malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

sábado, 7 de marzo de 2015

Clarice Lispector

 



Dame tu mano

Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


El amor es rojo, los celos son verdes, mi ojos son verdes..

Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? ¿Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.


¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.






jueves, 5 de marzo de 2015

corromperme contigo, deshabitar la escafandra
























Subir y bajar como una palangana de agua sucia en un burdel,
lo llaman ciclotimia. 
R. Wolfe



Me enseñas a medirme con la boca la distancia del labio al vientre
hasta aprenderme por dentro.
Me muestras cómo se desata la profundidad del instante,
dejar que se abra como un trozo de tierra seca
y hurgar en nuestros futuros con precisión suicida.

Me acercas a mi propio cuerpo
como a un chelo al que rasgar cada cuerda
notas como aullidos
desde el núcleo,
dilatar nuestras líneas con cualquier excusa.

Y hacer
del cuerpo, instrumento que ladra,
que se vierte,
que escuece en caídas,
serpentea, se derrota.

Del cuerpo, herramienta,
patchwork perverso de heridas, palabras, desiertos y atentados.

Me inventas espartana, descalza en la noche eléctrica.
de pecho inflamado en suspiros.
Sola, en mitad de una casa que se agranda por momentos.
Sola, en un campo de batalla tras la lucha
tras el eclipse de la cordura
tras la catarata de amor

A veces el derrumbe es delicioso
si las paredes estaban dentro.

Deshabitaré la escafandra
y exaltaré ahora el paisaje del abandono,
te haré inventario con mi innegable creencia en los pedazos.
Propios y ajenos.
Tuyos, míos.
Amalgama de los restos del naufragio que nos decorarán las orillas
y llamaré a las cosas por primera vez.

mientras huimos de la atrocidad de haber nacido y no sentirnos vivos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

antiPoema en 5 actos




______________________________________________________________ACTO PRIMERO
//jueves, mujer devorada en sombras, noche, frío//

alabar el destrozo de la cordura para arribar a puerto
tan loca y deslavazada,
hobby diabólico.
náufraga, de brazadas en mitad de la prosa
palabras hilvanadas al paladar
vestida de rabia y tumulto
y siempre tan callada
contar caballos salvajes por dentro
para caer en el sueño de la debilidad
y llorar mientras duermo
océano en la almohada.
Y tanta pena, inundación como terapia.
Hacer, ser, mar.
Arrancarle toda la belleza a mi fracaso.



 ________________________________________________________________ACTO SEGUNDO
//Viernes, habitación, suelo, cama, pared//

De repente a la habitación le nacieron millas y millas de frío.
Se reprodujeron los acantilados,
a sus pies,
en mis labios.
Y tú y la incertidumbre de mis volcanes.

Y los deseos como lobos con sus dominios,
suaves y afilados, llenándome la cabeza de tu cuerpo.
Y seguía abrazada a tu esternón
mientras pasaba la tarde salvándome la vida.
Dios de alabastro, cuando sangras te adoro.
Quién nos hizo abandonar nuestros paraísos
y dejar de tocarnos con los ojos




  ________________________________________________________________ACTO TERCERO
//Lunes, calle, gato leonino, mujer bajo toldo//

Aguardar el gesto, la palabra,
como la lluvia anunciada,
con toda la dramaturgia que conlleva.
Esperar que cese. El tiempo como calmante.
Embarazada de sueños, una mujer aguarda.
“Todo va en el mismo barco”, se dice,
“el desespero y la esperanza”.

Llegar a casa, acariciar al gato hasta gastarlo,
manosear un latido, un calor,
mientras aúllan los espejos
en los que no nos reflejamos.
Pensar en Girondo y en
“los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes”
Y verlo todo.




_________________________________________________________________CUARTO ACTO
//Martes, hotel, abril, pareja, sangre//

Ella, mujer de estaciones,
se tiende como se tienden los puentes
para unir distancias.
Como se tiende la mano
en la catarsis del salto.

Él sólo sabe mirarla hasta morirse
mientras se arroja a la alquimia de las noches eternas
con sabor a Valhalla.

Qué hermoso detener el tiempo
y no pensar en el pánico de los desbocados
cuando se desprenden del cuerpo del otro.
Y vivir en la curva emocionante
pariendo poemas o temporales
o hacer que arda un bosque en mitad del verso.
Darle sentido al lunes, al martes, a las 3:33,
al suelo frío, a lo arrebatado.





























__________________________________________________________________QUINTO ACTO
//Domingo, viento, amor desmembrado, holocausto//

Con un domingo poco pude hacer.
Ebria en lo plomizo, hasta el doble, triple fondo me dejé caer.
No al fondo de tu boca, no.
Al fondo de la intoxicación del séptimo día,
con las brújulas rotas del que no sabe volver.
En lugar de abandonar ridículos altares
y alabar tu nuca, tu axila y tu corazón-arpón,
fui albatros desangelado que lame orillas de pozo.

El caudal del ojo triste es infinito, me dije.
Bajar rabiosamente deshecha es hasta lírico, me repetí.
Fracturada en el tercer espacio intercostal,
es irremediable.
Fábrica de mis espinos, la conciencia,
24x7 abierta.

Todo pasará.
El corazón y sus turbinas y sus furias,
el plexus que conforman nuestras sinrazones
nunca se van del todo,
vuelven y justifican la llaga del tiempo,
o eso intentan las malditas.

viernes, 13 de febrero de 2015

reyerta y bonanza


“esta ausencia es hija de una altura equivocada, 
yo tengo el vicio del cielo, 
soy el único propietario del aire huesudo 
y de los pájaros fáciles” 
Pedro Casariego


Contengo todo lo que puede salvarme y todo lo que viene a hundirme
tablero en el océano y viga en el ojo.
Soy un cúmulo. Una nube que carga lluvia, tapa un sol, dibuja un oso, un rostro,
un perfil, una ensoñación.
Alimento del alma, encarnar la palabra.
Somos lo mejor y lo peor. Dagas y caricias.

La evocación es una suave marea, un slow-rock que a nadie interesa.
Tocar, desmembrar, abusar, morder.
Que la bonanza sea lo que ameriza en mi cuerpo tras el orgasmo.
Meretriz de la plenitud y la vida.
Tramontanas que azotan al deseo. Danzas internas sin fronteras.

El reverso del goce trae daño, 
será su altura, la velocidad,
poderoso dueño de las trampas, 
fauces bellas de la libertad,
tan despreocupados en la caída,
blandimos la luz entre los cuerpos,
nos mueve la turba de las ganas,
utensilios de piel y sangre, 
que sonríen, lloran y se llagan.

Te uso en cualquier rincón, en cualquier a solas
Ilimitada
Con mi cuerpo, cronista de nuestras batallas.
Diosa de la reyerta, tan atribulada,
me incrusto los momentos hermosos,
me los concedo, cual medalla/metralla
entre los muslos,
entre mis ramas.
Con toda la vegetación que traen las horas felices.
De ellas libo. Las alcanzo.
Me alcanzan.

Lo mejor, la historia no escrita que se teclea en la mente.
En las líneas de la furia, morder hasta sentir.
Sublimada a tu locura.
Empuja fondos, 
tinta, barbitúrico, 
jaleo de la carne.
Drama empeñado en la sangre.

Hay palabras que no parecen decir nada. Encriptadas.
Hasta que las dices tú y las conviertes,
las maleas. 
El hechizo de las calles mojadas,
cuando achicar espacios es abrazarse,
hacer de las pieles paredes de Pompeya,
y construir imperios con los deshechos,
con nuestras maravillosas nadas.
Hallar y usar la fuerza de los fuertes
y caer de pie tan destrozados.

Balanceo la pena dentro de mí
y hago poemas de las ausencias transitorias
cuando tú eres la odisea que subsiste,
desajuste del dolor en la herida,
prado incendiado.

Me vuelvo turbia, inclinada. Espejo cuchillo.
Ojala hablar de peonías y poemas sin aristas
ser vinilo de tu lengua
fuente de tu exceso
bonanza de tu travesía.
lo imposible. 



miércoles, 28 de enero de 2015

dominar el frío







Touché, me tocaste el alma

Se me desarma el refugio de las fiebres perfectas
cuando no estás.
Asalto el mausoleo de mis propias neurosis
y soy un manojo de raíces exiliadas de tu cuerpo
que dejan de beber y respirar.
Me ofrezco mi deriva en bandeja
y ya no recuerdo cómo se vencen las apatías
ni si existieron los desguaces para aquellos que llegan de las guerras
los de la palabra trabada en la garganta
los de la rabia sin camino ni elixir
los que sueñan corceles y adiestran bosques con las manos
y clavan miradas perdidas en horizontes imposibles de ciudad.

Cuando se ponen en fila los incendios,
tan dispuestos a ardernos,
todo encaja.
Pero en la antesala de los huecos
y las noches desvestidas de catástrofe
cuando no me amainas con tus paños calientes,
con tus paisajes de carne
sólo somos tristes devotos de la memoria
que escarban la fatiga para descifrar la cicatriz que deja el tiempo.
Esa huella macabra y obstinada que deviene de la fricción de los cuerpos.
Esa marca que hierve y nos recorre

Y observar los días como una hemorragia
y despeñarse dentro de uno mismo
para descubrirse incompleto
en la urgencia del animal
(que sueña)
que luce con grandeza, sus heridas.



miércoles, 7 de enero de 2015

con el material de los cuerpos



































Con el material de los cuerpos
adulteraremos nuestra memoria,
allí donde los contornos son orillas embravecidas
en las que nunca creció el miedo
volveremos a intentarnos, desmedidos.

Como lupanares malditos
que visitamos siempre por primera vez,
cada palabra saldrá nueva,
haremos barricada en la piel,
en el gesto,
tan hechizados,
dueños de esa fuerza extraña
con el acabamiento como salida eterna.

Porque sabemos aquello de abrirse el pecho
y cuidar de los tallos crecientes
en la herrumbre de los días.
Rezarle
a los orificios del alma.
Ser corteza al antojo del mal tiempo.
Con el vicio de abarcarnos las torceduras 
y aliviar el quejido en otras bocas,
otras lindes
y atraer otros tropiezos,
contando en voz baja,
la distancia entre luz y trueno.

Con el vicio de beber de las palabras
hasta embriagarnos
y errar la altura del vuelo
que nos lleva a la ausencia definitiva,
esa que nos deja en herencia la estampida en el adentro.

Con el material de los cuerpos
apresamos las ganas
y nos hallamos maravillados y sedentarios en el recuerdo,
tan poco libres,
tan poco diestros y tan indecorosamente ciegos.

Usaremos la belleza inexpugnable
de los momentos en que reímos hasta el dolor,
justo cuando cristalizó el instante eterno en la retina,
justo cuando te amé mandíbula batiente.

Tan fermentados en sudor/llanto,
sin temer la demolición,
porque aprendimos a habitar la grieta propia.

No hay idioma
desde que fuimos capaces de darle cuerda al desamparo,
y ahora las caricias y el ayer como alhajas benditas.
Ejecutamos el amorío e imaginamos brillos
porque el daño es ancho y profundo como un océano
y el amor se cultiva en barbecho
cuando el dolor es una resaca.

Con el material de los cuerpos haremos balada y epitafio
del héroe de la derrota,
el que habita avenidas y barras con su caballo de Troya
para vencer las mil noches oscuras del alma
y hallar escapatorias infinitas
y nunca definitivas.

Escenarios del amor:
habitaciones, tú y yo,
suelos, estaciones, esquinas.
Cenas en las que no recordamos pedir la cuenta.
Cuando al cuerpo le faltan manos, hay pasión y no corre el tiempo.

Praderas de angustia por las que pasear con el ansia multiplicada
y poseer el don de la lágrima a escondidas.

Creamos el idioma desde el hambre
y somos astutos a pesar de que los ojos sean ramas que cargan rocío.
A pesar del aguacero que hará que el sueño muera en la balsa.
A pesar de la bandera que crece en la respiración entrecortada,
esa que se nos come las palabras.

A pesar de todo
salvaremos la magia

miércoles, 17 de diciembre de 2014

en la negrura y en la combustión


























                                     y liberar gacelas heridas 
que habitan barrancos y poesía



Me sirvo en terrones
tímida y brutal
me obligo a vencer la asfixia
haciendo de nuestras bocas
dos nubes de agua
aunque después se me corra la mirada
en rímel, rabia y ocaso que se rompe
emboscada-bucle
silenciando el deseo
bella bestia que dormita entre nuestras pieles
no tocándote
no tocándome

Ser mujer de cartas boca arriba*
nunca inmaculada
siempre marcada, mordida, vehemente
y después toda una vida para curarme las caricias de ti
lamerlas, gatuna, para extraviar el escozor en mitad de un invierno
en mitad de la nada, de la calma

abandonarnos en un monte
envueltos de catástrofe,
arrancados de los lienzos
para restarnos humedad como mejor sabemos
y sudar el dolor
y que me prestes tu oscuridad para hacer proa incrustada en la luz
y sudar el sabor
como mejor sabemos
dilatarnos las pupilas,
salvajes y obstinados,
soñarnos presa,
acorralarnos

habitar los polos de un mismo amor
rezar a la incandescencia a la que nos debemos
y ser sombra que abrase a pesar de las tormentas,
desnudos de pena y peso
con los corazones como locas brújulas marítimas
que creen en el abandono y en el abismo
cuando ya conocen los caminos

que todo este placer acabe en herida es previsible
alacrán que nace para morderte de frente
cuando nos alimentamos de desconsoladas
e inconfesadas
bocanadas de nostalgia
tan manchados de rutina e infierno
mirando hacia otro lado
aferrados a lo artificial, vaho que esconde la belleza
coordenadas de habitación para los que sueñan bosques

tú, que conquistas mis arterias
metiendo mano a mis invernaderos
portador del caos
que invades mis frentes con tu ejército de calor inesperado
te derramo el huracán de palabras que anida en mi pecho

no te pediré jamás clemencia a la hora de amarme
porque cuando destilas negrura me aprendo
y cicatrizo renacida
en la combustión de nuestros cuerpos  
no me defenderé jamás de tu mirada
porque el súmmum del amante de tórax estallado
mana frenesí y ceguera a partes iguales



martes, 2 de diciembre de 2014

Peinando trigo y desgarrando piel *
























Existen esas mañanas en las que amarte es ya algo involuntario
un acto reflejo del trotón que alberga mi pecho
lo febril trepando rodilla arriba
lo persistente
a pesar de la asimetría del deseo
a pesar de precisar la caricia en el rincón y no tenerla
existen esas mañanas

Cuando nos precipitábamos el uno en el otro
sin estribos
sin decoro
paisajes no enmarcados que inundaban la pared
se derramaban en el suelo
como ventanas infinitas de temblor
con la espontaneidad del niño
que habita el arrebato sin consecuencias,
nadie ponía horas al día ni nombre a los meses
no nos dolía nada
si acaso, abandonar la habitación.

La memoria como arma de doble filo
en manos de un romántico drogado
y el amor que se labra sus propias manías
suelta timones en la tormenta
y cava sus propios cráteres para danzar todas nieblas del mundo

Existe el segundo en el que disuelves la multitud
y el universo es un abstracto
y me golpea tu dulzura
y le estallan a las palabras los corsés
y tiro por la borda todos los nunca

Pienso en ti
y en tu calor, rúbrica exquisita,
pienso en volver a ensuciarme en tu mirada,
en el vuelo en picado sobre tu boca,
en la cabaña de gemidos que hay en tu espalda,
en abandonar el pasado entre nombres que crepitan
y en las brasas que sangramos 
de las que siempre brotará un dolor tan mal repartido

y aún así
lúcidamente,
anunciarnos en lo insalvable y aceptarlo
porque pensarte no deja de ser un insano ejercicio
un peinar trigo y desgarrarse la piel

porque también creer que te tiemblo aún es un acto de fe



*de una canción de Antonio Vega

lunes, 17 de noviembre de 2014

millas y millas de temblor




























mi "cadáver lleno de mundo"
I. P. Montalbán


Hay tantas maneras de dibujar el naufragio
y somos tan diestros al conjugar el agotamiento con el amor.
Infinitos que se quieren abarcar, ciegos y obstinados.  
Adosarnos a la vida y auscultar muros en busca de latidos sencillos,
y nutrir la nada.

A veces no es necesario dibujar poliedros con las palabras,
que fueran sólo días sin nombre que abrazan en lo roto
bastaría.
Ni danzas perfectas,
ni placeres orquestados,
sólo un gesto pequeño  
en mitad del gateo oscuro del tiempo
que nos pasa sin ser visto entre las piernas,
sólo un aliento que nos brinde sentido
y no un refundar la pena constante.

Se nos da bien el vuelo corto con grilletes,
como halcones adiestrados que hacen hogar en el guante y su caricia.
Y amamantar la rabia mirando hacia otro lado
también se nos da de lujo.
Acostumbrarnos al hueco en el hueco
y ver cómo se vacían nuestros distritos rojos de vicios y humedad 
mientras morimos con la anatomía del intento
-tan aprendido y propio- entre las manos.
Limpios tras arder en mil noches de san juan
para, una y otra vez,  
construir ese tríptico desasosegante del que vuela, cae y repta,
del que obedece, calla y paga,
del que sueña, despierta y traga.
Dejando sedientas nuestras flores del mal
y observar la vida desde atalayas tristes.

En lugar de hacer zoom con nuestros cuerpos
y elevarnos
y tramar el amor una vez más,
tramar la vida, 
en una suerte de ficción que se hace carne,
habitar nuestra fuerza.

Recorrernos en millas y millas de temblor,

hacernos bellos 
y no estafarnos a nosotros mismos.

viernes, 10 de octubre de 2014

búnker-corazón


quiero decir:
lo que muero cada noche, 
mis huesos torcidos por abrazar una sombra.
/A.P./


Llegué en mitad de una noche avispero
de esas que te vienen infectadas de tintas ajenas
que uno busca como árboles en la tormenta.
Noches de las que quedan grandes, de las mal apretadas
que le barren las calles a la rabia pero nunca a la tuya.
Buscando el poema-antiaéreo, urdiendo el poema-madriguera
mientras duermen nuestros cancerberos
y visitamos nuestros infiernos.
Repleta madrugada de cuerpos a la deriva
océanos, bocas, muslos, cepos del amor.

Llegué para morderte la tiniebla de los ojos con las manos
para esculpirnos vida en una marea de versos regalados.
Amantes transitivos que se invaden
se interrogan con violencia
y se dejan hacer en el mismo instante,
en esta suerte de bondage lírico
en el que sólo se desata al perro del deseo.

Veloces cazadores del momento y el hueco en el cuerpo
que despachan la nostalgia y la rutina con sus garfios
con todo el arte que contienen las palabras usadas
que se pronuncian recién nacidas casi sin querer.

Haciendo vida en el secarral de la luz,
atascos, transbordos,
alimentando las sombras
mientras soñamos con nenúfares que ardan
y succionen el veneno del tiempo que nos separa.
Cuando el ahora es una sala de espera y nosotros nos tejemos al dolor
Arrodillando la fuerza
y desdibujando corazas
con promesas etílicas
y vigilias
para derramarse
y vaciarse en ellas

Traficando imágenes que sudan locura y soledad
Nuestros “duelos y quebrantos”.
Cada cual con sus llamas
sus ochomiles
sus inviernos
y sus pasados,
cristos yacentes a los que ya no rezamos.

Soy yo la que te llora en cada vela derramada
Soy yo la que apuesta al rojo en cada eje ebrio de la fortuna
Y mis ganas, tripulación enloquecida que amenaza con arrojarse a tu lava,
Y mi amor no empuñado que amenaza con arrojarse a tus leones
y habitar tu mandíbula alucinada.

Porque no me encuentro en tus pensamientos
cuando apoyas la sien en la ventanilla
y le miras las piernas al mundo,
te digo que se comba el dolor por dentro, 
se me clava si me echas a los perros,
me rompo si no nos enhebramos y ardemos.








Thomas Bernhard, aullidos del lobo sin manada, por Antonio Lucas



  • El escritor austriaco hizo de la literatura su martillo contra todo lo que consideró reprobable: desde la ciudad en la que creció, Salzburgo, hasta los modales de su país, Austria
  • Insobornable, polémico, irónico y sulfuroso, dejó una obra con la que tocó todos los géneros y que ahora se refuerza con los textos recuperados e inéditos en español que Alianza reúne en el volumen 'En busca de la verdad', donde vibra su potente voz civil

Thomas Bernhard odiaba directamente su país. No a la manera de los folclóricos del rencor (digamos, por ejemplo, nacionalistas y demás adeptos a ideologías meñiques), sino con una condensación de lucidez sin reglamentos. Levantó una literatura furibunda, extrema y convulsa que zarandeaba a los gregarios, a los conformes a tiempo completo, a los mediocres. Y en esa espeleología por el desafecto afrontaba asuntos principales: la incomunicación, la soledad y la obsesión intelectual como billete de ida hacia la locura.

En el largo viaje de su literatura, de su condición de ciudadano atento, no esquivaba ninguna querella. No se escondía. Y tenía el sarcasmo como hisopo de la escritura. Bernhard es algo así como una conciencia que se inmola y se remonta a sí mismo cada vez que arde en todas direcciones. Bernhard hizo libros para negar una vida que no le gustaba, realzando más la vida. Preñó sus libros de observaciones fieras, como un insumiso que no abraza sin consecuencias el soborno de vivir. Y en esa expedición sin compañeros de viaje no se agota nunca.

"De niño odié los libros, había muchos, mi abuelo escribía... Empecé a leer muy tarde"

Escribió novela, teatro, ensayo, poesía. Recibió una veintena de reconocimientos literarios. Rechazó otros tantos. Escribió sobre ello en 'Los premio's, un libro póstumo que preparó al detalle para que fuese publicado cuando él mismo fuese ya ceniza. Nació en Austria en 1931 y falleció en Austria en 1989. Su muerte fue anunciada después del funeral. Está enterrado en Viena. Su obra está lejos de la cháchara mareante de la sociedad que combatió. Tuvo una de las misantropías más productivas de la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX. Y lo explicaba así: "Cuando se está solo mucho tiempo, cuando se ha acostumbrado uno a estar solo, cuando se ha adiestrado uno para estar solo, se descubren cada vez más cosas por todas partes allí donde para los demás no hay nada". Esta percepción podría ser su poética, su norma de conducta.

Bernhard escribió sin tregua. Novelas como 'Helada' (1964), 'Trastorno' (1967), 'Corrección' (1975) y 'El malogrado' (1983) (donde reflexiona sobre el infierno del talento extremo y, lo que es peor, la infelicidad de no poseerlo) dan cuenta de su contundente galaxia literaria, donde el dolor y la extrañeza lo ocupan todo. La autobiografía también fue riel de su escritura, con la pentalogía formada por 'El origen', 'El sótano', 'El aliento', 'El frío' y 'Un niño', volúmenes en los que analiza descarnadamente el presente que habita. En poesía destaca 'Bajo el hierro de la luna' o 'Los locos'. Los reclusos. Y en teatro, El reformador del mundo, 'El presidente' y 'Los famosos', entre otras piezas. Todo en Bernhard es intenso. Todo en él es feroz.

Y así queda también apuntalado en los textos del Bernhard público (buena parte inédito en español) y que ahora recoge Alianza Editorial en el volumen 'En busca de la verdad. Discursos, cartas de lector, entrevistas y artículos', a la venta el próximo 16 de octubre. Es una miscelánea que recorre de 1954 a 1989 y que abre el campo de tiro con un texto sobre Rimbaud escrito a los 23 años que bien podría ser una declaración de guerra poética: "Las obras de los que siempre echan las campanas al vuelo y que resuenan hasta en las cervecerías llenas de borrachos, las de los poetas de revista y los fabricantes de artículos literarios de exportación, que a veces les reportan el Premio Nobel, son en su mayoría sólo tonterías engalanadas y productos de moda. Lo que importa en literatura es lo original, precisamente lo elemental, gente como Jean-Arthur Rimbaud".

Y a partir de aquí, 'En busca de la verdad' (traducido por Miguel Sáenz, excelente 'bernhardiano') va hilvanando textos que son la consecuencia de un hombre que no acepta las costumbres de su tiempo. Pero no sólo eso, sino de alguien que viene a contar su desacuerdo en voz alta, desenmascarando hipocresías, ansioso de reyertas, más con rigor que rencor.

"Al principio me interesaron Péguy, Bernanos, Michaux... eran gente magnífica"

Bernhard es producto de sí mismo y de una infancia en que la vida no le fue ni buena, ni noble, ni sagrada por un cóctel de carencias afectivas (no conoció a sus padres), 'extremaunciones' económicas (creció en la pobreza criado por sus abuelos) y debilidades de salud (siempre estuvo al borde del naufragio). Pero remontó su fragilidad desde una poderosa escritura que está entre las más proteicas de la Europa contemporánea. "La vigencia de la palabra de Bernhard sigue siendo, en mi opinión, absoluta", sostiene Sáenz.

Nada de lo humano le era ajeno. En 'Unas palabras para jóvenes escritores', publicado en este volumen y una de sus piezas más intensas y descarnadas, chuta e impacta con una alforja de sugerencias que, de algún modo, son la hoja de ruta de sí mismo: "No os veo donde está la vida violenta y valiente, sino como pulcros custodios de archivos, funcionarios amargados, como lacayos de bien retribuidos consejeros del organismo de protección de la Naturaleza o de algún departamento de cultura provincial o municipal. Estáis metidos en el café, sin lágrimas ni humor, odiándoos a vosotros mismos y odiando vuestro entorno, muy lejos de la vida... Habéis vendido vuestro carácter y sentís un miedo desenfrenado de la necesidad, miedo de vuestros pensamientos, miedo de vuestra malignidad... Vuestras reverencias son indescriptibles; os inclináis ante cualquier desharrapado con influencia... ¡El pueblo de los exaltados se ha convertido en un pueblo de agentes de comercio!".

Hay en Bernhard una cierta agonía que es a la vez revitalizadora. Es un objetor infatigable. La suya es una enmienda literaria a la totalidad. El alma con filo que no acepta destellos de esperanza, sino que pide más luz, más luz, en un afán de arrancar máscaras y deshacer convenciones.

En él la literatura es un microscopio con el que denunciar y un telescopio con el que llegar más lejos en la investigación de sus observaciones. En su obra planea la desesperación con una cierta representación teatral de los rechazos, pero en cada una de sus líneas hay una conmoción planeando.

Está en la órbita de Kafka, de Musil, de Canetti, de Hrabal y, antes, de Montaigne o Étienne de la Boétie. Aquellos que no derogan la verdad con palabras de apaño. "Cobardía, vanidad y curiosidad son en el fondo los tres impulsos esenciales a los que la vida debe su continuación, aunque todos los motivos imaginables hablen en contra de ella... Todos los hombres son monstruos en cuanto se quitan la coraza", dice en respuesta a una entrevista de Jean-Louis de Ramboures recogida en este volumen.

"En persona soy muy distinto al de mis obras; sí y no, eso es quizá lo interesante"

Las relaciones humanas, el Estado, la Iglesia, los editores, la literatura, la filosofía, la música, el mar, las ciudades... Estos asuntos que también forman parte de la mercancía literaria que da cuerpo y sustancia al escritor Thomas Bernhard. "Cuando decidió ir en dirección contraria, como cuenta en su libro 'El sótano', tomó la decisión más acertada de su vida. Nunca lo lamentó él, ni sus lectores", sostiene Miguel Sáenz. Tampoco sus enemigos, que fueron un patrimonio caudaloso en su vida.A veces, casi un motivo para seguir en pie. "Yo y mi obra tenemos tantos enemigos como habitantes tiene Austria, incluidos la Iglesia, el Gobierno y el Parlamento, salvo algunas excepciones. De esas excepciones me alimento y existo", dijo el autor de Trastorno en 1982.

La coherencia está entre sus avales mejores. De hecho, 'En busca de la verdad', que recoge 35 años de oficio en las letras desde frentes más domésticos que los de sus libros de creación, presenta a un Bernhard que de principio a fin muestra la misma raíz resistente, brutal y poética, aunque la complejidad de su pensamiento sí fue manifestando cambios que van incrementando su necesidad de escribir, incluso sin haber alcanzado nunca nada parecido a la esperanza.

"Nunca se sabe quién se es. Son los demás lo que le dicen a uno qué y quién es"

Da la derrota por segura en todo momento, pero no se deja arrastrar por la pereza. Y menos aún, por la pereza del terror. Para el escritor austriaco la literatura no es una superchería, tampoco un bálsamo, sino que está más cerca de la cirugía sin anestesia para poder entrarle adentro de la piel a todos esos que desde el poder (desde cualquiera de los peldaños del poder) condenan a la mayoría a conformarse con su insignificancia. Tan sólo la música le salvó.Aquella que estudió de niño en Salzburgo y que le puso delante a Mozart como cobijo contra la tormenta, como una de las escasas realidades de la que no arrepentirse.

Quizá el escritor que hoy más emparente con la estética sulfurosa de Thomas Bernhard sea el francés Michelle Houellebecq. En ambos hay una sospecha grabada a fuego: cuando hay consenso en que «todo está bien» en verdad hay que entender que "todo va mal". De la lectura del autor austriaco que ofrecen estos textos dispersos, sueltos, rescatados y empacados no es fácil sacar demasiadas conclusiones. Son más las preguntas que plantea, el justo valor de la reflexión sobre un tiempo cuya esencia torcida es portátil y sirve también para auscultar mejor algunos aspectos siniestros de estos días de ahora, pues en su esencia el hombre no ha cambiado desde el hombre.

Bernhard es, de algún modo, una asignatura siempre pendiente por la profundidad de su sarcasmo, por la devastación de su desnudez, por la aceleración de su antiidealismo. Cada lectura, con el tiempo, lo renueva. Él lo decía así: "Estamos en el territorio más horrible de la Historia entera. Estamos asustados, y concretamente asustados como material monstruoso del nuevo ser humano... Todos juntos no hemos sido en esta segunda mitad de siglo más que un solo dolor; ese dolor es hoy lo que somos; ese dolor es ahora nuestro estado espiritual". La claridad, en la prosa de Bernhard, da frío según aumenta. Es el sex appeal y el desamparo de los lobo sin manada.