malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

martes, 24 de enero de 2017

meter el cuerpo en tu mundo
























“Valar morghulis”



Pronóstico: un puñado de poemas, el corazón en cuclillas al filo de la luz y nuestras noches desdobladas gritando desde el vientre en la lengua del dolor.

Quise tejer un huracán en nuestros pulsos, traducir al animal y dilatar tu alarido. Con ecos, partir horizontes. Aprender a temblar en mitad del fracaso y acariciar todos los hielos sin morir. O tal vez solo un poco.

Soportar que la pena nos viola hasta el final. Desnucar lo furioso de la memoria y sus mimbres y sus tardes haciendo de nuestros cuerpos panal. 
 Convocar nuestras sombras, anudarlas, amarlas, desbocarlas. Que caer no significase tumba. 

Hacia dentro, en sangre alcoholizada, construir un inf/vierno y saber cruzarlo. No olvidar que el calor es el atajo que nos lleva a lo hondo, sin arneses, núcleos reventados de rojo. Que nunca es fracaso vaciarse de prados de dolor y jalar nuestras cosechas más salvajes. 

Quise descorrerme en tu mirada con los ojos tan abiertos como el hambre. 

Borrar de exactitudes el futuro, saber que el minutero alberga trampas y escozor. Ser siempre un tintineo de llaves, el vaivén de unas caderas paraíso que te amen. Abusar de la palabra tanto como del silencio aunque sea el derrumbe de la calma, peldaño roto de la cordura.

Nunca amar lento y nunca escribir mansa. Traer agujas y brasas, reventar de ausencia en el papel y registrar las ruinas con amor, tan loba y desbaratada.

Meter el cuerpo en tu mundo. Clavarnos con y en el delirio.

Lamer distancias bastardas y deshacer abismos como nudos en la lana. Tan retorcidos en las puntas. Hacer nuestro el sucio y bello acto de leernos el envés de las corazas. Ser valiente donde está oscuro. 

Vaciar los bolsillos y el alma.


domingo, 8 de enero de 2017

la tragedia de las olas que no rompen




Te entrego este presente, sostenido en ferocidad mundana,
envuelto en papel de periódico, como pesca de barrio,
deshecha en roturas, costuras, pedazos,
domingos –esas carnicerías que me matan-
y aullando como el afinador que ama tus cuchillos desgastados.

Como una caja de mudanza en la que se mezcla todo.
Como huida de una guerra.
O de una paz inacabable.

Me daba pena cortar la hierba alta
pero no rasurar cielos con la mente,
cuando horizontal,
me desmayaba en sueños con las manos.
Siempre fracasaba con el cuerpo
porque la distancia crece como helecho salvaje entre las piernas,
y la desventaja del olvido es una ilusión.

Tú, yo, la mano abierta,
el sexo, el ojo, la boca, la herida
así no se llega vivo a ningún puerto.
Así no beben las flores en jarrones agrietados,
pero ya estaban muertas y no lo sabían.

Cajas de Pandora
y rabias que se encienden para encontrar la noche.
Trajes pequeños para nuestra locura.
Mojados en fuego.
Tratando las penas de frente con las manos desnudas.
Los decibelios de las ganas,
llenando plazas,
dañando cabeceros.
El intento del verso a solas.

Hay una tragedia en las olas que no rompen
pero también la hay en la espuma.
En la espuma de cada momento inmortal que nos llevamos
en cada risa que agrieta feliz la comisura de cada boca
en cada dedo enredado en la melena
en cada tela que se rasga de fiebre
en cada neón que invade una ventana
en cada desquererse a cámara lenta.
Muérdeme los dientes
lame cada arteria como si fuera una calle a ninguna parte
y aparta los restos, como guarnición del momento

nunca me fui infalible