malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 19 de septiembre de 2016

el largo lomo de la soledad






En el reverso de este momento
estamos tú y yo
cogidos de la entraña
llenos,
no hundidos y grises

dueños de nuestro albedrío
qué ser
imanes o polos opuestos
paseantes con hierba alta entre nuestros cuerpos
o labios que lamen la misma copa
a la misma hora
desertores de guerras ajenas
que pierden gozosos, algo sucios y alicaídos
pero muy juntos
casi metidos en la misma ropa

la vida es una tragaperras
y el daño siempre paga su precio,
los lugares comunes existen
no sólo en los poemas,
a pesar de todo
y los dos lo sabemos

la soledad tiene un largo lomo
que nadie quiere acariciar
y no cesa de aullar en nuestra puerta
raposa maldita y siempre sedienta

la rabia es un pura sangre

yo habito nuestros yacimientos,
te aviso,
desentierro nuestras noches
tomo el pulso al recuerdo
y te masajeo el corazón cuando no me ves

mis venas se trenzan a las tuyas
mi deseo es un manicomio
te he acolchado el mejor rincón

no hay lámparas en la piel de nuestros caminos
así que golpeados nos aprenderemos
tantas veces como haga falta
hasta que uno se rinda

los muros serán de lavanda
las sombras se lavarán a mano
un faro de aceite
y el derecho a cansarnos,
eso pediremos

y agua,
de la boca del otro

preñaremos el corazón de vicio
porque no sabemos hacer otra cosa.

yo traeré la piel untada en salitre
tú el alma herida en verde

nuestros manglares serán cobijo
pero nunca haremos noche en puerto
no queremos aprender nada de la quietud
que se desnude la calma
que nos muestre sus colmillos
que ya sabes que perfumé mi yugular
con el sudor de tu instinto.

martes, 23 de agosto de 2016

nadie nunca




No creo haber sido mujer de grandes certezas. Los yo siempre, los yo nunca, los yo quiero me producían temblor de rodillas en bocas ajenas. Desquicié a más de uno con mis me da igual, lo que tú prefieras y los no me importa. Con la edad cada vez tengo menos, certezas, temblor de rodillas gracias a algún poder no divino, sigo teniendo. En lugar de hallar respuestas se me amontonan las preguntas, las puertas por abrir, los miedos y las dudas. En ocasiones un punch tras otro en el cuadrilátero del drama, la distancia y la rutina. Y me siento noqueada, aturdida, como en Annie Hall, el Universo se expande y yo quiero salir corriendo.

No tengo grandes certezas pero sí he logrado hallar una. Una infinita y hermosa y te la quiero decir. 

Podrán haber cruzado mares, océanos o riachuelos turbios. Podrán haber saltado de puentes, rascacielos o haber cruzado con media cantimplora el desierto entero de Sonora por ti. Podrán haber arrancado sus raíces, frescas o ya podridas de cualquier tierra por lejana que se encontrara. Podrán haberte dado hijos o poemas, o ambas cosas. Podrán haberte llenado de temblores el corazón con solo una mirada. Podrán haber roto distancias y estar junto a ti. Te habrán cosido las cicatrices con arte de madre remendadora. Habrás dormido amarrado a ellas como a un tablero a la deriva en mitad de la tormenta. Te habrán jurado amor eterno y habrán bebido vino de tu boca. 

Pero nadie nunca, ahí radica mi única certeza, nadie nunca habrá lamido cada una de tus aristas, cada una de tus arterias abiertas al viento. Nadie nunca habrá deambulado por el alcantarillado de tu alma con tacones y tanto amor y tan emputecidamente arrabalera. Nadie habrá abrazado cada sueño, fantasía o resquicio del pasado a pelo, con los ojos bien abiertos y escuchando cada coma y cada silencio que entregabas. Nadie le habrá bajado el dobladillo a tu podredumbre para ver lo que ocultabas. Nadie se habrá manchado hasta perder el aliento en tus minas más oscuras. Nadie habrá continuado sin pedirte que encendieras la luz o que callaras. Sin salir corriendo. Nadie nunca te habrá rogado lo más profundo, húmedo y sórdido con los brazos tan abiertos. Nadie te habrá amado entero. Nadie nunca como yo lo hice. Como yo lo hago.

domingo, 21 de agosto de 2016

deep web






Quién eres?
Soy la agente inmobiliaria que vende tabicada “felicidad” en ochenta metros cuadrados, orientación sur, a ser posible, mucha luz, armarios empotrados y vistas despejadas, cocina grande y muchos enchufes para el digital y la play. Educada, correcta, bien planchado el embrutecimiento para que no se note, básicamente.

En tu deep web, quién eres?
Soy la que enfundada en una camiseta de los Joy o los Rage, se va de farra, de concierto, mama cerveza como una bucanera, se arranca la voz, se abraza a los árboles y al vicio como si fuera eterna, chequea el grupo de wasap de controles y acaba respirando madrugada en caminos secundarios tan mediterráneos como oscuros hasta que se me pase la vida.

Punta de iceberg, todo son puntas. 
Bombas de relojería.

Hay pedazos que se muestran a la luz del día.
Frentes altas y ese detestable decoro.
Pedazos con horarios, modales, sueños confesables,
rutinas varias, frustraciones típicas y tópicas,
pequeñas hambres, de esas que se sacian en un cuarto de hora.
Errores comunes. Sin sal, sin azúcar. Sosos.

Me interesa más el mortal sobre el alambre.
Pasar pantallas o que me las pasen.
Desvestir a la cebolla o más bonito,
striptease al alma de lo turbio.

Hay algo irrescatable ahí,
porque está sucio y callado
pero late tan fuerte
y es tan puramente humano.
Lo acumulado en los vertederos interiores, 
nuestras minas,
el bunker de uno mismo,
ahí, ahí, donde todo se desboca,
déjame entrar pero sin guía y sin tiempo.
Justo donde decapitas la cordura y eres más tú que nunca.
Más yo que nunca. 
Ahí, ahí, entra sin guía y sin tiempo.

Tenemos tanto en los pozos.
Nos corremos tanto solos.
Apagando el volcán con la boca. 

Nos tenemos tanto miedo.

Y es una pena horrible
eso de vivir en nuestras superficies
haciendo siempre el muerto. 


lunes, 15 de agosto de 2016

you won again



Podría negarlo y decir que rebasé meta
que no era yo la que escupía sangre en la cuneta
la que se limpiaba la boca con el dorsal de número imposible
sí, la que sudaba y jadeaba alejándose

también podía ser yo esa que amanecía con fuerza
enlazada a cualquier sol, sofá o excusa
la que no pedía un último abrazo
ni tu número de teléfono
colofón de resaca del mediocre
ni te abrió todos y cada uno de los pozos
sin que lo pidieras

y podría ser yo una mole de sangre, cabellos y pulso
que no sientan nada por ti y tus arrecifes
que no bombeen sangre en tu llamarada
ni ganas de hacerte cobijo,
incendiarte o abrirte en canal cada fracaso
por el gusto de suturarte a mamadas los daños
y decirte lo tuya que soy a kilómetros de distancia

podría no decirte algo bonito
que hayas escuchado mil veces pero no con tanta miel
y en mitad del deterioro
algo que te destroce lentamente
hasta correrte cada vértebra y descosido.
Podría acercarte tanto que ya no supieras quién eres
y sobre todo quién fuiste.

Podría ser esa primera raya de la noche 
sobre el mantel de hule
que tan bien te sienta,
o la calada infinita que te humea el alma
y te recuerda que eres carne
y te recuerda que luego serás polvo
y te recuerda que ahora estás vivo


podría pero no soy nada de ello
porque has vuelto a ganar
y sigo arrastrándome por un fango infinito
donde espero no reflejarme
 


jueves, 28 de julio de 2016

en la quilla de nuestros desiertos























Hubo un momento en el que no nos dimos cuenta. 
Nuestras vidas llenas de coches mal aparcados
y allí los dos,
con los bolsillos vacíos
pero el deseo intacto,
como un perro que no deja de morder.
Tatuados con la ansiedad infinita del insaciable
Borrachos en la quilla de nuestros desiertos,
imaginando saltos, sed y rabias,
como dos salvajes
desaprendiéndolo todo.

Esculpiendo epitafios cada media hora,
olvidando lo que quisimos ser,
esnifando el delirio el uno al otro.
Llegando siempre los últimos.

La cicatriz que deja la nostalgia
es como una carretera sin fin
y a ninguna parte.
Y el pasado como un campo sembrado
de noches y carne caliente,
pero nunca te viene de frente cuando te sientes vivo.

Los buitres siempre habían picoteado nuestra puerta.
pero anclados,
presos del síndrome de Estocolmo,
del no querer salir el uno del otro,
no nos dimos cuenta.

La fuerza del gesto como coartada
y la brújula en el corazón tan rota desde siempre
nunca fueron el síntoma.

Llegaría el día en que dejar de explorar tu escalofrío
sería un hecho.
Arrancados del lienzo del propósito.
Islas repentinas, tú y yo.
Con todas las caricias expropiadas,
Sin saber ya quién ser bajo la ropa.

La abstinencia de libar de tu insomnio.
Tú, cigarrillo que ardías en mis labios,
bordando el colchón de fuego.
Yo, ululando contigo, para ti
junto a ti, sobre ti, debajo de ti.

Ex navegantes de nuestras grietas.
No nos dimos cuenta
y no supimos hacerle un puente a la desidia
y arrancarnos del punto muerto.
El llanto que migra por nuestros cuerpos
cargado de sales y especias,
inició el recorrido inverso,
y cómo nos sudaron los ojos…

Nos buscamos el pulso,
y sacamos a las diez de la noche la basura
y un harem de posibilidades suicidadas.

Y ahora,
una página en blanco para el desahogo,
-como la bandera del rendido
o como el que te brinda un pañuelo
en mitad del llanto-
nos viene encañonando,
y esta sí viene de frente. 






*título inspirado por una canción de A.Stanich







jueves, 14 de julio de 2016

no bastará con la poesía



























A veces el poema, como una espina que se arranca del dedo corazón,
pero nunca entera.
Y después, por un momento, súmmum, lamer la gloria del vacío más extremo,
venerar el hueco que habitó el dolor.
Tras gemir en la hoja en blanco, todo se diluye a los pies de la cama,
en un riff perfecto, milésimo suicidio de la congoja desde cualquier ventana.
Otra vez las ganas de morder vida a lo Biedma.
Otra vez habitar la selva de palabras con el capital de tu cuerpo en las manos
y toda la tinta detenida que descarrila en la noche,
vuelve a ser bella.
Asistir al aviso febril de tu desorden,
perder de vista la panorámica de la angustia que devasta.
No recordar que la derrota se instala en la espalda.
Cancelar todos los inviernos.
Volver al conjuro de los vasos de tubo y las calles mojadas que ya no nos tenían
y al precipitarse en los ojos del otro, que ya no tenemos.

En un reino animal con estrellas, hambre y música,
amainar el sabor metálico de tu boca,
iluminar tus ruinas.
Pero no bastará con la poesía,
ni abandonarnos en el chillido
con los acantilados en fuga
nombrando el alboroto de la carne,
no bastará para callar cadenas y rutinas,
si acaso una oda a los sumideros que tragan melancolía
si acaso un canto a las lenguas gatunas con las que nos curábamos las heridas,
antes de que arribe el foso que se abre tras el después del poema.

Es espantoso el polvo que ocultó nuestros brillos,
es cruel aprender a agitarse en la celda,
la doble trama del dolor,
el arpegio de un cuerpo que pretende romperse antes de la caída.

Sólo un esfuerzo brutal y sincero en encontrarnos por dentro.
Rescatar lo que sepultamos sin darnos cuenta aunque sea por un maldito momento.

Y volver a ser la que acaricia a los perros,
y la de las tardes en descomposición eterna,
la que esculpe en tu entrepierna hermosas victorias de lo cotidiano,
la que dibuja barcos y aguaceros,
la que besa los muros que derriba,
la que llagada de poesía no halla postura fuera de tu alcance,
la que abusa de nuestro modo instrumental y horizontal,
con el corazón violento y mojado.
La que te exilia al itinerario único que te lleve de mi nuca a mis tobillos.
No el cuarto de hora que sigue al último verso.
Quiero durarte lo que tardan las estrellas en morir
y no podrá ser pero quiero.



domingo, 10 de julio de 2016

nunca la tibieza







































digo no
a desprenderme de mi ración de vida
la que yo me doy
cuchara a cuchara
la que me da sentido
en mitad de este atolladero infinito de tiros, farsas y desprendimientos
yo quiero tenerme cerca
beberte cuando me llegue la sed
comerte cuando me ruja
estoy llena de ochomiles
y aunque sea a gatas, quiero hacer cima en mí,
en ti
en los sueños o drogada de insomnio.
traemos un billete, viaje único, cuando acabe, acaba.
ya me despeñaré, tarde o temprano.
amarrarme a tu cuerpo en balcones bonitos
llenar las plazas de gemidos
hay tanto esplendor cuando nos tocamos
electricidad infinita
recursos naturales
piel, saliva, ojos que se miran, combustión, sangre.
me enloquece delinquir en el vips de tu cuerpo
siempre de madrugada, cuando perra, no controlo.
qué bonito abarcar el océano o los mares como si un charco.
yo ya sé cuáles son los tesoros y en qué islas o buques hundidos se hallan.
me vi devorada por luces falsas y arranqué esos espacios.
la noche era un transatlántico que me atropellaba
hasta que me entendí. 
masturbación romántica, inventamos. 
cuerpo. corazón que no coraza.
volcán. hay descensos brutales que pocos se atreven a hacer.
los arneses no me quedan bien.
me pedí una Modelo rubia y te declaré callada mi amor.
la distancia es la hija bastarda que nadie reconoce como suya.
me la jalo.
repto por ella.
soy.
para no penar en torrenteras vacías, me hago grito,
me hago maldita. 
aparto nuestro armagedón. 
yo soy la que corría empapada en mitad de ti.
amarrada al esternón de la oportunidad,
con la escena alucinante del encuentro
a fuego. me arrojo a ti.
leí un poema de Zurita y sentí que me moría.
veloz, un parpadeo. No hubo despedida. úsala.
es mi carne y es tuya.
extraños. se curvó el abismo y toqué pie.
soy tan fuerte cuando te muestro mis despojos.
tan verdadera con la carne vuelta.
este es un poema de vino, de perro verde y domingo.
de domingo de carnicería. de los nuestros.
da igual si no se entiende.
sólo era una sangría.
de las nuestras y brutales.





martes, 28 de junio de 2016

la maniobra de Heimlich






























Se intentó todo, la maniobra de Heimlich incluso en su vertiente más amorosa. Romántico ahogamiento por amor. Tragarse un mar y perderte entre brazadas. Cómo olvidar que la piel nunca fue aislante de nada, que nuestra carne era el pedazo de eterno concavo/convexo en la misma isla. Nunca rechazó mi cuerpo tu latido. Nunca. Así que te quedaste a vivir dentro, en un cuento infinito. Yo me dispersé aprendiendo idiomas, cerrando la puerta de mi habitación y drogándome con música y toda la lluvia que era mi cuerpo. Tú en mis ingobernables dominios de la sangre seguías labrando los temblores. Con un calor que traspasaba el somier y varias capas tectónicas. Habitante. Aprendiste mis huecos, mis desiertos níveos y todos mis silencios. Descabalgué el miedo, vacié los podios. Abastecida de emocionantes noches que devienen en vómito. Mis posibilidades de olvido se reducían a meros empujones de los recuerdos como un pinball maldito y trucado. Como el ángel exterminador de Buñuel, imposible desalojo de ti.
Llenamos la placenta de sueños que alumbraríamos despacio y estremecidos.
Pensé que sólo el dolor era para siempre e in crescendo como lo ilegible en la letra del alcohólico. Pensé que no era sano crecer en un lugar sin trenes, ni puentes, ni ríos. Y aún así fui capaz de perder los primeros, saltar de los segundos y ser arrastrada por los últimos.  
Nunca fuimos tibios. Y por ello nunca seríamos pasado.    


domingo, 12 de junio de 2016

réquiem por 1 dolor




























Lo tenemos. Nuestro crimen y castigo. Por pernoctar constantemente en la miseria del otro. Por usarnos como pensiones baratas con su sinfonía arrabalera de muelles y dañina humedad. No se entiende que se abren las piernas como se abre el alma. Para que penetren. No se entiende que a gatas se aprende el morse del cuerpo del otro. Que no somos fortalezas que invadir, con puentes levadizos y cámaras secretas. Que no hay belleza en los cerrojos. Que somos vastedad bajo el cielo abierto aunque se vista de tormenta. Que somos carnada salvajemente domada. Que llevamos las paredes bien finas para que el otro oiga como gritamos por dentro. Que manchamos los espejos con nuestro vaho para así escribir sobre ellos los mejores no-versos. Que bronceamos el dolor hasta que arda bien y entre las manos. Que no nos abandonamos en mitad del primer alarido aunque estemos aterrados. Que pisaremos cristales y flores a partes iguales y lo uno sanará lo otro, mientras enfermos de vida nos lo seguiremos dando todo.  


lunes, 23 de mayo de 2016

a mansalva



























El cantor callejero ha enfermado
y se acurruca en el portal,
con el corazón en la mano.

Una tonada menos entre el bullicio de la noche

Gasolina,
Gregory Corso




Que la piel se salva o dicta su propia condena
lo sé
las caricias se parten en dos
la mordedura pervierte la herida

Discernir entre el cable rojo o el azul de mi cabeza
liberar la carga, elevarme
elevarte
hallarnos, llenos de ojeras, hartos de parar la luz
en el repecho de esta maciza pereza que se reproduce constantemente

tan manchados de llegadas a metas ajenas

Dónde los alcoholes de tu cuerpo
esos de dulce ebriedad
Dónde las ranuras del mío
esas de miel, tortura y detalle inexacto

Nuestros sueños son más amplios que este mundo
denuncio
Agitarnos en el llano de la rutina
del sin embargo
del más tarde
del y sí

Traigo el lenguaje desafinado
y la boca mal pintada de la cordura
tenme donde se acaba el aire
haz que el poema estalle
aquí en nuestro suelo
que el cielo es obsceno y está lleno de trampas

Te prefiero capitán varado en mi vientre
en la historia mal hecha, mal contada,
de la sed de las flores
en la cubierta del alma de todos los lugares que marcamos
noche tras noche
dejando pedazos de uno mismo para saber regresarnos
ni sanos ni salvos
sólo algo más vivos
y por siempre capaces de inventar 
el latido en cada rincón del otro

Yo sé que albergo un barco desquiciado dentro
con sus mujeres temblorosas, su ejército confuso de versos,
su bodega de vicios y sus nudos en la garganta.
Y sé prenderme escandalosamente bajo la falda
pero aún no sé darme la mano y sacarme del fuego
ni tomar tu amor de otro modo que no sea a mansalva