malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

miércoles, 17 de diciembre de 2014

en la negrura y en la combustión


























                                     y liberar gacelas heridas 
que habitan barrancos y poesía



Me sirvo en terrones
tímida y brutal
me obligo a vencer la asfixia
haciendo de nuestras bocas
dos nubes de agua
aunque después se me corra la mirada
en rimel, rabia y ocaso que se rompe
emboscada-bucle
silenciando el deseo
bella bestia que dormita entre nuestras pieles
no tocándote
no tocándome

Ser mujer de cartas arriba
nunca inmaculada
siempre marcada, mordida, vehemente
y después toda una vida para curarme las caricias de ti
lamerlas, gatuna, para extraviar el escozor en mitad de un invierno
en mitad de la nada, de la calma

abandonarnos en un monte
envueltos de catástrofe,
arrancados de los lienzos
para restarnos humedad como mejor sabemos
y sudar el dolor
y que me prestes tu oscuridad para hacer proa incrustada en la luz
y sudar el sabor
como mejor sabemos
dilatarnos las pupilas,
salvajes y obstinados,
soñarnos presa,
acorralarnos

habitar los polos de un mismo amor
rezar a la incandescencia a la que nos debemos
y ser sombra que abrase a pesar de las tormentas,
desnudos de pena y peso
con los corazones como locas brújulas marítimas
que creen en el abandono y en el abismo
cuando ya conocen los caminos

que todo este placer acabe en herida es previsible
alacrán que nace para morderte de frente
cuando nos alimentamos de desconsoladas
e inconfesadas
bocanadas de nostalgia
tan manchados de rutina e infierno
mirando hacia otro lado
aferrados a lo artificial, vaho que esconde la belleza
coordenadas de habitación para los que sueñan bosques

tú, que conquistas mis arterias
metiendo mano a mis invernaderos
portador del caos
que invades mis frentes con tu ejército de calor inesperado
te derramo el huracán de palabras que anida en mi pecho

no te pediré jamás clemencia a la hora de amarme
porque cuando destilas negrura me aprendo
y cicatrizo renacida
en la combustión de nuestros cuerpos  
no me defenderé jamás de tu mirada
porque el súmmum del amante de tórax estallado
mana frenesí y ceguera a partes iguales



martes, 2 de diciembre de 2014

Peinando trigo y desgarrando piel *
























Existen esas mañanas en las que amarte es ya algo involuntario
un acto reflejo del trotón que alberga mi pecho
lo febril trepando rodilla arriba
lo persistente
a pesar de la asimetría del deseo
a pesar de precisar la caricia en el rincón y no tenerla
existen esas mañanas

Cuando nos precipitábamos el uno en el otro
sin estribos
sin decoro
paisajes no enmarcados que inundaban la pared
se derramaban en el suelo
como ventanas infinitas de temblor
con la espontaneidad del niño
que habita el arrebato sin consecuencias,
nadie ponía horas al día ni nombre a los meses
no nos dolía nada
si acaso, abandonar la habitación.

La memoria como arma de doble filo
en manos de un romántico drogado
y el amor que se labra sus propias manías
suelta timones en la tormenta
y cava sus propios cráteres para danzar todas nieblas del mundo

Existe el segundo en el que disuelves la multitud
y el universo es un abstracto
y me golpea tu dulzura
y le estallan a las palabras los corsés
y tiro por la borda todos los nunca

Pienso en ti
y en tu calor, rúbrica exquisita,
pienso en volver a ensuciarme en tu mirada,
en el vuelo en picado sobre tu boca,
en la cabaña de gemidos que hay en tu espalda,
en abandonar el pasado entre nombres que crepitan
y en las brasas que sangramos 
de las que siempre brotará un dolor tan mal repartido

y aún así
lúcidamente,
anunciarnos en lo insalvable y aceptarlo
porque pensarte no deja de ser un insano ejercicio
un peinar trigo y desgarrarse la piel

porque también creer que te tiemblo aún es un acto de fe



*de una canción de Antonio Vega

lunes, 17 de noviembre de 2014

millas y millas de temblor




























mi "cadáver lleno de mundo"
I. P. Montalbán


Hay tantas maneras de dibujar el naufragio
y somos tan diestros al conjugar el agotamiento con el amor.
Infinitos que se quieren abarcar, ciegos y obstinados.  
Adosarnos a la vida y auscultar muros en busca de latidos sencillos,
y nutrir la nada.

A veces no es necesario dibujar poliedros con las palabras,
que fueran sólo días sin nombre que abrazan en lo roto
bastaría.
Ni danzas perfectas,
ni placeres orquestados,
sólo un gesto pequeño  
en mitad del gateo oscuro del tiempo
que nos pasa sin ser visto entre las piernas,
sólo un aliento que nos brinde sentido
y no un refundar la pena constante.

Se nos da bien el vuelo corto con grilletes,
como halcones adiestrados que hacen hogar en el guante y su caricia.
Y amamantar la rabia mirando hacia otro lado
también se nos da de lujo.
Acostumbrarnos al hueco en el hueco
y ver cómo se vacían nuestros distritos rojos de vicios y humedad 
mientras morimos con la anatomía del intento
-tan aprendido y propio- entre las manos.
Limpios tras arder en mil noches de san juan
para, una y otra vez,  
construir ese tríptico desasosegante del que vuela, cae y repta,
del que obedece, calla y paga,
del que sueña, despierta y traga.
Dejando sedientas nuestras flores del mal
y observar la vida desde atalayas tristes.

En lugar de hacer zoom con nuestros cuerpos
y elevarnos
y tramar el amor una vez más,
tramar la vida, 
en una suerte de ficción que se hace carne,
habitar nuestra fuerza.

Recorrernos en millas y millas de temblor,

hacernos bellos 
y no estafarnos a nosotros mismos.

viernes, 10 de octubre de 2014

búnker-corazón


quiero decir:
lo que muero cada noche, 
mis huesos torcidos por abrazar una sombra.
/A.P./


Llegué en mitad de una noche avispero
de esas que te vienen infectadas de tintas ajenas
que uno busca como árboles en la tormenta.
Noches de las que quedan grandes, de las mal apretadas
que le barren las calles a la rabia pero nunca a la tuya.
Buscando el poema-antiaéreo, urdiendo el poema-madriguera
mientras duermen nuestros cancerberos
y visitamos nuestros infiernos.
Repleta madrugada de cuerpos a la deriva
océanos, bocas, muslos, cepos del amor.

Llegué para morderte la tiniebla de los ojos con las manos
para esculpirnos vida en una marea de versos regalados.
Amantes transitivos que se invaden
se interrogan con violencia
y se dejan hacer en el mismo instante,
en esta suerte de bondage lírico
en el que sólo se desata al perro del deseo.

Veloces cazadores del momento y el hueco en el cuerpo
que despachan la nostalgia y la rutina con sus garfios
con todo el arte que contienen las palabras usadas
que se pronuncian recién nacidas casi sin querer.

Haciendo vida en el secarral de la luz,
atascos, transbordos,
alimentando las sombras
mientras soñamos con nenúfares que ardan
y succionen el veneno del tiempo que nos separa.
Cuando el ahora es una sala de espera y nosotros nos tejemos al dolor
Arrodillando la fuerza
y desdibujando corazas
con promesas etílicas
y vigilias
para derramarse
y vaciarse en ellas

Traficando imágenes que sudan locura y soledad
Nuestros “duelos y quebrantos”.
Cada cual con sus llamas
sus ochomiles
sus inviernos
y sus pasados,
cristos yacentes a los que ya no rezamos.

Soy yo la que te llora en cada vela derramada
Soy yo la que apuesta al rojo en cada eje ebrio de la fortuna
Y mis ganas, tripulación enloquecida que amenaza con arrojarse a tu lava,
Y mi amor no empuñado que amenaza con arrojarse a tus leones
y habitar tu mandíbula alucinada.

Porque no me encuentro en tus pensamientos
cuando apoyas la sien en la ventanilla
y le miras las piernas al mundo,
te digo que se comba el dolor por dentro, 
se me clava si me echas a los perros,
me rompo si no nos enhebramos y ardemos.








martes, 30 de septiembre de 2014

otra prosa impúdica y deshecha

























Si pudiera escribir un poema y pensar que es un exorcismo y que de alguna manera tras él llegará la calma, o un puerto que amanece, o algo que me salve, supongo que me enfrentaría de otro modo a las cosas. Si un poema no fuera un coladero de desfachatez y egocentrismo, si fuera el calabozo al que destinar la frustración, donde se desnuda el miedo y la ilusión a partes iguales. Si supiera dejarme vencer sin decírmelo a mí misma y servirme de rehén, algo impúdica y deshecha y que a nadie le importe. Si supiera. Me entrenaría en el arte de la huida del propio cuerpo, pero dejo una escandalosa estela de intentos y rejas de realidad y rabiosa hembra. Un reguero de maldiciones y tardanzas. 
Me hablo todo el tiempo de lo intangible y de lo hermoso que te encuentro cuando -horizontal y excitada-, te invoco como un mantra del momento adecuado, aquel que se oculta entre las sienes/los muslos, aquel que sé buscarme y encontrarme, y gozar-forzar-gozar, soñando ser tu manuscrito. 
Si supiera arrancarme la lucidez y ponerme a vivir en el atrezzo que te viene con el pack de logros, metas y sonrisas luminosas. Si supiera sería otra pero no sería yo. Aunque lo intento. Me invento sensata y abrazadora de lo que me envuelve. Con lo tóxico y el declive. Me lleno los bolsillos de piedras pero no como virginia, para ir al río. Horneo ricas carnes, no mi cabeza como sylvia. Intento amarrarme a la tierra. Intento ubicarme en las coordenadas dictadas por la cordura y sus tristes aledaños. Ensayo y error. Desdichada e incauta, extraviada perra de paulov. Ahora escucho a cave y the ship song. Supongo que se mezcla con la noche y me inventa esos pozos y pasadizos que me habitan y que no se recorren a diario, por suerte, por desgracia o por gloria bendita. Solo en noches de tristeza y pared. 
Si supiera hacer algo con la porosidad de los recuerdos que vienen cargados de piel y sabor, podría travestir los momentos y triturarlos en confetti predestinado al suelo, pero al contrario, recojo todos los restos, como si supiera que no hay más celebración tras tu cuerpo. Migajas doradas que llevarse a la boca y al alma. Si me valiera por mí misma no te pediría tus manos y tu voz. Sabría qué hacer con este excedente de deseo. Cuando el cuerpo del otro es una barca, el cuerpo del otro, edificio al que encaramarse y buscar el vacío una vez coronado y saltar. Confundir caída con vuelo. El cuerpo del otro. Casa de perros insomnes, música de criaturas violentas.
Puedes recoger las redes, pienso. Esto será un mar vacío. Lleno de naves, románticas, sí, pero hundidas y tan hondo. Ni siquiera sé rezar. Pero me socorro, lo juro. Tengo candiles para todas las noches, los prendo sin angustia pero con ansiedad. Que no es lo mismo. Con la ansiedad se me abre el pecho, la angustia sabe de ovillar a la gente hasta el rincón y sus arrabales. Pero yo ansiosa y pizarnik hasta el extremo, adolezco de todo lo que inventa mi mente y más. Siempre torcerlo, la maquiavélica distorsión, tocar el fondo con la lengua, abrir la boca y frotar las paredes, para almacenar algo más de odio o pena, que no dejan de ser picos y pozos de lo mismo. Soy mi propio obstáculo, yo y los subterfugios que me regalo. Todos mis ríos desembocan en el mismo fango. Y lo sé.



domingo, 21 de septiembre de 2014

lírica de sanatorio, túnel y orquesta salvaje




































Me olvidé de cómo se descuidan los mapas que nos labramos en la piel. Allí donde fue camino/guerra dejamos crecer la hierba y taponamos heridas con esa sobada lírica de sanatorio, túnel y orquesta salvaje que aprendimos, nunca supimos cómo, en alguna cuneta. Más tarde, con lúcida falsedad, las llamaremos cicatrices, y las mostraremos hasta orgullosos pero sin acercarnos demasiado, porcelana china que podría romperse, les reservamos estantes altos y las miramos con recelo, como pequeños acantilados que vamos coleccionando. Panorámicas del fracaso en las que el foto finish siempre muestra que perdimos los dos aunque horriblemente sonrientes. 

Pero todo lo que no sangra llamativamente tampoco coagulará nunca. Serán patadas en el vientre, vivir con la costilla quebrada e intentar andar derecho y sentir cómo te pincha en cada respiración un olor, una estación, una palabra. 

Después vendrá el hacer poemas con cada daño. Decorar los accidentes, convertirlos en naturalezas muertas, santuarios de la pérdida y gastar en ellos cientos de noches mirando, buscándole el brillo a los ojos del pescado y el dichoso adjetivo cargado de pólvora, sacrificio y arañazos. El exorcismo de la poesía. El poema quedará limpio al salir de la tintorería privada, la danza macabra de la ansiedad permanecerá en sus márgenes, de los cañaverales que habita nuestra flaqueza sólo brindaremos el sol, la nube, la postal, ofreciendo así toda la bisutería de nuestro pensamiento, en lugar de dibujar con la boca las bandadas de abedules y los bosques de estorninos que morían de quietud y fuego donde nos crecía lo impensable. Preferimos frotar las palabras hasta la intemerata y desfigurar el momento. Y soltarlo, como cachorros que ya no nos muerden.  

También olvidé que habitabas el bronquio de la madrugada, aquel que se dilata y esnifa toda la humedad y el metal de nuestros misterios más carnales desde que hice del oficio de escarbar en la mujer tu más miserable aventura. 

Y ahora, aquí, con el mapa de la tarde, violando cada significado de la palabra, en la orgía de nuestros daños, con la punta endemoniada del domingo y la gramática desnuda de las manos masturbaremos el sentimiento sobre el teclado una vez más porque en el fondo sólo somos habitaciones cerradas y un animal desgarrado con demasiado tiempo para pensar.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

desnucar la calma


























He de cortar ramas de sol

J.R. Panedas



La carne no sabe lo que es la paciencia
Y la paciencia huye de la carne, porque pudre la carne si se detiene en ella,
porque se desaprende a sí misma cuando se ve abono de camposanto. 


Guardarse las ganas, ponerse la ropa, taparse la boca, cerrarse el sexo, 
empotrarse en la quietud y asfixiar el deseo con papel de celofán 
para observar su conversión en mueca.

Hacerse de pasos hacia dentro, 
funambulistas de la propia miseria, 
que cuando caen, 
caen de nuevo en su propia miseria. 


Quererse en la sal de los mares y en la cornisa, 
en lo duro y en lo exquisito, 
por los siglos de los siglos, 
caer. 


Quererte a veces ingenua pero siempre repleta de dulce malicia, 
con las garras en los bolsillos, 
hipnotizada ante los gráficos de la propia y callada histeria. 
Irreconocible en la calma que trae el cansancio 
cuando la distancia 
es la forzada tregua de nuestras guerras. 
Con el aliento jadeante de tu corista favorita 
haciendo nudos en mi garganta. 
Intoxicada de aleluyas de saliva que a bocajarro 
sueñan penetrar el seso/el sexo, 
intoxicada al fin por tanta vida tragada. 


Refugios de carne para siempre, deshabitados para siempre.


Ser tu casa, angulosa matriz sanadora, 
vestida de alcobas, 
con la médula felina, 
lomo que reclama tu larga caricia 
y tus peligros. 


De pico y pared me procuro cuando brota la golfa carencia. 
Esa que repta el largo pasillo. 
Esa que me chilla por dentro 
como una parturienta novata y endemoniada. 
Exhibiendo la amputación de ti en mitad de un morboso desorden 
que ya no me importa. 
En mitad de una tierra reseca, 
que ya no me importa. 
Cubierta de un cielo sin escaleras, 
que ya no me importa. 

Me dedico a planear la muerte del dolor, 
porque el dolor es un helecho que no para de reproducirse, 
me desobedece en la terraza, 
me espía por las ventanas, 
se hace hiedra y me cubre, 
me camufla, 
se traga/devora a la mujer que me intenta, 
la vuelve estatua de sangre detenida. 


En la cintura inmortal de la noche, 
cuando me desprendo de mi misma 
y el mundo es un acantilado, 
invento señales para sacarme, 
bengalas que fabrico con esmero para salvarme, 
deliciosa pólvora que regará de arañazos los techos de la madrugada. 


Al final de todas las rabias nos dolerán los brazos, 
de tanto forcejear entre dentelladas de distancia 
y será la coda perfecta 
será nuestro espanto y nuestra coartada
para romper infinitos 
después de tantos silencios rebosando hachazos.

sábado, 30 de agosto de 2014

hacerte el dolor


























Incluso cuando se nos queman las historias estas gozan de fulgor.
Cuando a vista de pájaro, son pequeños bosques que han crecido y se consumen en nuestras manos. Cuando todo viene a hacerte el dolor.
El hilo envuelve la noche entera y aprieta y muerde nuestros huecos. La rueca endemoniada de los instantes necesita aceite y cordura.
Cuando presiento un mar en la espalda y tiemblo con los ojos mojados en sal. 
Somos sombras en los muros y caerá la tarde. Y las noches que soportaron nuestra negligencia romántica ya dejaron de contarse.
Algo novelados, algo previsibles, animales henchidos de amor con temperaturas poco delicadas. Fuimos.

Ungidos en el brillo urgente de las estrellas extasiadas que vienen a morir en los ojos ahora y para siempre, tras la piel y sus combinaciones, con sus cimas y sus pozos, en el punto-puñal definido, en alguna cicatriz había que detenerse.
a respirar. a morir.
 
La carne exaltada conoce la travesía cuando muerde el puerto. Antes vive la pasión improvisada que sólo entienden los amantes untados de miel y bella rabia.
Lo que viene tiene algo de ceremonia y de luz que se desata en las grietas y nos convierte en extraños. Y ahora diré infinito, labio, venda, suelo.
Y rodeada de espino el alma, verá como le estalla el caparazón al mañana y en la nervadura de nuestra fuerza y el viraje que sufre el sentir, iremos al soltar la sucia pena bien lejos, para no escuchar sus gritos al llegar a nuestras casas.

miércoles, 20 de agosto de 2014

imantados y precoces en la herida





En la insistencia del ruido,
con la vida hasta el cuello, me dejé caer la noche hasta los tobillos.
Le nacieron sogas a las palabras y astillas a los rincones donde me ponía a pensarte. Gasté los pomos de las puertas que nos separan de sólo imaginarme cruzando umbrales y ardieron las calles prometidas y sus soportales con olor a demonio.

El silencio es un idioma en sí, basta con cerrar los ojos y tocar pie en tu pensamiento, sin artificio. Hay que hacerlo lento, como cuando tienes miedo o alguien duerme.
Te hago un tajo en el abdomen y entro. Te tomo por los extremos. Mis manos en tus manos, mis muslos en tus muslos. Imantados. Engancho tu mente. Engancho tus pestañas. Sólo es un momento y ahí me detengo. Apnea voluntaria, inhalarte hasta el pre-desmayo. Paseo contigo por el museo de tus gestas y tus desgracias. Visto tu piel y tu aliento. Calada de ti. De dulces drogas el pecho lleno nos salvará de las palabras. Azaleas en tu tráquea, flor por tallo. Deambulo tus arrabales. Oleajes y escolleras. Vinos para descoser las almas. Matrioska infame y ensayada que inunda tu territorio. Y ahí, el silencio como un manto marino que calma. Y así entender lo insondable.

Después siempre vivir en el despeñadero o en la horizontalidad de nuestros salones. Después. 
El sueño de la luz recortada entre nuestros cuerpos. Extinguir con abrazos la distancia y volcarnos en el clima que crean dos ecuadores al enfrentarse, derramando todos los cielos por el costado.
Sujetos a la epifanía que se da en las salas de espera que inventamos en mitad del fracaso, con el aullido interno y la adrenalina del salto, precoces en la herida que nos haremos, anunciando nuestro infinito y lírico colapso.

Aquí, junto a mi temor, estoy yo tendida con el éxtasis y la furia bajo la ropa, abordándome callada, con la descarada ingenuidad de la que aguarda una tormenta ya empapada.

//Y sin embargo sonrío porque nos sé irrenunciables//.
 
 

*y mil gracias a Dulce Locura
que me descubrió el inquietante ojo de Arthur Tress

jueves, 31 de julio de 2014

la femme de la terre



Me armo de desnudez para ti
no afloja la taquicardia de los amantes
se desvanece aún más la cordura si acaso

cuando te relincha el alma en el pecho
lo equilátero y lo deforme del corazón
se hace uno y bombea rojo a mares

vicioso horizonte siempre alejándose
descorcho el momento que no llega
con el afán de sacudirme el estremecimiento
pero el deseo es un gato que se eriza
y sus uñas espuelas al aliento

te amarras a mi respiración
sales y entras
un animal y su pulso
conquistas mis pulmones
pura posesión
tierra maleable, 
barro, entraña, arte.


me arrodillé en mitad del poema
y atravesaste mi columna lentamente
vértebra a vértebra
y lo temido
el sexo como cráter en la hembra
que siempre despierta

me dolía tu recuerdo en la boca
y podría haber hecho coraza
con los deseos que me amputé
pero siempre me preferí expuesta
lamiendo tus acantilados.









sábado, 19 de julio de 2014

valkiria

 


Llueve el calor de los cuerpos y la carretera te regala esa borrosidad tan cinematográfica que lo envuelve todo de onírica capa lynchiana.

Porque a mí me latía el corazón bajo el vestido
Porque a ti te latía el corazón entre las piernas
Fenómeno coronario lo nuestro, guerra de dioses pequeños que se baten en la tierra.

Y el pulso eterno contra la gravedad por enraizada en la memoria de la sangre.
En el recinto del drama todos alabamos al frío que nos busca en harapos, la humedad en los ojos, el honor del destrozo desnudado y lo déspota del hambre en el hombre.

Me duele tanto soñar como estar despierta y sé que la congoja es un puño cerrado que grita dentro.
Se contrae el horizonte mientras huye de un mar sin naufragios, porque qué sería del amor sin sus náufragos, sin sus privados holocaustos.

No somos nada sin nuestros epicentros estallados.
Nada más que travesías por el desierto entre encuentro y encuentro.
No muta el dolor, todo son lanzas cuando se ama demasiado desarmado.
Con la piel vuelta, acércate. Con las sienes incendiadas, temblando en el calor, con la ropa sucia del que viene de algún lado.
Que con la delicatessen de los perdedores que se tejen y destejen en sus propias telas de araña y con el “éxtasis de la primera visión” fundiremos el asfalto y abriremos cielos de carne con las manos.

A veces me zarandeo a mí misma y me pongo a pensar y a suturar abismos.
La eternidad es sólo decúbito supino, dices, y ahora simplemente quiero caer de pie.
Y ella, que soy yo, te contesta que sólo piensa en amar la vía que tritura su vena y la alimenta de ti. Y que se sostiene en la obsesión del caos que dicta la caligrafía de los cuerpos alborotados en los accidentes que son las camas. Que busca las trampas de tus fauces, y que en la loca álgebra de las pieles sueña ser tu valkiria cuando caigas, una y mil veces, una y mil veces.

viernes, 4 de julio de 2014

última cena (o ”l'esprit de l’escalier”)























Nuestra última cena se hará de las raspas que queden de los asaltos que nos hayamos regalado, cuerpo a cuerpo. 
A granel las caricias profundas, cual canicas de niño, rajando los bolsillos. 
Conquistando los seven eleven -pseudo-salidas de emergencia- tan hambrientos como devorados. 
Abanicándonos con el espanto de abandonar el mundo. 
Resuelta la ecuación de con esmero cuidarnos, el descanso será el mismo, 
idéntica meta del corredor de fondo 
al estático del pasillo. 
El responso nos lo perderemos, incluso tal vez, no lo merezcamos.

Travelling veloz de nuestra vida. 
Ejes que se rompen en pleno viaje. 
Encontrar acertados todos los errores 
y etérea la belleza, 
como en los cuerpos, como en las flores. 

Los libros y su olor a humedad para los hijos que no tuvimos. 
Carne de mercadillo.

Con elegancia prestar el asiento y el aliento. 
Abandonar el tour y justo entonces, 
encontrar la palabra exacta que no dijimos 
aquel jueves de abril, 
bajo aquel umbral aquella noche, 
saliendo del portal, 
pasado el control de aquel aeropuerto, 
lamiendo el sobre amargo, 
el segundo después de haber clicado enviar, 
el impulso que se ocultó, 
el ingenio demorado. 
Como dicen los franceses ”l'esprit de l’escalier”. 


Pero ahora, que aún no es tarde, 
ahora que como dice Palahniuk, 
la inspiración se basta de enfermedad, heridas y locura, 
ahora estamos aquí, tan depravados, tan lastimados, 
aún es nuestra la obra y el pedazo de escenario,
no sólo la soledad. 
Aún nos amanece. 
A tiempo de la caricia larga sobre el lomo. 
A tiempo del brindis, 
del beso de mañana somnoliento,
de ronronear obscenidades mojando desiertos, 
de coronar la cima latiendo, de rebosar incendios
a tiempo de la mirada y del gesto. 


Todavía quemamos las horas, todavía creamos ceniza antes de serla.