martes, 17 de diciembre de 2019

Retorno a Tipasa - Albert Camus




 

"Volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura, una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada (…) Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. ¡Oh, luz!, ése es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible".

 

viernes, 29 de noviembre de 2019

tu écuyère y el infinito



a horcajadas sobre tu corazón
desmoronando laberintos
electricidad y lenguas mojadas que arriban tensas
tensísimas,
como nosotros,
así juntos y superlativos,
aguardando ese baile zíngaro
y fuera todas las distancias agonizantes

no tengo nada que decir con palabras
te dije que sólo traigo cuerpo

más allá de él, todo esto es pura parafernalia
un preliminar fatuo
ropa
una bengala en el océano
sin el calor del peligro que la ampare
ornamento sin delito
verdana o trebuchet
no hay decoración que supere el temblor
del abrazo rotundo
de los cuerpos
que como un arpegio se rasgan veloces
en la necesidad
de saberse tan exactos y ansiados

dijiste que dentro te crece una selva
que alegro la sombra de tus cejas
que te inyecté un sol de marzo
será un sol que brota de la carne
un caballo loco y el deseo descifrándose
más allá de todos los muros
donde algunos olvidaron lo que significa asombrarse

la ternura galopante y
todos los festivales de nuestras miradas
miradas que sajan por dentro
mirada atroz del que ama con todo
más corpulento que el dolor
es eso de quererse con rabia
reconocerse exhausto y perdido
y aún así amarrarse al oleaje más violento

vengo a callar tu territorio contra mi piel
con contundencia
y a tatuarte en mi párpado.

no tengo nada que decir con palabras
te digo que sólo traigo cuerpo

benditas y perversas brasas
y todas tus diversas latitudes
manantiales de luz
ladridos en el corazón y su volumen
para hacer nuestro el momento
y su acumulada infinitud















jueves, 14 de noviembre de 2019

Toda una vida en una noche - Albeiro Montoya Guiral



A lifetime in a night. Joyce

I
La noche me azuza los perros.
Huelo sus ladridos desde este rincón
en que el miedo me empuja en un columpio.

II

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Aquí me escondo niño, todavía.
Ya no temo las brujas que torturan en la noche
a los caballos con caricias en sus belfos.

III

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Temo a los pájaros,
temo a los pájaros que me hicieron llorar
en una madrugada de febrero,
andando solitario los caminos.

IV

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Una ciudad espera que se haga añicos mi cuerpo
sobre sus lenguas intermitentes,
sobre una jauría de perros ciegos que ladran
dentro de mí.
Soy el poeta mudo que no ha nacido:
el sepulcro encantado en el monte.
Cruzo un camino que lleva a una casa que ya no
existe.


sábado, 12 de octubre de 2019

LA TERCERA MEMORIA - Evgueni Evtuchenko

Todos tenemos un instante en que 
nos entra una tristeza pegajosa, 
y la vida, quedándose al desnudo, 
se nos muestra como algo sin sentido.

Frío de muerte llena las entrañas. 
Pero, para vencerlo, golpeamos
sin fuerza apenas a las puertas de la memoria, 
como quien va a una hermana de la caridad. 

A veces, sin embargo, hay dentro de nosotros
tanta noche y es tanta la ruina, 
que ayudarnos no puede la memoria, 
ni la del corazón, ni la de la razón.

Se nos apaga el brillo de los ojos.
Y la conversación, los movimientos...
todo se apaga. Pero existe aún
la tercera memoria: la del cuerpo.

Que recuerden los pies
el polvo y el calor de la carretera, 
la hierba fresca
cuando descalzos caminaban. 

Que recuerde la mejilla con ternura
cómo, tras una riña, la consolaba
la agradable aspereza de la lengua
del perro, que todo lo comprende. 

Que recuerde la frente, avergonzada,
cómo, bendiciéndola,
un beso la rozaba, apenas la rozaba, 
descubriéndole toda la ternura de madre. 

Que los dedos recuerden los pinos, el trigo, 
y la lluvia casi imperceptible, 
y el temblor del gorrión,
y las crines nerviosas del caballo.

Que los labios recuerden otros labios.
Hay hielo y fuego en ellos. Hay tinieblas y hay luz. 
Todo el mundo contienen, impregnado
de aroma de naranjas y de nieve. 

Y entonces pedirás a la vida perdón. 
Y le dirás: "A ciegas te acusaba. 
Absuélveme del grave 
pecado de mi absurda irritación".

Y si la maravilla de este mundo
es preciso pagarla
con un precio cruel,
no importa, yo lo acepto. 

Pero ¿acaso el capricho del destino, 
los golpes y las pérdidas, 
son un precio tan alto por gozar
las maravillas que la vida ofrece?






viernes, 13 de septiembre de 2019

De donde no se vuelve - Alberto García Alix

Camino cegado contra un sol poniente.
Sobre mi cabeza, una tupida red de araña recorta el cielo.
Cables, postes, miles de ramas de árboles negros y sus sombras… Sus sombras rotas.
Una trepidación en el alma.
En esta luz que me deslumbra está escrito mi ayer.
Los recuerdos y lo olvidado, atrapados en esta estúpida red de araña.
Los excesos del pasado…
Vapores de opio donde el tiempo es sombra.
Vapores de opio sueñan letras chinas.
Morfina… Pentazocina. Palfium. Volantina. Pentapón. Xosegón… Ampollas de clorhidrato mórfico… Heroína…
El limbo que antecede al infierno.
El fracaso narcotizado no duele, tampoco el miedo…
Carlitos Gardel en cucharilla de plata…
¡Hay que bailar!
Y eso hicimos la mayoría de la pandilla. Tere y yo, Willy, Fernando, Rosa, Chito y Magui, Manolo…
Bailar con dragones color dorado.
Noche y día, alimentamos un demonio por nuestras venas.
Años con la sonrisa muerta en las pupilas y el corazón desbocado.
Anestesiamos amor y dolor.
La heroína funde tiempo y espacio.
Destruye toda ambición de ser...
Esa es su fuerza.
La heroína tiene un precio.
Hay que pagarlo.
Mala suerte y dolor.
Me río yo de las penas. Las narcoticé todas.
Qué apretado rencor es el del tiempo...
Bajo esta luz que arrastra mi mirada a las sombras, mi memoria gira desenfrenada.
Los recuerdos se agitan.
La fotografía encadena mi memoria.
No sólo la constriñe a lo visto.
La melancólica emoción de lo irrecusable se hace visible.
Y asumo mi culpa, esa de la que el Ángel decía que los amigos éramos el alma.
Camino sin saber dónde voy.
Me pregunto si he pasado la vida huyendo o buscando un imposible.
Siempre hay algo en común...
Sobre sombras rotas, libro un ajuste de cuentas...
El amor y el dolor ante mí se besan con su mismo triste sonido.
El primero en morir fue mi hermano Willy y la primera en nacer fue su hija Nuria.
Una lección magistral de la vida.
Teresa estaba convencida de que éramos jóvenes con alma de héroe y Fernando decía que vivíamos desencajados en un estrato marginal.
Mi única disciplina era la misma que hoy: hacer fotos.
Los amigos de aquellos días y nuestra común odisea, congelados.
Éramos jóvenes. Ingenuos. Irreverentes. Inquietos. Agitadores... Creativos...¡Larga Vida al Rock´n´Roll!
Pero, para muchos de nosotros, nuestro error fue que nuestra mística estaba anclada a una épica destructiva.
En esta luz que anestesia el remordimiento, renace el deseo…
Si pudiese me daba un homenaje.
Por matar el miedo soy capaz… Capaz de cualquier delito.
Dragones de color dorado…
Dragones de color dorado… Sombras rotas. Letras chinas. Farolillos rojos…
Me muevo hacia delante para atrapar mi propio tiempo
Y el tiempo va siempre hacia atrás
De donde no se vuelve.


Alberto García-Alix



de donde no se vuelve








lunes, 26 de agosto de 2019

Antonin Artaud: "Toda escritura es una cochinada"


 

EN EL AMOR NO HAY REGATEOS [PARIS] 22 DE OCTUBRE DE 1923

Querida, queridísima Génica:

Sólo puedo responderte esto:

Cuando se ama de verdad a alguien, se lo acepta íntegro, con sus vicios, sus defectos, sus miserias, y sin cansarse. Nunca consentiré en separarme de ti; NUNCA. En amor no hay regateos: todo o nada. Pero yo necesito todo. Ya que eres despiadada conmigo, ya que no consientes en darme tregua y no te decides a ser razonable, también yo seré cruel, y te diré: sufres; sea, continúa sufriendo. Pero yo sufro como un condenado; he superado todo sufrimiento, y sin embargo vivo y tengo paciencia. Ten paciencia también tú; haz como yo. No me das más que sinsabores. Tú tienes momentos agradables. Pero para mí ya no hay momentos agradables en esta vida. Cada segundo es una eternidad infernal, SIN SALIDA, sin esperanza. Es extraño, muy extraño que no te compadezcas de mi mal y que persistas, pese a todo, en quejarte de los medios que empleo para aliviarlo. Respecto de las deducciones que haces sobre las consecuencias de este alivio, hace ya mucho que he renunciado a discutirlas. En este caso no se trata de medicina. Comprende de una vez por todas que considero perdida mi vida; cómo no va a estarlo cuando los dolores en que me deshago en llanto son tan espantosos, que ya mismo renunciaría a vivir con tal de librarme de ellos. Una sola hora de alivio no tiene precio para mí; todo lo demás no me importa. Escucha esto, además:

Acaso tenía buenas noticias para ti, pero el abatimiento infinito en que me ha hundido tu carta las ha hecho pasar al último término. He consultado en lo del doctor Toulouse a uno de sus médicos; considero que es una consulta muy importante. Se trata del neurólogo del servicio. Y no bien le describí las primeras sensaciones tuve al fin por primera vez la impresión de hallarme ante un hombre que capta la naturaleza especial de mi mal. Me formuló preguntas tan precisas, tan relacionadas con lo que siento, que comprendí que por fin veía algo. Y por lo demás, así que hubo auscultado mis reflejos, lanzó un grito, diciéndome: ¡Ah he encontrado la clave del problema! Debo volver a verlo mañana para saber de qué se trata, pero por fin tengo una esperanza. Tranquilízate, pues. Esto debe arreglarse dentro de poco. Y escríbeme una carta más reposada y amorosa. Quédate en Rumania lo más que puedas; será mejor para ti.

Con mis mejores pensamientos y todo mi cariño.

Artaud, Antonin, Textos, Buenos Aires, Ediciones Calden, 1978.



El ombligo de los limbos

 

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.

No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.

Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.

Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espíritu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.

Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.

Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.

Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.

 

Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.

Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.

 

Dios-el-perro contigo y su lengua

que atraviesa la costra como una saeta

del doble morrión abovedado

de la tierra que le causa ardor.

 

Y aquí está el triángulo de agua

que se aproxima con paso de chinche

pero que bajo la chinche ardiente

se transforma en cuchillada.

 

Bajo los senos de la espantosa tierra

dios-la-perra se ha marchado,

de los senos de la tierra y de agua congelada

que pudren los agujeros de su lengua.

 

Y aquí está la virgen-del-martillo

para masticar las cuevas de la tierra

donde la calavera del perro del cielo

siente crecer el horroroso nivel.

 

 


domingo, 30 de junio de 2019

noches fieras




Lisergia bajo la bóveda azul.
Vengo a confesarme en tu cuerpo.
Un bosque se despliega sobre el asfalto.
El vuelo enloquecido de unas golondrinas
como imagen anclada a mi mente,
y yo las emulo
y aprendo y desprendo
el jadeo/mantra de la carne inquieta
y el deseo perpetuo 
en una habitación suspendida en el infinito
porque vengo a confesarme en tu cuerpo.

La ciudad es una salamandra trepando por mis piernas
y la luz gamberra dibuja un trencadís
en nuestros ojos sin pedir permiso,
como si debiera.

Vengo a morir en tu orilla.

Más dóciles que nunca en el vapor de los pieles,
maleables, puro barro,
creando nuestra propia niebla,
frondosidad que aisla,
tiempo que hemos detenido cual mimo en la plaza.

Rotundo idilio de animales bellos.
Enjambre irremediable.
Te pronuncio.
Música de picaportes
y la hembra, abrazo estrecho como las calles de la judería.

Que caiga la alegría a peso,
testimonio de la aceleración.
Hechos y deshechos a mano
en un arrebato de modernismo amoroso.

Desvestidos de callejuelas,
tan harapientos y gozosos,
sin fingir trascendencia
pues tenemos la fórmula taquicárdica para el deshielo,
justo ahora
y ahora es siempre
porque vengo a confesarme en tu cuerpo.

Dejé resina de copal ardiendo en la habitación
y ahora un tigre de sal arde entre mis brazos.
Un verso salvaje construye el vértigo en travesaños de caricias
y las miradas con retrogusto que me brindas.

Vengo a calmarte el mundo.
Vengo a confesarme en tu cuerpo.

Un mascarón indica el goce.
Tú eres mi casa.
Cuánto destrozo de belleza nos queda dentro.
No me apacigües, es lenguaje feroz,
el de mis ramas y raíces,
se agita una isla entre tus brazos,
se deja, se vence,
se confiesa y emerge.


lunes, 17 de junio de 2019

Antonia Pozzi, manantial de tristeza y abismos

 



 

Cada quien la propia tristeza
se la compra donde quiere
también en una tienda negra
austera
entre libros polvorientos
que se liquidan a precios rebajados.

 

PAUSA
 
Me parecía que este día
sin ti
tenía que ser inquieto,
oscuro. Sin embargo está lleno
de una extraña dulzura, que aumenta
con el paso de las horas
igual que la tierra
después de un chubasco,
se queda sola en silencio para beberse
el agua caída,
y poco a poco
en sus venas más profundas
se siente penetrada.
La felicidad que ayer fue angustia,
tempestad,
vuelve ahora en breves
oleadas al corazón
como mar apaciguado.
Bajo el suave sol reaparecido brillan
cándidas ofrendas:
las conchas que la ola
dejó en la orilla.





ESBOZO
 
Pienso esta noche
en la leyenda del Pájaro de Fuego,
en su aparición en la espesura,
en su canto liberador.
Y todos hablan
del joven príncipe,
y del sueño de sus enemigos,
y de su salvación.
Nadie piensa en el árbol oscuro
donde apareció el pájaro
la primera noche.
Nadie piensa en la vida del árbol
después de aquella noche,
ya sin el fulgor
de las alas mágicas.
Solo yo sé
que el árbol vive
de nostalgia y de espera,
y que alrededor ve
a la gente que pasa,
pero que no hay vestimenta llamativa
que para él valga
lo que el esplendor
del Pájaro desaparecido.
El árbol no sabe ya
para quién es su florecer,
y por cada hoja que brota
se retuerce en lo más íntimo de sus fibras.
El árbol ya no sabe
a quién ofrecer
su sacrificio primaveral,
y espera la noche,
la noche negra sin estrellas, sin fuentes,
la hora del oscuro silencio,
cuando desde sus profundas raíces,
en un fulgor extremo y cegador,
le surgirá, le correrá por el tronco
hasta la cima de sus frondas,
su único bien:
el recuerdo ardiente del Pájaro.

 






PRADOS
 
Tal vez ni siquiera es verdad
lo que en tu corazón oyes gritar a veces:
que esta vida es nada
para tu ser
y lo que conocemos como luz
es un deslumbramiento,
deslumbramiento último
de tus dolientes ojos.
Acaso sólo es la vida
lo que el saber en días jóvenes:
anhelo eterno que busca,
de cielo en cielo,
quién sabe qué horizonte.
Somos como la hierba de los prados
que siente sobre sí soplar el viento
y canta plena en el viento
y vive siempre en el viento
y sin embargo no supo crecer
de forma que aquietase aquel vuelo supremo
ni levantarse de la tierra
para anegarse en él.
 
 
GRITO
 
No tener un Dios,
no tener una tumba,
no tener nada firme,
tan sólo cosas vivas que se escapan;
vivir sin ayer,
vivir sin futuro,
y cegarse en la nada
(socorro)
a causa de la miseria
que no tiene fin.


MENSAJE
 
Y tú, estrella nocturna,
esplendes todavía,
cuando por lo profundo de las calles
aúlla del perro el alma triste.
Brotarán para ocultarte
colinas de espesa hierba;
pero en mi conquistada oscuridad
brillarás, fuego blanco,
hablando, a los que vivan, de mi muerte.
 
 
 
LAS FLORES
 
¿No hay nadie,
nadie vendiendo
flores
en esta desafortunada calle?
Y este mar oscuro,
este cielo sombrío,
este viento hostil -
oh, camelias de ayer,
camelias blancas y rojas, sonrientes
en el claustro dorado -   
¡un espejismo primaveral!
¿Quién me venderá una flor hoy?
Tengo tantas en mi corazón,
pero todas juntas
en gruesos manojos,
pisoteadas,
hechas.
Tengo tantas que mi alma se
sofoca y casi muere
bajo su vasta
masa no compartida .
Pero en el fondo del mar oscuro
está la llave del corazón:
en el fondo del corazón oscuro
hasta el atardecer,
mi cosecha inútil
quedará
aprisionada.
¿Quién me va a vender
una flor, una flor diferente,
nacida fuera de mí,
en un verdadero jardín,
que podría ofrecerle a quien la espera?
¿No hay nadie,
nadie que me venda
flores a lo largo de este camino infeliz?

 




viernes, 17 de mayo de 2019

Godzilla en México - Roberto Bolaño

 


Atiende esto, hijo mío: las bombas caían

sobre la Ciudad de México

pero nadie se daba cuenta.


El aire llevó el veneno a través

de las calles y las ventanas abiertas.

Tú acababas de comer y veías en la tele

los dibujos animados.

Yo leía en la habitación de al lado

cuando supe que íbamos a morir.


Pese al mareo y las náuseas me arrastré

hasta el comedor y te encontré en el suelo.

Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba

y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte

sino que íbamos a iniciar un viaje,

uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.


Al marcharse, la muerte ni siquiera

nos cerró los ojos.


¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,

¿hormigas, abejas, cifras equivocadas

en la gran sopa podrida del azar?


Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,

héroes públicos y secretos.


miércoles, 8 de mayo de 2019

te has dado cuenta de que El Raval grita cada noche porque echa en falta nuestras huellas, las copas que vaciamos y mis vestidos vencidos? -nota de voz 06/05/2019


"te has fijado como el Sena ya no 
nos mira a los ojos & la Gare de 
Lyon la han llenado con 
propaganda ofreciendo $$ por la 
captura de la banda Baader-Meinhof?"
M.S.P.


Mi móvil está lleno de puestas y amaneceres. De vídeos de 40 segundos de olas que rompen, flores salvajes goteando rocío y el hocico húmedo de mi perra de 14 años recordándome que hay que olerlo todo mil veces y hacer agujeros profundos cuando estás cansada y necesitas frenar. Cuando llego a casa, dejo fuera de la verja todas aquellas cosas non-priority haciendo cola mientras deseo que algún camión enorme las atropelle sin mirar atrás. 

También hay fotos de gatos y perros, paellas de mi padre, fresias de mi madre, grafitis, cielos reflejados en charcos, versos cuchilla y una mujer morena de pelo largo que se reconcilia en y con cada pliegue de su propia piel como si de un mapa vivo se tratara, porque en el fondo eso somos, mapas vivos. Improvisados, tortuosos, señalados, únicos. Cientos de notas escritas, promesa o antesala -zaguán de caricias- de futuribles poemas que tal vez queden atrapados en esa red del quiso ser pero no. Y decenas de notas de voz que nacen en un atasco, en una sala de espera o durante un crepúsculo cualquiera. 

Auténtico paraíso digital y portátil que cabe en una mano, atrapando latidos y sorpresas, la piel, el destello, el limbo de lo inmaterial, conjuro de la carne, el raíl de unas caderas, un sofá barcaza, la tierra, lo inasible que te salva.



lunes, 6 de mayo de 2019

Girassóis de Van Gogh - Mariana Froes


Te engravido toda noite
Só para ver o sol nascer
Te engravido toda noite
Só para ver o sol nascer
Não quero mais dormir do seu lado
Prefiro ficar acordado
Guardando seu rosto pra lembrar de você
Lembrar de você, lembrar de você
Cê tem uma cara de quem vai fuder minha vida
O seu olhar é um caminho sem saída
O seu corpo é um caminho sem saída
Então só entra
Cê tem uma cara de quem vai fuder minha vida
O seu olhar é um caminho sem saída
O seu corpo é um caminho sem saída
Então só entra
Na rua ouvindo A$AP Rocky
Pelados no bairro como se fosse Woodstock
Outro bar, outro porre
Somos livres como girassóis de Van Gogh
Gira, gira, girassóis de Van Gogh
Gira, gira, girassóis de Van Gogh
Gira, gira, girassóis de Van Gogh

martes, 12 de febrero de 2019

el cuidado de lo salvaje



No es mucho pero traigo la palabra frondosa
y el loop del gemido que estalla como una cerveza que cae de mis manos
me polarizas, eso es todo
el aliento se pixela
en mitad de la cronología del oleaje
roma o su dislexia
nadie lleva la cuenta
en la noche de lo abstracto

mis aceites y todas las lágrimas degolladas
haciendo nube
la tormenta es una fórmula para acabar con todo
porque así, derramados, nos damos forma
amortiguando cada roce, el vaivén de las barcazas,
trincheras para tus ochomiles,
el calor y tus ráfagas,
mientras pronuncio el maremoto y la pulpa del momento
-algo que atrapar-
maniobras del que late e inventa rezos para que no escampe
el deseo
el deseo y su propia obsolescencia programada
administrar nuestro oxígeno y nuestra agua
el cuidado de lo salvaje
nosotros, escenario, montaña
nosotros una supernova
y alrededor, sin angustia,
lo indeterminado






sábado, 2 de febrero de 2019

alguien eléctrico







































que se detenga en el mirador de mi melena
y se desconsuele con la finta de la memoria
-instantánea y efímera-
que en mitad del derrumbe o de la fortaleza
sabe a vuelo y a estruendo de la carne

Que aparte lo que no sea valle
que apague lo que no sea fuego
y que atrape en su lengua todas las sales

Que se amarre a la furiosa elegancia de su ruina
como si fuera un don o un ejercicio gozoso
del deleite en la grieta

YO SOY LA ISLA
bordeada de arena, mar y precipicio
y tu mirada disolvente del vacío & manifiesto de los destrozos
la sed y el diluvio
lo que hiere y hierve,
desembocadura de las rabias
y el brebaje-excitación en plena huida de uno mismo

Aproximación al aullido o allegro de la piel
cuando el tiempo se detiene
en el brillo y su función
Exploro el sonido del goce y tu calibre
traigo el cuerpo como enunciado
manglares bajo las caderas
y nuestra resurrección

YO, LA ACCIDENTAL.
con el perímetro del desastre bien desdibujado
y el vestido del desaliento bien apretado
un huracán y sus consecuencias
el desvarío y el susurro desbocado a 40 grados
campo de batalla en el que ser Infierno en Movimiento
deambulando la kilométrica obsesión por desconocerse a uno mismo

miércoles, 23 de enero de 2019

Un día feliz, Javier Egea

 


¿Qué pasa en esta calle que el ciego de la esquina

regala los cupones y el de la barbería

olvidó a Maradona y el viejo que gruñía

por el ojo de patio hoy entona en sordina

 

baladas de Los Panchos y de Joaquín Sabina

y vino el fontanero y hasta la policía

hace la vista gorda con Luis “El Carafría”

que arregla transistores y pasa cocaína

 

y paran los taxistas en los pasos de cebra

y la dulce pareja por fin encuentra piso

y es el barrio un desorden lavado por la lluvia?

 

¿Por qué sirve Bernardo de marca la ginebra?

Porque nadie esperaba tan pronto el paraíso.

Porque ha venido a verme Consuelo de la Rubia.


jueves, 17 de enero de 2019

Existe la alegría y ruge - Félix Grande





En esta cama en donde la lascivia 

sagrada y fértil como el sol 

nos ilumina nos absuelve nos nutre

quedé dormido       En esta santa cama

tras de la santidad del deseo y el placer

quedé dormido


                               Desde el fondo

del protoplasma del horror un sueño

me dijo que no existes

que nunca nacerías         Fue un sueño

con pezuñas remotas y portador de flores

envenenadas: vi paredes

de ignominiosa soledad

escalones de asombro y de castigo

donde mis pies bajando pronunciaban tu nombre


Chorreando espanto y pena y odio

desperté: dormías a mi lado

saltaban los delfines por el mar de tu sueño

Tu aliento confiado calentando mi nuca

era el suspiro de la resurrección

Y entonces como loco llorando bendiciendo

pedí perdón a no sé qué ni cómo

di gracias sin saber a dónde a cuánto

lamí las sábanas la almohada

y besé el cordón de la luz

rugiendo de alegría


No te asustes por favor no te asustes

mi Loba nunca tiene miedo Mi Loba

no teme ni siquiera a la felicidad