malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

miércoles, 30 de junio de 2010

eso es lo que quieren - Charles Bukowski

Vallejo escribiendo sobre
la soledad mientras se muere de
hambre;
la oreja de Van Gogh rechazada por una
puta;
Rimbaud huyendo a África
en busca de oro para encontrarse
con una sífilis incurable;
Beethoven quedándose sordo;
Pound arrastrado por las calles
en una jaula;
Chatterton tomando raticida;
los sesos de Hemingway cayendo en
el zumo de naranja;
Pascal cortándose las muñecas
en la bañera;
Artaud encerrado con los locos;
Dostoievski en el paredón;
Crane arrojándose a una hélice de barco;
Lorca acribillado en la carretera por tropas
españolas;
Berryman saltando de un puente;
Burroughs disparando a su mujer;
Mailer apuñalando a la suya.
-eso es lo que quieren:
un maldito espectáculo
una cartelera luminosa
en medio del infierno.
eso es lo que quieren,
esa panda de
aburridos
balbucientes
prudentes
plomizos
devotos del
carnaval.

doorway

domingo, 27 de junio de 2010

Vigilia en Cabo Sur - Vicente Valero


...Yo, lo que de verdad desearía, todo
lo que quisiera para mí
y ahora, es que este animal llamado miedo,
este animal nocturno y ambicioso,
tan confortablemente instalado aquí,
entre mis cosas, un buen día,
al acostarme, ya no lo volviera a ver,
se hubiera ido para siempre
de mi casa (nos dijo), completamente harto
de todas mis costumbres
y de los otros animales míos:
el gato, la pereza, el sol insobornable
del mediodía.... (Y luego
poder pensar en él como al final se piensa
en alguien que ya ha muerto
pero al que nunca conocimos bien
del todo.) Es lo que yo quisiera para mí
y ahora de verdad: poder librarme
de este miedo ceñudo (y hambriento) que vigila,
desde siempre, la puerta mal cerrada
de todos mis recuerdos.

enki bilal

Aldous Huxley - Un Mundo Feliz, 1969

Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme a la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar.




…. Fue un filósofo, suponiendo que usted sepa qué era un filósofo.
- Un hombre que sueña en menos cosas de las que hay en los cielos y en la tierra – dijo el Salvaje inmediatamente.

DESPLAZADO - CHARLES BUKOWSKI

ardo en el infierno
hay parte de mí que no encaja en ningún lugar
mientras otra gente encuentra cosas
que hacer
con su tiempo
sitios adonde ir
unos con otros
cosas que decirse
unos a otros.

yo
ardo en el infierno
en algún lugar al norte de Méjico.
aquí no crecen flores.

no soy como
los demás.
los demás son como
los demás.

todos son iguales:
toman parte
se agrupan
se arraciman
se les ve
risueños y satisfechos
y yo
ardo en el infierno.

mi corazón tiene un millar de años.

no soy como
los demás.

moriría en sus merenderos
ahogado por sus banderas
aporreado por sus canciones
aborrecido por sus soldados
corneado por su sentido del humor
asesinado por su inquietud.

no soy como
los demás.
ardo
en el infierno.

el infierno que
yo mismo soy.

sábado, 26 de junio de 2010

Metrópolis - George Grosz

Kurt Vonnegut - Matadero cinco, 1969

Los terrestres son grandes narradores; siempre están explicando por qué determinado acontecimiento ha sido estructurado de tal forma, o cómo puede alcanzarse o evitarse. Yo soy tralfamadoriano, y veo el tiempo en su totalidad de la misma forma que usted puede ver un paisaje de las Montañas Rocosas. Todo el tiempo es todo el tiempo. Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos, y pronto se dará cuenta de que todos somos, como he dicho anteriormente, insectos prisioneros en ámbar.
—Eso me suena como si ustedes no creyeran en el libre albedrío —dijo Billy Pilgrim.—Si no hubiera pasado tanto tiempo estudiando a los terrestres —explicó el tralfamadoriano—, no tendría ni idea de lo que significa «libre albedrío». He visitado treinta y un planetas habitados del universo, y he estudiado informes de otros cien. Sólo en la Tierra se habla de «libre albedrío».

Dime cinco cosas que quieres que te haga - Nicolás Casariego

viernes, 25 de junio de 2010

un poema de J. M. Zonta


En el año
cuatrocientos dieciocho
mi alma
quedó dividida
en dos zonas
independientes:
la
septentrional
sujeta a
continuas migraciones de pájaros
y la
meridional
que
corresponde a mi alma propiamente dicha
y donde mi
amor milenario por ti
se ha
mezclado con la población
y lo han
visto acarrear agua
limpiar
templos
e iniciar
una nueva Dinastía.

Generaciones
posteriores inventarán nuestro origen
dirán que
fuimos hijos de inmigrantes
que
conquistaron las grutas y robaron
el secreto
de nacer como el agua
y que
nuestra civilización desapareció
porque los
Dioses olvidaron incluirnos en las leyendas
que no
merecimos el cobre
el bronce ni
el hierro
que quedamos
abrazados a la madera
aún cuando
se quema
dirán que no
te amé
porque no
supe registrarlo en la piedra.

Ray Bradbury - La muerte es un asunto solitario

¿Crees que no sé todo acerca de ti?
No hay mucho para saber - contesté tímidamente.
Claro que no. Escucha. – Crumley sorbió otro trago, cerró los ojos y comenzó a leer los detalles de mi vida en la parte de atrás de sus párpados.





A Shrank y a mí nos asaltó una especie de paroxismo. A mí, porque acababa de decir una verdad, como si hubiese destapado un horno de donde emanaba un calor que me quemaba la cara, la lengua, el corazón y el alma.

where the hell are you?

Milan Kundera - La insoportable levedad del ser

El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.

jueves, 24 de junio de 2010

Witold Gombrowicz, Diario, 1953

Tinieblas. Muro. No entiendo nada. No hago más preguntas, porque sé que no me voy a enterar de nada. La debilidad se apodera de mí.

enki bilal

EL INFIERNO ES UNA PUERTA CERRADA - Charles Bukowski

ni siquiera cuando era un muerto de hambre
me molestaban las notas de rechazo:
consideraba que los editores eran unos
verdaderos imbéciles
y seguía
escribiendo sin parar.
llegué a considerar los rechazos como
actos; lo peor era el buzón
vacío.

si alguna debilidad o sueño tenía
era
ver a alguno de aquellos
editores
que me rechazaban,
verle la cara a él o ella, cómo iban
vestidos, cómo cruzaban una
habitación, el sonido de su voz, su forma
de mirar...
sólo echarle un vistazo a alguno de
ellos.

sabes, cuando lo único que ves es
un trozo de papel impreso
que te dice que
no eres bueno,
tiendes
a endiosar,
erróneamente,
a los editores.

el infierno es una puerta cerrada
cuando te mueres de hambre
por tu maldito arte
pero a veces te apetece echar una
mirada furtiva por el ojo de la
cerradura.

joven o viejo, bueno o malo,
no creo que nada muera tan despacio y
con tanta dificultad como un
escritor.

martes, 22 de junio de 2010

Enki Bilal

CHISPA - Charles Bukowski

siempre me dolieron los años, las horas, los
minutos que les entregué, como un cadáver laborante, me dolían
en la cabeza, en las entrañas, me dejaban
confuso y algo trastornado: no podía entender
aquel desperdicio de años.
mis compañeros de trabajo, en cambio, no daban señales de
sufrimiento, muchos de ellos hasta parecían satisfechos, y
verlos de aquel modo me perturbaba aún más que
el trabajo tedioso y absurdo.

los trabajadores se sometían.
el trabajo los reducía a la nada: los
exprimían y luego los tiraban.

me dolían los minutos, la mutilación
de cada minuto,
y nada aliviaba aquella monotonía.

pensé en el suicidio.
pasaba bebiendo el poco tiempo libre que me quedaba.

trabajé durante decenios.

conviví con mujeres de la peor calaña: acababan con lo poco
con lo que el trabajo no acababa.

me sabía morir.
algo en mi interior me decía: venga, muérete, duerme, sé como
ellos: acepta.

pero luego otra voz interior me decía: no, conserva algo,
por pequeño que sea.
no hace falta que sea mucho: basta una chispa.
una chispa puede prenderle fuego a todo un
bosque
una sola chispa.
consérvala.

creo que lo conseguí.
y me alegro.
joder, qué
suerte.

lunes, 21 de junio de 2010

André Gide

Me creyeron rebelde porque no pude obtener, o no quise exigir, de mí mismo esa cobarde sumisión que me hubiera asegurado la comodidad. Es quizá lo más protestante que hay en mí: el horror a la comodidad.

Giger

A LA SOMBRA DE LA ROSA -Charles Bukowski

expandiéndote, enterrándote,
bajando las escaleras del infierno,
restableciendo el punto de
fuga, intentando un bateo
diferente, una postura diferente,
alterando la dieta y la forma de
andar, reajustando el
sistema, fotografiando los dinosaurios
de tus sueños,
conduciendo la máquina con
más elegancia y cuidado,
reparando en que las flores te
hablan,
dándote cuenta del gigantesco sufrimiento
de la tortuga de agua dulce,
imploras lluvia como un
indio,
metes otro cargador en la
automática,
apagas las luces y
esperas.

viernes, 18 de junio de 2010

Las cuatro reinas - Barry Gifford

Oye Pete
échale un vistazo
a lo que
Él le hizo
al
cielo
hoy


_______



Seguimos
entre
las bestias ignorantes
aparentando ser
ángeles


_________



Nunca voy a ninguna
parte
Ésta no es
vida
Me alegra que
no sea
la única
que
tengo

__________


Vuelve a hacerlo
así
por detrás
no me
importa
aquí lejos
nadie puede
escuchar
mis gritos

__________


El mal clima
nunca me molesta
es un recordatorio
de que ningún ser humano
tiene control sobre
nada
por eso trato
de no decirle
a nadie qué
hacer o
decir
Los coches y los camiones
arrancan
o
no arrancan.

Friedrich Nietzsche

No sé hacia qué lado volverme, soy todo lo que no puede hallar salida.

el burro, Roberto Bolaño




A veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
de una moto robada, la última moto
robada para viajar por las pobres tierras
del norte, en dirección a Texas,
persiguiendo un sueño innombrable,
inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
es decir el sueño más valiente de todos
nuestros sueños. Y de tal manera
cómo negarme a montar la veloz moto negra
del norte y salir rajados por aquellos caminos
que antaño recorrieran los santos de México,
los poetas mendicantes de México,
las sanguijuelas taciturnas de Tepito
o la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
donde se confunden y mezclan los tiempos:
verbales y físicos, el ayer y la afasia.
Y a veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
me subo a la moto y partimos
por los caminos del norte, la cabeza y yo,
extraños tripulantes embarcados en una ruta
miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
y ventiscas de arena, el único teatro concebible para nuestra poesía
Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
no empieza en mi sueño sino en el sueño
de otros: los inocentes, los bienaventurados,
los mansos, los que para nuestra desgracia
ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
salimos de la ciudad de México que es la prolongación
de tantos sueños, la materialización de tantas
pesadillas, y remontamos los estados
siempre hacia el norte, siempre por el camino
de los coyotes, y nuestra moto entonces
es del color de la noche. Nuestra moto
es un burro negro que viaja sin prisa
por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
que se desplaza por la humanidad y la geometría
de estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
el sueño innombrable e inútil
de la valentía.
Y a veces creo ver una moto negra
como un burro alejándose por los caminos
de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
del sueño, y sin alcanzar a comprender
su sentido, su significado último,
comprendo no obstante su música:
una alegre canción de despedida.
Y acaso son los gestos de valor los que
nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
los años y la costumbre consintieron
que creyéramos inútiles-los que nos saludan,
los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
en medio de la noche, a un lado de la carretera,
como nuestros hijos queridos y abandonados,
criados solos en estos desiertos calcáreos,
como el resplandor que un día nos atravesó
y que habíamos olvidado.
Y a veces sueño que Mario llega
con su moto negra en medio de la pesadilla
y partimos rumbo al norte,
rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
las lagartijas y las moscas.
y mientras el sueño me transporta
de un continente a otro
a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
partir en dos las tierras de Coahuila.
un burro de otro planeta
que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
pero que también es nuestra esperanza
y nuestro valor.
Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
pero reencontrado en los márgenes
del sueño más remoto,
en las particiones del sueño final,
en la senda confusa y magnética
de los burros y de los poetas.

Manhattan Transfer - John Dos Passos

“Persecución de la felicidad, inevitable persecución…
derecho a la vida, a la libertad y …una noche negra sin luna.”




“-Yo creo que no amo a nadie por mucho tiempo, a menos que estén muertos… Soy una criatura imposible. ¿Para qué hablar de ello?”

agua sexual, Pablo Neruda


Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones,
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.
Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.
Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.
Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.
Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.
Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma
en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro al mundo.
y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

Esto es lo que mató a Dylan Thomas - Charles Bukowski

"El canal 15 quiere hacer un documental sobre mí. Llevo puesta una camisa nueva y limpia, y mi novia es vibrante, maravillosa, con sus treinta y pocos años. Ella esculpe, escribe y hace maravillosamente el amor. La cámara está encima mío, pegada a mi cara. Yo hago como si no estuviese. Los pasajeros miran. Las azafatas deslumbran, la tierra les ha sido robada a los indios, Tom Mix está muerto, y yo me he tomado un buen desayuno.

Pero no puedo dejar de pensar en los años en habitaciones solitarias, cuando las únicas personas que llamaban a mi puerta eran las caseras pidiendo el alquiler atrasado, o el F.B.I. Yo vivía con ratas y ratones y vino, y mi sangre se derramaba por las paredes en un mundo que no podía entender ni todavía puedo. Más que vivir, me moría de hambre; corría enloquecido entre mis propios pensamientos y me escondía. Cerraba todas las persianas y miraba fijamente al techo. Cuando salía, era para irme a algún bar, donde mendigaba algún trago, hacía recados y era golpeado en callejones por hombres seguros y bien alimentados. Pasé años sin mujeres, vivía de mantequilla de cacahuete y robaba pan y patatas cocidas. Era el imbécil, el bobo, el idiota. Quería escribir, pero la máquina estaba siempre jodida. Me rendía y bebía..."

miércoles, 16 de junio de 2010

Cultura Sur por Javi Martínez

Tratado de anatomía - José Manuel Caballero Bonald

Cuerpo, árbol triste, piedra
desmantelada,
¿en qué interino
rincón de la memoria has ido almacenando
tus anhelos, tus lastres, tus malditas
condescendencias con la soledad?

Las mermas sucesivas de los años,
sus fases de ufanía, ya son sólo
constancias azarosas:
allí una luz presunta
amagando en lo oscuro, aquí un atisbo
de pasión apenas persuasiva,
por todas partes esa mezcla
de contumacia y de incredulidad.

Cuerpo baldío: vida devaluada.

Jack Vettriano

Soneto del amor atómico - Luis Alberto de Cuenca

Has minado la selva de mi pecho.
Le has dado fuego a todos mis olvidos.
Has llenado de muertos y de heridos
el pacífico reino de mi lecho.

Te has subido a la lámpara del techo
para bombardearme los sentidos.
Has vertido explosión en mis oídos
con tu voz nuclear siempre al acecho.

No más fisión, amor, no más ojivas
ni más misiles en mi dormitorio.
Cesen con tu victoria los enojos.

Me rindo. Tú has ganado. Mientras vivas,
no alcanzarás un triunfo tan notorio:
me has volado la mente con tus ojos

Hemos llegado al límite - Rafael Guillén

Hemos llegado al límite, agotado
las posibilidades. Hemos
conquistado los reinos
materiales, violado los secretos
de la vida, alcanzado
el borde mismo donde
termina la razón.
Es hora
de dar un paso más.

martes, 15 de junio de 2010

El método científico - Roald Hoffmann

Las buenas teorías
son aquellas susceptibles
de ser refutadas, dice
Kart Popper. Como
si yo viniera
la próxima semana
a la misma hora, y me
sentara con mi café
exactamente
allí,
donde levanté la vista
y te observé
a ti,
mirándome,
y te encontrara,
de nuevo,
allí,
y esta vez
tuviera el valor
de sonreír.

lunes, 14 de junio de 2010

es así, la belleza - Javier Rodríguez Marcos

es así, la belleza
se mide por milímetros.
igual que el hielo quiere
ser sólo agua corriente,
la belleza se mide por milésimas
de segundo, por micras.
no por eternidades.
no en toneladas, grandes
cumbres, espacios
que sobrecogen. siempre
se resuelve la foto
finish, no en lo sublime. nunca.
al final la hermosura
se decide por poca diferencia.
cero a cero. no hay mucho
que añadir. ¿quién no ha visto
la luna, despistada,
sobre los edificios,
sobre la niebla tóxica,
rompiendo el cielo sucio
un lunes a las diez
de la mañana?

salinas - ibiza

Rubíes de la India - por Patti Smith

Siempre tuve una especie de mochila, nada más que una pieza de tela o piel atada con un nudo. Mi bolso, valioso compañero, produce, al ser abierto, un mundo definido por su contenido: un fluir único, amado.

Este bulto fuera de lo común ha sido siempre mi consuelo, mi carga feliz. Sin embargo considero imprudente apegarme a los recuerdos de su interior. Porque tan pronto como me focalizo en un objeto determinado lo pierdo o sencillamente desaparece.

Tuve un rubí. Imperfecto, hermoso como sangre facetada. Vino de la India, donde fue arrojado a la playa junto a miles de ellos: los abalorios de la pena. Pequeñas gotas que de alguna manera se convirtieron en gemas recogidas por mendigos que las canjeaban por arroz. Cada vez que fijaba la mirada en sus profundidades me sentía abatida porque atrapada en mi gemita había más desgracia y esperanza de lo que una podría suponer.

Daba miedo e inspiración, y yo la guardaba en mi bolso en un sobre amarillo ceroso del tamaño y forma de una hojita de afeitar. Me detenía, la sacaba y la miraba. Hacía ésto tan a menudo que ya no hacía falta ver lo que estaba mirando. Y es por ésto que no puedo decir con seguridad cuándo desapareció.

Pero todavía puedo verla. La veo en la frente de las mujeres. En el aullido del poeta. La veo en la garganta de una diva y en la palma de la mano de un desertor. Presionando contra un alambrado. Una gota de sangre en un vestido de calicó. Abro mi bulto y descargo su contenido en los surcos de la tierra. Nada: una vieja cuchara, un timón, los restos de un walkie-talkie. Y mientras despliego la tela para recostarme tomo bocanadas de aire larguísimas como los surcos. Como para calmar a los espíritus, abrazarlos desde el estremecimiento y el estertor.

En el anillo de la noche imposible. Todo es elástico. El cielo es de un rosa turbador. Puedo sentir el polvo de Calcuta, los ojos idos de Bhopal. Puedo ver las banderas de oración flameando como viejas medias en el cálido viento irónico.

Puedo ofrecerte esta campana
susurra el mercader
Es extremadamente valiosa
una pieza de museo, no tiene precio
No gracias, contesto
No deseo poseer
Pero es una campana maravillosa
una pieza ceremonial
una exquisita campana
Mi cabeza es una campana
Murmuro
entre
dedos vendados
ya dormida.

viernes, 11 de junio de 2010

México City Blues de Jack Kerouac

" Mi amada que no quiere amarme
mi vida que no puede amarme
las seduzco a ambas.
Ella con mis besos rotundos
en la sonrisa de mi amada
la aprobación del cosmos.
La vida es mi arte
protección frente a la muerte
así sin autorización vivo.
Qué desgraciada teodicea!.
Uno no sabe, uno desea
lo que es la suma. "

jueves, 10 de junio de 2010

En el camino - Jack Kerouac

" Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. "

Los vagabundos del Dharma - Jack Kerouac

La humanidad es como los perros, no como los dioses -mientras no estés loco, te morderán- pero si estás loco, nunca serás mordido. Los perros no respetan la humildad y el dolor.

Adrienne Rich

Vine a explorar el naufragio.
Las palabras son intenciones.
Las palabras son mapas.
Vine a ver el daño causado
y los tesoros que perduran.

Manuel Vázquez Montalbán, fragmentos



Si se supiera, de Una educación sentimental

" Si se supiera
lo que se presiente y no se dice
desde que Hiroshima
nos dejó sin habla
que la tercera guerra mundial
se ha declarado
que se muere
en los cuatro puntos cardinados
que crucifican la tierra en cruz gamada
lejos del parking amortizable
del supermercado de leches descremadas
de los lugares de vacaciones invernales
de las familias de hijos únicos
desplegables
lejos del Louvre y de la poesía tónica
lejos
muy lejos de la Plaza Roja y de la Casa Blanca
si se supiera
que a los vietnamitas del Líbano les abren en canal en Guatemala
más no se inventó el napalm para Le Bois de Boulogne
ni la violada de El Salvador será Miss Play Boy
en abril
aunque abril siga siendo el mes más cruel
en ésta guerra sólo se mata en los arrabales
el centro es ciudad abierta por mutuo acuerdo
entre el Bien y el Mal, mientras la ciencia
del alma calcula como calcular lo incalculable
por ejemplo
cuántos deben morir cada día en Etiopía
para que nos salga social
de pronto
la poesía. "





El laberinto griego 

" -Vive por una zona que se llama Pueblo Nuevo y a medianoche se acerca a una casa de comidas, en una plaza, no sabe el nombre. Al final de la rambla del Pueblo Nuevo. Vive en alguna de las fábricas abandonadas por aquella zona. ¿La conoce usted?
-La conozco. Se llama Pueblo Nuevo, pero ya tiene poco de nuevo. Es un barrio que creció a finales del siglo pasado y comienzos de éste, industrial y popular. Ha envejecido rápidamente, como todo lo pobre, y está a la espalda de la futura Villa Olímpica, lleno de fábricas y almacenes abandonados. "





El muchacho del traje gris 



En situaciones de diferente sinceridad, el muchacho confesaba la imposibilidad de mantener aquel ritmo poético sine die. Como en las novelas o los relatos líricos, la irresponsabilidad racional del lenguaje podía convertirse en una pesada letanía de sofista. De vez en cuando hay que dejar de sonreír y, aunque sea por táctica, darse un golpe en el pecho, con cuidado. La duda de la propia duda era inviable, pero no su fingimiento. Y en definitiva la única máxima valedera era la que se resumía así: Sea usted relativista en todo aquello que no le importe. 
Y conoció a una muchacha con pamela, larga boquilla y vértebras dúctiles, capaz de tararear la canción de Machín mientras bailaban y darle un beso en la boca en el transcurso de una conferencia de Umberto Eco. Nació el amor como una opción total y con su evidencia se presentó nuevamente la tentación del absoluto y de la afirmación. Alquilaron un piso. Lo pintaron azul-blanco, con manchas de color de flores de papel, loros colgantes, farolillos venecianos y muebles liquidados en desguaces de villas liberty. Se alimentaban a base de aguacates y steak-tartare; tomaban infusiones de yerbas regionales, especialmente té de roca y manzanilla. El escepticismo se revelaba en la mutua decisión de no tener hijos y en su defecto los suplieron con un pez negro japonés, un lirón y una tortuga miniatura que murió de sequedad, ahogada en un cajón de serrín. "




Si te perdieras

" Si te perdieras
entre Júpiter y Urano
te arrancarías los ojos para no ver el miedo
del universo entero pendiente de no verte
pues si te vieran
las estrellas tendrían la conciencia de tragedia
tendrían conciencia
comprenderían su lógica ciega
inventarían la óptica
el póker
la ética
la estética
y el universo entero se iría a hacer puñetas. "

Días del bosque - Vicente Valero

El viento busca siempre el bosque: sabe que aquí podrá su dolor ser libre, gemir, romper, hacer temblar la tierra.

Sabe que aquí podrá declarar su tormento:

el placer de su ira.

**

El caminante ahuyenta, caminando, a sus demonios.
Estos son siempre sedentarios.

martes, 8 de junio de 2010

Jack Kerouac, retratado por Allen Ginsberg, imitando una cara «a lo Dostoievski» en Manhattan

A propósito de Casanova - Miklós Szentkuthy

En la civilización, el amor supone esconderse, guardar secretos, mentir y engañar. A partir de todo este conjunto, los poetas y los moralistas fabrican sus correspondientes "tragedias": nombre griego de la estupidez. Sin embargo, para Casanova la mentira es un elemento vital. De noche, cuando nuestro destino depende de si alguien se ha olvidado la llave en la cerradura o de si la ha colgado en su lugar, cuando es preciso poner la dirección en un sobre escribiéndola con la mano izquierda, cuando se ven tres velas encendidas en un balcón o bien sólo una, cuando es necesario subir las escaleras rozando las paredes y dejar en el perchero una capa robada a un extraño, cuando es menester deslizarse de una habitación a otra atravesando pasillos abandonados, pero poblados por espíritus, se está en un mundo donde prevalecen dos aspectos: la mentira y el objeto.  En ningún otro momento una lámpara, un pañuelo de bolsillo, una llave, un candelabro, unas medias, una espada, un sombrero, una silla, un plato reinan tan victoriosamente como en este ambiente dominado por los artificios. Casanova es, en este ambiente también, "absurdo", como todo lo que de alguna forma se convierte en pensamiento: el amor es, invariablemente, la relación entre una mentira y un objeto; alguien se cree algo, alguna sandez, y una lámpara es precisa, exactamente una lámpara.

lunes, 7 de junio de 2010

correo al rojo vivo, Charles Bukowski


sigo recibiendo muchas cartas
de jovencitas.
evidentemente han leído alguno de
mis libros
pero eso rara vez
lo mencionan.

muchas de sus cartas vienen
en papel
rosa o rojo
y me informan de
que quieren
besar mis labios y
quieren
venir a vivir conmigo
y
dicen que harán cualquier cosa,
lo que sea,
por mí y para mí
siempre que pueda seguirles
el ritmo.
asimismo, las más jóvenes se apresuran
a mencionar su
edad: 21, 22, 23...

estas cartas son
fascinantes,
claro,
pero siempre las tiro
a la basura
porque sé que todo
tiene su precio,
sobre todo cuando
se anuncia como si fuera
gratis.

además,
¿qué sentido tiene?
las chinches follan, los pájaros
follan, los caballos
follan, tal vez algún día
averiguarán que
incluso el viento, el agua y
las piedras
follan.

y
¿dónde estaban todas esas chicas
ardientes
cuando andaba muerto de hambre,
sin blanca, era joven y estaba
solo?
no habían
nacido todavía, claro.
ahora no puedo culparlas
por
ello.

pero culpo a las chicas
de mi juventud
por no hacerme caso y
por acostarse con todas las
demás
almas aguadas.
esos otros muchachos, supongo,
estarían agradecidos entonces de poder
meterle el rabo a
cualquier cosilla bien dispuesta que
se meneara.

ojalá, pienso ahora, alguna chavala hubiera
tropezado conmigo entonces
cuando tanto necesitaba su cabello al aire sobre mi
cara
y sus ojos sonriéndoles a los míos,
cuando tanto necesitaba
esa furiosa música
y esa furiosa disposición femenina
a ser
desarmada.

pero me dejaban para que estuviera a solas
en diminutas habitaciones alquiladas
con la única compañía
de caseras mayores
y el ir y venir
de cucarachas
despiadadas, me
dejaban terriblemente solo con
mañanas suicidas y
noches en
el banco de un parque.

y ahora que
son viejas
y
yo soy viejo

no quiero
conocerlas
ahora

ni conocer siquiera
a sus
hijas

a pesar de que
los dioses
en su infinita sabiduría
siguen negándose a
dejarme
olvidar y
descansar.




No te alejes - Anton Chéjov

Nadia, mejillas encendidas, feliz, los ojos brillando con lágrimas a la espera de algo extraordinario, bailaba y  daba vueltas, con su blanco vestido ondulado y dejando ver fugazmente sus esbeltas y bonitas piernas en sus medias color carne. Varia, extremadamente contenta, cogió a Podgorin por el brazo y le dijo en voz muy baja con expresión significativa: "Misha, no te alejes de la felicidad. Acéptala mientras se te ofrece gratuitamente, después correrás detrás de ella, pero no la podrás alcanzar".

domingo, 6 de junio de 2010

Waiting - by Jack Vettriano

Domingo por la noche - Raymond Carver

Utiliza las cosas que te rodean.
Esta ligera lluvia
del otro lado de la ventana, por ejemplo.
Este pitillo de entre los dedos,
estos pies en el sofá.
El débil sonido del rock-and-roll,
el Ferrari rojo del interior de mi cabeza.
La mujer que anda a trompicones
borracha por la cocina....
Coge todo eso,
utilízalo.

viernes, 4 de junio de 2010

Bébeme si estás sediento

Voy a inventar un lenguaje salvaje
que cause destrozos

Curaré tus heridas con sal

Cruzaré tu corazón dislocado
con el tren nocturno que me lleve al averno de tu alma

Sobreviviremos a esas montañas que son pozos

Contraria contrariis curantur, lo contrario se cura con lo contrario

Sobredosis de deseo como alimento
Caricias profundas de animales calientes

Traficaremos con nuestros sueños

Serás un ganador rezagado
y yo los aplausos en tu desconcierto

Rodeados del plancton marino
bandas magnéticas
pretérito pluscuamperfecto
desayuno continental y embestidas
fallos de canalización
ecuaciones
energía
bailes de cíngara

Similia similibus curantur, lo semejante se cura con lo semejante

bestias moran tu mente
cosaco desalmado

fuera pureza, normas, rutina, compromiso, ira

Aequalia aequalibus curantur, lo igual se cura con lo igual

jueves, 3 de junio de 2010

Iván el terrible

...Y el silencio está infravalorado.

LLUVIA - (un día de gloria por Harry B.)

El hombre de negro se aburría. Era un aburrimiento profundo que mantenía su cuerpo apelmazado, su mente sedada, sus miembros diluidos. Miró a la izquierda: su mujer estaba recostada en el sofá leyendo un libro, se dio cuenta de que él la miraba y, levantando la cabeza, le sonrió antes de sumergirse de nuevo en la lectura. El hombre de negro no sintió nada, ni frío ni calor. Después miró a su derecha y observó durante unos segundos cómo su hijo hacía los deberes del colegio tumbado en la alfombra, levantando de vez en cuando la cabeza hacia el televisor. Tampoco sintió nada, no podía decir que realmente lo quisiera, aparte del vínculo filio-paternal que los unía, no sentía nada por él.
El hombre de negro se levantaba cada mañana de la cama a las seis en punto; tomaba una ducha fría (tibia en invierno), se preparaba un café, se ponía su traje (negro), salía de su casa y entraba en la boca de metro que había a dos manzanas (porque el tráfico estaba a esas horas imposible). En la séptima parada se apeaba. Trabajaba sin interrupción desde las ocho hasta las trece horas, momento en que recogía su chaqueta (negra) colgada detrás de la puerta y salía en dirección a un bistro cercano. Comía solo porque hacerlo junto a sus compañeros le incomodaba y además no le interesaba nada de lo que hablaban.
A las quince horas volvía a la oficina, de la que ya no salía hasta las dieciocho horas. Tomaba el metro en dirección a casa y en ocasiones (no demasiadas) bebía una cerveza (sin hablar con nadie) en un bar cercano a su domicilio antes de entrar en casa.
Esta rutina se reproducía diariamente en la vida del hombre de negro, quebrantándose sólo durante su mes de vacaciones estivales. Mes al que el hombre de negro temía especialmente más que a los once restantes.
Un día al salir del bistro para reanudar su jornada de tarde llovía. Cruzó la calle corriendo pero la lluvia se hizo más densa, como si corriera detrás de él. Se refugió bajo el toldo de una joyería (a fin de cuentas aún le quedaba tiempo de sobra) allí fue donde la vio por primera vez.
LA MUJER DE GRIS
Vestía un traje de chaqueta (gris oscuro), llevaba gafas de sol pese a la escasa luz del día, el pelo recogido en un moño en la nuca, fumaba un cigarro (a pequeñas caladas) y miraba su reloj (nerviosamente) a intervalos regulares. Era esbelta, tenía los rasgos pequeños excepto una gran boca de labios carnosos. Sacó su mano (blanca y de dedos muy finos) por fuera del toldo, efectivamente había amainado. El hombre de negro la vio alejarse por la acera con un caminar elegante. No pudo dejar de pensar en ella durante el resto del día y para no manchar (de vulgaridad) aquella imagen que tanto le había cautivado, decidió retirarse temprano a la cama.
Dos días más tarde la lluvia volvió a alcanzarle a la salida del bistro obligándole a refugiarse nuevamente bajo el mismo toldo (granate) de la joyería. Desde allí el hombre de negro vio como la mujer de gris atravesaba corriendo la calle para acabar cobijándose (el corazón del hombre de negro se aceleró hasta lo inimaginable) bajo el toldo (granate) de la joyería, cuyo escaparate la mujer de gris se puso a contemplar (algo malhumorada).
Era miércoles. No volvió a llover en toda la semana. El martes de la semana siguiente amaneció nublado, el cielo era una pesada cúpula gris plomiza. El hombre de negro sintió durante toda la mañana un extraño (y placentero) cosquilleo en la boca del estómago. Pero la lluvia se resistía a caer y no lo hizo hasta bien avanzada la tarde (previo aviso de algunos truenos) cuando el hombre de negro se dirigía a la boca de metro. Fue una lluvia torrencial y espesa. El hombre de negro escogió esta vez una galería de cine para resguardarse. Pocos minutos después irrumpió la mujer de gris con un abrigo (gris oscuro) hasta los tobillos completamente empapado. La lluvia se prolongó durante horas. La mujer de gris miraba hacia fuera primero con rabia y después con una mezcla de inconformismo e ironía. Finalmente, aburrida de mirar los pósters de las películas adquirió un ticket en la caja y entró. El hombre de negro fue tras ella. Se sentó dos filas detrás de la mujer aspirando la humedad de su abrigo (gris oscuro) mojado. La película (ambientada en la Italia de la posguerra) ya había comenzado.
Desde aquel día el hombre de negro engullía con énfasis todos los partes metereológicos de los noticiarios y cuando al fin, estos, anunciaban lluvia, se aseguraba bien de oponerse su mejor colonia (comprada a propósito para estas ocasiones días atrás) y de abrocharse correctamente el nudo de su corbata (negra).
Como destino de su mes de vacaciones programó un viaje a Finlandia para visitar los Fiordos (pese a la abierta oposición de su mujer y de su hijo que preferían ir como siempre a la playa). Allí la encontró en la cafetería del hotel, hablando por teléfono con aire aburrido una lluviosa mañana finlandesa.
El invierno siguiente fue especialmente lluvioso y sus encuentros continuados. El corazón ya no le cabía al hombre de negro en el pecho y durante las dos últimas semanas pensó muy seriamente en la posibilidad de hablarle (la simple idea le ponía la carne de gallina). Finalmente un día en el que ambos se cobijaron bajo el mismo toldo (granate) de aquella joyería donde coincidieron por primera vez, el hombre de negro creyó ver en ella algún tipo de señal y se acercó (lentamente) hacia ella. Dijo hola (o mejor dicho “ho…ho…ho…la” porque solía tartamudear cuando estaba nervioso). La mujer se volvió hacia él (que hermosa era de tan cerca, pensó). Le miró de arriba abajo, arrugó la nariz y se lanzó calle abajo desafiando a la lluvia. Al hombre de negro el alma se le cayó a los pies, la vio alejarse (con tristeza) y mezclarse con la lluvia.
Enfiló (cabizbajo) las tres escasas manzanas que le separaban de su trabajo. Al doblar una esquina se quitó la chaqueta colgándola de su hombro, un poco más adelante se abrió el nudo de la corbata, en otra esquina se arremango la camisa y se desabrochó algunos botones. Sintió que el sudor empapaba su frente, miró hacia arriba y descubrió un cielo azul (intenso) y un sol cercano y enorme como una pelota de fuego, escuchó el sonido de algunos cláxones, las ruedas de los coches se pegaban al asfalto, también los zapatos de los transeúntes absorbían el alquitrán. Los hombres y las mujeres se miraban unos a otros sin comprender nada, se desprendían de sus ropas (aceleradamente), los niños lloraban, un viejo borracho de barba espesa anunciaba el comienzo del fin del mundo. Dos camiones de bomberos pasaron dirigiendo sus mangueras hacia la población. La policía recomendaba, por medio de altavoces, no salir a la calle hasta nuevo aviso.

miércoles, 2 de junio de 2010

V (Fear) - Ben Clark

Y, de pronto, la noche. No la noche
de la caricia azul, del beso tibio,
la noche mansa y tersa como un pecho
de mármol. No esa noche.
                       Y un mal día
la noche, no la noche adolescente
de estrellas rutilantes y de cantos
sin dueño por senderos de luz tierna;
no la oscuridad cómplice, arcana,
madre del tiempo inútil
que algunos científicos han dicho
existe tras el último
beso. No: no esa noche.
Sino la del aullido de la fiera
detrás de las arrugas, la del ruido
que se repite golpe a golpe
como un aparador precipitándose
por unas escaleras sin final.
Cuando alguien quiere hacernos daño, quiere
forzar la cerradura para herirnos.
¡No queremos visitas! No queremos
que nadie nos moleste no hay comida
pero llaman no cesan las campanas
quién está al otro lado del teléfono
quien quiere entrar quién quiere entrar quién es
silencio.
                       Solamente silencio.
El grifo que gotea porcelana
el cuarto está inclinado y no hay comida
el médico el médico insolente
contar del uno al diez
¡uno dos tres el ruido! Otra vez
el ruido el batir insoportable
de unas alas no hay nada en la despensa
papeles en la mesa dónde estoy
el peso de la noche y el espejo
que no nos reconoce y la paloma
-de nuevo la paloma-
zurea con palabras afiladas
el nombre que una vez reconocimos
como nuestro.
Ha venido esta vez a acompañarnos
a nosotros, los seres paradójicos,
que en el último instante, en la última
alanceada a la muerte,
comprendimos.

Seb Janiak

E L I N V I E R N O

ahora sé que cuando dijiste que te había llegado el invierno
en pleno agosto no te referías a una romántica
tormenta de verano

ahora sé muchas cosas que habría sido bonito saber antes
ahora sé muchas cosas que ya no me sirven para nada
no empapelaré mis paredes con lecciones caducadas

seguro que volveré a cruzar ríos por zonas turbulentas

seguro que someteré a mi alma a un nuevo y lento striptease
hasta quedarme en la tristeza
de nuevo

ahora sé que lo que uno no dice se queda dentro,
acumulando polvo
ocupando espacio
como mueble viejo y triste
que da pena tirar
que da pena guardar

ahora sé lo que no sabía

mañana sólo sabré
que odio el invierno