malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

viernes, 2 de diciembre de 2016

avistamiento de la oportunidad


























más porque eres tibio, 
ni frío ni caliente, 
te vomitaré de mi boca.
Apocalipsis 3:16





Con el cuerpo tan desparramado por toda la casa,
pensé que somos héroes llenos de polvo,
de los que provocan el calor, sin cerillas ni piedras,
haciendo literatura en cada gesto invisible,
muy en revolución francesa,
y nada crípticos en la oportunidad,
realismo mágico sui generis.

Provocando la asfixia de las bocas en las bocas,
epifanías de ascensor y jaurías en los pechos,
atentos siempre,
como niños persiguiendo el futuro
del próximo cuarto de hora.
Sin grandes planes
fuera de utilizar tu cuerpo
como arma homicida
en la escabechina de este amor.

Tan extremo, fuiste revelación.
Lanzando bengalas en mitad de la sala.
Destellos mágicos en mi pelo,
regalo del televisor en mute.
Risas-miel que untan el momento.

Porque la vida es un tajo hondo
que se está pudriendo desde cero.
Un valle macabro en el andamos perdidos
con sus noches eternas
buscando aparcamiento para el deseo,
sin diferenciar los cantos de sirena,
de policía o de ambulancia,
Ulises extraviados con la aorta cercenada
y zigzagueante en mitad del pasillo.

Viajeros en régimen abierto
que hacen celda de sus cuerpos,
manteniendo el equilibrio
enjuagados en cerveza,
sin más sueño
que hacerte quincalla en mi disnea
y hacerme peyote que te arranque de cada suelo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

el corazón lleno de venados


























ve y ama sin ayuda de nada en la tierra.
William Blake


Vienes y decapitas la cuerda floja de los cinco días,
tragaluz de fin de semana
para el letargo, para refrescar la página,
para los amamantados de nicotina y nieblas.
Esos que estamos en peligro de extinción
sin darnos cuenta
sin darnos tiempo
sin darnos fuego
sólo hay un tú, sólo hay un yo.

En nuestra colección de fogonazos y tiros al aire,
a hombros de ansiedades varias,
con nuestro elenco de indomables sollozos
calcinaremos pecados y penitencias,
porque son tan necesarias las hogueras privadas
como las medallas que sacamos de los escombros.

Justo fuera de las palabras simulacro,
hábitat de los que no amainan,
que el despeñadero siempre aguarda
y yo te traigo el corazón lleno de venados
y el cuerpo como obra inacabada.
Ahí le falta un que me aprietes
ahí una boca solapada
al pelo, tus manos
a la piel, que sigas el sendero de todas las rabias.

El fuego cruzado en los ojos
pudrir el aire que nos separa
ser animal
ser la mujer que te muerde
acampar en tu pecho
acostarse en el rastro que dejan las presas
y a horcajadas sobre el corazón y la distancia
llegarnos lejos.

Que sólo es desahogo, te digo,
sangría lírica del enfermo,
barreños para la negrura
y perfume para el alma en descomposición,
plantas carnívoras atragantadas de amor,
humedad y desorientación.

Rindo tributo a las piezas que nos faltan,
a los huecos que nos dejamos dentro.
Nidos brutales,  ánforas frescas,
pecios insondables, cráteres de carne,
donde guardar derrotas, paños mojados,
larvas y promesas,
puñales romos
para la estirpe de perdedores,
lobos deslunados,
y poetas de capó de las noches eléctricas
que conquistan oscuridades
y hacen cima y rima en babélicas herrumbres,
aunque luego salgan de casa y parezcan tan enteros.

lunes, 7 de noviembre de 2016

20 del 95




Antes decía 20 sin plomo, pero cuando llegó la del 98 tuve que empezar a especificar.
Me encantan esos cinco minutos esnifando del surtidor, y la borrosidad que envuelve mi mano mientras lleno el depósito y cómo encharcada a mis pies dibuja pequeños arco iris como las pompas de jabón.
Me gusta poner gasolina cuando ha llovido, la mezcla de los dos olores me retrotrae al asiento trasero en el coche de mi padre y yo como un Beagle asomando el morro por la ventana y mi madre diciendo "no huelas, que es malo".
Hacía lo mismo con el pegamento y medio, me encantaba despegarlo de mis dedos y olerlo en esas tardes eternas de trabajos manuales.
Crecemos y ponemos gasolina nosotros y olemos sin que nadie nos riña. Seguimos teniendo tardes eternas de trabajos manuales en las que nos pegamos el uno al otro, con el loctite improvisado del deseo por medio. Y nadie nos dice que sea malo. Amarrarme a tu cuello y pegar la nariz y aspirar profundamente como si quisiera arrancarte el alma o la yugular o media hora más tumbados.
Y que nadie me riña, si acaso que lo hagas por no pegarme demasiado, por no esnifarte demasiado, por no inventar tardes de lluvia en los cuerpos y arco iris en los sofás, por no salirnos un poco al recortarnos en lugar de seguir la línea de puntos, por no comernos con las manos, por no hablar con la boca llena de amor, por no estar menos quieta, por no estar más despeinada, más desnuda, más loca, más cerca.

jueves, 3 de noviembre de 2016

IMAGINA QUE VAMOS A UN CASTING DE UNA PELÍCULA DE XAVIER DOLAN Y NOS COGEN DE ACTORES PRINCIPALES - XAVIER DOLAN



























las mañanas son la sala de espera del mundo
la distancia entre tu cuello y mi boca
que salvaguarde los trescientos amaneceres que nos quedan
intento escribir algo que valga la pena
desde aquí en el autobús
el día nace y las aceras se llenan de supervivientes
música de padres en la radio del conductor
coches de policía tronando al otro lado del cristal
la vida solo era en participio
pues todo tiempo pasado fue arrastrado por el humo de los periódicos
en aquel kiosco al cruzar la esquina
la actualidad agolpándose en las primeras planas
casos de corrupción, delitos y algún espacio para el heroísmo
como si necesitáramos
escribirlo para que de verdad existiera
como si todas esas palabras sobre legalidad democrática y crecimiento económico
escondieran algo
algo potente y vacío
como una metáfora
como quitarte el sujetador despacio (nunca se me dio bien quitar sujetadores)
antes de meternos en la cama (en el colegio
tuve un compañero que decía ser especialista en quitar sujetadores con los dientes)
hombres con cachava y frases de Hollywood que escupirles a la cara
el ser humano parece hacerse viejo en su sopa enorme de tiempo
un plato manchado con grasa de cerdo para los que pasan hambre
un poco de yerba venida del barrio de los gitanos
y un montón de libros de poesía
con los que poder tirar los días
en los que no estás
para levantarme de la cama.

viernes, 28 de octubre de 2016

deshazte de mí


























Llévame a un país extranjero.
Quédate nuestro pasado íntegro.
Méteme en una de esas tiendas de vinilos,
de esas profundas, 
que huele a agujas y tiempo.
Déjame ahí,
sin tarjetas, sin dinero. 
Sin identificación. 
Sin maletas.
Perdido, emocionado, 
entusiasmado, 
palabra que nunca uso, 
sí, entusiasmado. 
Tócame la nuca y mírame con cariño,
antes de salir. 
Dime que vas a la sección de descatalogados, 
en busca de rarezas, joyas, ya sabes. 
Yo te diré ok mientras mis dedos naufragan 
en busca de aquel sueño en 33 rpm.
Pero deshazte de mí.

miércoles, 26 de octubre de 2016

toma de tierra




Las cosas que se usan se estropean, se rompen, se ajan. Las que no se usan también. El corazón no deja de ser un instrumento de cuerda frotada y requiere de su luthier. Porque a veces se detiene y habita esos huecos insonorizados donde nunca hay viento ni humedad, pequeñas habitaciones del pánico, pasajeros a ninguna parte, silenciosos y  tan desafinados a la vez. Como ese mimo de la plaza, quieto, que aguarda el tintineo de la moneda, o la mano que lo recorra y fabrique un nuevo temblor. Como esa mirada que penetra nuestros ojos y se nos coloca tan hondo, como si nos hubieran arrancado la ropa desde dentro. Eso aguardamos, quien nos aceche. Quien nos descontrole. Y eso no sabemos cuándo llega. 

Y después cruzar los dedos, por aquello de la incertidumbre. Ser como el motor del viejo Buick que nadie prueba a galopar sobre el asfalto. Como si guardáramos nuestro rugido para un no se sabe cuándo, un no se sabe quién. Soñando que lleguen tus manos a naufragar como barcazas en mi piel. De esas que cruzan a nado miserias y galaxias. Soldados rasos con el cuerpo a tierra antes de que silbe el plomo, eso somos. Aguardando una función, una guerra, una evasión. A ver si llega el escándalo del poema/marea/persona que te cruce la carne de norte a sur, inmersos en el formol amenazante del tiempo. Destilando la palabra sin atrevernos a beber de ella. Recreando conversaciones con el sepulturero antes de morir. Sin haber consumido toda la belleza que fabrican las carnes, las bocas, los cuerpos, las ganas. Sin haberlo tocado todo como un niño. Sin mancharnos la ropa. Sin habernos devorado para salvarnos creyendo en la resurrección de la carne, en el mejor de los sentidos. 

Siempre habrá quien le ponga precio a nuestras ruinas, testaferros de nuestras miserias, tan alegres y vociferantes, pero siempre habrá una borda por la que lanzarse, de esas que se fabrican en las camas por las noches, entre miedos y oleajes de soledad. Siempre habrá un orgasmo y una herida. Un puente de hierro. Nuestra toma de tierra. Y combustible en las venas para arrancarnos una vez más y fabricar un rugir, un correr, un naufragar.

viernes, 14 de octubre de 2016

hijos del papel de calco




Traigo el gesto sereno del que no llega por primera vez. Del que conoce lo inamovible de las nueve y diez de la mañana. Tras abrir la verja mecánica. Tras los cuatro números de la alarma. Tras cinco interruptores que interrumpen la penumbra. El tritono del encendido del Mac, como un santo y seña en mitad de la quietud. Conectividad. El buzón de entrada como una cola en el mercado que se va creando de repente. Ese momento de diez dedos sobre el teclado. Respaldo recto. Silla de ruedas que se mueve en corto para la invalidez de las horas. Y producir.

[Tengo el temblor controlado cuando fijo la mirada en un punto muerto. Y me abstraigo.  La medida exacta del flequillo que esconda la ansiedad de los ojos. El delirio armado bajo la ropa.  Las piernas que se cruzan y descruzan en un íntimo tango. Me amarro indefinida en un lienzo tan desconocido como tatuado.
El armario de la memoria tan lleno de ropa usada, el corazón tan segunda mano. Manejando con premura la culpa y existir al cobijo del umbral de la palabra. Cavar un EXIT en el pecho de la inercia y dejar de atusar la decepción por un rato, y dejar de amoldarnos a todos los colores del daño y sus bastardos hermanos, y cesar de fichar  en el abatimiento.  Inventar himnos entre allegros de rendición cuando somos rabias en modo automático. Que lo banal ya parece un arte tangible, de llevarse a casa, que lo pequeño nos sabe a gloria, envoltorios preciosos de la nada.
Deme un poco de oxígeno, me lo llevo puesto].

Dejen de clavar la punta del colmillo. Atraviesen, empalen. Dejen de urdir planes en la mediocridad infinita. Dejen de hacer placaje a lo más hondo y de vestir de adversario al yo mismo. Que todo quiere acabar en el aullido obsceno de esa grieta tan fiera que nos hicimos por dentro con tanto cariño como ceguera.  Como el que aprende a amar su cicatriz. Tan bien definidos en la indefinición. Tan desdibujados. Habitantes de la tela de araña, alimentando la hemofilia de la inanición, creyéndonos ilesos y únicos en la marabunta, contagiados de vacío y mordaza. Tan hijos del papel de calco. Tan nada.

  



miércoles, 5 de octubre de 2016

no todas entran limpias


























De eso ya me di cuenta,
no todas entran limpias.
Te falta el sonido de la red que tanto te pone.
Planear mucho no implica
no acabar besando el suelo trágicamente
de vez en cuando.

Querer hacerlo bien
no es hacerlo bien.
Mirar a otro lado
y entusiasmar al macabro
-de traje planchado y reloj siempre en hora-
con nuestras danzas de quijotes sedados.
Volvernos peligrosamente inofensivos.
Y seguir en la línea de triples,
cuánto más difícil mejor.

La rabia viene astada
aunque tú te dibujes otro mundo
en los murales que hay al otro lado de tus ojos.
Aunque tú te amarres
a la página antibiótico,
y hagas pólvora del escombro,
dejes que arda tu zona precintada
y quieras alterar el escenario del crimen.

No todo sucede. No todo cambia.

Aunque sepas que el corazón es un motor de nafta,
aunque aprendas a exhibir tus barrotes,
y a huir del estar a salvo.
Habrá carambolas, potras y tropiezos.
Harás captura de pantalla de momentos horribles
que se anclarán a tu cabeza
en tamaño din A4.
Embadurnarás de vaselina los raíles de tu cordura
aunque no quieras.
Aunque no te des cuenta.
Querrás ser un hombre sereno bañado por el sol.
Querrás ser una mujer insensata que defienda sus aristas.

Harás ronda de reconocimiento a tus errores,
y te querellarás contra tu cuerpo.
Seguirás yendo en dirección equivocada,
buscando pestañeos a muñecas de trapo.
Calzándote una a una las leyes de Newton
sin por ello detener el efecto parabólico de la frustración.

Ni controlar al animal
Ni dopar al castigador que albergamos.
Incubar el ultimátum si acaso
y llegar tarde a cada uno de tus sueños.
CLOSED
Y a lo bonzo,
una vez más,
quemarte en el poema.
a ver si deviene en un Little Boy
que haga arder el extrarradio de tus miedos.

Y no querer ni salvar los muebles.
Si vas lleno de minas a todas partes.
Adormecer tu mandíbula un rato,
candar la azotea,
y no pensar mucho,
y no pensar nada.
Fluir en verde
mientras aceptas la temeridad de estar vivo,
pero rogando que por favor alguna entre,
sucia o limpia,
pero que entre.  

domingo, 2 de octubre de 2016

la extranjera
























 en realidad, ellos eran el mejor anuncio de coca-cola






Han pasado más de cincuenta años y sigue siendo la extranjera, y así será siempre.

A los veintiuno en Inglaterra eras mayor de edad y te daban la llave de casa. Por un artículo de Laurie Lee en prensa, se plantó con las amigas en esa isla hedonista, mediterránea, pequeño oasis en un semi margen del franquismo. Se enamoró de la luz blanca que no tenía que ver con los tristes veranos del mar del norte. De la arena, de sus calas, sus campos y sus gentes. Del desprenderse de la ropa que se inventaba en cada una de sus suaves noches. Y de un corsario, también se enamoró. Y los instintos se encendían salvajes.

Recogió la almendra, pisó la uva. Y supo que la tierra era tan de verdad como su piel. La niña de guerra que se mudó doce veces de casa, de pueblo, ciudad, país, continente. La misma, echó raíces.

El día que me contó cómo iba con otra veintena de niños a aquellas salas con esas lámparas, a desnudar sus rodillas por el raquitismo, supe que fue otro tipo de niña y la abracé muy fuerte. Como un nudo.

Y aunque a veces se queja del calor sin tregua, de que pocos entiendan sus sarcasmos y de haber tenido la familia lejos, aún no ha perdido el acento, ni el blanco de su piel, aún es la extranjera y aún no se ha ido.



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Todos somos países extranjeros. Arribamos el uno al otro de visita. Ojeamos nuestros rincones más emblemáticos. Las postales siempre están cargadas de felicidad y luz. Intentamos aprender lo mínimo, al menos, para comunicarnos, casi nos bastan los ojos y la carne. Nos mostramos receptivos, curiosos, dóciles. Nos recorremos. Palpamos el clima del otro. Poco a poco nos adentramos en esa jungla privada o bien nos quedamos en los miradores echando fotos al paisaje, como todos, desde lejos. Es como una playa en la que decides hasta dónde mojarte. A veces cuesta y hace falta valor, ya sabes, te mojas la nuca y uno poco los hombros antes de tirarte, no sabes si tocarás pie, no sabes nada. O bien regresas a la arena, con la sal hasta las rodillas y aún un poco de hambre. Y miras hacia allá a los que chapotean, a los que nadan, y allí a lo lejos un hombre casi ahogándose. Y aunque observas que respira con dificultad, que sus brazos ya no dan más de si, hay algo, algo en su extenuación que te hace saber que está más vivo de lo que nunca tú has estado y de que cuando desaparezca en ese fondo, seguirá estándolo.



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A veces nos quedamos, a veces partimos. Partir es un verbo triste, es un verbo que hace daño. Partir es romperse en dos. Como yo me parto cuando de ti me alejo. Y aún así no he perdido mi acento, ni el tacto de mi piel, aún no me he ido. 

lunes, 19 de septiembre de 2016

el largo lomo de la soledad






En el reverso de este momento
estamos tú y yo
cogidos de la entraña
llenos,
no hundidos y grises

dueños de nuestro albedrío
qué ser
imanes o polos opuestos
paseantes con hierba alta entre nuestros cuerpos
o labios que lamen la misma copa
a la misma hora
desertores de guerras ajenas
que pierden gozosos, algo sucios y alicaídos
pero muy juntos
casi metidos en la misma ropa

la vida es una tragaperras
y el daño siempre paga su precio,
los lugares comunes existen
no sólo en los poemas,
a pesar de todo
y los dos lo sabemos

la soledad tiene un largo lomo
que nadie quiere acariciar
y no cesa de aullar en nuestra puerta
raposa maldita y siempre sedienta

la rabia es un pura sangre

yo habito nuestros yacimientos,
te aviso,
desentierro nuestras noches
tomo el pulso al recuerdo
y te masajeo el corazón cuando no me ves

mis venas se trenzan a las tuyas
mi deseo es un manicomio
te he acolchado el mejor rincón

no hay lámparas en la piel de nuestros caminos
así que golpeados nos aprenderemos
tantas veces como haga falta
hasta que uno se rinda

los muros serán de lavanda
las sombras se lavarán a mano
un faro de aceite
y el derecho a cansarnos,
eso pediremos

y agua,
de la boca del otro

preñaremos el corazón de vicio
porque no sabemos hacer otra cosa.

yo traeré la piel untada en salitre
tú el alma herida en verde

nuestros manglares serán cobijo
pero nunca haremos noche en puerto
no queremos aprender nada de la quietud
que se desnude la calma
que nos muestre sus colmillos
que ya sabes que perfumé mi yugular
con el sudor de tu instinto.

martes, 23 de agosto de 2016

nadie nunca




No creo haber sido mujer de grandes certezas. Los yo siempre, los yo nunca, los yo quiero me producían temblor de rodillas en bocas ajenas. Desquicié a más de uno con mis me da igual, lo que tú prefieras y los no me importa. Con la edad cada vez tengo menos, certezas, temblor de rodillas gracias a algún poder no divino, sigo teniendo. En lugar de hallar respuestas se me amontonan las preguntas, las puertas por abrir, los miedos y las dudas. En ocasiones un punch tras otro en el cuadrilátero del drama, la distancia y la rutina. Y me siento noqueada, aturdida, como en Annie Hall, el Universo se expande y yo quiero salir corriendo.

No tengo grandes certezas pero sí he logrado hallar una. Una infinita y hermosa y te la quiero decir. 

Podrán haber cruzado mares, océanos o riachuelos turbios. Podrán haber saltado de puentes, rascacielos o haber cruzado con media cantimplora el desierto entero de Sonora por ti. Podrán haber arrancado sus raíces, frescas o ya podridas de cualquier tierra por lejana que se encontrara. Podrán haberte dado hijos o poemas, o ambas cosas. Podrán haberte llenado de temblores el corazón con solo una mirada. Podrán haber roto distancias y estar junto a ti. Te habrán cosido las cicatrices con arte de madre remendadora. Habrás dormido amarrado a ellas como a un tablero a la deriva en mitad de la tormenta. Te habrán jurado amor eterno y habrán bebido vino de tu boca. 

Pero nadie nunca, ahí radica mi única certeza, nadie nunca habrá lamido cada una de tus aristas, cada una de tus arterias abiertas al viento. Nadie nunca habrá deambulado por el alcantarillado de tu alma con tacones y tanto amor y tan emputecidamente arrabalera. Nadie habrá abrazado cada sueño, fantasía o resquicio del pasado a pelo, con los ojos bien abiertos y escuchando cada coma y cada silencio que entregabas. Nadie le habrá bajado el dobladillo a tu podredumbre para ver lo que ocultabas. Nadie se habrá manchado hasta perder el aliento en tus minas más oscuras. Nadie habrá continuado sin pedirte que encendieras la luz o que callaras. Sin salir corriendo. Nadie nunca te habrá rogado lo más profundo, húmedo y sórdido con los brazos tan abiertos. Nadie te habrá amado entero. Nadie nunca como yo lo hice. Como yo lo hago.