los brazos sobre un papel de flores, no me acuerdo de nada, y siempre descubro con desesperación los bellos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitación es bello como unas baquetas de tambor. Forma un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento que me ayuda. ¡Se tendrá idea de semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, vendrán otra vez... ¡Socorro! Helos ahí cayendo por la escalera... Y los anuncios de periódico, los letreros luminosos a lo largo del canal. A grandes rasgos la desesperación carece de importancia. Es un incordio de estrellas que de nuevo va a formar un día de menos, es un incordio de días de menos que de nuevo va a formar mi vida.

miércoles, 18 de julio de 2012

la canción de amor de Alfred Prufrock - T.S. Eliot





Si yo creyera que mi respuesta fuera
a una persona que alguna vez podría retornar al mundo,
esta llama, sin más, quieta estuviera;
pero ya que jamás desde este fondo
escapa un ser humano, sí escuché verdad,
sin temor a la infamia te respondo.

 
Vayamos, pues, tú y yo
cuando la tarde se haya tendido contra el cielo
como un paciente eterizado sobre una mesa;
vayamos, entonces, por calles casi desiertas,
murmurantes retrocesos
de noches inquietas en hoteles baratos y de una noche
y empolvadas fondas con conchas de ostras;
calles que se prolongan como un argumento aburrido
de intención tediosa
que te llevan a una pregunta abrumadora...
Oh, no preguntes “¿Qué es?”
Vayamos a hacer nuestra visita.

En la habitación, las mujeres vienen y van
hablando de Miguel Ángel.

La niebla amarilla que lava su espalda en el cristal de las vidrieras,
el humo amarillo que lava su hocico en el cristal de las vidrieras
pasó su lengua por el interior de las esquinas de la tarde,
se quedó suspenso largo tiempo sobre los charcos de las cunetas,
dejó caer sobre su espalda el tizne que cae de las chimeneas,
se deslizó por la terraza, dio un salto súbito,
y, viendo que era una noche suave de octubre,
se enroscó una vez a la casa y se quedó dormido.

Y, en verdad, habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza a lo largo de la calle,
frotando su espalda sobre el cristal de las vidrieras;
habrá tiempo, habrá tiempo
para preparar un rostro que acepte los rostros que encuentres,
habrá tiempo para matar, habrá tiempo para crear
y tiempo para todas las labores y los días hábiles
que levanten y dejen caer una pregunta en tu plato;
habrá tiempo para ti y habrá tiempo para mí,
y habrá tiempo incluso para cien indecisiones,
y habrá tiempo para cien visiones y revisiones
antes de que tomemos una tostada y té.

En la habitación, las mujeres vienen y van
hablando de Miguel Ángel.

Y en verdad habrá tiempo
para preguntarse “¿Me atrevo?” y, “¿Me atrevo?”
Habrá tiempo para volverse atrás y bajar la escalera
con un lugar calvo en mitad de mi pelo.
(Dirán: “¡Qué ralo se le está poniendo el pelo!”)
Mi traje matinal, mi cuello que sube firmemente al mentón,
mi corbata, rica y modesta pero asegurada por un simple alfiler.
(Dirán: “Pero, ¡qué delgados son sus brazos y sus piernas!”)
¿Me atrevo
a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
para decisiones y revisiones que un minuto revocarán.

Porque ya las he conocido a todas, a todas ellas:
he conocido las noches, las mañanas, las tardes,
he medido mi vida con cucharillas de café;
conozco las voces que mueren poco a poco
bajo la música llegada de un cuarto distante.
Entonces, ¿cómo podría yo atreverme?

Y he conocido ya los ojos, todos ellos:
los ojos que nos fijan en una frase formulada,
y cuando esté yo formulado, debatiéndome en un alfiler,
cuando yo esté clavado y retorciéndome en la pared,
¿cómo podría entonces empezar
a escupir todas las colillas de mis días y de mis costumbres?
¿Y cómo podría atreverme?

Y he conocido ya los brazos, todos ellos:
brazos con brazaletes y blancos y desnudos.
(¡Pero bajo la lámpara poblado de claros vellos castaños!)
¿Es acaso el pefume de un vestido
lo que así me hace divagar?
Brazos que reposan sobre una mesa o se envuelven en un chal.
¿Y podría yo entonces atreverme?
¿Y cómo podría empezar?

¿Diré: fui, al crepúsculo, por calles estrechas
y contemplé el humo que sale de las pipas de hombres solitarios,
asomados a sus ventanas, en mangas de camisa?..

Yo debí ser un par de manos andrajosas
que rasaron los suelos de mares silenciosos.

¡Y la tarde, la noche, duerme tan apaciblemente!
Alisada por largos dedos,
dormida... fatigada... o bien se hace la enferma,
extendida en el suelo, aquí junto a ti y a mí.
¿Tendría yo, después del té y los pasteles y los helados,
la fuerza para forzar el momento a su crisis?
Pero aunque he llorado y ayunado, llorado y orado,
y aunque vi mi cabeza (ya un poco calva) traída en una bandeja,
no soy profeta (pero esto no importa mucho);
he visto flaquear el momento de mi grandeza
y he visto al eterno lacayo recibir mi abrigo y sonreír estupida­mente,
y, en suma, tuve miedo.

¿Y habría valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre la porcelana, entre alguna conversación sobre ti y sobre mi,
hubiera valido la pena
haber hincado el diente en el asunto con una sonrisa,
haber comprimido el universo en una bola
para rodarlo hacia alguna pregunta abrumadora,
para decir: “Soy Lázaro, vuelto de entre los muertos,
vuelto para decirsélo todo, se lo diré todo”.
Si una, acomodando una almohada junto a su cabeza,
dijera: “No es eso lo que quise decir, no es eso.
No se trata, en absoluto, de eso”.

Y hubiera valido la pena, después de todo,
hubiera valido la pena,
después de los ocasos y de los patios y de las calles regadas,
después de las novelas, después de las tazas de café, después
de las faldas que arrastran por el piso
(y esto, y tanto más).
¡Es imposible decir exactamente lo que quiero decir!
Pero como si una linterna mágica proyectara los nervios en
modelos sobre una pantalla:
¿Habría valido la pena
si una, acomodando una almohada o quitádose un chal
y volviéndose hacia la ventana, hubiera dicho:
“No es eso, en absoluto,
no es eso lo que quise decir, en absoluto”.

¡No! No soy el príncipe Hamlet ni es mi intención serlo,
soy un señor cortesano, uno que servirá
para llenar una pausa, iniciar una escena o dos,
aconsejar al príncipe; sin duda, un instrumento dócil,
obediente, contento de servir,
político, precavido, meticuloso,
lleno de altos conceptos, pero un poquito obtuso;
a veces, en verdad, casi rídiculo:
casi, a veces, el Bufón.

Envejezco... Envejezco...
Usaré enrollados los extremos de mi pantalón.
¿Me peinaré el cabello hacia atrás?
¿Me atrevo a comer un melocotón?
Me pondré pantalones de franela blanca y caminaré por la playa.
Allí he oído a las sirenas cantándose una a otra.

No creo que canten para mí.

Las he visto cabalgar sobre las olas, mar adentro,
peinando los blancos cabellos de las olas revueltas
cuando el soplo del viento vuelve el agua blanca y negra.

Nos hemos quedado en los dormitorios del mar
al lado de muchachas marinas
coronadas de algas marinas rojas y pardas
hasta que voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.

martes, 17 de julio de 2012

walking around - Pablo Neruda




Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas moradas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
no quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

lunes, 16 de julio de 2012

fragmentos de Poema sucio - Ferreira Gullar




El cuerpo. ¿Pero qué es el cuerpo?
                    Mi cuerpo hecho de carne y hueso.
                    Ese hueso que no veo, maxilares, costillas,
                    flexible armazón que me sustenta en el espacio
                    que no me deja desplomar como una bolsa
                    vacía
                    que guarda todas mis vísceras
                    funcionando
                    como retortas y tubos
                    haciendo la sangre que hace la carne y el pensamiento
                    y las palabras
                    y las mentiras
y los cariños más dulces más descarados
                    más sentidos
para estallar como una galaxia
                    de leche
                    al centro de tus muslos al fondo
                    de tu noche ávida
olores de ombligo y de vagina
                    graves olores indescifrables
                    como símbolos
                    del cuerpo
de tu cuerpo de mi cuerpo
cuerpo
que puede un sable rasgar
                    un añico de vidrio
                    una navaja
mi cuerpo lleno de sangre
                    que lo irriga como a un continente
                    o a un jardín
                    circulando por mis brazos
                    por mis dedos
                    mientras discuto camino
                    recuerdo rememoro
mi sangre hecha de gases que aspiro
                    de los cielos de la ciudad extranjera
                    con la ayuda de los plátanos
y que puede – por un descuido – escurrirse por mi pulso
                    abierto

Mi cuerpo
que acostado en la cama veo
como un objeto en el espacio
                    que mide 1,70 m.
                    y que soy yo: esa cosa
                    acostada
                    vientre piernas y pies
                    con cinco dedos cada uno (¿por qué
                    no seis?)
                    rodillas y tobillos
                    para moverse
                    sentarse
                    levantarse

mi cuerpo de 1,70 m. que es mi tamaño en el mundo
                    mi cuerpo hecho de agua
                    y ceniza
que me hace mirar Andrómeda, Sirius, Mercurio
                    y sentirme mezclado
a toda esa masa de hidrógeno y helio
                    que se desintegra y reintegra
                    sin que sepa para qué

                    Cuerpo mi cuerpo cuerpo
que tiene una nariz así una boca
                    dos ojos
                    y una cierta manera de sonreír
que mi madre identifica como de su hijo
                    que mi hijo identifica
                    como de su padre
cuerpo que si cesa de funcionar provoca
                    un grave acontecimiento en la familia:
                    sin él no hay José Ribamar Ferreira
                    no hay Ferreira Gullar
y muchas pequeñas cosas ocurridas en el planeta
estarán olvidadas para siempre.








domingo, 15 de julio de 2012

Maurice Maeterlinck




"Apenas expresamos algo lo empobrecemos singularmente. Creemos que nos hemos sumergido en las profundidades de los abismos y cuando volvemos a la superficie la gota de agua que pende de la pálida punta de nuestros dedos ya no se parece al mar del que procede. Creemos que hemos descubierto en una gruta maravillosos tesoros y cuando volvemos a la luz del día sólo traemos con nosotros piedras falsas y trozos de vidrio; y sin embargo en las tinieblas relumbra aún, inmutable, el tesoro."

la vista - Claudia Masin






Me gustaría contarte lo que veo, hablarte
de los hoteles abandonados apareciendo de la nada
en el medio de la carretera como castillos solitarios
cuyos puentes levadizos hubieran sido
dinamitados hace tiempo. Me gustaría
contarte lo que veo pero es imposible
hallar un dolor que condescienda
a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,
emprender tan largo viaje para ir de un extremo
al otro del silencio? También es imposible
callar por completo: sé que terminaré por llamarte,
como se llama a alguien cuando se está a oscuras,
sin el auxilio de la voz, un estremecimiento
semejante al de las luciérnagas
que al chocar contra un parabrisas en la ruta,
se deshacen esparciendo una nube pequeña
de polvo y luz, y ésa -quizás- es su idea
de un encuentro."


sábado, 14 de julio de 2012

quiero que me dejes en el fondo del mar - Joaquín Oreña











































hoy ya sé

que nada extraordinario
va a pasarme

será por eso tal vez
que el ausentarse
sirva para extrañar
las cosas

las hormigas
nunca dejan de tener actividad
alimentándose
casi sin descanso de la superficie
ellas lo reconocen todo
pero la experiencia sensible
muchas veces nos engaña

a lo mejor debí
haber estudiado biología
y sentir al futuro
como dándose naturalmente

mirar a la división celular
a través de un microscopio
apropiarme
velozmente de sus colores cambiando
y luego sin más

abandonarlos

así la helada
curte nuestros labios
y es el contacto del frío
con la sangre
lo que genera ese ardor especial

cuando ves las luces intermitentes
de un avión avanzando
sobre el cielo a la noche

¿en qué te hacen pensar?

ahora que el invierno regresa
el amarillo radiante
de la estufa eléctrica
en la habitación
calienta e hipnotiza
con su temperatura artificial

los entretiempos de una época sin luz
son como un tren de carga
atravesando la llanura
sin ningún testigo para llamarlo paisaje

cuando entramos solos al mar
allí donde los pies no se pueden ver
tampoco
se sabe muy bien lo que pasa


viernes, 13 de julio de 2012

adiós - Bukowski

 
 
 
adiós Hemingway adiós Celine ( murieron el mismo día)
adiós Saroyan adiós mi buen Henry Miller adiós Tennesse
Williams adiós a los perros muertos en la autopistas adiós
a todo el amor que nunca funcionó adiós Ezra siempre es triste
siempre es triste cuando la gente se entrega y es usada lo acepto lo
acepto y te legaré mi automóvil y mi encendedor
y el cáliz de plata que utilizo para beber y el techo que mantuvo
afuera casi toda la lluvia adiós Hemingway adiós Celine adiós
Saroyan adiós mi buen Henry Miller adiós Camus adiós Gorky
adiós al equilibrista cayendo del alambre mientras
los rostros vacíos miran hacia arriba hacia abajo a ninguna parte
enfurécete con el sol, dijo Jeffers, adiós Jeffers, yo sólo puedo
pensar que la muerte de la buena y mala gente es igualmente triste
adiós D.H. Lawrence adiós al zorro en mis sueños y
al teléfono
fue mucho más difícil de lo que supuse
adiós Tony Dos Toneladas adiós al Circo Volador
ya hicieron suficiente adiós Tennesse alcohólico caprichoso
estoy bebiendo una botella más de vino por ti
esta noche.

jueves, 12 de julio de 2012

violent days

Ya sabes que se nos han caído todas las agujas que nos sujetaban a los sueños, como un maniquí que se vestía con sábanas baratas, con osados harapos mientras todo era flotar. Cuando un paquete de tabaco arrugado, gastado, vacío que se filtró en tus pulmones hecho humo puede ser lo más lírico que imagino en mañanas de ibuprofeno y noches de rubias, debería dejar de imaginar de una vez, por y para siempre. Bajarme a tierra, pellizcarme el vientre. Y eso haré. Este desorden y esta falta de todo, de aquí y de allí, qué incómodo vivir con todo cayendo, arrastrando las mangas, fregando todos los culos de vaso de los que consiguieron beberse algo, mientras yo trago toda la arena de tu desierto y me desprendo del sedal de tus brazos cuando no quiero.
Llego tarde y el día aún no se enciende, está lento, moribundo, como recién llegado de alguna guerra lejana, de esas que nos llenan de cicatrices y angustia, de luces que se apagan y hielo. Ya ni sé si eres respiradero o sumidero de mi desidia. La memoria como una habitación acolchada de la que ya nunca salgo. Y para qué salir, para cruzar la calle, las piernas, los dedos, los brazos. Déjame dentro para amortiguar los golpes con tu recuerdo. Para recolectar la nada y el eco y el asco.
Fui paisaje y ya quedo lejos. De una vez, por y para siempre. 

miércoles, 11 de julio de 2012

recuento - Pere Gimferrer




Ensayos he escrito desvaídos borradores esbozos
a la luz de una lámpara
apenas un valor decorativo
como figuras pintadas en la pantalla de una lámpara
piscinas con cisnes de plástico
me muerdo los labios y una gota de sangre vacila
besar al leproso
horror de los contrarios la caverna plutónica el vendaval sulfúreo
el otoño como un órgano profundo en las catedrales del agua
vivo de imágenes son mi propia sangre
la sangre es mi idioma ciego en la luz del planeta
buceando en la tiniebla con rifle submarino
un arpón oh sombras de delfines en mi vida
oh sombras de delfines
van y vienen en la verdosa oscuridad
cuánto quise decir que mis versos no dicen
cuánto mis versos dicen que yo no sabría decir
como una máquina tragaperras en Las Vegas o Phoenix City
y el fullero de smoking sale a una luz de carrusel
Cuando envejezca pensaré en mis versos como en esas inacabadas historias de familia con cenas y despachos y salones
las sonrisas de mis primas muertas hace tantos años
envejecidas como un vestido de encaje apolillado una muñeca abandonada en los desvanes
la sonrisa de una muñeca
sus ojos como canicas o vidrios de colores
como canicas o vidrios de colores mis versos
pero todo adquirirá otra luz una nueva perspectiva
como la sala en penumbra desde una cabina de proyección
las sombras plateadas de los mares del Sur
con guirnaldas de flores las canoas en el Pacífico
este azul tan intenso que por las noches fosforece
versos fosforescentes en la noche
emitiendo señales de radio bajo las aguas como un submarino perdido
el Scorpion de la VI Flota ante los cabos de Virginia
Norteamérica un nido de escorpiones
no regresan sus señales de radio se pierden en la noche se hunden en la pesada oscuridad de las olas
emitiendo mis versos
ya desde la vejez versos de veinte años
con palabras de entonces que se han vuelto románticas
como automóviles de principios de siglo
charolados y oscuros y encendidos
mis versos
como en el teatro Kabuki o en una obra griega
maquillajes y máscaras siempre máscaras
Personae dijo Pound
amarillos y azules y encarnados
colores vivos de instantánea Kodak
algunos no regresan se han ido las imágenes
mariposa en cenizas
otros aún fosforecen sobre la noche de los rascacielos
regresan como muchachos heridos en la ciénaga
pólvora y ojos verdes
un guerillero bajo las estrellas metálicas
fuego de granadas Primavera
mis ojos han visto la hoguera de Savonarola
la muerte de Ernesto Guevara
y como Sandro Botticelli la fría luz de una plaza desnuda
edificios vacíos como un esbozo de arquitecto
Los milagros de san Zenobio pintado hacia 1500
ya no tenía fe
se devanece el verde sombrío de las hojas y las diáfanas cabelleras de oro
sirenas de ambulancias vienen de Luna Park
aúllan en la noche
y a lo lejos la rueda luminosa
música toboganes laberintos
la lluvia en Luna Park y el frío de la Morgue y los recuerdos.

martes, 10 de julio de 2012

Walt Whitman



Los poemas verdaderos 
(los que llamamos poemas no son sino imágenes),
los poemas de la intimidad nocturna, 
y de los hombres como yo,
este poema, 
vergonzoso y oculto, 
que llevo siempre conmigo,
que llevan consigo todos los hombres.

lunes, 9 de julio de 2012

si consideramos - Charles Bukowski



si consideramos lo que puede verse:
motores que nos vuelven locos,
amantes que acaban odiándose,
ese pescado que en el mercado
mira fijamente hacia atrás adentrándose
en nuestras mentes,
flores podridas, moscas atrapadas en telarañas,
motines, rugidos de leones enjaulados,
payasos enamorados de billetes,
naciones que transladan a la gente como peones de ajedrez,
ladrones a la luz del día con maravillosas
esposas y vinos por la noche,
las cárceles atestadas,
el tópico de los parados,
hierba moribunda, fuegos insignificantes,
hombres suficientemente viejos como para amar la tumba.

estas y otras cosas
demuestran que la vida gira en torno a un eje podrido.

pero nos han dejado un poco de música
y un póster clavado en el rincón,
un vaso de Whisky, una corbata azul,
un delgado volumen de poemas de Rimbaud,
un caballo que corre como si el diablo le estuviera
retorciendo la cola
sobre la hierba azul y el griterío
y después, de nuevo, el amor
como un coche que dobla la esquina,
puntual,
la ciudad a la espera,
el vino y las flores,
el agua corriendo a través del lago,
y verano e invierno y verano y verano
y de nuevo invierno.

sábado, 7 de julio de 2012

aeropuertos y salas de espera



tú que fuiste poema antes que carne
y delirio antes que certeza.
yo que era un apátrida en los burdeles,
donde se es apátrida o no se es nada,
porque son eso los burdeles,
aeropuertos y salas de espera
para las urgencias del corazón.
tú que fuiste visión antes que mirada
y flecha antes que herida.
después vendría tu cuerpo y el desasosiego,
como las ristras de bombillas coloreadas
que el viento mece la mañana después de una fiesta
o el escenario vacío de una plaza también vacía.
para ti que fuiste poema antes que carne.