malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 29 de agosto de 2011

Émile M. Cioran

fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. ella es justamente ambos, pero mejorados.


viernes, 26 de agosto de 2011

puertas entreabiertas...



...por las que entra la luz. por las que morderse cuando no nos queda otra cosa.
puertas como piernas. que se ofrecen en la oscuridad o no. desorientándonos adrede. buceando a pulmón libre en nuestras miserias. latiendo por debajo del corazón. tú me llevas allí. directamente. y que la lluvia borre mis huellas en tu cuerpo como si la memoria fuera una mancha, pero que sea mañana. esta noche recorrer tus calles. romper tus farolas porque te prefiero oscuro. besarte en tus portales. que uses mi piel como refugio. y que no te importe. que lo desees. que entres.

jueves, 25 de agosto de 2011

fiebre de hormigón


toda la tarde hablando de velocidad, iso, obturación, luz, balance de blancos, profundidad de campo. mi cabeza como el tambor de la lavadora centrifugando, a punto de estallar. hacemos fotos del piso que alquilo. es fantástico. lo han arrancado todo. la luz gira en su interior. el sol se cuela y dibuja momentos imposibles en la pared. no quiero salir de él. desnudo y decadente. como lo que siento dentro. era un piso enfermo. aluminosis o la fiebre del hormigón. arrancarnos todas las capas y quedarnos en el corazón. temblando vacíos. la cerveza de después será un melodrama. la vida dando vueltas como una comba y tú saltando para seguir jugando. hay concierto en la plaza, pero yo me quiero ir. me he impuesto una orden de alejamiento de mi oficina y cuando la incumplo se disparan todas las alarmas. rostros conocidos como en un carnaval veneciano, todos con sus sonrisas postizas. me entran arcadas.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Los detectives perdidos - Roberto Bolaño

Los detectives perdidos en la ciudad oscura.
Oí sus gemidos.
Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud.
Una voz que avanza como una flecha.
Sombra de cafés y parques
Frecuentados en la adolescencia.
Los detectives que observan
Sus manos abiertas,
El destino manchado con la propia sangre.
Y tú no puedes ni siquiera recordar
En dónde estuvo la herida,
Los rostros que una vez amaste,
La mujer que te salvó la vida.

sábado, 20 de agosto de 2011

Días prestados - Pablo Casares

Construimos nuestras vidas
con pequeñas ficciones
miedos con los que somos
incapaces de reconciliarnos,
distancias con puntos de fuga infinitos
y frágiles andamios
cubiertos de apariencias.

Monumentales catedrales del fracaso
que levantamos cada mañana
con el pie izquierdo

miércoles, 17 de agosto de 2011

"La realidad es para aquellos que no pueden tolerar el sueño. La "realidad" es una construcción fantasiosa que nos permite ocultar lo Real de nuestros deseos."

Lluvia sobre el tejado, Janet Frame

Mi sobrino, que dormía en la habitación del sótano,
ha puesto una laminilla de hierro afuera de su ventana
para recuperar el sonido de la lluvia que caía
sobre el tejado.


No se lo digo, pero el corazón encuentra en su desgracia
su propio consuelo.


Una hoja de hierro repara un tejado solamente.
Indemne, hasta ahora, de las heridas que la mudanza
y la diferencia nunca muestran,
mi sobrino puede reparar todavía los daños
para volver a traer el amoroso sonido de aquella lluvia
que conoció en la infancia.


Ni digo —en las pérdidas de la vida una laminilla
de hierro es una carga— que un día encontrará dentro de sí,
bajo una plena oscuridad y silencio,
el hierro que sostendrá no solamente el sonido
perdido de la lluvia, sino también el sol,
el rumor de los muertos
y todo aquello que jamás volverá.


domingo, 14 de agosto de 2011

Roberto Bolaño

No importa hacia donde te arrastre el viento
(Sí. Pero me gustaría ver a Séneca en este lugar)
La sabiduría consiste en mantener los ojos abiertos
durante la caída (¿Bloques sónicos
de desesperación?) Estudiar en las estaciones
de policía Meditar durante los fines de semana
sin dinero (Tópicos que has de repetir, dijo
la voz en off, sin considerarte desdichado)
Ciudades supermercados fronteras
(¿Un Séneca pálido? ¿Un bistec sobre el mármol?)
De la angustia aún no hemos hablado
(Basta ya. Dialéctica obscena)
Ese vigor irreversible que abrasará tus derroteros.
De sillas, de atardeceres extra,
de pistolas que acarician
nuestros mejores amigos
está hecha la muerte.




miércoles, 10 de agosto de 2011

Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia: una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma de Stendhal, decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba. ¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar de la cerámica y de la mierda, dijo.

Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama encontraba a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.) Pero nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.

Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un calendario de piedra perdido en el espacio.

Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que literalmente me caía a pedazos. Iba tras las huellas de Gui Rosey. Caminaba por los barrios de un puerto que podía ser Marsella o no. Un viejo chino afable me conducía finalmente a un sótano. Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po, le contestaba.

Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.

Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del Hemisferio sur que leía a los hermanos Goncourt.

Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían conocerla.

Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales muertos. En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro. Su cara era como un gas, pero yo sabía quién era.

Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka veía arder el mundo.


Dentro de nosotros hay como una oficina meteorológica que emite cada mañana su parte sentimental: estaremos contentos, sufriremos, cólera al mediodía, etc. Y hacia esa predicción avanzamos temerosos o confiados. Oficina falaz, tan volandera como la que profetiza el clima: la tarde de la que esperábamos tanto júbilo se cubre de pronto de una insoportable tristeza. Pero también cómo alumbra esa noche auguralmente lúgubre la sonrisa de la desconocida.

Hablemos de langostas - David Foster Wallace

" Algo que a mí me frustra rotundamente cuando estoy intentando leer a Kafka ante estudiantes universitarios es que me resulta casi imposible hacerles ver que Kafka es gracioso. O apreciar la forma en que el humor está entrelazado con la poderosa fuerza de sus relatos. Porque, por supuesto, sus relatos y los grandes chistes tiene mucho en común. Los dos dependen de lo que los teóricos de la comunicación llaman a veces ´exformación´, que es cierta cantidad de información vital eliminada de una comunicación, pero evocada por la misma de tal manera que causa una explosión de conexiones asociativas con el receptor (...) No es casual que Kafka hablara de la literatura como de ´un hacha con la que cortamos los mares congelados que tenemos dentro. "

sábado, 6 de agosto de 2011

Sam Shepard

Me encontré con la doble de la Estrella

al abrirse hacia los lados la puerta del ascensor

y yo salía

y ella entraba

a las cuatro de la madrugada

y vi que estaba absolutamente pirada

le pregunté qué había tomado

dijo 6 Valium y Vino Blanco

porque hoy era el último día de rodaje

y le parecía que había que celebrarlo

jodiendo con algún tío del equipo

y colocándose

porque éste era su pueblo

y ella iba a quedarse

mientras nosotros nos íbamos

y la tortura de no ser más que una doble

dejada atrás

en un pueblo en el que le dolía haber nacido

estaba destrozándola ahora

de verdad

y eso hizo que volviera a avergonzarme

de trabajar como actor en una película

y provocar ilusiones tan estúpidas

de modo que me la llevaba a mi habitación

sin planes respecto a su cuerpo

y ella se sentía desesperadamente decepcionada

intentó arrojarse por la ventana

y le dije que no valía la pena

no es más que una película estúpida

no tan estúpida, dijo ella, como la vida.