malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 14 de agosto de 2017

las bajantes del corazón

























Como si sonara un vals de niebla y nicotina,
quiero ponerlo todo perdido de ti y de mí
atender a la sinrazón
ser buena para el fango y los nudos dobles
fermentar en barrica de roble
para acabar habitando las bajantes de algún corazón

romper el cuello del alfil querido que nunca usaré
que los perros y la poesía se parezcan tanto
que acaben haciéndolo en mi salón
que tu carne, suelo lunar
y yo, hendidura-arrebato
sean un instante
territorio transitable

aquí ahora mismo,
se reproduce un ahogo
a cámara lenta

nunca quise un corazón
lleno de parterres
preferí la arritmia,
la palabra-planta venenosa
y la señal subjetiva

una barbilla-taberna
y un semidiós que se hunda,
tranquilo, entre mis brazos
para acabar siendo lechosa marea
y perpetrar el desahogo
alimentar la fosa común de los daños,
que ya hicimos molde para el dolor,
sabemos lo que es el rastro
y cruzamos, en piel, tantas fronteras
que cayeron todas las lágrimas a peso,
y nos aprendimos las rayuelas
que acababan en pozo
o en cuneta que escupe flores

desventura, desnudo, destrozo, despedida
siempre,
rabias negociadas a pares o nones
mascar destellos
durante la alegría
pero el tiempo sólo lo detiene la muerte
la marca que deja la urgencia
se clava bien dentro
pero somos animales urgentes
que quieren mojar cuerpo en salitre
celebrar la ropa interior húmeda
y el miedo nunca a solas
encharcar espacios intercostales
fabricar otras bocas
golpear/acariciar a golpe de espolón
trotonas
como si la vida rebosara rojos inventados
como si nos lo hubiéramos creído todo

nada es inmortal
todo acaba despedazado
en un descampado seco
a las puertas de contenedores de reciclaje
sin saber muy bien
dónde va

dónde vamos.

viernes, 11 de agosto de 2017

J'accuse, Damien Saez




1898, Émile Zola y su famoso artículo J’accuse
2010  Damien Saez, francés de padre español y madre argelina, según Daniel Boluda, adalid del cortavenismo francófono. Enfant terrible, vapuleado por la fina línea que diferencia apología de denuncia.  

Basta adentrarse y fascinarse con sus letras para saber en qué lado se halla. 

YO ACUSO
hace falta gasolina para el coche
esconder la tarjeta de crédito en el coño
hace falta el pavo para Navidad
y hay que broncearse durante las vacaciones

hay que tener saldo en el móvil
para olvidar la soledad
hacen falta chicas que salgan en televisión
también consumir viagra para lograr una erección

hace falta hierba en el tabaco
convendría dejar de fumar
el gimnasio está lleno de máquinas 
donde tambalearse y hay que entrenar

se tiene que cruzar por el paso de cebra
no beber si se conduce
se tienen que gastar los pocos ahorros
y se necesita una red especial para niños

además hay que parecer payasos
tienes que salir en la tele 
para estar en la farándula
con los que tienen dinero

doy paseos por los centros comerciales
donde compro aunque no tenga suficiente dinero
yo avanzo en función de los accesorios
y las basuras ilimitadas

las personas hablan mal
la gente es tonta 
o al menos tan tontos como yo
dejarse hacer, dejarse follar 
y que te preñen
de bebés como hologramas

palabras de amor vía satélite
pero esos cabrones no saben ni leer
ni siquiera saben alimentarse
los transgénicos están en los biberones
sí! y lo mejor es que esto te hará menos estúpido
cuando mueran por la mutación de la gripe porcina de los cerdos

Oh! el hombre no desciende del mono
más bien desciende del borrego
Oh! el hombre no desciende del mono
más bien desciende del borrego
 (...)

Parece que hay que despedir a los profesores
y también a los trabajadores sociales
Los funcionarios no sirven de nada
ni las enfermeras que cobran mil euros
los accionistas tienen que hacer dinero
con la salud y los hospitales

ve a curarte a Inglaterra
ve a ver el aspecto que tienen sus metros
debe haber alguna razón 
ya que hemos perdido nuestras transacciones
dejándonos encular
por nuestras necesidades y nuestras religiones

hay que tirar los móviles a la mierda
así como destruir la televisión
también hay que esposar 
a cada presentador de telediario

yo acuso
desde el megáfono de la asamblea
yo acuso


J'accuse


jueves, 20 de julio de 2017

iluminación de los bajos fondos






























es importante entrar de vez en cuando en uno mismo, deslizarse hasta el fondo como en una barra de bombero, una cucaña bien untada de vaselina, descenso vertical y después un travelling barriendo en todas direcciones. busco el aprendizaje enloquecedor de mis propias bocacalles y esquinas desiertas. ponernos en peligro. hallar paragüero para llantos y vómitos. gritar que nos dejen a solas con nosotros. aplicarnos unos primeros auxilios, tocarnos por debajo de todas las ropas. hacer torniquete en habitaciones solitarias y camas deshechas. tener memoria fotográfica para aquel recodo que nadie aprecia, ese gesto, detalle nuestro que nunca será photocall. justo ahí también hay raíces. justo ahí, también somos melodía que se teje al momento. sacar las sobras milenarias del congelador. cambiar las sábanas y envolvernos en suavizante floral haciendo cueva con las rodillas altas. hacer coleta maraña con las preocupaciones mundanas. desafiar en crudo los equilibrios a los que nos sometemos tan solos fuera de foco. una panorámica de los bajos fondos, con el obturador bien abierto y el minutero desangrado. acotar el escenario de nuestro crimen y reconocer nuestras huellas en cada golpe o garabato, hay arañazos placenteros y caricias vacías. no trucar el kilometraje, no negar carreras a la yegua aunque se perdieran y reconocernos desmejorados, gastados, pero vividos, aún no sacrificados. sabernos cuerpos capaces de hundirse en secano. y tripular sonrientes nuestro corazón entre los escombros en un mig35 en llamas.

regresar a la superficie, bien llenos de deseo y buscar que alguien nos desvalije con ternura, contra la pared, mientras nos golpea los tobillos de la mente y juntos, nos extinguimos.




martes, 11 de julio de 2017

que nuestra piel cubra al animal





























Que no pervirtamos los sabores,
Que busquemos los orígenes y pliegues
Que no nos asuste la convulsión perfecta del cuerpo
Que se derrama exhausto, a bocajarro,
Manando vicio de sus sienes
Cuerpo, forajido, barro entregado
Que se deja a la deriva del goce
Volcar el deseo más primario
Servirlo de entrante a la voracidad
Desnudar los huecos y ofrecerlos sin fronteras
Abrazarnos de raíces
Con palabras alarido
No ser arenales
No ser rocosos
Atravesar el dolor
Tan febriles como vivos
Deambular la guarida del otro a tientas
Con las pupilas dilatadas
Desenroscarnos de nieblas y maromas
Afilar la muerte del anzuelo
No ser de azúcar
Marchitar la hora vacía
Inventarnos turbios cuando se ennegrece la noche
Despojarnos de la esperanza que estrangula los Ahora
Que el corazón sea una tea incandescente
Arrancarnos las coronas
Manosear a la fiera hasta volverla alimento
Cauce de fantasías
Del deseo, despliegue


No ser hacia afuera
Rajar núcleo, hacernos mapa
Huir de la vida doméstica
Abandonar nuestro extrarradio
Eterno despegue
Lamedores de almas
Goteando océano
Abrirnos de cabeza, entraña y vientre
Triángulos que enloquezcan radares
Cascabeles tintineando su veneno
Como gatas ronroneantes
Con sus colmillos travesura
Nucas temblorosas que se mojan de verano
Rumiando suciedades
Emborracharme de tu saliva
Que el fuera de nosotros sea intransitable
El movimiento feroz en mandíbula y cadera
Dar tumbos en tu cabeza mientras me vistes de verde

Romper balanzas
Fundirnos en rojo
Vibrantes y frágiles
Mares que engullen mástiles
Difíciles de explicar
Desbaratar el entresuelo del verbo
Sepultar con piel lo cotidiano
Desordenar el cabello y el cuerpo
Mientras se enfría el mundo ahí fuera
Hieren las ortigas y las rosas por igual
La caricia anida en tu mano
Y es garra que desmenuza la carne
Tumba tus creencias heredadas
Alborota y desenhebra la cordura
Que se nos mueva el amor por dentro
Como un ave salvaje
Islas y navegantes de miel
La ternura también empuja y empuja
Hermosos como buganvilias enamoradas
Ninfas y titanes que se baten en danzas devoradoras
Agitando espuma y fuego
En crucifixión de cuerpos

Heridos de vida, siempre

miércoles, 5 de julio de 2017

Raskólnikov



La culpa de querer ser tu Sonechka la tuvo leer Crimen y castigo aquel invierno helado viviendo en Berlín. Ese octavo sin ascensor y el alma en cueros en cada descansillo. El glühwein en las venas de todos los fríos bombeando los corazones calientes. La piel acapara los momentos como una coraza permeable o como una alfombra donde dejar nuestro fango, todos los besos unos encima de otros, las caricias todas apretadas en la memoria, los ritos, los cantos, la mente, campo que prende, un concierto de Ani DiFranco, Baise-moi en Central Kino y el humo de todas las rabias de no saber abarcar nuestros mundos, desnudos en la ansiedad de todas las calles, con todos los frentes abiertos y todas las hambres. Tú mordías cielo y subsuelo a partes iguales. Yo mamaba la energía de los sueños en bruto haciendo guarida en el temporal. El tiempo era nuestro, con todo el desierto de Atacama por caer ante nuestros ojos en ese inquebrantable reloj de arena hasta darle la vuelta como si estuviésemos hechos de infinito y no degradación, óxido y nada más.

batiscafo de piel y otros enseres



Al nivel de mar, observo como el tiempo va mutilando la pena, como un oleaje a su costa. Nunca fui un fuera borda. Puse todo lo que tenía. Una xalana y toda la sangre. Mi perímetro y lo que daban mis piernas. Lo más mío. Esperpéntica, braceando en la distancia. Con mis pañuelos blancos. Diciendo estoy aquí. Vacié mis bolsillos. Podían parecer pedazos, pero era yo. Lo que salvé. Lo dispuse todo sobre el mantel. Un picnic. Un corazón en descomposición, los cubiertos, el hambre. 

Más tarde, dedicarse  a describir el fondo pero sin certezas, como un recién llegado que aún no ha encendido la luz y no sabe de la carencia de ventanas. Palpando a kilómetros de distancia. No sé hacerlo mejor, siempre lo dije, no soy la Maga. 



Querer correr sin dorsal, también es eso. Que te entiendan y te abracen y valoren tus abrazos.  

Y finalmente, con peligrosa sencillez, habitar el abismo como el que habita la carne del sueño y hacer de nuestro amor batiscafo.


miércoles, 28 de junio de 2017

siempre la sal

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.
Karen Blixen




jueves, 22 de junio de 2017

Oxígeno y café




Navegamos el veneno
como ebrias estrellas de mar
que sueñan un camino de tierra
y un sol brillante y doloroso
para después
para secar toda la humedad
que no naciera del desgarro

Llegar a casa
y recorrer descalza su suelo frío
desnudarme de escombros sin tregua
remorder el momento
como centinela de tu carne
Detenerme
Escribir un poema honesto y vulgar
que gima azafranes y tristezas
en algunos versos
y el resto sea un derrumbe lento
del edificio melancólico que construyen
las noches y las manos
cuando solos, nos devolvemos a la vida
un vaciado, un reseteo, un exorcismo
programa corto
oxígeno
Uno de aquellos que se olvidan rápido
pero sanan algún pedazo
Arrancar nuestra maleza con virtuosismo
hacer banquete de los restos
inventarle otro nombre a la distancia,
hilo quebrado
no albergar sentimientos tenues

Escalar una vez más tu espalda
antes del linchamiento en cobres y fugas
que son los recuerdos

El bello espasmo del vientre
cuando estalla el epicentro
y todo es perderse
sin correcciones
aprender a rebobinarlo

Lavarse los miedos
y cortar con los dientes
las cuerdas de la mente
aliviar al mundo
tocarse y romperse
roer el hueso de las censuras
que el latido sea un grito
que el deseo no se estanque
sacar del pecho el rompeolas
y en el televisor, apagado,
solo el reflejo de dos cuerpos
clavándose
que el calor no se interpreta
que somos termómetros de sangre
instantes hermosos de claudicación
Nuestra cabeza, timón enloquecido
y dos cuerpos exhaustos a la deriva
que nunca se tomarán con calma.


viernes, 2 de junio de 2017

El método



Ante todo evitar cualquier cálculo.
Ni medir en palmos visuales la altura,
ni hacer cuentas de la vieja para la carrera que te cobre la pena,
ni meter el codo como cuando bañas a una criatura, buscando lo templado.


La habitación cuánto más sofocante, mejor.
El cuerpo y sus azufres y todas las manos dispuestas a remover la tierra,
dispuestas a conquistar la tierra. Quebrar, quemar, subyugar.
Acariciar fuegos. Catar infiernos.


Abrirnos la cabeza y la entraña, sacar del doble fondo lo intocable.

Los pañuelos blancos dejaron de ser románticos tras la muerte del último poeta tuberculoso.
Imposible rendirse o pedir auxilio si estamos hechos de naufragios, canciones de the smiths y enloquecidos vuelos de albatros.


De casa traer hecho trizas el pudor y dejarse fuera toda la poesía y reinas de saba que te habiten.
Ser catástrofe natural. Malinche impúdica que te injerte goce en cada hueco.
Ser cobaya de carne atrincherada entre tus piernas y pintarle las paredes al sótano de todo desconsuelo como una basquiat febril hasta la intemerata.


Entender el ojo derramado en sal y remarcar el enunciado en los desatados por dentro.
Fabricar un observatorio en tu espalda para ahorcar una a una las plegarias que fueron eco.
Lograr ese amor anfibio, todoterreno, esa devastación y ser coronada de vicio en la cima de cualquier derrota que me deje en blanco. Porque el amor se infringe. Mírame, tan plebeya y guerrillera, a recorrer cuerpos como si fueran costa amalfitana. 


No abras las ventanas y no te cierres. No abro las ventanas y no me cierro. Vengo a hacer que tu cuerpo se combe. Vengo a serpentear entre tus cicatrices. Vengo a caer picado. Con las anillas rotas y las redes en lugares equivocados. Vengo a buscar abismos, cráteres y al hombre de sí mismo desterrado.


Porque hacer del dolor una pelota de trapo y de cada instante un fin del mundo, está en nuestras manos.



Pequod o la habitación itinerante





























Pequeños refugios, con sus sábanas como velas, sus luces turbias como un petromar en la popa del encuentro, armarios vacíos que no se llenarían, ventanas por la que arrojar el frío y la ropa, puertas numeradas, llegar, llegarte, llegarnos y drenar el contenido del matraz de la memoria, desmembrar el dolor y secar el llanto crecido en los pechos.  
Y allí tu Boudica, como una zarza dispuesta a arder, con su batiscafo de piel tendida en la caída. Bajo la almohada el brillo de la desesperación, cuchillo que afilará la distancia. Poner el corazón en el fuego por ti todas las veces. Ser cepo loco para tu carnada, cuando los límites son sólo líneas rotas que alguien pretendió dibujarnos ignorando que la tormenta es alimento de nuestra batalla. Nuestro privado ultramarinos de gestas y duelos de jadeos-rugidos y risas tiernas. Llorarnos con el cuerpo, enredados como hiedras. 
Nuestro amor es un animal. Y a él llegamos para hacer pedazos de la escarcha, triturar el vidrio y untar de calor el túnel más largo. Aprender nuestras cordilleras y batirnos en la mirada mientras te hundes en mi línea de flotación más allá de la alborada.
Lamer desbaratada toda la guarida y cruzar abierta la barda del insomnio que se inclina en abismos rojos. Gastado el paladar, gastado el lenguaje, amarrada a tu proa, masturbando el fracaso de no hundirnos juntos para siempre.
Fuera llegará el poema como un volantazo en mitad del paisaje. Intentando condensar humo y caricias, sin lograrlo, sin siquiera acercarse. Porque el poema siempre se queda lejos, porque el cuerpo es un terreno insobornable.

miércoles, 19 de abril de 2017

compartir la carencia
























Así nos llegamos
cuando la poesía eran harapos con los que nos descubríamos
ante la atenta mirada de nadie
porque a veces los pozos y la sed no acaban de encontrarse

fascinados con nuestras atmósferas rotas y las quemaduras
fuimos inmediatez y rabia
tú trajiste el suero de tus palabras
y yo caricias acantilado
para compartir la carencia
y destruir su Potemkin
con nada más que nuestras manos

los sueños atávicos se pudren dentro
a una velocidad que perturba
la vida inventa deudas de lo que no hemos gastado
pero yo,
en tu límite afilado
vengo a apuntalarme
a escribir el abismo
y la catarata de mi desorden
y en el desborde del dolor
ten mis manos
hazme presa
cuerpo algodón
recodo, cauce

que me siento arruinada de gemidos
si no me das la caja de tu pecho y sus tambores

los cuerpos y su urdimbre se trazan
como bestias descarriadas
pero ellas tienen una ternura eléctrica

para los que se atreven a tocarlas














lunes, 17 de abril de 2017

angostura




























A todo, a todo empecé a echarle angostura
Al café de la mañana
A la ropa en programa corto con centrifugado
Al teclado de las dos menos cuarto cuando te quieres ir a casa 
Al recuerdo de nuestros cuerpos,
al revivirlos así como amordazados
en lo invisible,
tan permeables y calientes
A la rabia, por descontado
Le echaba angostura a las conversaciones inevitables,
tipo árbol que te cae en mitad de la carretera
Y lo veía, a mi interlocutor sudando angostura
Le eché angostura al sexo y al abril entero
No me corté con las ráfagas de siroco
que invitaba a entrar en casa
Abría todas las puertas y ventanas
y descalza y condimentada en angostura,
las recibía.
Le eché angostura hasta a los poemas
Sobre todo a esos
que te envías en mensajes de voz a ti misma
a las cinco de la mañana
o en mitad del atasco
porque ya sabes que se te olvida
ese verso a los diez minutos
Ese que te parece tremendo
y que con la resaca desechas
Repletos de angostura hasta los topes
Me até el beso al labio
y me lo bebí tipo tequila,
sal, tu carne y el limón
Le recé a la incandescencia de la memoria
y descrucé las piernas deseándome toda la suerte
Me lavé el pelo con angostura
y salpiqué todo el suelo
hasta llegar a la terraza y gritar:
Angostura!!!
Y revolucioné los pinos y sabinas del bosque de enfrente
y los pájaros mancharon el cielo
tipo sombra de Rorschach que aún no descifro.
Me fabriqué una ouija en tu espalda
mientras dormías
y me respondí a todas las preguntas
Pero no tipo margarita con el sí-no y coges otra.
No. Tipo ruleta rusa. También con angostura.
Pensé en los otros significados de angostura
Pensé en lo angosto. En lo estrecho
En las tierras que están cerca y casi se tocan
En morir llegando a nado de un lado a otro
En saltar acantilados
En dividir mi corazón en secciones:
jardines y hogueras.
En aquello de no ser nunca una familia de paseo
y ser siempre una portentosa ruina
En el fair play de los que se aman cada vena
devotos de la cruz verde de las farmacias
y el querer hacer vaho en tu pecho
mientras tocas pie en mi fondo
y una oda al alka-seltzer
que nos salve de una mala noche
como estratagema vagabunda
para pasarme desapercibida

y olvidar lo inolvidable.


miércoles, 5 de abril de 2017

tus derrames de parafina



Tuve que abandonar el mundo
sacarme de madrugada
por un lapso de tiempo que me diera la vida
verla alta
abierta oscura y estrellada
cúpula negra
envoltorio hermoso y nuestro
la noche
romper el domingo
huir del arriendo de mi soledad,
a cualquier costa,
recrearme en
tus derrames de parafina
armarme con la memoria justa
que evite el desgaste
desmantelar el declive
que construyen todas las calles
que nos desunen en este instante/necrosis
retorcer con gozo las vísceras de la poesía
para celebrar el cuerpo
y la sangre en movimiento
recordar que tengo las herramientas
para deshacerte de fracaso y lenguajes
para inclinar el dolor y deformarlo
para alimentar de morbo
al chacal que llevamos dentro.
saber que me acuesto en tus ojos
cada vez que los cierras
que sepas que traigo cuevas y un mar adentro
que soy incapaz de evitar el temblor
que regalas a mis piernas
incapaz de calcular la velocidad de la caída
hacer recuento de sogas, hoteles y posibilidades
de tus abrazos-chimenea
tu respiración inundando corazones
como una música bajo el agua
dejar los sueños abiertos como el gas
dormir y no sentir la explosión de los mañana
ladrar con la fuerza de los dioses
y abrirnos en dos
que no nos quepa el nunca
andarnos sin miedo
que te traigo caricias de enfermera
mientras te digo:
que nos ponga nombre o nos lo quite
pero hagámonos algo


martes, 28 de marzo de 2017

ternura bizarra de alta gama



























“mientras chicle permutan  boca a boca
y les tiemblan las piernas, en tijera”

Leduc



Yo venía ya trucada de nacimiento, pero no hacía ruido. Con más vicios que virtudes. Capaz de llenar mis graneros con fardos de desesperación, verter todas las rabias con serenidad y en silencio porque con el fuelle de la tinta aplacaba la vida sin aliño y sólo empantanaba mis huecos. No busqué remedios más allá de sepultarme en abrazos.

La frustración era una planta invasora así que yo huía con poemas inacabados en servilletas sucias tras cada última cena del propio dolor estrecho. Atravesaba todos los controles con una barca loca que daba tumbos en mi corazón, pero yo andaba serena, y acertaba con el índice en mi nariz infinitas veces aunque el llanto lubricante me llegara a las caderas. Sin los pañuelos blancos de mi abuela, naufragué en cada cuneta sin perder el aplomo de la que porta madeja de pensamientos/aspereza y corrales de demonios. 

En mi condición de Kriss de Valnor de saldo pero con ternura bizarra de alta gama,
platónica y algo torturada en la sombra, me dediqué a beberte gatuna para hacerte gelatina el corazón. Para hacer confeti de tus horas negras, serte balsámica y regalarte mis llanuras, corregir el mundo con típex/semén y hacerte trino: inesperado, sucio y mágico.

Al final te quiero humano, rompiendo el estribo, tomando mi cuerpo en terrones a pesar del cansancio, muy cerca los dos de la misma luna, gajo de luz, de cualquier noche. De todas las noches. Vivir el tiempo, no matarlo.  

martes, 21 de marzo de 2017

La belleza de una imagen de street view





Eran maravillosas, toneladas de poesía derramándose en aquellas fotografías. Usarían un programa o había personas a jornada completa emborronando el rostro a otra gente. Venían cargadas de una ingravidez puesta en pausa, un sinfín de travesías a ningún lugar definido que me reconciliaban con algo que suele bramar por dentro y que no sé nombrar. Tan lejos de la impostura. Tan desapercibidas, me invitaban a explorarlas, a perderme en los detalles más nimios.

Quise encontrarnos en alguna. Detrás de una cristalera sucia compartiendo una focaccia deliciosa o en la terraza de La lupita con las risas y los nervios cubiertos de niebla. Poder vernos desde fuera.

Reconocerme en cualquier Salomé de arrabal, tan sedada de realidad, ajena al tráfico y sus zumbidos, apropiándome del fulgor de tu piel cuando se me acerca, toda yo chatarra y emoción, sí, pero tan dichosa, filtrando toda la luz, lejos de la rutina y sus vendettas.


Reconocerte por el gesto de tus brazos, así cuando caen serenos mientras fumas y descuartizas las penas a bocanadas. O en tu andar, reivindicando la calma y el error. Tan nosotros, felices en los márgenes, fabricando cicatrices y momentos salvavidas al mismo tiempo como maniobra de distracción, y siempre con los rostros emborronados sin dejar rastro más allá del perímetro de nuestros cuerpos.

lunes, 13 de marzo de 2017

por fuera de la ropa





Lamernos la tiniebla de los ojos. 
Mordernos la intemperie 
el uno al otro 
y que sólo sea 
el principio.



Tocarte por fuera de la ropa y saber que te llego/llevo dentro.

Excavar, a ciegas, túneles de saliva. Detener nuestro tiempo, enterrados vivos en abrazos. Humo y sal.
Calla, distancia malnacida, ahora somos tintas que se escriben con las manos. Calla, palabra alambrada, demasiado locos para conjugar nada que no sea nuestra carne. Colchas blancas, el bronquio excitado del amado, la melena de la salvaje. He robado un sol y te lo he incrustado dentro. Has roto las ventanas y me has arrancado del invierno. Dos seres hambrientos que recorren el momento. Calor y barbarie. 
El mejor poemario es el de nuestros encuentros.



martes, 24 de enero de 2017

meter el cuerpo en tu mundo
























“Valar morghulis”



Pronóstico: un puñado de poemas, el corazón en cuclillas al filo de la luz y nuestras noches desdobladas gritando desde el vientre en la lengua del dolor.

Quise tejer un huracán en nuestros pulsos, traducir al animal y dilatar tu alarido. Con ecos, partir horizontes. Aprender a temblar en mitad del fracaso y acariciar todos los hielos sin morir. O tal vez solo un poco.

Soportar que la pena nos viola hasta el final. Desnucar lo furioso de la memoria y sus mimbres y sus tardes haciendo de nuestros cuerpos panal. 
 Convocar nuestras sombras, anudarlas, amarlas, desbocarlas. Que caer no significase tumba. 

Hacia dentro, en sangre alcoholizada, construir un inf/vierno y saber cruzarlo. No olvidar que el calor es el atajo que nos lleva a lo hondo, sin arneses, núcleos reventados de rojo. Que nunca es fracaso vaciarse de prados de dolor y jalar nuestras cosechas más salvajes. 

Quise descorrerme en tu mirada con los ojos tan abiertos como el hambre. 

Borrar de exactitudes el futuro, saber que el minutero alberga trampas y escozor. Ser siempre un tintineo de llaves, el vaivén de unas caderas paraíso que te amen. Abusar de la palabra tanto como del silencio aunque sea el derrumbe de la calma, peldaño roto de la cordura.

Nunca amar lento y nunca escribir mansa. Traer agujas y brasas, reventar de ausencia en el papel y registrar las ruinas con amor, tan loba y desbaratada.

Meter el cuerpo en tu mundo. Clavarnos con y en el delirio.

Lamer distancias bastardas y deshacer abismos como nudos en la lana. Tan retorcidos en las puntas. Hacer nuestro el sucio y bello acto de leernos el envés de las corazas. Ser valiente donde está oscuro. 

Vaciar los bolsillos y el alma.


jueves, 19 de enero de 2017

desafiar el vacío - Alda Merini


Fuiste una selva de amor por un tiempo
lanzada al amor. Con tus manos habría construido
tantas piedras para habitarlas con mi silencio.
¿Por qué corrías tan alto?
¿Por qué huías?
Habría mendigado tu amor, me habría
aferrado a tus manos.
Habrías podido matarme. Habrías podido
herirme, habrías podido dejarme en el suelo,
así como la Magdalena que pide perdón
porque su amor la devasta.

domingo, 8 de enero de 2017

la tragedia de las olas que no rompen




Te entrego este presente, sostenido en ferocidad mundana,
envuelto en papel de periódico, como pesca de barrio,
deshecha en roturas, costuras, pedazos,
domingos –esas carnicerías que me matan-
y aullando como el afinador que ama tus cuchillos desgastados.

Como una caja de mudanza en la que se mezcla todo.
Como huida de una guerra.
O de una paz inacabable.

Me daba pena cortar la hierba alta
pero no rasurar cielos con la mente,
cuando horizontal,
me desmayaba en sueños con las manos.
Siempre fracasaba con el cuerpo
porque la distancia crece como helecho salvaje entre las piernas,
y la desventaja del olvido es una ilusión.

Tú, yo, la mano abierta,
el sexo, el ojo, la boca, la herida
así no se llega vivo a ningún puerto.
Así no beben las flores en jarrones agrietados,
pero ya estaban muertas y no lo sabían.

Cajas de Pandora
y rabias que se encienden para encontrar la noche.
Trajes pequeños para nuestra locura.
Mojados en fuego.
Tratando las penas de frente con las manos desnudas.
Los decibelios de las ganas,
llenando plazas,
dañando cabeceros.
El intento del verso a solas.

Hay una tragedia en las olas que no rompen
pero también la hay en la espuma.
En la espuma de cada momento inmortal que nos llevamos
en cada risa que agrieta feliz la comisura de cada boca
en cada dedo enredado en la melena
en cada tela que se rasga de fiebre
en cada neón que invade una ventana
en cada desquererse a cámara lenta.
Muérdeme los dientes
lame cada arteria como si fuera una calle a ninguna parte
y aparta los restos, como guarnición del momento

nunca me fui infalible