malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

martes, 28 de julio de 2015

apenas tres lágrimas y dieciséis volcanes
























Así, sin más. Tres cuartas partes de agua salada, un huracán enjaulado en el pecho, tres octavas de histeria cuando descontenida y un arrecife de ternura para los días de gris y melancolía violenta. Se abría de ventanas, ofrenda de carne al temporal, dádiva en el desconsuelo. Entrara luz o noche. Tramontanas o sirocos. Irresponsable en su dolor. 
Mantra: “descansar sobre tu pecho es el paraíso”. “Enredar dedos en cabello. Asalvajarnos. Dejarnos entrar sin forcejeo”.

Mira, estas son mis miserias. Tengo más.

Se me está oxidando la mirada. Los ojos verdes enormes de antaño, se achican como lagos en el desierto. La constelación de lunares se multiplica para que te quedes eternamente contándolos, mientras olfateas excitado mis vertederos de emoción. Y canalizo las horas bajas y las convierto en pértiga hermosa para abandonar glaciares y furias y otras cosas que no tienen nombre.

Aunque no nos llegue la ropa para cubrir las cicatrices, sabremos hacer hogar de las derrotas.

Leo a poetas muertos, la mayoría, como si me hablaran de ultratumba y me llenan de una aleación hermosa de paz y jolgorio mientras abren de piernas a la vida.
Con el regusto de la pesadilla enjambro amaneceres, los días sangran cuando nacen y sangran cuando mueren. Puedes oír cómo me inyecto de infinitos. Siempre somos eternos en el momento. Inmortales en el gemido. Imitando el rugido de la llama. Cosmos. Rematar el abismo con el arpón hermoso de tu energía. Haciendo morada del poema. Antiaéreo de palabras. Haciendo huida en el propio cuerpo, derramados en la alucinación del sinsentido.  

Leí esta mañana que el deseo esclaviza pero no conozco mayor cárcel que la desgana. Prefiero el hilo tenso, llámame equilibrista. El garabato de las lenguas que se buscan. La cuneta en la que agonizan los amantes mientras pasan los trenes gloriosos. El mapamundi de tu mentón a tu rodilla. El viaje de los ojos que se miran los fondos. Cualquier brillo de nuestros fluidos antes que el neón. Y que mi sed se enamore de tu espejismo.


Morimos pero a veces nos vamos dejando morir. Pretendo no olvidarlo. Pretende conmigo.

lunes, 20 de julio de 2015

el calor y la fiebre



Está el calor y está la fiebre. Hay cielos y hay jaulas. El agosto o la infección. El sudor o fabricar tú y yo la sal. Mares hambrientos que nacen en las bocas que pretenden hundir naves para inventar islas, leer estrellas y vientos.
Quiero hacerme con el verbo que dobla distancias y ansiedades. Aprender que mi vida es un plano secuencia que no puedo detener. Que existe un universo semihundido pegadito al esternón que tampoco sabré/querré frenar. Que el silencio es una lava que separa y momifica el momento. Ojalá detenida en lo salvaje. Descabalgar la rutina y hacer algo con los huecos. 
Absolutamente desesperada, es lo más yo que sé ser. Con un leit motiv capaz de incendiar glaciares. Bendita la rabia de verme esclava de tu alquimia, encontrar mi droga entre tus brazos, no sé si infierno o salvación, pero sí, rompeolas de la hembra que viene a dolerse. Bendita y rota, en la terapia de los veranos de la carne. Vamos a sobornarnos con momentos, apresados en ámbar para lo eterno. Justo ahí, el labio devorador. Justo ahí, la palabra que no se necesita. Ubicar las ganas en el meridiano exacto que cruza nuestros cuerpos. Y el silencio de las gargantas que se rompen. Seco el lago tembloroso del llanto de la perdedora. La fugacidad del momento será un tesoro. Me concentro en mi maleza, perdida y brutal. Nuestro aleph y después disfrazar a la bestia. Hacer del poema, tumba lírica para nuestros destrozos, tan ebrios de abismo.

Necia, que te aplastas el corazón entre las costillas con tal de enmascararlo y no venerar el latido. Ven a precipitarte en el poema, sin estribos, con tal de rajar la pena y que sea de todos. Torrentera del desconsuelo para pasear. Que la obscenidad de la página en blanco te da dentera. Palabra/ala de la obsesión, qué bonita te ves cuando no dices nada. Me resuelvo en ti tan ecuménica, tan cuadriculada. Dos cuerpos, cóncavo, convexo. Magia. Enamoramiento. Follar. Sin fondo. Vivir en el Maelstrom. Quiero la eclosión y cirrosis en el alma. Correr por la belleza sin tiempo.

jueves, 18 de junio de 2015

rojo marsala



Yo creo que Sheri amaba a Charles de alguna manera. Pero casi sin acercarse. Y el autobús que atropelló a Papasquiaro debería arder. Y que Anne Sexton se hurgó entre las costillas mientras le dictaban todos sus labios. Creo que los cajones contienen más poesía que las librerías. Y que prefiero un concierto a un recital.
Y ojalá pudiera decirte que desconozco la congoja. Que nunca viene por casa. Que me bebo las cervezas por gusto. Que cuando arrebatada, en el jardín, entre las flores, me lleno de tierra y sol el pelo, no estoy escapando de algo. Que no descascarillo la pared de mi habitación con la mirada para hacerle más ventanas. Ojalá ser ventana. Y saltar de mí misma al otro lado.
Que si te digo que me escondo en palabras grandes y no es por miedo, te estoy mintiendo. Que me sé las calles como me sé mis venas. Que digo turbulencia para que agarre la casa entera, con cada rincón. Que aquí dentro fabrico el caos. Dentro de todo. Que contigo quiero vestir cada umbral de muérdago y cada cama de naufragio, es algo tan tonto como verdad. Morirnos un poco antes de morirnos del todo. Petite mort. Aunque ya no hay tickets capicúa en mi bolsillo, esos que nos daban suerte, sigo cruzando los dedos con matrículas repletas de sietes. Que no me resigno ante las vísceras del pasado. De hecho las esnifo para sentirlas mejor. Que no sé de dónde vengo pero a lo mejor no me he movido. Como una borrachera que te trae el mundo al salón. De los amantes y sus dentelladas podríamos hacer un simposio, no crees? Vomitarnos prosas uno al otro, diabólico tête à tête, mejorar nuestro punch mientras desvestimos al héroe. Que los atardeceres de este verano serán rojo marsala de tanto fuego que es el rojo de moda. Rojo casi de vena. Rojo bonito. Rojo de deshacernos.
Llenos de dolor y excitados, así somos bombas. Que después de la devastación llegarán las adelfas, como en Hiroshima. Lo inundarán todo. Pero antes, que me beses las rótulas y las muñecas. Antes, colgarle dos rombos a la habitación. Barcos pirata surcando el asfalto. Ansia. Soy yo misma, me veo arder, me quiebro. Y nuestra tela nerviosa, custodiando la penetración. Esmaltando paladares. 
Que mis ojos sean tu clochard y me lo des todo. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Ana María Rodas

 



Animal que despierta

Soy la gata que camina dentro de mí
              conmigo
las leves zarpas afelpadas
              He bajado por el río
conservando el gusto por la caza
los ambiguos maullidos

Cuando cierro los ojos atravieso los siglos

Las arenas le dieron el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
              de esta gata
              que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera

La Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras
por tener estas garras



De acuerdo

De acuerdo,
soy arrebatada, celosa,
voluble
y llena de lujuria.

¿Qué esperaban?

Que tuviera ojos,
glándulas,
cerebro, treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?

* * *

Hoy he descubierto la belleza
                        de ser yo misma.
-no,
no fue así;
me lo enseñaste-

Pero al hacerme mujer
al mostrarme que los seres
                             son tan libres

Comprendí
que libre-yo
y libre-tú
podamos tomarnos de la mano
y realizar la unión sin anularnos.

Por eso me apretujo dentro de mí misma
hasta salir las lágrimas
y en el pelo
se me prende
el sabor salado del olvido.

Algún imbécil dijo
que el poeta es la clave del mundo.

¡Mentira!
A mi sólo me queda encogerme hacia dentro
y esperar
ciegamente
un sonido, una expresión cualquiera
y que alguien
donde quiera que esté
emita una señal diciéndome que existo.



* * *

los teléfonos debieran ser parte
                             de la poesía
-la poesía está llena de recuerdos-
Hoy, una llamada solitaria
hizo rodar de nuevo el pasado a mi falda.

Se murieron tres años
                                casi cuatro.

Un bigote se movió sobre unos labios
murmurando
cosas triviales, de todos los dfas
que cómo están los niños,
si al fin me voy a Francia
que la perra tiene
                             tres cachorros
que cómo creció Carlos.

Y el teléfono de ayer me dijo
Cuánto te quiero.
Cuánto te extra no.

* * *

Te me acabas
como la vela que lanza
                su último fuego.
como el asomo de vida que la final
remueve al que está ya casi muerto.
¡Cómo es de extraño
escribir poemas
para alguien que fue
y que comienza a diluirse en el cerebro!

 

¿Dónde te has escondido en este tiempo?

¿Dónde te has escondido en este tiempo?
Bajo tus mismas faldas.
Enfundada en tu propia fortaleza negaste la evidencia.
¿Qué evidencia
puede haber si no vas a un entierro?

¿Quién ha muerto en esta eterna primavera?
¿Quién puede morir en este lugar de cielos y volcanes
qué se reflejan siempre en los maizales verdes?
¿Quién soy yo para sentir, ahora, después de la década perdida
este infame dolor que me destroza el pecho?
Soy la superviviente. La que cerró los ojos
y se llenó las orejas con cera.
La que pasó junto a las rocas sin escuchar las voces.
Ciega por propia voluntad para evitar la visión de los buitres
limpiándose los picos en los huesos.


El más hermoso mito inventado por el hombre

El más hermoso mito inventado por el hombre
más hermoso que Dios
o el hermoso ideal del socialismo
y el dinero que acumulan los ricos.
Más hermoso que el odio, la invención más hermosa.
El amor.

 

Emerjo…

                                                           Emerjo
De las profundidades Huelo a sangre y a sal
Soy el océano
que se mueve crujiendo arrastrando
                                      deseos
                                      temores
                                      visiones
entre los dedos

Soy un pantano humeante lleno
de sensuales animales viscosos
Soy el calor el agua el trueno
                           esta jungla prehistórica
este bosque tropical

Me hundo en lo desconocido No sé
A
Dónde
Regreso
Al resurgir sólo experimento
La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje

 

En aquel tiempo la soledad era un cilicio

En aquel tiempo la soledad era un cilicio
prendido constantemente a mi cuerpo.
Ahora es la estancia perfecta
mi refugio
cuando salgo/finalmente/de ti.

 

La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz
Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas
Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

 

La superviviente

Me habita un cementerio
me he ido haciendo vieja
aquí
al lado de mis muertos.
no necesito amigos
me da miedo querer porque he querido a muchos
y a todos los perdí en la guerra.

Me basta con mi pena.
Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos
estas noches desiertas
esta cuenta incesante de las pérdidas.

 

Lunas que caían a pedazos...

Lunas que caían a pedazos
descolgadas del cielo
lunas nuevas no vistas nunca
Lunas llenas a ratos
me inundaron la garganta de llanto

Lunas Siempre fueron lunas

A dónde ha ido todo?
Qué viento de cuarenta años borró tu
carne de mi carne?

Ariosto envió a Orlando
                       el Furioso
a buscar su sanidad mental
a ese lugar lechoso donde uno encuentra
todo
lo que se pierde en la tierra/

A dónde iré a buscar yo
el calor de las noches
la lluvia tibia
las cenas de sopa de fideos?
Nos comimos
la luna a pedazos Casi duró cuatro años

De "El Fin de los Mitos y los Sueños"

 

Mujer que duerme

La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo
y abraza al perro antes de abrirse al sueño.
Luna sobre la piel
piel de sirena
Sueños desportillados
amaneceres blancos
Se estira, lee lo que escriben sus amigos
los ama tanto
los ama a todos
El penacho del volcán le avisa
que hay viento norte
A los cincuenta y tantos, dueña de una ventana
de diez metros
de largo
su vientre está dormido
Las sábanas son frescas
La ciudad gime
La mujer sueña

 

Poemas de la izquierda erótica:


1. Domingo 12 de septiembre, 1937


Domingo 12 de septiembre, 1937
a las dos de la mañana: nací.
De ahí mis hábitos nocturnos
y el amor a los fines de semana.
Me clasificaron: nena? rosadito.
Boté el rosa hace mucho tiempo
y escogí el color que más me gusta,
que son todos.
Me acompañan tres hijas y dos perros:
lo que me queda de dos matrimonios.
Estudié porque no había remedio
afortunadamente lo he olvidado casi todo.

Tengo hígado, estómago, dos ovarios,
una matriz, corazón y cerebro, más accesorios
Todo funciona en orden, por lo tanto,
río, grito, insulto, lloro y hago el amor.

Y después lo cuento.

2. Estamos hechos de recuerdos

Estamos hechos de recuerdos
de un pelo rubio
de un pecho
              de cuatro
              cigarrillos
              moribundos.
De rítmicos movimientos.

El ron se hunde, ruidoso, en la garganta
-10,000 células muertas-
y el deseo ametralla
en los dedos.


3. Asumamos la actitud de vírgenes

Asumamos la actitud de vírgenes.
                   Así
                   nos quieren ellos.

Forniquemos mentalmente,
suave, muy suave,
con la piel de algún fantasma.

                   Sonriamos
                   femeninas
                   inocentes.

Y a la noche clavemos el puñal
y brinquemos al jardín
abandonemos
esto que apesta a muerte.


4. Lavémonos el pelo


Lavémonos el pelo
y desnudemos el cuerpo.

Yo tengo y tú también
            hermana
            dos pechos
y dos piernas y una vulva.

No somos criaturas
que subsisten con suspiros.

            Ya no sonriamos
            ya no más falsas vírgenes

Ni mártires que esperan en la cama
            el salivazo ocasional del macho.


5. Como ya recorriste la vía más ancha

Como ya recorriste la vía más ancha
no tienes interés
en sus peces, ni en sus pechos.

Pegado a tu pedestal
                  porque tú
                  también
                  tienes uno de esos
mueve los hilos de tu trama

y te olvidas
que hasta ayer
te empujaba el sentimiento


6. Limpiaste la esperma

Limpiaste la esperma
y te metiste a la ducha.

                  Diste el manotazo al testimonio
                  pero no al recuerdo.

Ahora
                  yo aquí, frustrada,
                  sin permiso para estarlo
                  debo esperar
y encender el fuego
y limpiar los muebles
y llenar de mantequilla el pan.

Tú comprarás con sucios billetes
                   tu capricho
                   pasajero

A mí me harta un poco todo esto
en que dejo de ser humana
y me transformo en trasto viejo.


Poeta

El viejo rito me posee
Varias noches sin sueño
después baja el río de sangre
me ahogo en ella y renazco
nueva como moneda
redonda como un sueño
perfecta en mi dolor
recordando sólo lo suficiente del pasado
para construir la
telaraña
con la que cubro mi cama de soltera

 

Sueños de luna

Te soñaba huyendo de mi lado
yo lloraba como tonta sobre los cristales rotos
y encendía las luces para que se advirtieran

las vírgenes

los adornos de plata
la curva que la pared dibuja al internarse
en el terreno

denso
inexplicable

que es el sueño
Ese de anoche
en el que tú brincabas desnudo
mostrando la piel más oscura de tu sexo
y los dientes filudos de animal en celo
 


martes, 9 de junio de 2015

komorebi
























Quise encontrar la palabra que definiera el momento que sucede a tu cuerpo, a tu voz, a tu presencia, a tu géiser. La palabra que incluyera cierta devastación porosa de los sentidos, como un derrumbe silencioso e íntimo que trepa la vena y se instala en cada órgano, con su frío, como pequeños yunques taquicárdicos y furiosos que dibujan las llagas y los temblores. Nuestro después, ese que contiene un vacío que es más que un vacío. Que hable de cómo se me queda la habitación en harapos. Que albergue un galope desolado, un mar y su vastedad pero con todo el significado de su profundidad y negrura. Cuando las olas del oxígeno hinchan y deshinchan pechos. Cuando parece que basta cerrar los ojos. Pero no existe. Esa palabra no existe. Y la necesito.

En japonés Komorebi define la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles. Mångata en sueco es la carretera de luz que dibuja la luna sobre el mar. Y Waldeinsamkeit en alemán es la sensación de soledad que se tiene en mitad de un bosque sintiéndose en contacto con la naturaleza.


Cuando no existe el bálsamo de la palabra hay que buscarla y quien la necesita la encuentra. Necesidad de acotar ese sentimiento en una estructura gramatical, sonora y repetible. Poder abandonarla sobre la hoja, manosearla, escribirla cien veces y llegar a odiarla, pervertirla. Como una doma del instante que mezcla dolor y plenitud. Palabra que sea el barco guía, el práctico que entra al buque en el puerto, y lo deja quieto, a salvo. Que deje quieto y a salvo el dolor. Apagar el zumbido y no cargar con el equipaje del momento. Como meter en el cuadro el paisaje que sostiene la duda. Entender el cuerpo que se enciende y se apaga, cual faro de carne que ruge entre las vértebras. Ser incivilizada contigo es disfrutar el alarido, ungida de un léxico de fuego, sólo trazando mareas y gritos. Pero debo huir del momento innombrable. Después de entrelazar cuerpos, lenguas, miradas, con esa geometría de los pulsos, sacarme de ella con una palabra, una sola. Callar belleza con lenguaje. Deshacer los nudos. Una palabra, una sola, cinco, seis, ocho letras. Lo que sea, pero atar ese cuarto de hora que te sucede en el que no hay anclajes, en el que el suelo desaparece. Achicar el universo para encontrarme, forjar rumbos de codeína. Traducir mi violencia en ti y por fin entenderme.




viernes, 15 de mayo de 2015

TERRIBILIS EST LOCUS ISTE, de Joshua Edwards








Bajo los ojos atentos de los tigres
____trabajo durante todo el día.
De noche sueño con tigres que pelean,
____procrean, comen,
sonríen, se rompen el corazón unos a otros,
____sollozan. En mis días libres,
cuando ya no puedo soportar el peso
____de los tigres ni la vida entre ellos,
camino dos millas hacia el océano para nadar,
____hasta que también me canso de eso.
Todas las semanas es lo mismo.

martes, 5 de mayo de 2015

el contraplano del poema



Una mujer se dispone a desalojar un pensamiento carnoso, prenderlo en la planicie de la hoja blanca, virginal que la pretende. Melena castaña de puntas abiertas, los ojos verdes, ojeras en el alma que nunca nunca le duerme.
La trastienda de ella. Envuelta en libros. Bunker de papel. Un calendario que aún reza Abril. Descalza. Siente el ventisquero de impulsos/palabras trepando la arteria a pelo. Se detiene en la estructura piramidal del pasado y en su contenido, soñarse cada vez más ligero pero cargando el alud. Intenta la palabra. Una botella vacía de verdejo El perro verde aguarda en el salón desde anoche. Le encanta su sabor, le encanta la etiqueta. Y la descripción: embotellado para uvas felices.

Piensa en esta promiscua sensación de amar cada poema, mientras nace, mientras crece, untarlo de armonía y abandonarlo hasta el olvido envuelto en una placenta desconocida. Un té verde humeante, en una taza de Forges con su típica mujer que nunca fue felliniana gruñendo un chiste. Bajo él un posavasos de Moritz que vino en algún viaje. Una casa de cien años en la que han nacido y muerto muchos. Una perra amada de hocico frío tirada en el salón cual alfombra de fiera inerte. El poema quería ser el desahogo del leviatán de tu ausencia. Matar al monstruo. Volcarlo en Century gothic de tamaño 10, por no poder morar tu periferia. Un cenicero de cinzano que ya no alberga colillas, como un cuerpo que ya no está hecho para arder. La llamada de una madre que interrumpe el instante, arranca una carcajada y un compromiso para mañana. Su foto en una playa del Este de Inglaterra pegada a la torre del ordenador con un imán de Banksy. Un tarro de cristal con una libélula a tinta. El jolgorio de las golondrinas en la terraza. Arrancar el verbo/espina que vive incrustado en mi clavícula esperando tu boca. El aroma de una vela que arde en el suelo dibujando un halo de luz en la baldosa rojiza.  La guía del digital que suena en el salón como hilo musical y justo ahora, esa maldita versión de creep que fecunda su cerebro desde hace tres días.  Que estalle el lenguaje aguacero y no ser la misma al levantarme. Las muñecas apoyadas sobre el frío cristal de la mesa. Pantalla lienzo que desmaquille de inutilidad el día. Como una balsa en la tormenta, resurrección tras el atropello. Una ventana pequeña que arranca un pedazo de cielo y la copa de un almendro. Libros, ropa apilada en un sofá-cama, zapatos de tacón, amoroso desorden que alberga secreto. Catapulta para las obsesiones.  Tripular la espuma de ocho mil mares. Indagar nuestra desnudez y bendecir los vértices, las brújulas y las derivas. Y entonces abandonar, salir de la habitación, cenar algo, volver a tener frío.

miércoles, 29 de abril de 2015

con tinta, en papel sediento



































En las palmas de mis manos vienen marcados los surcos/caminos.
De ellas también mana la urdimbre del vocabulario del ojo,
para empuñar mis recuerdos tramposos sobre la hoja,
o abrirme por dentro y hacer autopsia de la pena y sus escorias.
Con la luz restada de la tarde, desembocarme,
enjuagarme el tiempo perdido,
en mares misteriosos que brillan como los labios, como la locura.
Y escucharme, por dentro.

Y así decirme, con tinta, en papel sediento,

Que

consideré los cuerpos ciudades, me adentré, 
errando calles,
confundiendo trazados, 
alabando arquitecturas.
Emborrachándome en ellos. 
Lamí sus tugurios. 
Fui vaho en la madrugada de algún coche. 
Desperté varias veces. 
Limpia y plena en ocasiones. 
Amnésica y rotunda en otras. 
Amé las resacas y me dejé conmover 
por las palabras y gestos en oscuros callejones. 
Me infecté de profundidad. 
Reina bipolar, 
roca en la paciencia, 
pluma en el fuego. 
Olvidé mi densidad y me atravesaron huracanes, 
cíclopes de lluvia envenenados de ego. 
Esponja, hembra, 
tan tóxica, impura 
como niña despeinada en tus campos.
Me aferré. 
Desnutrida y lírica. 
Incansable, extranjera en tu carne.

Hurgué cavé en el corazón, 
flirteé con mi propio desprendimiento, 
la idea de no volverme a mí misma. 
Yegua sacrificada, 
desdibujé tus lindes y emergí del dolor, 
de las ruinas, 
de los glaciares que nacen de un adiós.

Me desfiguró la congoja de sentirme perdida por un momento.


Contemplé la grieta e imaginé la fuga del amor, 
como un idioma que desaprendemos de no usarlo, 
como un cántaro de dicha líquida golpeando mi propio suelo. 
Con el vientre exaltado, 
delinquiendo con saña en mi hondura, 
apreté la mandíbula, 
improvisé itinerarios en avenidas incendiadas y desconocidas, 
y me revelé de nuevo aprendiz y tropezada, 
reconociendo la vida un esbozo constante. 
Desplegué el arrecife, prendí hogueras, 
escuché mi pulso acelerado, 
toqué pie en mí misma. 
Y volví a respirar reconciliada con el animal que me habita.




jueves, 23 de abril de 2015

Gabriel Ferrater

 






(...)

quiero apuntarte tres o cuatro dichos

(pocos más he encontrado)

que digan la verdad. Mujeres y hombres

componen todo el mundo.

Muy simple, me respondes. Mas recuerda

el mito de la cueva.

Quien sólo muro ve, fiebre de sombras,

no sentirá a su lado

el inocente tacto que le tiende

alguna ciega mano.

Mujeres y hombres. Nudos. Y lo oscuro

de una tarde muriendo.

En la cueva se puede vivir, Julia.

Mejor, si no hay recuerdos.

Pero al crecer te crece la memoria.

Mira que crezca bien.

Que no la tuerzan miedos. Que no sangre

por un injerto cruel.

No escuches a quien te hable de egoísmo:

has de saberte amar.

Y si tiemblas un día (he de decirte

que un día así vendrá),

y te ves lejos de hoy, recuerda: tuyo

es alto cuanto das.

Así ya sabrás dar sin pedir prenda,

como los buenos dan.

Y sabrás recibir, como mereces,

un don sin trueque alguno.

Ciegos, atamos, en la cueva, Julia,

fuerte el nudo del mundo.


*


"Por cierto: dijo el doctor Boada,

que es vuestro médico y el mío,

que a un temperamento como el mío

le daba miedo recetarle

morfina, no fuera a habituarme.

Me pareció muy curioso

el 'nosce te ipsum' forzoso:

quiero decir que supe cómo piensan

los médicos de quien hace poemas."


("Poema inacabado", fragmento)


*


"La tierra gira y las mujeres duermen"


*


Tantas paredes entre tú y yo. La añoranza, exhausta, no llega hasta ti. No ve cómo se te va haciendo vida, en lugares y en momentos que son verdad intensa, no deshechos como su desesperación. Perro pródigo de confusión brutal, se lanza a revolcarse por el polvo de un verano sin remedio.


*


Fe

La tienes en tus brazos.
Duermes, y la sueñas,
y sabes que es un sueño
todo lo que ves de ella.
Y el corazón se te arranca,
tiembla de fe.
Solamente una cosa
que le propones
te da prenda
de que te querrá despierto.
Conoce que es un sueño
lo que le dices de ella,
pero que por debajo
del sueño, es ella
la que tienes en tus brazos.


*


Si puc


Alguna cosa ha entrat

dins algun vers que sé

que podré escriure, i no

sé quan, ni com, ni què

s’avindrà a dir. Si puc

te’l duré cap a tu.

Que digui els teus cabells

o l’escata de sol

que et tremola a aquesta ungla.

Però potser no sempre

tindré del tot present

el que ara veig en tu.

He sentit el so fosc

d’una cosa que em cau

dins algun pou. Quan suri,

he de saber conèixer

que ve d’aquest moment?


*


Sabers


Pujo l'escala del metro

de pressa, que se m'ha fet tard.

Ja fa mitja hora que tenia

una altra escala per pujar.

Em sobta i m'atura la vora

del buit, a l'esglaó darrer.

Marco el pla de cames que passen,

amb els ulls, com amb un nivell.

Cames que caminen pel vespre

com per un vague despoblat.

Què en saben, les còmplices càndides,

del gran joc que van entrellant?

Dones absortes consideren

que potser algú els ha mentit.

Les que van negres, ja serenes,

no saben a qui van mentir.

Els homes que baixen dels cotxes

coneixen els licors amargs.

Tres noies van juntes per riure

i saben només que han plegat.

Tothom sap pensar alguna cosa

d'algun diner, ínfim o gros.

Respiren tots. No tots recorden.

Jo sé on és el teu cos.






sábado, 18 de abril de 2015

poema drenaje



Soy la que habita esta malpagada soledad que llena todos los estadios de mi alma.
Eterna aleación de la hembra que vuela y naufraga.
Me estrecho para atravesar los domingos sin que me vean
de puntillas, insonora, indolora, como la nada.
Hago cuenco con mis manos, por si las lágrimas,
que luego vienes a pedirme la sal.

Traes tu voz calmante, para la desnortada niña que me vuelvo de vez en cuando,
que las hojas muertas borran los caminos de regreso
y cuando me nublo no me sirve ningún sol.
Traes el poema drenaje,
el deseo amplificado en tu mirada.
Toda mi extensión para ti, tan señalada de abismos y alambradas.
Hinchados de suspiros para respirar en los fondos
en la belleza submarina de algunos versos
que no se sabe si eran sangre o eran yodo.

Fabricar huidas y dejar atrás las costumbres,
sus manicomios, sus maromas.
Volvernos carnada,
dulce señuelo que pliega cual abrigo su coraza.
Intentar romper el día, partirlo como una baraja,
hallarnos en un punto impreciso pero precioso.
Sellar la noche en nuestros cuerpos
Un altamar del vicio hecho con nuestros restos
y que nos nazcan líricas branquias.

Sernos
Encerrarte en mi boca
y que el poema conspire bajo tierra
y eyacule cantos extremos
y árboles que serán ataúdes o libros.
Dueños de nuestra propia gangrena.
Con crayón darte mis más obscenos colores,
justo cuando las ideas en mi cabeza me ensucian la boca.

La aventura de la conversación que caliente el futuro de la próxima media hora,
las arrugas del mantel
augurando el oleaje del vino en la habitación
que ya se esculpirán mañana los fracasos de este momento,
ya volveremos sin remedio al mar de los sargazos
y a los lamentos.

domingo, 12 de abril de 2015

más o menos eterna
























19:47
cicatrices/cremalleras, almacenes del dolor.

Derramados de llanto y placer. Nuestros momentos horizontales
simbolizan vuelos, huidas dentro de una pausa distinta, de demora dentro de nosotros.
Tú en mí, yo en ti. 
Tenerte es una plaza con sol. Es entender el verbo y su néctar.

Gajos de esperanza en las miradas. Y los renglones de tus muñecas, ríos azules de hermosa pulsión en los que ir a la deriva es vivir amarrada y ciega a un timón. Dibujarnos en la tormenta y reconocer que el amor es una borrachera, más o menos eterna.

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