malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 15 de febrero de 2016

la costumbre del vértigo y el pudor de los saltos






























Tú me quieres así, yo digo: «sea»
y nos navega el cielo por el fondo.
C.Lagos




Un poema inútil, rezagado, de esos que tilda la crueldad de perdedor.  El que purga con exacto dolor desde nuestros epicentros incendiados de nada.

Un poema invisible, en el rincón, oscurecido a pesar de la luz de mil mañanas.

Enterrado junto al rosal.  Uno que no sabe ni dónde va ni de dónde viene.

Trae pequeñas alegrías en las arrugas de la ropa como restos de triste lluvia que no cala. Trae manos calientes para todos los fríos. Pero nadie repara.

Está gritando vida en mute.  Conoce el éxtasis de la palabra precisa que perfora el vientre. El poema que es búsqueda y mudanza. Con el verso abierto en carne viva.

Sutura, remo, cielo que caiga.  Conjugado en susurros imperdonables.  Confunde la estructura del tiempo con el agua que soy. La costumbre del vértigo y el pudor de los saltos. Cuando nadie nos sabe equilibristas errados.  Se emborrona el intento.  Garabato delicioso en la piel que se piensa. Masturbarnos la intemperie el uno al otro y que a nadie le resulte hermoso.  No tengo el poema. Me despeño en silencio ante el mundo.  Tiemblo bienherida pero tan a solas. No me salvo de ti.  Me estremece tu noche y tu vinilo dando vueltas. Esa aguja me tatúa la distancia en el esternón. No te escucho tarareando.  Se consuma el no delirio de otra noche sin tocarnos los fondos. Otro hachazo de no vida para el tronco de casi cuarenta anillos. No soporto el lenguaje sin tu olor.  Presagio bosques y desorientación. Acepto mi poema-ladrido por desolado. No inunda tu noche pero desahoga. Tropieza. Rompe. Agrieta. Gime. Me tiento el corazón bajo las sábanas. No sirve, apenas calma, embrutece la herida si acaso. Amplia el contorno de la soledad por su impúdico eco.

Tréboles encendidos.  Triste encierro del amor. Poema metáfora del daño cuando se dilata. Poema inútil que no dice nada aunque venga  tan lleno de mí. 



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jueves, 4 de febrero de 2016

la carne a solas





“hay un charco del sol sobre la cama”

Juan Bonilla

Acudir a la sombra de tu cuerpo,
como quien en mitad de todos los desiertos,
corazón en cuero y llamas,
gatea hacia el abismo
con el paisaje enloquecido en el pecho.

Seguir siendo fábrica de calimas
-deshechas con tanto amor-
y en el preludio de lo insoportable,
llegar a ti con arte de enfermera maldita,
a curarte cien miel veces el alma y la entrepierna,
antes, segundos antes,
de que llegue el dolor y nos dé el santo y seña.

Antes de que volvamos a rondar las barras
como animales sedientos
y amnésicos de su propia casa,
cama, plato, rutina.
En la antesala de la desesperación,
creciente, de luna y marea,
darnos amor severo.

Fascinados por las tintas del propio cuerpo
que arriban delirantes sin preaviso.
“tantos ojos fabricando la ceguera”,
hablémonos con las manos
siendo por una vez
verdaderos.

Aún así prefiéreme lunfarda,
más costoso será el olvido,
que arraigue el gemido de profundis,
que ensancharé la palabra
para que le quepa el mundo
y así poder manejar el abatimiento.

La carne a solas, que diría Biedma,
horas bonitas donde nace la fiebre,
los relámpagos,
las heridas de invierno.
Ser vino joven en labios agrietados.
Gritarnos versos franceses al oído.
Gatos leoninos que sudan bajo los coches en las ciudades.
Deambular a la hembra con tiento
y huir de la vida valium 10.
Rebobinar la sangre y la imagen del hambre,
no abrazar un holograma,
adecentar el calvario de no tenerse
 y revivir los principios
hasta el infinito y la muerte.

Hurga en mi corazón y abre la mano,
mientras te miro con ojos de dragona
y la rabia de todas las helena de Troya
que habitan tu mente y tu ansia.
Borrachos en el paraíso, 
perdedores satisfechos
de los que sólo escriben en el incendio.

Que esa mano, sin reloj,
salpicando tu espuma y el calor,
quiere ser eterna
no lo olvides.