malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

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domingo, 26 de agosto de 2012

David Foster Wallace



e  x  t  i  n  c  i  ó  n

La paradoja de la fraudulencia consistía en que cuanto más tiempo y esfuerzo invertías en resultar impresionante o atractivo a los demás, menos impresionante o atractivo te sentías por dentro: eras un fraude. Y cuanto más fraude te sentías, más te esforzabas en transmitir una imagen impresionante o agradable de ti mismo para que los demás no descubrieran a la persona vacía y fraudulenta que realmente eras. Por lógica, lo normal sería pensar que en cuanto una persona supuestamente inteligente de diecinueve años fuera consciente de esta paradoja, dejaría de ser un fraude y se conformaría con ser él mismo (fuera lo que fuese) porque se daría cuenta de que ser un fraude era una regresión infinita y viciosa que al final solo conducía a estar asustado, solitario, alienado, etcétera. Pero esta era la otra paradoja, de orden superior, que ni siquiera tenía forma o nombre: yo no lo hacía, no podía hacerlo.


a u n q u e    s e a s    a t e o,   s i e m p r e    i d o  l a t r a s    a l g o

La única opción es qué idolatrar. Y la razón sobresaliente para seleccionar a algún tipo de Dios o cosa de tipo espiritual para idolatrar —sea J.C. o Alá, Yahvé o la Diosa Madre o las Cuatro Nobles Verdades o un conjunto de principios éticos inquebrantables— es que casi cualquier otra cosa que idolatras te comerá vivo.

Idolatra tu cuerpo y la belleza y la atracción sexual y siempre te sentirás inapropiado, y cuando el tiempo y la edad se empiecen a notar, morirás miles de muertes antes de que finalmente te planten bajo tierra. En un nivel, todos ya sabemos esto —ha sido codificado como mitos, proverbios, clichés, epigramas, parábolas: el esqueleto de cada gran historia.

El truco es mantener la verdad al frente en nuestra toma de conciencia diaria. Idolatra al poder —te sentirás débil y con miedo y necesitarás cada vez más poder sobre los demás para alejar el miedo. Idolatra tu intelecto, ser considerado brillante —acabarás sintiéndote estúpido, un fraude, siempre al borde de ser descubierto. Y así sucesivamente...


viernes, 9 de diciembre de 2011

Domingo: alrededor de Knoxville, Tenn- James Agee


Allí en la temprana y frugal primavera, florece el cornejo.

Desenvueltos, en el amistoso aire dominical
Entre los rojos zarzales, junto al paredón del río,
Empleados y sus elegidas emparejan.

Prosperan por allí, no cerca, lavados por charrales y juníperos
El ford V ocho corriendo con el chevrolet.

No pueden perturbarla:

Sus pechos sacados fuera del provisto encaje,
Yacen como un lago quieto;
Y en la boca de él ella revienta su dulzura:

¡Oh, ola los levanta!
No son ellos de los pájaros. Tanta inocencia
Únicamente a reventar los trae.
No son las de ellos palabras felices.
Nosotros los humanos no tememos esperanza.
Nuestros goces más tiernos más nos obligan.
Ninguna cadena corta tanto hasta el hueso, y la seda
Más dulce sutilmente estrangula.
Cómo termina esto que ahora place el amor acabado,
En cocinas, reyertas en la cama, silencios, páginas femeninas,
Angustias del corazón ante puertas con letras doradas,
Carne rancia, cuellos duros, agonía con corredores antisépticos,
Nalgueadas, reproches, viajes de pesca, zumos de naranja,
Pólizas, incapacidad, un chevrolet,
Escarnio de los hijos, amable desprecio mutuo,
Correcciones a gritos de sílabas comidas,
Bolsas de agua caliente, piedras en la vesícula,
Caídas de la escalera, anticuadas nochebuenas,
Sospechas de robo, arreglos con la Funeraria efectuados por yernos,
Cuartuchos bajo los caballetes de bungalós de ladrillo
El vaso hecho pedazos, la mirada cruzada entre la hija y el marido,
El cuerpo vacío en la cama solitaria
Y, en el vacío pórtico de concreto, cenizas aventadas
Nietos paseando al traicionero sol

Y ahora, en los gratos desvencijados anaqueles del horror
Oh Dios enseña, oh Dios ciega estos niños

martes, 29 de noviembre de 2011

Huérfanos de la eternidad - Charles Simic






Una noche caminábamos tú y yo juntos.
La luna era tan brillante
que podíamos ver la senda entre los árboles.
Luego las nubes la escondieron
y tuvimos que tantear el camino
hasta que sentimos la arena bajo los pies desnudos
y escuchamos el rumor de las olas.
¿Recuerdas que me dijiste:
“Todo, fuera de este momento, es mentira”?
Nos desnudábamos en la oscuridad
al borde del agua
cuando arranqué el reloj de mi muñeca
y sin ser visto ni decir
nada, lo arrojé al mar.

lunes, 21 de marzo de 2011

LA FIN - El País de las Tentaciones



Nunca me encontraré en otro ámbito similar a tu abrazo. Lo respiraré por las calles y llegaré tarde al desenlace de todos los días tristes. Me fascinan los atardeceres y las películas en blanco y negro. Estoy a favor de los ídolos de barrio, de los coches pintados, de las aceras que son el final de cualquier historia. Me enamora el café horrible del bar Dublín porque me gusta ver el autobús llegar, y pagar, y salir, y cogerlo, a tiempo. Pero odio pensar en ti. En ti como cura de todas las heridas infringidas por los horarios y la calma. Eres todo, todo, todo. Y yo soy una parte inútilmente iluminada. Soy un trozo de camino perpendicular, una promesa que te hice. Los atardeceres son bellos como la lluvia de los domingos, cuando pasas por debajo de los balcones y llegas a un bar y pides una cerveza y ves el partido. Es bello que todavía nos queden tardes, que no quieran ser tardes sino vidas arrastradas como la menos cierta de mis sonrisas. Esto es lo peor que me puedo escribir, porque ya no escribo para nadie. Ya veo una luz titubeante que viene de la costa. Y no veo a nadie esperando, pero no me duele y no duelo. Este optimismo es tan brutal, que las olas se callan y soy el único referente para un horizonte venido a menos. Hay películas que no son mejores que tu vida, y hay vidas en el videoclub, bajándose por internet justo ahora. La vida es lo único que queda cuando te miras al espejo y se funde la bombilla. Es lo único que te queda en los bolsillos. Cuida de ella como si fuera un trozo de calle, por la que vas a volver.