malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 22 de septiembre de 2011

César Vallejo





































Piedra blanca sobre una piedra negra

Me moriré en París con aguacero,
                un día del cual tengo ya el recuerdo.
                Me moriré en París -y no me corro-
               talvez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
               estos versos, los húmeros me he puesto
                         a la mala y,
                  jamas como hoy, me he vuelto,
                 con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
                  todos sin que él les haga nada;
                 le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
                los días jueves y los huesos húmeros,
                 la soledad, la lluvia, los caminos

LA RUEDA DEL HAMBRIENTO
POR entre mis propios dientes salgo humeando,
                         dando voces, pujando,
                         bajándome los pantalones...
                         Váca mi estómago, váca mi yeyuno,
                         la miseria me saca por entre mis propios dientes,
                         cogido con un palito por el puño de la camisa.
Una piedra en que sentarme
                         ¿no habrá ahora para mi?
                         Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz,
                         la madre del cordero, la causa, la raiz,
                         ¿ésa no habrá ahora para mi?
                         ¡Siquiera aquella otra,
                         que ha pasado agachándose por mi alma!
                         Siquiera
                         la calcárida o la mala (humilde océano)
                         o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre
                         ésa dádmela ahora para mí!
Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto,
                         ésa dádmela ahora para mí!
                         Siquiera la torcida y coronada, en que resuena
                         solamente una vez el andar de las rectas conciencias,
                         o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva,
                         va a caer por sí misma,
                         en profesión de entraña verdadera,
                         ¡ésa dádmela ahora para mí!
Un pedazo de pan, tampoco habrá para mí?
                         Ya no más he de ser lo que siempre he de ser,
                         pero dadme
                         una piedra en que sentarme,
                         pero dadme,
                         por favor, un pedazo de pan en que sentarme,
                         pero dadme
                         en español
                         algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse
                         y después me iré...
                         Halló una extraña forma, está muy rota
                         y sucia mi camisa
                         y ya no tengo nada, esto es horrendo.
 

  Los nueves monstruos
                      I, desgraciadamente,
               el dolor crece en el mundo a cada rato,
           crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
            y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
             y la condición del martirio, carnívora voraz,
                      es el dolor dos veces
              y la función de la yerba purísima, el dolor
                          dos veces
               y el bien de sér, dolernos doblemente.
                    Jamás, hombres humanos,
         hubo tánto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
              en el vaso, en la carnicería, en la arimética!
                   Jamás tánto cariño doloroso,
                 jamás tan cerca arremetió lo lejos,
                      jamás el fuego nunca
                 jugó mejor su rol de frío muerto!
              Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
                          más mortal
             y la migraña extrajo tánta frente de la frente!
                Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
                  el corazón, en su cajón, dolor,
                  la lagartija, en su cajón, dolor.
               Crece la desdicha, hermanos hombres,
          más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
             con la res de Rousseau, con nuestras barbas;
               crece el mal por razones que ignoramos
              y es una inundación con propios líquidos,
               con propio barro y propia nube sólida!
             Invierte el sufrimiento posiciones, da función
                 en que el humor acuoso es vertical
                         al pavimento,
                  el ojo es visto y esta oreja oída,
             y esta oreja da nueve campanadas a la hora
                   del rayo, y nueve carcajadas
              a la hora del trigo, y nueve sones hembras
                a la hora del llanto, y nueve cánticos
                a la hora del hambre y nueve truenos
                  y nueve látigos, menos un grito.
               El dolor nos agarra, hermanos hombres,
                      por detrás de perfíl,
                   y nos aloca en los cinemas,
                   nos clava en los gramófonos,
          nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
                a nuestros boletos, a nuestras cartas;
                y es muy grave sufrir, puede uno orar
                        Pues de resultas
                     del dolor, hay algunos
               que nacen, otros crecen, otros mueren,
                y otros que nacen y no mueren, otros
                que sin haber nacido, mueren, y otros
                que no nacen ni mueren (son los más)
                      Y también de resultas
                    del sufrimiento, estoy triste
             hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
                 de ver al pan, crucificado, al nabo,
                        ensangrentado,
                      llorando, a la cebolla,
                   al cereal, en general, harina,
               a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
                     al vino, un ecce-homo,
                tan pálida a la nieve, al sol tan ardio!
                   ¡Cómo, hermanos humanos,
                  no deciros que ya no puedo y
                   ya no puedo con tánto cajón,
                       tánto minuto, tánta
                        lagartija y tánta
               inversión, tanto lejos y tánta sed de sed!
               Señor Ministro de Salud; ¿qué hacer?
             !Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
               hay, hermanos, muchísimo que hacer.
 




esa lluvia...



cierro el libro de Ribeyro mientras saboreo aún las últimas frases que he leído y apago la luz para que entre la noche por mi ventana. poco a poco el deseo va cayendo sobre mí como cae la lluvia sobre Nueva Orleans y sé que no podré adivinarte porque este prólogo precipitado y triste que surge entre los dos ya me lo ha dicho todo. que venimos cargados de ansiedad y malas artes. que estamos tan solos y deshabitados, como dijo Cortázar. que sólo nos queda batallar con esas caricias violentas que demuestran la circulación de nuestra sangre. que los km se nos clavan como cuchillos en manos de un ebrio Daniel Auteuil. que hemos escondido los mapas. que nos hemos acostumbrado a vivir hambrientos. que me puedes pedir mil veces que te mire como Marie Laforet en A plein soleil pero que yo no soy ella. jamás seré ella. y mientras seguimos calados hasta el alma, enterrando paraguas, empapados de esa lluvia del deseo y deseando ahogarnos en ella.

martes, 20 de septiembre de 2011

yo quería...

yo quería ronronear con tus caricias y no estar a oscuras y en silencio en mi salón. yo quería que te quemaras al probar los mejores spaghetti de la historia y ser por un día tu ascensorista favorita. por un día largo que dura una vida. yo quería una brisa suave a ras de suelo que rasgara mis cuerdas y me meciera mar adentro y no unas velas rotas del barco encallado de tu vida. yo quería estremecerme al sentir tu mano sobre la mía en el lugar más inesperado y hablarte con el silencio de mi mirada, y hablarte con mi cuerpo, con mi pelo, con mis hombros. y quería la lluvia de verano, y surcar tu espalda con mis labios, y llorar en el teatro, y armar un puzzle infinito con tus sonrisas. yo quería las canciones de tu cara B y paseos en el crepúsculo y estar en tu orilla. yo quería todo esto y nos las hojas secas de un otoño que aún no necesito.

jueves, 15 de septiembre de 2011

113
Hay tardes de primavera en París, como esta de hoy, soleada, dorada, que no se viven, sino que se desgajan y manducan como una mandarina. Y para ello nada mejor que una taza de café, una bebida tonificante, una vacancia de la atención, un dejar que nuestra mirada en reposo reciba y archive imágenes del mundo, sin preocuparse de encontrar en ellas orden ni sentido ni prioridad. Ser solamente el cristal a través del cual nos penetra intacta la vida.

115
Mi gato negro y yo, en esta noche lluviosa de verano. La pieza silenciosa. Uno que otro carro se desliza por la calzada húmeda. El barrio duerme, pero mi gato y yo velamos, nos resistimos a dar por concluida la jornada, sin haber hecho nada, al menos yo, que la justifique, que la dote de significación y la diferencie de otras, igualmente parsimoniosas y vacías. Quizás por eso escribo páginas como ésta, para dejar señales, pequeñas trazas de días que no merecerían figurar en la memoria de nadie. En cada una de las letras que escribo está enhebrado el tiempo, mi tiempo, la trama de mi vida, que otros descifrarán como el dibujo en la alfombra.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ortega y Gasset

La conciencia del naufragio, al ser la verdad de la vida, es ya la salvación. Por eso yo no creo más que en los pensamientos de los náufragos. Es preciso citar a los clásicos ante un tribunal de náufragos para que allí respondan ciertas preguntas perentorias que se refieren a la vida auténtica.

domingo, 11 de septiembre de 2011

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Rayo Verde - Julio Verne

"Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión- ¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza".

jueves, 8 de septiembre de 2011

Pedro Casariego Córdoba

Falsearé la Leyenda
Beberé el líquido que corre con el Nilo,
despojaré de su piel al fornido rinoceronte,
falsearé la leyenda y ésta me pertenecerá,
poseeré los campos de maíz y los quejidos sin motivo,
dividiré el tesoro del pirata para llevármelo entero,
y, llegado el momento,
cuando las ilusiones ahoguen el desengaño,
nada quedará sin ser devuelto
y mi alma os alegrará con una sonrisa.

Yehuda Amijai

 
Lástima. Éramos un Buen Invento

Amputaron
tus muslos de mi cintura
Lo que para mí significa
Que son todos cirujanos. Todos.

Nos desmantelaron
al uno del otro.
En lo que a mí respecta
son todos ingenieros. Todos.

Lástima.
Éramos un buen
y amoroso invento.
Un aeroplano hecho de hombre y mujer.
Con alas y todo.

Nos elevamos vacilantes de la tierra.
Y hasta alcanzamos a volar un poco.




Una vez, un gran amor

Una vez, un gran amor partió mi vida en dos.
La primera parte continúa hormigueando
por ahí, como una serpiente cercenada.
Los años que han pasado me calmaron,
trayendo cura a mi corazón
y a mis ojos, paz.

Ahora soy como quien se detiene
en el desierto de Judea,
frente a un cartel que dice
"altura a nivel del mar",
y no verá el mar, pero comprende.

Así, recuerdo dondequiera tu rostro
"a nivel de tu rostro".


Un Perro después del Amor

Cuando me abandonaste
dejé que un perro acercase su hocico
y olfateara mi pecho, mi vientre,
y lleno así de ti
corrió persiguiendo tu rastro.

Espero que desgarre
los huevos de tu amante y le arranque el pene
o vuelva al menos
trayéndome tus medias entre sus colmillos.

The love interest - John Ashbery

La historia de amor
La vimos venir desde siempre, luego ya estaba aquí, en línea con el paseo de aquel día. Para entonces, éramos nosotros los que habíamos desaparecido, en el túnel de un libro.
Despertando en la madrugada, nos unimos al flujo de las noticias de mañana. ¿Por qué no? A diferencia de algunos otros, no tenemos nada que pedir o que tomar prestado. No somos sino piezas de sólida geometría:
cilindros o romboides. Cierta satisfacción nos ha sido otorgada. Sí, claro, siempre volvemos a por más… Es parte del aspecto «humano» del desfile. Y existen regiones más oscuras perfiladas, que habría que explorar alguna vez. Por ahora nos basta con que el día se haya acabado. Trajo su carga de frescura, la dejó caer y se marchó. En cuanto a nosotros, seguimos aquí, ¿no es cierto?

lunes, 5 de septiembre de 2011

William Shakespeare

"....s e n t i m o s   l a   g r a v i t a c i ó n,
l a   f a t i g a,   l a   v a s t a   y   v a g a
a c u m u l a c i ó n   d e l   p a s a d o"

domingo, 4 de septiembre de 2011

Porque todo es igual y tú lo sabes - Luis Rosales

has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo
antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.”



Tom Waits

Uno de los principales motivos para hacer algo es ese ineludible ‘¿y porque no?’.. . porque nunca, nada, permanece igual, aunque lo parezca.
Allí, un reloj en la pared que da otras horas y el sueño, un alga oscura y el humo. Los libros y por un día quizá las flores en un vaso, las hojas de los árboles y el viento en ellas, el arcoiris y las lágrimas. Me pregunto porqué se llora cuando se ve algo demasiado hermoso? El mar.
Solo queda el paisaje. Y el volver se convierte en robles y el agua sobre ellos, el trigo que se bandea y miles de amapolas, bandadas de estorninos y los ojos maravillados detrás. Montañas y sombras. Muros de piedra y el musgo en sus rendijas, igual que los secretos. Y la música que me acompaña y hace alegre la vuelta.
No me había dado cuenta pero sonreía, porque el regreso es el verdadero viaje.
Hay personas que no notan cuando salimos de ellas. Y otras, en las que entramos sin saberlo nosotros.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mortal y rosa - Francisco Umbral

El hombre del Metro sueña una ciudad de sol y ocio a la que nunca sale, la ciudad de las estatuas y los bares es una pesadilla del hombre de allá abajo, del viajero hundido, del que va en el Metro, tú, yo, asiento reservado para caballeros mutilados, todos caballeros mutilados, las madres terribles con la bolsa de la compra abultada, como otro embarazo, y la chica leyendo un libro gordo, y el de los recados silbando en el Metro y el sembrado de cabezas que tengo debajo de mí, una calva con mapas, una pelambrera con brillos, los cuatro pelos sobre un cráneo blanco y lechoso, la huella de las tenacillas en un pelo gris de mujer, como una ceniza en olas tenues de resignación, y el maíz violento de un pelo de muchacha, cebada adolescente que perfuma e ilumina.
No, la ciudad no existe, la ciudad es una locura, una invención, una esperanza, una mentira. La sueñan desde allá abajo los que van en el Metro, ánimas del purgatorio en túnel, justos en multitud, limbo húmedo, catacumba veloz. No existimos, no tomamos café, no hacemos el amor. Sólo nos sueña, desde lo profundo, un hombre silencioso que va en Metro.

Mortal y rosa - Francisco Umbral

Se pierde lo rubio del pelo como se pierde lo rubio del alma, el estofado de oro con que nos decoró la vida en un principio. El pelo duda hasta quedar en un castaño mediocre, a los ojos, todo marrón corriente, que es el color de los que no vamos a llegar nunca a nada. Era mi pelo rubio trigal por donde pasaban palomas femeninas como manos, vientos de primavera, ráfagas, y hoy sólo pasan peines tristes, y el rastrillado de las ideas que un día me alborotó la cabellera de metáforas, y que hoy me va dejando la cabeza como un campo sembrado, roturado, hasta que vuelven a ser jardín salvaje. Porque uno empieza queriendose hacer un peinado ideológico irreprochable, y se tarda en llegar al saludable abandono de la peluquería y la jardinería. Con un jardín salvaje por cabeza es como más libre se va por la vida.