malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

domingo, 26 de julio de 2026

El folio fuego eterno

 

«Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía». Emily Dickinson

Todos hablan del eclipse, del fuego, del saber perder. Yo me senté hoy -ya ayer- a escribir un poema que se llamaba El folio eterno, no el fuego eterno. Lo dedicaba a un joven nacido en Lowell, alérgico a las interrupciones o enamorado de la corriente eléctrica que nace de la escritura sin riendas (como esos caballos que hoy huyen del fuego) recortó y pegó con cinta adhesiva folio tras folio, de un modo frenético, y en apenas tres semanas -ardiendo- sin puntos y aparte, sin márgenes, sin sangrías... scroll infinito, como una carretera eterna, como el flujo de una vida que se inventa segundo a segundo,  escribió una novela. O contó su vida, qué más da. No es la canción...

Después, como no podía ser de otra manera, automáticamente me fui por las ramas del poema que no sería. Dime cómo se disuelve el ego cuando todo el mundo trae su justificante de emociones. Cuando todo el mundo habla de lo mismo, cuando todo el mundo ya estuvo "allí", cuando todo el mundo es como todo el mundo. Yo quiero que traigas un poema con pistola. Un poema que haga que Dickinson sonría y tiemble en cada costura intracraneal. Te lo pido a ti y me lo pido a mí misma. 

Me anoté en la palma de la mano izquierda el nombre de un pueblo que por lo visto iba a arder: El Tiemblo. Quise saber más y entre la leyenda de una princesa del siglo XV y una anotación del cronista Sampiro en el siglo XI, con esta última me quedé: «Venit in locum que dicitur a Trémulo». Eran tierras repletas de álamo temblón. Cuánta poesía nos aguarda ahí fuera. Cuánta ceguera albergamos dentro. Cuánta poesía se está quemando.

¿Cómo era eso de que somos un río? ¿Dónde quedó eso de la impermanencia, el famoso Anitya?

Este puede ser un folio Mekong donde diluirnos, donde revelarnos como simple pieza del engranaje, y qué. Samapattis de color dolor para salpicar el papel de nosotros sin que se note y escuchar nuestra propia sangre recorriendo nuestras venas. Líbrame de lo evidente, del espejo y la condescendencia. Del corazón vacuo y del algoritmo. De la muchedumbre que solo es un montón de vacío. Ese, el vacío, es el único bosque que debería arder. 

Entonces Lorca: 

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Se acaba el vino y la luz de la vela a la vez y llega el audaz recuerdo a pellizcarme los gemelos, con su balada indescifrable por los lugares que no habité. Atada al mástil, escuché sus cantos.

El corazón que se desnuda se arma, pienso.

Con qué facilidad todo es polvo, con qué facilidad se arruga el vestido de la carne.

Tomar café, tomar muslos, tomar esquinas y fiebres. Saborear paseos por los márgenes donde todo es era savia, rocío, pupila, derrumbe silencioso de las sombras, trinos, musgos amorosos y que ahora nadie ve. Belleza desprotegida obligada a un ave fénix. Otra vez.

Podemos ser todos los lugares que se desprenden en la transparencia de una caricia o habitar la destrucción del sinsentido. 

Eclipse, fuego, saber perder. Vuelvo al folio eterno, vuelvo a las esquirlas de los sueños, a lo que queda de lo que fue.




domingo, 19 de julio de 2026

Ab imo pectore o Ab imo abysso

 

Carta de amor a la luz que se hunde.

En el desfiladero de tu mirada se ha detenido un albatros que con el pulso atávico de sus alas, va a vencerte. Emprenderá el vuelo y tú la caída.

Cuando la luz parece que se entierra en la línea del horizonte, luz que se destiñe en rojos, luz que se amapola. Luz que se deshace como la esperanza, que tú, quiromante, tallas en las palmas de tus manos a puñaladas. 

Hay un espacio entre el recuerdo y la desesperación del corazón que se extravió en su propio vuelo, Ícaro ridículo. Narciso esquizo. Velero a la deriva. Ilusión que naufraga.

Hay una carta escrita con fuego que llega de un tiempo antiguo. Pero ya no quieres leer.

Se ensancha la herida, imagen exuberante en la memoria, y una semilla salvaje germina en el lagrimal de un adiós tan gratuito como ya irremediable. Pero ya no quieres ver.

El poema semiprecioso nace de la mina de tus entrañas y balbucea grita aúlla brama clama un canto improvisado en la agonía que no sobrevivirá jamás a la mañana, porque ya no quieres escuchar.

Un caligrama dibujado en el abismo, párpados que cargan tormentas.

Una sombra infinita que fue creciendo.

Dame amor sin fanatismo, imploraba. Una ternura diamantina, dame un exceso de calma.

Pero ni un auxilio de caricias llegaba.

Ensayamos el gesto sonámbulo del que conoce tan bien su dolor, su destino, el que fuera su territorio que esquivamos quicios y cantos para no despertar, para no existir fuera del sueño. Porque ya no queremos saber.

Fabricando una oasis-burladero para olvidar donde el nace el poema y sus corales de tristeza, el que quiso forjar un imperio, no un pecio doliente de emociones, de recuerdos, no una herida entre el cielo y la tierra. 

Un amanecer sin revelación, quién lo quiere, solo una playa muerta y unas gaviotas hambrientas y un mar respirando detrás de ellas, inmenso, como una fosa común que hubiera aprendido a gritar. 


Oye poeta, le dicen, desenchufa* el amanecer,

Oye poeta, desconecta los relámpagos, como dijo Bolaño.


Que quiero una noche oscura y silenciosa en esta isla, a ver si la tienes.

Que quiero mojar tu pirotecnia hecha de impostura y prisas.

Con la saliva de mis versos.

Con ráfagas de consciencia aniquilante.

Con primerísimo plano del desastre.

Amansar los flashes de la nada.

Conversar, de nuevo, con la mirada verdadera.

Microfonear tu latido, si es que existe.

Contemplar pájaros y nubes, si es que existen.

Dejar de marcar con una X el lugar del tesoro que siempre fue el lugar de la trampa.

Apoderarme de la llanura de tus hombros, morder tu yugular a ver si sangras.

Adueñarme de lo abstracto sin medida.

Criptica amazona del camino polvoriento.

De la vereda llena de espino y amapolas.

Vaciar el stock de la rabia.

Que mi vida fue ver nacer y crecer un desierto.

De las emociones, de lo verde, de dónde queda el arrepentimiento.

De quién son estos sueños atroces?

Que está bien no brillar.

Que está bien habitar el margen.

Que está bien pasar desapercibido,

andar, no volar,

está bien ser 

sin más

con menos.

Que está bien vivir.

Nos inmolamos públicamente y no era necesario.

Nuestras alas de gigante, como dijo el poeta, nos impidieron caminar. 


 


 

viernes, 17 de julio de 2026

UN PARAÍSO EXCAVADO EN LA ROCA

                                   


           


 por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.

”Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”.


Esa noche…fue muy larga.
Abrí mis ventanas
cuando cayó el sol
y la madrugada
como un vestido de calor
me apretaba.

Dejé entrar al viento
para que nuestro paisaje de piel
desenredara.
Fuera la ropa tendida danzaba
bajo una luna creciente
que se tornaría guadaña.

El viento, no puede llevárselo todo,
me repetía.
Ojalá… a veces…se lo llevara…
Siempre se deja las cicatrices, las dudas
y las miradas que nos traspasaron.
Si se lleva mi pena, es porque será la tuya.
Canje diabólico, equilibrio insano.

Podría traer, este viento, el eco de las risas
algunos temblores concretos
algunas oportunidades perdidas
o el amor de todas las madres.

Que se lleve, si quiere, las prisas,
el odio y las guerras.
Que yo solo quiero el olor de todas las espumas
que me salpicó el mar
esa lágrima gigante.

Esa noche, sería la última
la última de esa Vida
porque cual Atlántida
que en un día y una noche terribles
se hundió,
algo iba a suceder,
algo que ahuyentaría la luz
nuestra luz, toda
porque algo venía a labrar
un lenguaje de penumbra.

Yo, que estoy herida de luz y verdad
aquí abriendo mis ventanas

a la muerte.
Yo que sé que prefiero el destierro en tu cuerpo, siempre
que lo que llega es peor que la Nada
Yo que sé que el exilio es el auxilio

Yo me duelo y me lleno de rabia
Con más corazón que coraza
Ese viento trae un desierto
Pero nadie escuchó su amenaza

En este temporal infinito de esquirlas y silencio
tricotaré, te juro, versos salvajes y atribulados,
Versos que crucen la carne
Hilvanando memoria y verdad
Versos que serán recitados en la cubierta de un barco
que nos alejará, solo en la distancia, de estos tiempos de sangre.

Haré tributo al incendio
Al fuego que escondimos en nuestros cuadernos.
Haré simiente de la herida.
Sismógrafo del corazón
Me detendré en el misterio
del poema que alumbre el recuerdo
del derrumbe, de la caída
pero solo para levantarnos.

Porque te digo que cuando nació ese infierno
Excavé un paraíso en la roca
Excavé una promesa en el alma
Supe que el olvido es la más verdadera de las distancias que existe.
Que tú, contienes trazas de naufragio,
Memorias de huida y muerte
que otros provocaron.
Que este viento que te despeina la piel y el corazón
contiene todos nuestros suspiros
toda nuestra desesperación
todos los veranos que quedaron enterrados
No olvides que la esperanza es un jardín obstinado.

Que los exiliados somos una maraña de anclas
que sueñan arenas en mitad del viento.

Y hoy aquí, en esta noche, que se parece a todas las noches,
piensa que esto que ves, esto que acecha,
tal vez no sean solo molinos,
tal vez sí sean gigantes.

jueves, 9 de julio de 2026

El "no" ya lo tienes




 Supongo que así crecimos algunos, 

con "el no ya lo tienes".

Eso significaba pide la luna, que "él" se enamore, que te cojan en ese curro, que te toque el 30247, que te editen el poemario, que no llueva mañana, que salga bien el análisis, que te deje el coche tu padre cuando llevas dos días conduciendo, que te dejen entrar en pachá con quince, que te recojan en autostop fuera del summun en el `94 cuando no quedan taxis, que cante tu poema esa mujer que cada vez que hace algo te remueve las entrañas de bonito....el no ya lo tienes.

Y luego, a ver qué hacemos con el no que ya tenemos. 

Aceptarlo, claro. Edificar sobre él un rascacielos a mano. Volver a casa andando. Hacer un poema más hermoso. Buscar un amor más bonito. Comer más sano. Pedir la estrella Sirio que es la asoma por la ventana cada noche y no la luna. Cambiar de número. Buscar otro trabajo. Aprender a cantar. Tener el no y abrazarlo  

lunes, 29 de junio de 2026

ahogando el silencio

 


"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire. 

Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.

No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre. 

-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad. 

Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable. 

La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo. 

Tecleo tecleo tecleo


-¿Dónde? En la garganta 


miércoles, 15 de abril de 2026

UN FULGOR CÍCLICO



 



¡No quiero brillar, sino fosforescer!

 

Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca. La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe. 

«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.

No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el papel sea apenas otra forma de la noche. 

Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible. 

Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio del caos perderemos nuestra aureola.  

Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque. 

El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura. 

La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma, hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo. 

Fosforescer es el verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan. 

 Ay si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso. 

Venga a mí toda la luz desatada. 











sábado, 14 de febrero de 2026

D E S O R I E N T A D A



Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento. 

Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro. 

Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.   

Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan. 

Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita. 

Cuando el final será común, la hazaña es el camino. 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando yo salgo a la mar

                                                                              



una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo

Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego. 

Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo. 

Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda. 

Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 

*********

Somos el diez por ciento, y qué?

Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva. 

Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena. 

Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad. 

Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente

Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano  que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él.