malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

martes, 29 de enero de 2013

invencibles


hay un momento del día en el que la vida se va apagando cual tenebrario.
suelo, que se deshace tras mis pasos como un maquillaje vencido
en una amenaza hecha de cansancio
las ramas se arrastran barriendo el alma de lo que fuera que te atrapaba,
ahora ya, nubes bajas y soles blandos.
hay un momento que esguinza la sonrisa antes de que nazca
y turba la mente y la enhebra a la carencia compañera
que nos ilustra y nos entrega a la fuerza los túneles que albergamos.
un momento de culpas que cortan muñecas para desangrarnos hacia dentro.
con asideros rotos y caricias de manopla de esparto se construye todo,
se construye la nada.

pero también hay un segundo en el que las lunas se conjuran y hacemos lluvia en los desiertos.
un momento de sabernos invencibles y llenos.
cuando llegas a mí tan roto como incendiado.
tan deshecho y tan desnudo.
con la piel tan viva y la mirada tan Rimbaud.
mordido por la melancolía.
amputado de un lienzo supuestamente hermoso.
humeante y desamparado.
perro cabizbajo.
justo ahí, elevarte. elevarnos.
sin mesura ni tempos.
de oleaje hacernos, por enésima vez, de fiebre hacernos,
eternamente de emoción empaparnos.
que el espejismo seamos nosotros.

cuando te llego tan hermética
tan vestida de absurdo
tan encelada como pobre
tan tropezada, tan lunfarda e inaccesible
tan desmembrada por dentro
tan de tallos rotos y jarros sin agua
albergando todo el spleen en mis ojos que no te daba.
justo ahí, elevarme, elevarnos.
sin mesura ni tempos.
de oleaje hacernos, por enésima vez, de fiebre hacernos,
eternamente de emoción empaparnos.
que el espejismo seamos nosotros.

lunes, 28 de enero de 2013

Una evocación - Eduardo Haro Ibars


¿Pero es que alguna vez nos hemos visto?

Llovían rombos creo sobre el monte más viejo
se escuchaban los gritos y los cantos
de los coches más rojos y las tardes más leves
Cuando en cegueras delicadas frías
(pavos de un agua triste o de un cadáver tenso)
creímos encontrarnos en los rabos del tiempo
Yo me inventaba un árbol donde ahorcarme
tú convertías el silencio en salmos
arquitectura helada de pasillos secretos
Y las palabras eran luces blancas
invención de fantasmas y vestigios
¿Pero es que alguna vez hemos estado
juntos en un desierto o en un cuento
en un bar luminoso y sin espectros?
Ahora ya no lo creo
pienso haber caminado como un zombi
por la empinada calle de las copas
(Como ya estamos muertos
los escaparates del espacio
las farolas que suaves aterrizan
no son más que recuerdos de este mundo
al que llamamos nuestro)
¿Pero es que alguna vez nos conocimos?
Las brujas intentaban alaridos/diamantes
para poner sus puntos y sus comas
en nuestro raro diálogo de muertos
Nada que hacer El polvo con el polvo
iba por avenidas de algodón
supongo que hoy reniegas del fantasma
que he sido siempre para ti –yo guardo
en un rincón sin sueños fotografías heladas
relámpagos de fresa en los espacios fríos
Y es que este sol ya no tiene sentido.

tu amor es un cilicio



Tu amor es un cilicio
Cuando me lo quito, me lo arranco, me despojo de él
Ya lo estoy añorando
Síndrome de tu presa
Condenada a tu aroma y a tu azote lírico.

Lo observo y pienso en el dolor,
No lo siento,
Lo dibujo con mi mente,
Veo sus marcas,
Las recorro con mis dedos,
Mi fetiche,
Tu sudor.

Después vuelvo a colocarlo en su sitio
Que es mi piel
Porque tú eres mi religión.
Apretándolo, haciendo agujeros a la hebilla de la agonía
Que es dulce y sabe dar dentelladas.

Siento cómo se hunde en mi muslo, en mi corazón,
En el adentro que sólo tú palpas,
Con punzadas placenteras y llenas de noche.

Algo que hurga, que escuece,
Que me pone del revés.
Es lo que busco.
Algo que conoce mis flaquezas
porque las inventa
y se recrea en su poder.
Es lo que eres.
Que me atraviesa y me destruye,
que busca en mi amasijo mi placer.

Un trasnochar eterno en ti
Con abordaje canino y letal
Declinas mi vida que te ofrezco en bandeja
Porque prefieres de mí todo robarlo.
Ansías verme latir entre tus brazos
Así, desde abajo, se consumen las nubes negras
Que inundan tu cabeza y te sumergen en constante letargo.
Que estoy aquí para salvarte, digo.
Como el pájaro que se posa en tu corazón y se agita
Y se eleva y gorjea en su prisión
Así, así eres cuando soy.

sábado, 26 de enero de 2013

Escribir el rechazo - Kepa Murua


No sé si regresar al pasado
y verme en el final de una distancia
que congela las horas
y aquieta las embestidas del corazón.
Detrás de los gestos anodinos
la verdad de las cosas.
Luego llega la calma
la fluidez del mismo porvenir.
La palabra sostiene el silencio sin saberlo
y el silencio talla el pulso de la poesía
en nuestras manos.
No sé si volver mi cabeza
en el instante que la sombra gira
para contar los pasos
que nos sitúan uno frente a otro.
Es febrero y en el correo
una carta manuscrita
de quien he rechazado.
¿Ser rectitud o ser renuncia?
Ser repudio.
Ser permanencia.
Ser nada cuando empiezas.
Tiempo mientras eres.
Algo cuando llegas.
Ser nombre cuando mueres.
Pero más difícil todavía:
hombre cuando lo has perdido todo.
Alguien cuando te cuesta
hasta abrir la boca.
Así las palabras que se dicen
y no se escuchan.
Así febrero que nos impide ver
lo que hay más allá de nuestra sombra.
Así el silencio sin pretenderlo.
Reducir la vida a un gesto es de locos.
Traducir la vida a un mes no se puede.
Resumir sus pasos en un libro, tampoco.
Pero gritar, gritar sí.
Mientras la luz avanza
hasta el interior de mis ojos
en esta carta que leo
alguien se atreve a hacerlo
y lo hace con su puño y letra
como si escribiera en mi nombre.
No sé si merece la pena
situarse en un final
tal como nos ven los demás.
En un tiempo oscuro
cuando los nombres
que se escribieron en las paredes
caen por su propio peso.
Ser como pensamos que somos
no tiene desperdicio.
Pero ser diferente a otros
es demasiado atrevido
si en los gestos cotidianos
se oculta la verdad de las cosas.

 http://kepamurua.wordpress.com/

jueves, 24 de enero de 2013

El sueño de Visnu - David Meza


Estoy naciendo. La ciudad, ecoastronómicamente política, está orgullosa. Yo estoy orgullosa. Estoy naciendo -hoy, 37 de junio de 1399- estoy naciendo. Del pecho del mundo brota una golondrina de colores. Dios le toma el pulso a mi madre. Dios se ha enamorado de mi madre. Dios besa a mi madre. Dios toca el seno blanquísimo de mi madre. Recuerdo mi vida. Naceré sobre una pradera de balas. Creceré con un traje de marinera, pero nunca conoceré el mar, y cuando lo conozca lo negaré, diré que esa gaviota de arena espuma y agua no es el mar, que el mar es un astro de órbita líquida que al mirarlo te devora el alma. Nací triste. Nací feliz. Nací cemento. Ya no quiero decir nada. Nací humillada. Crecí humillada. Morí humillada en un campo de martillos. Tengo las células de estambre y el abedecedario se me desliza como una serpiente de tinta por las piernas. Naceré, creceré, aprenderé a volar y me arrancaré el pico de tanto golpearlo contra las rocas. 

martes, 22 de enero de 2013

Yannis Ritsos

 
" En esta casa me ahogo. Y es que la cocina
es como el fondo del mar. Las pequeñas cafeteras
colgadas brillan
como redondos como inmensos ojos de peces
fabulosos,
los platos se mueven lentamente cual medusas,
algas y conchas se aferran a mis cabellos -no logro
arrancarlas,
no consigo alcanzar la superficie-
la bandeja se me cae de las manos en silencio -me
desplomo
y veo subir las burbujas de mi respiración,
suben
las miro e intento distrarme
y me pregunto: si alguien estuviera arriba y viera esas
burbujas, qué diría?
Quizás que uno se ahoga o un buzo tantea las
profundidades?

Y en verdad no son pocas las veces que descubro
allí, en el fondo del ahogo,
corales y perlas y tesoros de barcos zozobrados,
inesperados encuentros pasados, presentes y
futuros
casi una confirmación de la eternidad,
cierto alivio, cierta sonrisa de inmortalidad, como
suele decirse,
cierta felicidad, embriaguez, y también entusiasmo,
corales y perlas y zafiros;
sólo que no sé darlos -no, sí los doy;
sólo que no sé si pueden aceptarlos -y sin embargo
los doy.
Deja que vaya yo contigo. "

                                                                        (Soneto del Claro de Luna)





ahora ya nos quedamos aquí, como en las manos quedan manchas amarillas de polen
cuando se cortan flores en el jardín al atardecer, muchas flores
para los jarrones del comedor y los domitorios de los muertos
como el polvo del camino que se cuelga por la verja y espolvorea los tallos
como unos cuantos bichos alados o desalados,
y unas cuantas tibias gotas de rocío,
como esas arañas  finísimas e inevitables
que anidan entre las flores, y cuando se apaga el rojo ocaso en los cristales
se tiene la sensación de un cuchillo afilado que se arroma
por la sangre y la leche de las flores -una extraña sensación, mezcla
de terror y asesinato- una belleza ciega, amable, aromática e infinita,
una ausencia desnuda. Así es. Todo nos ha abandonado. 







A mí -dice me coges...                       
A mí -dice- me coges.
A mí me encierras
me matas.
¿Puedes coger aquel pájaro?
¿Puedes matar
el aire que escondo
entre mis uñas?









¿De verdad? ¿Has recibido carta?
¿De verdad? ¿Has recibido carta?
Rómpela
luego la recogeremos
trocito a trocito
la pegaremos
y la leeremos.
¿Escuchas los disparos?





El guante que llevas...
El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.

domingo, 20 de enero de 2013

este dolor luminoso




Dime, porque exhibir la alegría con grandes sonrisas que llenan rostros si a mí me ilumina este dolor. Y cuando la noche tirante vuelca como jarros la esperanza me aprendo más que nunca. Más profundo, ahí, en el núcleo de la pena tensa que me arranca acordes de escalofrío y placer. Ahí donde forjamos una historia de hambre, donde tocamos hueso porque nos atravesamos. Porque te estoy intentando mucho y todo son sombras de agua. En ese gesto que no me has visto se ha escapado el amor y ahora regresa envuelto en noche y se transforma en tus manos en lo que tú deseas como un barro hermoso que te mancha. Puedes llenarte de mi carmín, llenarte de mi ropa, llenarte de mi pulso, de mi piel, de mis vacíos, de mis vicios hasta que no te quepa más. Y que la vida te haga frío y te haga muerto hasta que en los márgenes mi voz te arrulle y con las palabras más violentas, revivirte sea un hecho. Porque te revivo con puños y el alma embrutecida. Porque nacimos ensangrentados y cubiertos de llanto, aunque algunos lo olvidan. Porque de tanta pureza que buscan, de tanto que resplandecen, se vuelven invisibles. Podemos armar un puzzle de soles, música y caricias, pero no seremos nosotros. El mar no se contiene. Somos raíces vivas golpeando el viento. Y somos caídas hermosas. Somos la melancolía que muta y se vuelve poema. Vómitos líricos en courier. Viviendo en los bordes del amor, preñados de abismo. Porque no, no son los cantos los que nos remueven por dentro, ni las noches sin fiebre, ni los lagos espejo. Son los jadeos metálicos y la tos de sangre, es la angustia que enterramos en la arena y se retuerce, es el miedo a estar muertos ahora, es el dolor que habita otros cuerpos, las amarras que decoran y no oprimen, no ser capaces de temblarnos con la mirada y el terror a que la vida sea algo incierto.

sábado, 19 de enero de 2013

Pura Salceda





 Y O    S O Y   A S T A R T É

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
FEDERICO G. LORCA


Desnudé mis pies para tu boca.
En ella, mi danza se calza
con las notas de esta imperfecta partitura
porque mi nombre es Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que cabalga río arriba.

En este mundo que habito,
las normas se establecen
en el delimitar de las manos,
en cúmulos expectantes
de las sombras que tú llenas,
de las miradas que yo permito.

Y me esperas,
siempre me esperas,
porque yo soy Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que galopa en el río de cantos negros,
cuando tú ejecutas un guión pactado
que mantiene la distancia precisa
entre el laurel y la paloma.

Y a pesar de que sólo existes
porque yo así lo quise,
me enredas en un vértigo de huidas.

 


 



















Y O   S O Y   E L   F I N A L   D E L   V I A J E

Me miras con ojos de negras ciruelas
mientras te balanceo en este oleaje
que provoca mi cuerpo,
roca que abraza tus mareas.
Rozas mis orillas
cuando caminas por la senda abierta
de una voz que te reclama.

Escucha mi canto.

No soy la sirena que desvía tu rumbo.
Yo soy
-bien lo sabes-,
el final del viaje que tu mapa señalaba.



jueves, 17 de enero de 2013

Frágil ante lo inmundo - Carmen Ollé (Lima,1947)






Frágil ante lo inmundo
lo inmundo considerado como una débil respuesta
del ser cotidiano ante sus mezquindades
me sorprendo en una ciudad cuyo nombre
ni la humedad pegada a los muros ancianos
ni sus palomas tísicas
me importan 
como estar en su imagen de plástico
hundiéndome en La Defense
o 
perdida en el ardor de su pasado

  ah pureza frescor de lo marchito
  toneladas de plumas nos cubren
  nos desnudan en tu presencia
  y tú ciudad donde hoy habito
  ¿naufragas o emerges de mi
  calidoscopio?

A pocos metros de la estación moderna me habita
en pequeñas áreas mal ventiladas
campiñas fantasmales donde uno (de pocos ingresos)
atraviesa la tarde de un verano desolado
desde sólo un ángulo
          -lo maravilloso de la tarde-
su caricia en el sexo es la de un espectro
y amo esa tarde como en un film.

El ardor del pasado descansa en la infancia
pero no puedo ocuparme largo rato de esta transparencia
y no deseo edificar una infancia
lo maravilloso es la rama torcida
que se eterniza en un material innoble (chatarra)
esta falta de flores lo es sobre la tarde gris.
Apoyada en tus brazos:
de las viejas Bastillas
nace tu sonrisa más fresca
y mis partes están irritadas con fluidos verduscos
como tonos impresionistas
caminando para aprehender el rígido otoño en el Louvre
el sentimiento de piedra de la Venus egipcia
o el gesto de bronce de una pierna de gladiador
           -sótanos y galerías de tesoros robados-
camino, palpo el tubérculo de los recuerdos
mi cuerpo de niña   
                  el silencio rígido
de la pureza
nada de entonces puede penetrarme en el miedo
como esta ciudad en la usura.   
 
 

martes, 15 de enero de 2013

Pferdefuss - Carlos Edmundo de Ory


es el viento es la tos de lobo
quítate los zapatos y acaríciame
estoy totalmente solo y pido caricias
dos páginas más de viento y me devora el patituerto

di ¿no fue encantadora la noche que pusimos
hormigas en los lápices? recuerda te lo ruego
¿y qué hacen ahora sueltas las láminas preciosas
y bajo de la mesa la miel desparramada
los ríos de papeles? te acuerdas condiscípulo
de tanta risa insigne y del alambre unido
de tu alma a mi alma? recuérdalo aunque sea
posando tus dos manos en el vientre

rosa mía ¿no escuchas los llantos de un amigo
cocidos en la ardiente cocina de las torres
de la tinaja antigua brotando en espirales
que tú domabas siempre con látigos sutiles?

sigue aún te lo pido de rodillas
cuéntame todo eso porque amo tus pecados
y tu asquerosa alma me fascina

sentado yo en tu cama sobre la misma nieve
y el sudor de tus sueños mi espírítu
¿le viste sangrar gotas doradas
que para ti serían a la postre reliquias?

sí sí no pongo en tela de juicio tus suspiros
¡espera! ¿y quién nos separara eh
que nuestro crimen junto expían las libélulas?

¡espera! y el tren en que viajábamos
¿sigue dando pitidos a través de los pálidos
jardines del abismo?

esto se pone interesante Sigue hombre

¿qué se hizo de aquello? se durmió el humo dentro
de la dulce canasta que entre los dos llevábamos?
¿por qué sacas ahora los trajes de tragedia?
¿por qué tú te mutilas con guadañas extrañas?

es el viento es la tos de lobo continúa
acaríciame más Queda una página

¿dónde está nuestra isla? ¿dónde nuestras palmeras?
¿nuestras cortinas dónde? ¿y los afines diálogos
y los timbres? ¿y el vasto órgano de sonidos
que nos algodonaba la luz de las entrañas?

¡qué sé yo!

¡ay yo tampoco puedo tampoco yo resisto
la triste cucaracha que se atasca en mi boca!
¿qué hora es tú lo sabes? ¿son horas lo que corre?
¿las que corren furiosas son horas del pañuelo
mocoso de minutos del tiempo o de la sábana
que cubre nuestra herida?

todavía podemos besarnos en la gruta
de la desgracia nuestra con besos de ladrillo
la tapa de la fosa podemos todavía
levantar para que entre un poco de aire orondo.


domingo, 13 de enero de 2013

es hermosa aunque traiga anzuelos





“téntame suave, pero téntame.
si el burladero son tus brazos,
siempre tendré miedo"



Así, desmedido, desmadejas el deseo.
Aferrarse es querer algo
y eso hago, mientras me haces.


Aquí, donde se me dobla el amor,
donde me duele como un flato
porque me rompes la respiración,
aquí vivo
y desfallezco
dulcemente insana.


en standby eterno de calma desgarrada,
como una brasa que nunca se apaga.
La amenaza del horizonte que no se rompe
y es delicada y debe existir
le da sentido a las palabras viejas,
que en tu boca saben distintas,
que en mi boca son cantos.


Cuando se afila la noche
brilla lo que no veíamos,
hasta la mugre es hermosa y comestible
aunque traiga anzuelos
y así la pena reposa mientras yo le echo grados.


Porque sí, hay otro odio
el odio por los muros que nos desúnen
el odio por los mares que no se dejan nadar
y por los cielos altos,
y por las ciénagas sucias que en la mente albergamos
y que tanto, tanto, tanto amamos.


Cuánto te odio mi vida
te odio con el estómago
te odio con mis mejillas
con mis manos
con mis párpados
con mi diafragma
con mi sed 
con mi lengua 
con mi voz
con mi vientre
con mi parietal izquierdo
con TODO.


Desde lo más hondo y sagrado,
desde esa isla que llevo dentro a la que sólo llegan náufragos,
desde los recovecos que aún no te sabes,
desde la mañana
partiendo la tarde
rayando las noches.


Así te odio
demoliendo la belleza a machetazos,
cavándole fosas a la alegría,
hundiendo las uñas en la esperanza,
desfigurándolo todo
como si fuera un lodo de hace mil años
y tú mi lluvia sucia.
Así te odio
en noches que se estrellan en almas vacías
que suenan a lata,
que agonizan en cunetas,
en noches de tragar arena hasta apagarse,
noches para quemar heridas,
para morder cuchillos
y desafiar a la vida


Destrozo los versos que me regalas
y me hago torniquetes con ellos
ya que aquí donde me ves,
soy el herido invisible
porque todo se me derrama por dentro.


Cuánto te odio
cuánto te estoy odiando
y cuánto te voy a odiar.



viernes, 11 de enero de 2013

canto del bucanero rapsoda que le dio la vuelta a tus esquinas buscando algo más



Ahí, mendigando una quimera
en el espejismo de un cuerpo que te abraza
en las salas vacías que fueron, son y serán tu vida.


Yo sé que me gusta el mar porque guarda secretos
y aborrezco el día porque nos hace viejos, sucios y sinceros.


El silencio encierra dudas en la noche,
mientras en los arrabales de tu conciencia,
grita la punzada de un dolor antiguo
que por conocido te hiere más;
porque ya no te amortigua la credulidad de los pocos años,
ni la ilusión por un nuevo día.
Es un dolor que te aprende
como el ciego a la casa que habita.
Como un vientre preñado de hastío que late y galopa sangre.
Un mal de ciudad que te saja las entrañas
y te vence.
Un atropello de maldad
y el baile de la luz en tu ventana
cuando es pronto para estar cansado
y tarde para ser cobarde.



La pasión moribunda renquea hacia ti
con el veneno de una ramera pordiosera
y te acorrala en calles de esquinas repletas de espinas.
Con el láudano de su entrepierna te subyuga,
con besos mugrientos te ahoga en balsas de pavor
en las que braceas a solas.



Te miras las heridas viejas y lloras
cuando apenas recuerdas las guerras.
Hogueras de llanto
porque se ama y se odia en desmesura,
con un puño en la boca
y un bozal en el alma,
en mareas de caricias y rasguños.
No existen los matorrales de algodón en los que morir
que inútilmente buscamos.
Te pelea el deseo por dentro
y te escuecen las caídas
que se suman en una suerte de osario
del fracaso.


Taras, hedor,
el muñón de la vida no vivida.
Partituras diabólicas y cantos enfermos.



Saca al viejo rapsoda
que regaló su alma por unos tragos de mezcal,
antes de que tus venas sean ramas,
antes de que tus pies se enraícen en tormento,
hazte una novela con tu papel de liar,
descósete las entrañas
llénatelas de petróleo,
arde el resto de tu vida
con las encías en carne viva
y la rabia del animal.

jueves, 10 de enero de 2013

Elogio de lo irreparable - Félix Grande




Sé involuntaria. Sé febril. Olvida
sobre la cama hasta tu propio nombre.
No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.
Sé una perra. Sé una alimaña.
Resuella, busca, abrasa, gime.
Atérrate, mete la mano en el abismo.
Remueve tu deseo como una herida fresca.
Piensa o musita o grita ¡Venganza!
Sé una perdida, mi amor, una perdida.
En el amor no existe
lo verdadero sin lo irreparable.

miércoles, 9 de enero de 2013

La tumba de Keats (fragmentos) - Juan Carlos Mestre



No me arrepiento de nada ni de nadie, la vida es un monólogo
entre la índole extinguida de una estrella y la natural semilla.
Mi alma crece silenciosa hacia un lugar incierto,
allí las fieras luctuosas, allí el sicario gótico y el infortunio ciego.
Brota el arco iris de los cálices que sostuvo Homero,
le brota su cuerno al fauno, el eco al precipicio, su luz al cielo.
Ésta es la frontera de mi vida, ésta la hora izquierda
exacta en el destino del corazón de un prófugo.
Yo iré donde tú vayas vida esquiva, en tempestad, de noche,
junto al fugitivo cazador de las lagunas, con el presidiario absuelto,
yo cruzaré los médanos con lumbre, yo abrasaré los remolinos ciegos.
He sido parcial con los vencidos, seguiré siendo parcial ante los muertos.
Recuerdo de mi infancia tres peligros,
recuerdo el mal, los ojos sin pretexto del maldito,
recuerdo el aire que había en las palabras,
recuerdo un sueño, su prodigio, recuerdo el asno blanco del lechero.
He vagado por ahí, irrevocable, alegre, desmedido,
he ofendido con voluntad a los jerarcas
y al atónito perpetuo en su torre de herrumbre.
Salgo de un lugar y voy a otro, me inspiran compasión las jaulas.
No soy distinto al péndulo en la cueva ni al nadador vendado,
mi mayor habilidad es la pereza de encontrarme con otros a menudo.
De lo mismo que me acusan yo me acuso, jamás mis amuletos me abandonan.
Siento ante la noche una curiosidad equívoca,
tengo ante lo súbito un poder magnético.
Hay un pretérito espectro que no olvido,
hay un rumor lejano del infierno,
hay un enigma hebreo junto al mito.
Mi cuadrilla es inhábil para todo, nada sabe.
Tengo un secreto según la estación del año,
un invariable encargo desde el primer aliento.
Me contradigo siempre, la certeza es la sombra de un delito.
De vez en cuando me asocio con proscritos,
encuentro a mi amigo en la revuelta, me hospedo en un lugar impenetrable.
Sé que existe en la belleza el bosque iluminado y la mujer mágica.
He oído la música del próspero océano y la ligera lluvia sobre el tambor de ébano,
he oído el tímpano y el arpa en las catedrales fúnebres,
la esquila del leproso y la irrevocable campana del jurista.
No he aprendido a sufrir, toda severidad es inhumana.
Yo era, yo fui lo que las manos de un padre ante la generación exhausta,
el encomendado a la mudez, el imprudente ileso.
Cada visión del hombre es una idea nueva que visita el mundo,
el silbato con que un cartero festeja la imitación de Dios.
La imaginación es una vivienda donde los herejes hacen ruido con el Apocalipsis,
la imaginación es insalubre para las lápidas y el asiento de los agónicos,
la imaginación hizo resucitar a Jesús al tercer día,
la imaginación es un túnel de tierra de colores ante los ojos del topo,
yo he visto el mundo real de la imaginación sobre la memoria de los errores,
yo he visto al turbulento y a su ferviente amiga salvados por la imaginación,
porque el cínico no ha ido al infierno gracias a la imaginación
y el infame no ha entrado en el deshonor de su propia verdad
                    gracias a la imaginación.
Yo me revelo contigo en la imaginación como el silencio en una amante inédita,
la conjetura indaga su resoplido entre la ruina, el árbol aborrece los valles,
ningún cautiverio dura eternamente en la brevedad de los labios de Horacio,
ninguna ciencia de rabinos descubrirá la amistad entre la poesía y el cielo,
los nómades no tienen campamento sino en la periferia donde algo amenaza,
Dante no tuvo campamento en los infalibles círculos,
yo tengo un aposento bajo el sombrero de paja y una estera de marfil
                    en el asilo de las nubes.
Mi nombre no dice nada a quienes me rodean, voluntariamente combato sus síntomas.
Concibo la memoria como el oficio de devolver a las aldeas su soberanía.
Algunas veces la juventud es una pasión enferma que ha huido del séquito,
su vanidad decora el orgullo como las sombras una caverna.
Todo lo inverosímil representa una verdad para alguien,
el unicornio es inverosímil, el ángel es inverosímil, la raya del horizonte
                   es inverosímil.
Lo imposible es indulgente con la maravilla,
llamo maravilla al pez de obsidiana y al vértigo de otro abismo
                   desde los puentes de mimbre.
La pesadumbre escolta los intentos como el desencanto la orfandad del logro.
El riesgo vive en el semblante de los supersticiosos, el crepúsculo tiene
                    las manos atadas.
El progenitor del artista es un mensajero que trae recados de la oscuridad.
En la provincia de las fábulas hay fábricas de pórfido para el ataúd de las estatuas.
Lo contrario al fallecimiento es una sonrisa inesperada, lo contrario al glaciar
                    la belleza del fuego.
Todo lo inmortal admite el mediodía, el girasol hace alianza con los páramos resecos.
El límite del hombre, el límite de la velocidad del pensamiento.
No han sido escritas estas palabras para el conocimiento de la razón
y no porque esa necesidad de conocer el sabor de los ruidos semánticos
no asista Como un deber al hombre y sea enfermedad de su inteligencia,
pero el que entra en una tumba blanca y prueba el blanco y duerme sobre el blanco
no debería ya manchar con otra elección el lugar de lo sagrado.
Yo he entrado en una tumba blanca y he comido en ella carne brillante de pez,
he bebido agua de cal como otros beben agua de Dios mezclada con lluvia,
Y a esa tumba la he llamado casa y he cerrado la puerta y me he quedado a vivir en ella.
Cuando llamó el lúcido le pregunté a qué venía, vengo para saber, eso dijo.
Cuando llegó el cobarde entró también el desconocido, traían aceite para las lámparas.
Nadie me ha ayudado a equivocarme, yo mismo he abolido mis derechos.

martes, 8 de enero de 2013

L'avalée des avalés - Réjean Ducharme



"Je suis seule. 
Je n'ai qu'à me fermer les yeux pour m'en apercevoir.
Quand on veut savoir où on est, on se ferme les yeux. 
On est là où on est quand on a les yeux fermés: 
on est dans le noir et dans le vide."

Yo estoy sola.
No tengo más que cerrar los ojos para darme cuenta.
Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos.
Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: estamos en la oscuridad y en el vacío.




Mi padre era un hombre como tantos otros. Un perro que mordía su vida perra. Surcado por unas arrugas que nada decían de su cara salvo para gritar la edad que las había cavado. Tenía una expresión como de hola y adiós, como de un eterno y sencillo mediodía, mermado por un puñado de tiempo. Su frente se extendía hasta el día siguiente de su barbilla donde el cuello se aferraba desesperadamente a unos hombros ventrudos.

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A ti la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú, que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar... te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira, que tú misma, me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí, una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad.

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No intento recordar las cosas que ocurren en los libros, lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar.
Sólo encuentro momentos verdaderamente felices en la soledad.
Mi soledad es mi palacio. Ahí tengo mi silla y mi cama,
mi viento y mi sol. Cuando estoy sentada fuera de mi soledad,
estoy sentada en el exilio, estoy sentada en un país engañoso.

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Tengo accesos de locura. Tengo épocas de realidad. La locura no es sinrazón sino fulminante lucidez. Durante esos instantes de fulgor, el pensamiento se adueña del asunto, el espíritu agarra la materia y la doblega, la fuerza anímica se aplica de lleno en cada acto. Cuando he interpretado de Aricia con Céline, estaba loca, era Aricia. Cuando tengo mis accesos de locura, mi vista se intensifica, solo veo lo que yo quiero ver. Yo odio. ¿Dónde clavar mi odio?¿En qué fijar mi odio? Cuando me vuelvo loca, difícilmente sé que nada pueda ser considerado responsable de mi tortura, que esto no merece mi venganza más que aquello. Elegir está descartado, se convierte en imposible. Pero un odio tiene que determinarse. Mi odio se orientará, como un pájaro. Odio sin distinción, al instante, todo lo que se apodera de mis sentidos o de mi imaginación. Todo lo que de forma abrupta se materializa es odiado. He odiado un ángulo agudo con tanta ferocidad como los griegos odian a los turcos. ¡Yo no me opongo a que se odie a los griegos! A lo que me opongo, es a que se considere sinceramente justificado odiar a los griegos. Es un sofisma. Los tecnólogos aferrados al odio, los auténticos magos de este arte, no buscan excusas...


Léolo , descarnado y violento poema cinematográfico dirigido por Jean-Claude Lauzon.



salida de la maleza - Margaret Atwood




Yo que había sido borrada por el fuego
me fui cubriendo
de verde
                                               (qué
estación más luminosa)

                                              Con el tiempo los animales
vinieron a habitarme,

primero uno
           a uno, furtivos
(sus conocidas huellas
quemaban); y después
al haber ya trazado nuevos límites
volviendo, más
seguros, año
tras año, de dos
en dos

pero inquietos: no estaba preparada
del todo para que me habitaran

Les pudo parecer que
pesaba demasiado: pude haberme
volcado;
Me daba miedo cómo
el brillo de sus ojos (verdes o ámbar)
llegaba al exterior desde dentro de mí

No estaba terminada; de noche
no veía sin candiles.

Él escribió, Nos vamos. Contesté
No me queda ya
ropa que ponerme

Llegó la nieve. Fue de gran ayuda
el trineo; quedaba atrás su rastro
como si me empujara a la ciudad

y una vez rodeada la primera colina, me encontré
de repente
deshabitada: ya se habían ido.
Hubo algo que casi me enseñaron
y que al irme no había aún aprendido.