malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 22 de junio de 2017

Oxígeno y café




Navegamos el veneno
como ebrias estrellas de mar
que sueñan un camino de tierra
y un sol brillante y doloroso
para después
para secar toda la humedad
que no naciera del desgarro

Llegar a casa
y recorrer descalza su suelo frío
desnudarme de escombros sin tregua
remorder el momento
como centinela de tu carne
Detenerme
Escribir un poema honesto y vulgar
que gima azafranes y tristezas
en algunos versos
y el resto sea un derrumbe lento
del edificio melancólico que construyen
las noches y las manos
cuando solos, nos devolvemos a la vida
un vaciado, un reseteo, un exorcismo
programa corto
oxígeno
Uno de aquellos que se olvidan rápido
pero sanan algún pedazo
Arrancar nuestra maleza con virtuosismo
hacer banquete de los restos
inventarle otro nombre a la distancia,
hilo quebrado
no albergar sentimientos tenues

Escalar una vez más tu espalda
antes del linchamiento en cobres y fugas
que son los recuerdos

El bello espasmo del vientre
cuando estalla el epicentro
y todo es perderse
sin correcciones
aprender a rebobinarlo

Lavarse los miedos
y cortar con los dientes
las cuerdas de la mente
aliviar al mundo
tocarse y romperse
roer el hueso de las censuras
que el latido sea un grito
que el deseo no se estanque
sacar del pecho el rompeolas
y en el televisor, apagado,
solo el reflejo de dos cuerpos
clavándose
que el calor no se interpreta
que somos termómetros de sangre
instantes hermosos de claudicación
Nuestra cabeza, timón enloquecido
y dos cuerpos exhaustos a la deriva
que nunca se tomarán con calma.


viernes, 2 de junio de 2017

El método



Ante todo evitar cualquier cálculo.
Ni medir en palmos visuales la altura,
ni hacer cuentas de la vieja para la carrera que te cobre la pena,
ni meter el codo como cuando bañas a una criatura, buscando lo templado.


La habitación cuánto más sofocante, mejor.
El cuerpo y sus azufres y todas las manos dispuestas a remover la tierra,
dispuestas a conquistar la tierra. Quebrar, quemar, subyugar.
Acariciar fuegos. Catar infiernos.


Abrirnos la cabeza y la entraña, sacar del doble fondo lo intocable.

Los pañuelos blancos dejaron de ser románticos tras la muerte del último poeta tuberculoso.
Imposible rendirse o pedir auxilio si estamos hechos de naufragios, canciones de the smiths y enloquecidos vuelos de albatros.


De casa traer hecho trizas el pudor y dejarse fuera toda la poesía y reinas de saba que te habiten.
Ser catástrofe natural. Malinche impúdica que te injerte goce en cada hueco.
Ser cobaya de carne atrincherada entre tus piernas y pintarle las paredes al sótano de todo desconsuelo como una basquiat febril hasta la intemerata.


Entender el ojo derramado en sal y remarcar el enunciado en los desatados por dentro.
Fabricar un observatorio en tu espalda para ahorcar una a una las plegarias que fueron eco.
Lograr ese amor anfibio, todoterreno, esa devastación y ser coronada de vicio en la cima de cualquier derrota que me deje en blanco. Porque el amor se infringe. Mírame, tan plebeya y guerrillera, a recorrer cuerpos como si fueran costa amalfitana. 


No abras las ventanas y no te cierres. No abro las ventanas y no me cierro. Vengo a hacer que tu cuerpo se combe. Vengo a serpentear entre tus cicatrices. Vengo a caer picado. Con las anillas rotas y las redes en lugares equivocados. Vengo a buscar abismos, cráteres y al hombre de sí mismo desterrado.


Porque hacer del dolor una pelota de trapo y de cada instante un fin del mundo, está en nuestras manos.



Pequod o la habitación itinerante





























Pequeños refugios, con sus sábanas como velas, sus luces turbias como un petromar en la popa del encuentro, armarios vacíos que no se llenarían, ventanas por la que arrojar el frío y la ropa, puertas numeradas, llegar, llegarte, llegarnos y drenar el contenido del matraz de la memoria, desmembrar el dolor y secar el llanto crecido en los pechos.  
Y allí tu Boudica, como una zarza dispuesta a arder, con su batiscafo de piel tendida en la caída. Bajo la almohada el brillo de la desesperación, cuchillo que afilará la distancia. Poner el corazón en el fuego por ti todas las veces. Ser cepo loco para tu carnada, cuando los límites son sólo líneas rotas que alguien pretendió dibujarnos ignorando que la tormenta es alimento de nuestra batalla. Nuestro privado ultramarinos de gestas y duelos de jadeos-rugidos y risas tiernas. Llorarnos con el cuerpo, enredados como hiedras. 
Nuestro amor es un animal. Y a él llegamos para hacer pedazos de la escarcha, triturar el vidrio y untar de calor el túnel más largo. Aprender nuestras cordilleras y batirnos en la mirada mientras te hundes en mi línea de flotación más allá de la alborada.
Lamer desbaratada toda la guarida y cruzar abierta la barda del insomnio que se inclina en abismos rojos. Gastado el paladar, gastado el lenguaje, amarrada a tu proa, masturbando el fracaso de no hundirnos juntos para siempre.
Fuera llegará el poema como un volantazo en mitad del paisaje. Intentando condensar humo y caricias, sin lograrlo, sin siquiera acercarse. Porque el poema siempre se queda lejos, porque el cuerpo es un terreno insobornable.

miércoles, 19 de abril de 2017

compartir la carencia
























Así nos llegamos
cuando la poesía eran harapos con los que nos descubríamos
ante la atenta mirada de nadie
porque a veces los pozos y la sed no acaban de encontrarse

fascinados con nuestras atmósferas rotas y las quemaduras
fuimos inmediatez y rabia
tú trajiste el suero de tus palabras
y yo caricias acantilado
para compartir la carencia
y destruir su Potemkin
con nada más que nuestras manos

los sueños atávicos se pudren dentro
a una velocidad que perturba
la vida inventa deudas de lo que no hemos gastado
pero yo,
en tu límite afilado
vengo a apuntalarme
a escribir el abismo
y la catarata de mi desorden
y en el desborde del dolor
ten mis manos
hazme presa
cuerpo algodón
recodo, cauce

que me siento arruinada de gemidos
si no me das la caja de tu pecho y sus tambores

los cuerpos y su urdimbre se trazan
como bestias descarriadas
pero ellas tienen una ternura eléctrica

para los que se atreven a tocarlas














lunes, 17 de abril de 2017

angostura




























A todo, a todo empecé a echarle angostura
Al café de la mañana
A la ropa en programa corto con centrifugado
Al teclado de las dos menos cuarto cuando te quieres ir a casa 
Al recuerdo de nuestros cuerpos,
al revivirlos así como amordazados
en lo invisible,
tan permeables y calientes
A la rabia, por descontado
Le echaba angostura a las conversaciones inevitables,
tipo árbol que te cae en mitad de la carretera
Y lo veía, a mi interlocutor sudando angostura
Le eché angostura al sexo y al abril entero
No me corté con las ráfagas de siroco
que invitaba a entrar en casa
Abría todas las puertas y ventanas
y descalza y condimentada en angostura,
las recibía.
Le eché angostura hasta a los poemas
Sobre todo a esos
que te envías en mensajes de voz a ti misma
a las cinco de la mañana
o en mitad del atasco
porque ya sabes que se te olvida
ese verso a los diez minutos
Ese que te parece tremendo
y que con la resaca desechas
Repletos de angostura hasta los topes
Me até el beso al labio
y me lo bebí tipo tequila,
sal, tu carne y el limón
Le recé a la incandescencia de la memoria
y descrucé las piernas deseándome toda la suerte
Me lavé el pelo con angostura
y salpiqué todo el suelo
hasta llegar a la terraza y gritar:
Angostura!!!
Y revolucioné los pinos y sabinas del bosque de enfrente
y los pájaros mancharon el cielo
tipo sombra de Rorschach que aún no descifro.
Me fabriqué una ouija en tu espalda
mientras dormías
y me respondí a todas las preguntas
Pero no tipo margarita con el sí-no y coges otra.
No. Tipo ruleta rusa. También con angostura.
Pensé en los otros significados de angostura
Pensé en lo angosto. En lo estrecho
En las tierras que están cerca y casi se tocan
En morir llegando a nado de un lado a otro
En saltar acantilados
En dividir mi corazón en secciones:
jardines y hogueras.
En aquello de no ser nunca una familia de paseo
y ser siempre una portentosa ruina
En el fair play de los que se aman cada vena
devotos de la cruz verde de las farmacias
y el querer hacer vaho en tu pecho
mientras tocas pie en mi fondo
y una oda al alka-seltzer
que nos salve de una mala noche
como estratagema vagabunda
para pasarme desapercibida

y olvidar lo inolvidable.


miércoles, 5 de abril de 2017

tus derrames de parafina



Tuve que abandonar el mundo
sacarme de madrugada
por un lapso de tiempo que me diera la vida
verla alta
abierta oscura y estrellada
cúpula negra
envoltorio hermoso y nuestro
la noche
romper el domingo
huir del arriendo de mi soledad,
a cualquier costa,
recrearme en
tus derrames de parafina
armarme con la memoria justa
que evite el desgaste
desmantelar el declive
que construyen todas las calles
que nos desunen en este instante/necrosis
retorcer con gozo las vísceras de la poesía
para celebrar el cuerpo
y la sangre en movimiento
recordar que tengo las herramientas
para deshacerte de fracaso y lenguajes
para inclinar el dolor y deformarlo
para alimentar de morbo
al chacal que llevamos dentro.
saber que me acuesto en tus ojos
cada vez que los cierras
que sepas que traigo cuevas y un mar adentro
que soy incapaz de evitar el temblor
que regalas a mis piernas
incapaz de calcular la velocidad de la caída
hacer recuento de sogas, hoteles y posibilidades
de tus abrazos-chimenea
tu respiración inundando corazones
como una música bajo el agua
dejar los sueños abiertos como el gas
dormir y no sentir la explosión de los mañana
ladrar con la fuerza de los dioses
y abrirnos en dos
que no nos quepa el nunca
andarnos sin miedo
que te traigo caricias de enfermera
mientras te digo:
que nos ponga nombre o nos lo quite
pero hagámonos algo


martes, 28 de marzo de 2017

ternura bizarra de alta gama



























“mientras chicle permutan  boca a boca
y les tiemblan las piernas, en tijera”

Leduc



Yo venía ya trucada de nacimiento, pero no hacía ruido. Con más vicios que virtudes. Capaz de llenar mis graneros con fardos de desesperación, verter todas las rabias con serenidad y en silencio porque con el fuelle de la tinta aplacaba la vida sin aliño y sólo empantanaba mis huecos. No busqué remedios más allá de sepultarme en abrazos.

La frustración era una planta invasora así que yo huía con poemas inacabados en servilletas sucias tras cada última cena del propio dolor estrecho. Atravesaba todos los controles con una barca loca que daba tumbos en mi corazón, pero yo andaba serena, y acertaba con el índice en mi nariz infinitas veces aunque el llanto lubricante me llegara a las caderas. Sin los pañuelos blancos de mi abuela, naufragué en cada cuneta sin perder el aplomo de la que porta madeja de pensamientos/aspereza y corrales de demonios. 

En mi condición de Kriss de Valnor de saldo pero con ternura bizarra de alta gama,
platónica y algo torturada en la sombra, me dediqué a beberte gatuna para hacerte gelatina el corazón. Para hacer confeti de tus horas negras, serte balsámica y regalarte mis llanuras, corregir el mundo con típex/semén y hacerte trino: inesperado, sucio y mágico.

Al final te quiero humano, rompiendo el estribo, tomando mi cuerpo en terrones a pesar del cansancio, muy cerca los dos de la misma luna, gajo de luz, de cualquier noche. De todas las noches. Vivir el tiempo, no matarlo.  

martes, 21 de marzo de 2017

La belleza de una imagen de street view





Eran maravillosas, toneladas de poesía derramándose en aquellas fotografías. Usarían un programa o había personas a jornada completa emborronando el rostro a otra gente. Venían cargadas de una ingravidez puesta en pausa, un sinfín de travesías a ningún lugar definido que me reconciliaban con algo que suele bramar por dentro y que no sé nombrar. Tan lejos de la impostura. Tan desapercibidas, me invitaban a explorarlas, a perderme en los detalles más nimios.

Quise encontrarnos en alguna. Detrás de una cristalera sucia compartiendo una focaccia deliciosa o en la terraza de La lupita con las risas y los nervios cubiertos de niebla. Poder vernos desde fuera.

Reconocerme en cualquier Salomé de arrabal, tan sedada de realidad, ajena al tráfico y sus zumbidos, apropiándome del fulgor de tu piel cuando se me acerca, toda yo chatarra y emoción, sí, pero tan dichosa, filtrando toda la luz, lejos de la rutina y sus vendettas.


Reconocerte por el gesto de tus brazos, así cuando caen serenos mientras fumas y descuartizas las penas a bocanadas. O en tu andar, reivindicando la calma y el error. Tan nosotros, felices en los márgenes, fabricando cicatrices y momentos salvavidas al mismo tiempo como maniobra de distracción, y siempre con los rostros emborronados sin dejar rastro más allá del perímetro de nuestros cuerpos.

lunes, 13 de marzo de 2017

por fuera de la ropa





Lamernos la tiniebla de los ojos. 
Mordernos la intemperie 
el uno al otro 
y que sólo sea 
el principio.



Tocarte por fuera de la ropa y saber que te llego/llevo dentro.

Excavar, a ciegas, túneles de saliva. Detener nuestro tiempo, enterrados vivos en abrazos. Humo y sal.
Calla, distancia malnacida, ahora somos tintas que se escriben con las manos. Calla, palabra alambrada, demasiado locos para conjugar nada que no sea nuestra carne. Colchas blancas, el bronquio excitado del amado, la melena de la salvaje. He robado un sol y te lo he incrustado dentro. Has roto las ventanas y me has arrancado del invierno. Dos seres hambrientos que recorren el momento. Calor y barbarie. 
El mejor poemario es el de nuestros encuentros.



martes, 24 de enero de 2017

meter el cuerpo en tu mundo
























“Valar morghulis”



Pronóstico: un puñado de poemas, el corazón en cuclillas al filo de la luz y nuestras noches desdobladas gritando desde el vientre en la lengua del dolor.

Quise tejer un huracán en nuestros pulsos, traducir al animal y dilatar tu alarido. Con ecos, partir horizontes. Aprender a temblar en mitad del fracaso y acariciar todos los hielos sin morir. O tal vez solo un poco.

Soportar que la pena nos viola hasta el final. Desnucar lo furioso de la memoria y sus mimbres y sus tardes haciendo de nuestros cuerpos panal. 
 Convocar nuestras sombras, anudarlas, amarlas, desbocarlas. Que caer no significase tumba. 

Hacia dentro, en sangre alcoholizada, construir un inf/vierno y saber cruzarlo. No olvidar que el calor es el atajo que nos lleva a lo hondo, sin arneses, núcleos reventados de rojo. Que nunca es fracaso vaciarse de prados de dolor y jalar nuestras cosechas más salvajes. 

Quise descorrerme en tu mirada con los ojos tan abiertos como el hambre. 

Borrar de exactitudes el futuro, saber que el minutero alberga trampas y escozor. Ser siempre un tintineo de llaves, el vaivén de unas caderas paraíso que te amen. Abusar de la palabra tanto como del silencio aunque sea el derrumbe de la calma, peldaño roto de la cordura.

Nunca amar lento y nunca escribir mansa. Traer agujas y brasas, reventar de ausencia en el papel y registrar las ruinas con amor, tan loba y desbaratada.

Meter el cuerpo en tu mundo. Clavarnos con y en el delirio.

Lamer distancias bastardas y deshacer abismos como nudos en la lana. Tan retorcidos en las puntas. Hacer nuestro el sucio y bello acto de leernos el envés de las corazas. Ser valiente donde está oscuro. 

Vaciar los bolsillos y el alma.


domingo, 8 de enero de 2017

la tragedia de las olas que no rompen




Te entrego este presente, sostenido en ferocidad mundana,
envuelto en papel de periódico, como pesca de barrio,
deshecha en roturas, costuras, pedazos,
domingos –esas carnicerías que me matan-
y aullando como el afinador que ama tus cuchillos desgastados.

Como una caja de mudanza en la que se mezcla todo.
Como huida de una guerra.
O de una paz inacabable.

Me daba pena cortar la hierba alta
pero no rasurar cielos con la mente,
cuando horizontal,
me desmayaba en sueños con las manos.
Siempre fracasaba con el cuerpo
porque la distancia crece como helecho salvaje entre las piernas,
y la desventaja del olvido es una ilusión.

Tú, yo, la mano abierta,
el sexo, el ojo, la boca, la herida
así no se llega vivo a ningún puerto.
Así no beben las flores en jarrones agrietados,
pero ya estaban muertas y no lo sabían.

Cajas de Pandora
y rabias que se encienden para encontrar la noche.
Trajes pequeños para nuestra locura.
Mojados en fuego.
Tratando las penas de frente con las manos desnudas.
Los decibelios de las ganas,
llenando plazas,
dañando cabeceros.
El intento del verso a solas.

Hay una tragedia en las olas que no rompen
pero también la hay en la espuma.
En la espuma de cada momento inmortal que nos llevamos
en cada risa que agrieta feliz la comisura de cada boca
en cada dedo enredado en la melena
en cada tela que se rasga de fiebre
en cada neón que invade una ventana
en cada desquererse a cámara lenta.
Muérdeme los dientes
lame cada arteria como si fuera una calle a ninguna parte
y aparta los restos, como guarnición del momento

nunca me fui infalible