malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

Mostrando entradas con la etiqueta mis desastres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mis desastres. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

A MÍ DAME LA OSCURIDAD DONDE BRILLAN LAS LUCIÉRNAGAS

                                              my private Howl


He visto a las mejores mentes de mi generación naufragar durante horas en un scroll infinito, desnutridos, famélicos, histéricos, arrastrándose en busca de atención.

He visto a los mejores cerebros de mi generación apagar la pantalla y sentirse recién llegados de una guerra inventada, huérfanos de sensibilidad y autoestima, tras enterrar sus neuronas en un terrible hilo de Twitter. 

Endemoniados, consumiéndose por la primigenia conexión ya jamás celestial, hijos de la santa cobertura y la incapacidad para vivir fuera de los focos, de las fauces del ahora, de la impostura. 

No nos preocupemos, el vacío está siendo perennemente registrado. 

Primer curso: Cómo aullar con la pantalla encendida. Jack, no te subas a la mesa para recitar tus poemas, aquí ya nadie escucha. Publícalos a las nueve cuando el algoritmo promete mayor alcance.

Soy humana, por lo tanto nada es ajeno a mí, ya no Diane, ya no.

La encarnación del avance en dos respuestas que son mantra universal o haiku de la anti naturaleza: 

"Soy un humano"

"No soy un robot"

Como respuesta constante: Demuéstralo!!! Doble autentificación.

Mentes que cayeron en la trampa de la velocidad, del púlpito casero ante el altar blanco del buscador, desde el que graznar, no aullar, opiniones sin fin. 

Devoraron sin filtro el alimento de la conspiración y titulares tramposos. Mentes que se encadenaron a su propio y pesado ego. Que se sumergían en el eslogan de la felicidad eterna ignorando la letra pequeña de todas las promesas. Que se desvanecieron de ellos mismos sin darse cuenta, diluidos en la masa compacta del sistema nuevo opio, paralizados y dispuestos a vagar voluntariamente en la celda portátil que nace de la mano al ojo. 

Tú eres tu cárcel.

Mentes, que se postraban ante el latido mercancía.

Que se estrellaban sin leer el tratado definitivo del desastre que tenían ante sus ojos.

“Quién reventó sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?” preguntaba Ginsberg.

De paraísos artificiales a inteligencias artificiales, Baudelaire, resucita, te rogamos.

Ahora que la rabia es tendencia. Ahora que el genio de la lámpara no cumple tus deseos, te los dicta. Ahora que ser intensos es mostrar nuestro egoísmo sin vergüenza.

No hay vértigo en esas ventanas de seis pulgadas de falso cielo azul a máximo brillo, espejo de miseria. No hay vértigo porque no hay salto. 

Lo que sí hay son poetas optimizando verso viral, músicos y su riff viral, rostros con su gesto viral, bocas con su insulto viral, puesta de sol viral, enfermos todos de falsa autenticidad.

Tu insomnio a un servidor oculto, entregado. Todo lo que vemos es un anuncio interminable.

******

No a una ternura burocrática. Se trata de postergar el fin del mundo. Lo Sagrado siempre será un cuerpo que no renuncia a su temblor.

Millones de ventiladores rezan el mismo salmo eléctrico: enfriar el corazón de la máquina.

El óxido no descansa, dijo el gran Neil, el algoritmo tampoco.

Los mendigos piden batería.

Compárteme tu ubicación aunque estés a mi lado porque no te siento.

El apocalipsis llegará en una actualización automática.

Virales o inmortales, esa es la cuestión

¿Conectarse es encontrarse? "Lo siento, no he entendido la pregunta”, responde el asistente de voz.

En este instante mercancía, los filósofos redactan solicitudes de financiación para demostrar la utilidad económica de la duda. Los revolucionarios pendientes de la analítica de audiencia. Ay del contenido sensible, ay del pezón, eso nunca y la guerra editada en formato vertical, no lo olvides.

Compartir antes de leer. Condenar antes de saber. Responder sin pensar. Ser sin existir. Así se conjugan ahora los verbos.

No es la tecnología, nunca fue la tecnología, es el antiguo deseo de adorar ídolos hechos de materiales nuevos. No más becerros de oro, dame cobertura, no incienso y que nadie sospeche que toda religión comienza cuando dejamos de hacernos preguntas. 

En esta misa interminable a uno mismo, cementerio de perfiles y epitafios actualizados cada diez segundos, del dresscode aplaudido, del storytelling manido, que tu dios no tiene rostro, tiene interfaz, que ya no hay paraíso solo experiencia mejorada, te digo.

La revolución es morir sin haber optimizado esa dichosa experiencia, amar sin dejar pruebas, viajar sin dejar rastro, comer sin dejar evidencia, en este siglo que todo registra, ese es el último acto verdaderamente herético.

Somos animales sacrificados y la obscenidad de nuestro siglo es haber perdido la capacidad de ser atravesados por algo. Guárdate tu Tomahawk, que a este cuerpo mío ya le sacaron toda la sangre.

Que los corazones parecen campanas enterradas, que la palabra se acantila y yo caigo sin saber a dónde. Mientras aún una palabra tiembla como un pájaro en mi garganta. Mientras el sol se cose al horizonte con un hilo rojo que hiere. Y unas pestañas llenas de gasolina y polen aprenden a mirar bajo el esmalte rojo de un semáforo. Que la belleza lleva una rosa en la boca y un universo encondido en el silencio. Que lo importante se anuncia en la carne.

¿Quién eres tú? ¿en qué espesura existes?

Ser omnipresente, verlo todo, escucharlo todo, opinar siempre...

Como diría el gran Bartleby: PREFERIRÍA NO HACERLO.

A mí dame la oscuridad donde brillan las luciérnagas.





domingo, 26 de julio de 2026

El folio fuego eterno

 

«Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía». Emily Dickinson

Todos hablan del eclipse, del fuego, del saber perder. Yo me senté hoy -ya ayer- a escribir un poema que se llamaba El folio eterno, no el fuego eterno. Lo dedicaba a un joven nacido en Lowell, alérgico a las interrupciones o enamorado de la corriente eléctrica que nace de la escritura sin riendas (como esos caballos que hoy huyen del fuego) recortó y pegó con cinta adhesiva folio tras folio, de un modo frenético, y en apenas tres semanas -ardiendo- sin puntos y aparte, sin márgenes, sin sangrías... scroll infinito, como una carretera eterna, como el flujo de una vida que se inventa segundo a segundo,  escribió una novela. O contó su vida, qué más da. No es la canción...

Después, como no podía ser de otra manera, automáticamente me fui por las ramas del poema que no sería. Dime cómo se disuelve el ego cuando todo el mundo trae su justificante de emociones. Cuando todo el mundo habla de lo mismo, cuando todo el mundo ya estuvo "allí", cuando todo el mundo es como todo el mundo. Yo quiero que traigas un poema con pistola. Un poema que haga que Dickinson sonría y tiemble en cada costura intracraneal. Te lo pido a ti y me lo pido a mí misma. 

Me anoté en la palma de la mano izquierda el nombre de un pueblo que por lo visto iba a arder: El Tiemblo. Quise saber más y entre la leyenda de una princesa del siglo XV y una anotación del cronista Sampiro en el siglo XI, con esta última me quedé: «Venit in locum que dicitur a Trémulo». Eran tierras repletas de álamo temblón. Cuánta poesía nos aguarda ahí fuera. Cuánta ceguera albergamos dentro. Cuánta poesía se está quemando.

¿Cómo era eso de que somos un río? ¿Dónde quedó eso de la impermanencia, el famoso Anitya?

Este puede ser un folio Mekong donde diluirnos, donde revelarnos como simple pieza del engranaje, y qué. Samapattis de color dolor para salpicar el papel de nosotros sin que se note y escuchar nuestra propia sangre recorriendo nuestras venas. Líbrame de lo evidente, del espejo y la condescendencia. Del corazón vacuo y del algoritmo. De la muchedumbre que solo es un montón de vacío. Ese, el vacío, es el único bosque que debería arder. 

Entonces Lorca: 

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Se acaba el vino y la luz de la vela a la vez y llega el audaz recuerdo a pellizcarme los gemelos, con su balada indescifrable por los lugares que no habité. Atada al mástil, escuché sus cantos.

El corazón que se desnuda se arma, pienso.

Con qué facilidad todo es polvo, con qué facilidad se arruga el vestido de la carne.

Tomar café, tomar muslos, tomar esquinas y fiebres. Saborear paseos por los márgenes donde todo es era savia, rocío, pupila, derrumbe silencioso de las sombras, trinos, musgos amorosos y que ahora nadie ve. Belleza desprotegida obligada a un ave fénix. Otra vez.

Podemos ser todos los lugares que se desprenden en la transparencia de una caricia o habitar la destrucción del sinsentido. 

Eclipse, fuego, saber perder. Vuelvo al folio eterno, vuelvo a las esquirlas de los sueños, a lo que queda de lo que fue.




domingo, 19 de julio de 2026

Ab imo pectore o Ab imo abysso

 

Carta de amor a la luz que se hunde.

En el desfiladero de tu mirada se ha detenido un albatros que con el pulso atávico de sus alas, va a vencerte. Emprenderá el vuelo y tú la caída.

Cuando la luz parece que se entierra en la línea del horizonte, luz que se destiñe en rojos, luz que se amapola. Luz que se deshace como la esperanza, que tú, quiromante, tallas en las palmas de tus manos a puñaladas. 

Hay un espacio entre el recuerdo y la desesperación del corazón que se extravió en su propio vuelo, Ícaro ridículo. Narciso esquizo. Velero a la deriva. Ilusión que naufraga.

Hay una carta escrita con fuego que llega de un tiempo antiguo. Pero ya no quieres leer.

Se ensancha la herida, imagen exuberante en la memoria, y una semilla salvaje germina en el lagrimal de un adiós tan gratuito como ya irremediable. Pero ya no quieres ver.

El poema semiprecioso nace de la mina de tus entrañas y balbucea grita aúlla brama clama un canto improvisado en la agonía que no sobrevivirá jamás a la mañana, porque ya no quieres escuchar.

Un caligrama dibujado en el abismo, párpados que cargan tormentas.

Una sombra infinita que fue creciendo.

Dame amor sin fanatismo, imploraba. Una ternura diamantina, dame un exceso de calma.

Pero ni un auxilio de caricias llegaba.

Ensayamos el gesto sonámbulo del que conoce tan bien su dolor, su destino, el que fuera su territorio que esquivamos quicios y cantos para no despertar, para no existir fuera del sueño. Porque ya no queremos saber.

Fabricando una oasis-burladero para olvidar donde el nace el poema y sus corales de tristeza, el que quiso forjar un imperio, no un pecio doliente de emociones, de recuerdos, no una herida entre el cielo y la tierra. 

Un amanecer sin revelación, quién lo quiere, solo una playa muerta y unas gaviotas hambrientas y un mar respirando detrás de ellas, inmenso, como una fosa común que hubiera aprendido a gritar. 


Oye poeta, le dicen, desenchufa* el amanecer,

Oye poeta, desconecta los relámpagos, como dijo Bolaño.


Que quiero una noche oscura y silenciosa en esta isla, a ver si la tienes.

Que quiero mojar tu pirotecnia hecha de impostura y prisas.

Con la saliva de mis versos.

Con ráfagas de consciencia aniquilante.

Con primerísimo plano del desastre.

Amansar los flashes de la nada.

Conversar, de nuevo, con la mirada verdadera.

Microfonear tu latido, si es que existe.

Contemplar pájaros y nubes, si es que existen.

Dejar de marcar con una X el lugar del tesoro que siempre fue el lugar de la trampa.

Apoderarme de la llanura de tus hombros, morder tu yugular a ver si sangras.

Adueñarme de lo abstracto sin medida.

Criptica amazona del camino polvoriento.

De la vereda llena de espino y amapolas.

Vaciar el stock de la rabia.

Que mi vida fue ver nacer y crecer un desierto.

De las emociones, de lo verde, de dónde queda el arrepentimiento.

De quién son estos sueños atroces?

Que está bien no brillar.

Que está bien habitar el margen.

Que está bien pasar desapercibido,

andar, no volar,

está bien ser 

sin más

con menos.

Que está bien vivir.

Nos inmolamos públicamente y no era necesario.

Nuestras alas de gigante, como dijo el poeta, nos impidieron caminar. 


 


 

viernes, 17 de julio de 2026

UN PARAÍSO EXCAVADO EN LA ROCA

                                   


           


 por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.

”Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”.


Esa noche…fue muy larga.
Abrí mis ventanas
cuando cayó el sol
y la madrugada
como un vestido de calor
me apretaba.

Dejé entrar al viento
para que nuestro paisaje de piel
desenredara.
Fuera la ropa tendida danzaba
bajo una luna creciente
que se tornaría guadaña.

El viento, no puede llevárselo todo,
me repetía.
Ojalá… a veces…se lo llevara…
Siempre se deja las cicatrices, las dudas
y las miradas que nos traspasaron.
Si se lleva mi pena, es porque será la tuya.
Canje diabólico, equilibrio insano.

Podría traer, este viento, el eco de las risas
algunos temblores concretos
algunas oportunidades perdidas
o el amor de todas las madres.

Que se lleve, si quiere, las prisas,
el odio y las guerras.
Que yo solo quiero el olor de todas las espumas
que me salpicó el mar
esa lágrima gigante.

Esa noche, sería la última
la última de esa Vida
porque cual Atlántida
que en un día y una noche terribles
se hundió,
algo iba a suceder,
algo que ahuyentaría la luz
nuestra luz, toda
porque algo venía a labrar
un lenguaje de penumbra.

Yo, que estoy herida de luz y verdad
aquí abriendo mis ventanas

a la muerte.
Yo que sé que prefiero el destierro en tu cuerpo, siempre
que lo que llega es peor que la Nada
Yo que sé que el exilio es el auxilio

Yo me duelo y me lleno de rabia
Con más corazón que coraza
Ese viento trae un desierto
Pero nadie escuchó su amenaza

En este temporal infinito de esquirlas y silencio
tricotaré, te juro, versos salvajes y atribulados,
Versos que crucen la carne
Hilvanando memoria y verdad
Versos que serán recitados en la cubierta de un barco
que nos alejará, solo en la distancia, de estos tiempos de sangre.

Haré tributo al incendio
Al fuego que escondimos en nuestros cuadernos.
Haré simiente de la herida.
Sismógrafo del corazón
Me detendré en el misterio
del poema que alumbre el recuerdo
del derrumbe, de la caída
pero solo para levantarnos.

Porque te digo que cuando nació ese infierno
Excavé un paraíso en la roca
Excavé una promesa en el alma
Supe que el olvido es la más verdadera de las distancias que existe.
Que tú, contienes trazas de naufragio,
Memorias de huida y muerte
que otros provocaron.
Que este viento que te despeina la piel y el corazón
contiene todos nuestros suspiros
toda nuestra desesperación
todos los veranos que quedaron enterrados
No olvides que la esperanza es un jardín obstinado.

Que los exiliados somos una maraña de anclas
que sueñan arenas en mitad del viento.

Y hoy aquí, en esta noche, que se parece a todas las noches,
piensa que esto que ves, esto que acecha,
tal vez no sean solo molinos,
tal vez sí sean gigantes.

jueves, 9 de julio de 2026

El "no" ya lo tienes




 Supongo que así crecimos algunos, 

con "el no ya lo tienes".

Eso significaba pide la luna, que "él" se enamore, que te cojan en ese curro, que te toque el 30247, que te editen el poemario, que no llueva mañana, que salga bien el análisis, que te deje el coche tu padre cuando llevas dos días conduciendo, que te dejen entrar en pachá con quince, que te recojan en autostop fuera del summun en el `94 cuando no quedan taxis, que cante tu poema esa mujer que cada vez que hace algo te remueve las entrañas de bonito....el no ya lo tienes.

Y luego, a ver qué hacemos con el no que ya tenemos. 

Aceptarlo, claro. Edificar sobre él un rascacielos a mano. Volver a casa andando. Hacer un poema más hermoso. Buscar un amor más bonito. Comer más sano. Pedir la estrella Sirio que es la asoma por la ventana cada noche y no la luna. Cambiar de número. Buscar otro trabajo. Aprender a cantar. Tener el no y abrazarlo  

lunes, 29 de junio de 2026

ahogando el silencio

 


"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire. 

Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.

No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre. 

-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad. 

Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable. 

La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo. 

Tecleo tecleo tecleo


-¿Dónde? En la garganta 


miércoles, 15 de abril de 2026

UN FULGOR CÍCLICO



 



¡No quiero brillar, sino fosforescer!

 

Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca. La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe. 

«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.

No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el papel sea apenas otra forma de la noche. 

Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible. 

Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio del caos perderemos nuestra aureola.  

Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque. 

El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura. 

La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma, hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo. 

Fosforescer es el verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan. 

 Ay si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso. 

Venga a mí toda la luz desatada. 











sábado, 14 de febrero de 2026

D E S O R I E N T A D A



Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento. 

Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro. 

Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.   

Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan. 

Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita. 

Cuando el final será común, la hazaña es el camino. 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando yo salgo a la mar

                                                                              



una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo

Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego. 

Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo. 

Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda. 

Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 

*********

Somos el diez por ciento, y qué?

Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva. 

Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena. 

Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad. 

Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente

Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano  que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 


sábado, 8 de junio de 2024

un huracán fuera de temporada




Un coral, un relámpago, una palabra, un trozo de leña, un acorde o un rayo de luna, bastan. Un requiebro para recibir la aurora y hacer mío el temblor crucial y consagrarme como corazón hipnotizado que busca la escritura que devora y la encuentra en cualquier lugar. Aquí lo hacemos a oscuras porque no toda luz vale. Porque no toda luz viene del fuego. Aquí se tejen los versos al muslo y se alumbra lo que se alcanza. En la síntesis de una mirada, eso basta. La métrica del pensamiento desatado que se alcanza con la mano. La rima del gemido. La lengua de una diosa, nido de azúcar y también su espalda de sal repleta. En las líneas de fuga nadie debería querer reescribir una caricia, ni un verso, ni un dolor, porque no se puede. El que reescribe un poema lo convierte en algo que no fue y ya nunca será. Quién sabe reconstruir un arrecife? renombrar una galaxia? dibujar el origen de un sabor? 

Yo, me reencarnaré en un poema. Quizá llegue con las crines lastimadas de deseo y tarde. Mejor. Con una plaga de recuerdos que respiren sin lamentos; un precipicio en el pecho desde donde se lanzaron, uno a uno, los días más felices, sin miedo, después de arrancar manojos de nostalgia de los caminos para no tropezar ni un segundo. Como una estrella moribunda que viene a traducir su fulgor, tal vez llegue, cuando las palabras sean la carne del poema, las pestañas estambres dulces donde amarrarse con euforia en lo inédito del amor que nadie escribió, con el lenguaje irreconocible que nace desde dentro, de roce duplicado, con su bautismo de fuego. Hay que tener los arrestos de salir de la muchedumbre. Exaltarse y blandir la palabra inesperada. Traducirse por dentro. A solas y más allá, afilar la pluma, elevarse en un abrazo de balconada, sabernos infinitos y barrocos. Los versos llenos de serpientes y nenúfares que vengan a tocar el mundo con suavidad y veneno y elevarse con austeridad y romanticismo en estos tiempos de romería y absurdo. Como barcazas surcando el desierto. Caballos crucificados devueltos a la vida. Tu mordisco tatuado en mi hombro izquierdo. Un revuelo de pétalos electrificados en el anfiteatro de tus ojos. 

Leí que la ternura es un submarino que todos ignoran. Pero aquí no. Aquí un tratado de paz, un atlas de los instintos, más allá de la gramática del misterio y la muerte. Partidarios de la inspiración, sedientos por devoción. Notas sobre la belleza. La belleza del escalofrío que se siente versus el escalofrío que se provoca. Triunfantes los cuerpos que no se adornan con nada que no sientan. El gozo de la transformación nickcaveiana siempre presente en esta obra sin ensayos que son nuestras vidas. La promesa del aullido que se profiere desde lo más hondo. O un poema despiadado que rompa el ritmo de las estaciones. Un canto para nadie. Un aguacero para la desnudez. Habitar el Reino de los fines. Furiosamente hacia uno mismo. Ruinas en reconstrucción pero legítimos de nuestra derrota. El paisaje urgente que atraviese la nada que nos envuelve porque los sótanos de la transparencia están llenos de espejos. Hectáreas de vacío que ahuyentamos. Las proporciones áureas de nuestro abismo como himno. 

Pero siempre pertenecerme entera, que el mundo está amueblado por tus ojos*, dijo el poeta y por ello crucé avenidas y partículas de luz para errar lugares pero acertar en mi emoción por si acaso no había nada más. 


sábado, 30 de marzo de 2024

VIGÍA DE MI PROFUNDIDAD

 


"A las gentes nos fue dada 

esa maldita capacidad: 

transformar el amor en nada".

Paulo Leminski


Recé a dioses extraños descalza, entre cantos de aves sin paraíso y los cantos del propio cuerpo cuando venían a cambiar el vendaje de mi sombra que no dejaba de devorarme. En la proyección de la caída me vi a mí misma, directa al suelo de tu pupila, intentando adivinar el movimiento que me sucedería pero no, nunca, porque la cartografía del oleaje es traicionera y al final algo me dice que en la exuberante oscuridad de mi verbo puedo ver y verme por dentro. Yo, que me alivio con un poema, yo, que me demoro en el mismo y le rompo el estribo y alimento a mis caballos de fuerza y me enveneno con el tiempo y hago del largo silencio un viaje, de mi corazón bastión y agito versos como banderas blancas mientras mis manos van a la deriva. Más tarde, el viacrucis de los cuerpos se elevará entre tanta naturaleza muerta. Más tarde cuando la noche sea un muro, el cabello magia, la palabra auxilio o fortaleza. Más tarde haciendo nido en el delta de mi cadera, cuando me abrace al relámpago de no tenerme. Una leyenda que se deshoja lentamente para que la escribas. Una cicatriz se esconde porque se sueña madriguera. Donde ardimos siempre será verano pero insistentemente te extraño. Crece la hierba sobre el pasado pero la memoria se afila como el agua y encuentra su camino. Y el velcro de las pieles y el paisaje que se incrustó por dentro hacen el resto porque el camino del dolor se aprende de memoria aunque no queramos. 

martes, 19 de marzo de 2024

SCARLET RIVERA: EL VIOLÍN DEL HURACÁN

En Muzikalia:     SCARLET RIVERA: EL VIOLÍN DEL HURACÁN 



Un sinfín de historias y leyendas hablan sobre el significado o el poder del cruce de caminos. El no-lugar, que decía Marc Augedonde los ciudadanos se convierten en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar. En las encrucijadas se enterraba a los suicidas en la Edad Media, se llevaban a cabo ejecuciones y en muchas culturas el cruce de caminos servía para invocar a los ancestros y espíritus, realizar ofrendas, rituales mágicos, de purificación e incluso, canjes a lo Robert Johnson con el mismísimo diablo.

Algo más prosaico pero no menos poético, es el cruce de caminos que en ocasiones une a dos personas. O tres. O dieciocho. Y esos encuentros también pueden resultar una ofrenda para nuestros sentidos, un punto de encuentro entre lo terrenal y lo divino.

Un 5 de junio de 1975, una joven de 25 años llamada Donna Shea caminaba con el estuche de su violín al hombro por la 13th Street del Lower East Side, de Nueva York. La historia no habla de a dónde se dirigía ni de dónde venía porque a veces todo ese envoltorio de detalles queda reducido a la nada, sobre todo cuando una limusina de un color verde horrible se cruza en tu camino. Esa joven nacida en Chicago en 1950, de orígenes irlandeses y sicilianos, que soñaba con viajar a Europa del Este, amaneció un jueves cualquiera sin poder imaginar jamás que acabaría subiendo a un coche desconocido para ir a un local de ensayo en el que pasaría la tarde, escuchando tocar y tocaría ante Muddy Waters, entre otros, grabaría ese verano un álbum, Desire, y saldría embarcada prácticamente en una gira que duraría seis meses. El nombre artístico de la violinista es Scarlet Rivera y el del brujo con el que se cruzó y cambió su vida haciéndola subir al coche, Bob Dylan

Tres meses después, el escritor y dramaturgo Sam Shepard, encontraba una pequeña nota de color verde sobre la mesa de su cocina con un número de teléfono. Bob Dylan quería que le acompañara en su gira para escribir el guion o cuaderno de bitácora de la misma, con la idea de que todo desembocara en una película. Shepard tenía mil planes en mente en su nuevo rancho. ¿Qué pensaba Dylan? ¿Que con un chasquido de dedos iba a dejarlo todo? Sí, de nuevo, el brujo, el bardo de Minnesota, abducía al escritor más cool del momento y lo unía a esa troupe rocanrolera y circense que haría historia recorriendo EEUU y Canadá en 57 recitales que venían a retumbar el mundo, a imagen y semejanza de los indios Hopi, con su legendaria danza de la serpiente y como mensajeros de este mundo lanzarían su plegaría al más allá. La gira del trueno que retumba había cobrado vida.

Dylan y Shepard no se habían encontrado nunca antes, al menos siendo conscientes de ello. En la misma época en la que el Wizard grababa el épico disco The times are changing en los míticos Columbia Studios de Nueva York (lugar que alumbró las grabaciones del Kind of blue de Miles Davis, The Wall de Pink Floyd o el New York New York de Frank Sinatra entre otros muchos), tan sólo a unas calles de allí, en pleno corazón del Greenwich Village, un joven Shepard trabajaba de busboy, lo que vendría a ser ayudante de camarero en uno de los garitos más emblemáticos, el Village Gate. La mayor parte de los feligreses que acudían a expiar sus pecados a golpe de voz o mediante el exorcismo de los instrumentos musicales en el famoso estudio de grabación, también conocido como The Church, ya que eso fue, una iglesia desde 1875, en 1948 reconvertida -eriza por dentro imaginar la acústica y la sensación que debía embriagar cada grabación- tocaban después en vivo, al caer la noche, en el Village Gate. Ambos lugares gozaban de mágicas propiedades acústicas, damos fe de ello.

 

Los tres, Rivera, Shepard y Dylan gastaron sus suelas, sus manos, sus días y noches en busca de sus sueños, en el mismo entramado de calles antes o después o al mismo tiempo. De hecho los tres procedían de ciudades muy cercanas, Rivera y Shepard de Illinois, a orillas del Lago Michigan, y el bardo Dylan de un poco más arriba, Duluth, a orillas del Lago Superior. En esa rayuela del destino se fueron moviendo siempre cerca.

La reunión urgente y salvaje de 18 músicos quedó maravillosamente retratada de la mano de Shepard en un épico libro que probablemente nada tenía que ver con la idea original de lo que debía ser. Algo nos dice que Dylan quería hacer su propia película, inspiradísima en Les enfants du paradis (1945), ya que verle con esa máscara blanca y ese sombrero de ala ancha repleto de flores es ver al gran mimo y actor Jean-Louis Barrault en la misma. Así, como dijo Oscar Wilde «el hombre no es él mismo cuando habla en su propia persona. Dale una máscara y te dirá la verdad», así hizo el hoodoo man, con su banda improvisada y cambiante, sin apenas ensayos, conciertos en pequeños aforos, sembrando el hechizo en ciudades ignoradas en las grandes giras, con actuaciones de casi cuatro horas por sólo siete dólares y medio, más bien una ruina en lo económico, pero para ser historia hay que hacer historia.

Allí, en ese cruce de caminos, fortuito o premeditado, con un elenco de músicos inaudito e inspiradísimo, embriagados todos con el violín que lloraba y reía, los temas sonaron con una energía hechizante, la mirada de Dylan electrizaba y sometía, hay algo hipnótico en cada grabación que nos ha llegado. Para la historia, las cuerdas de Scarlet en el «Yo acuso» musical más efectivo y emotivo que se recuerde, el «Hurricane», nos sigue maravillando, sonó con una fuerza distinta lo envolvió todo de un fuego místico porque allí estaba «la misteriosa dama oscura del violín, con sus sortilegios, su espada y su serpiente», tal y como la describió Shepard. Y como suele pasar en el no-lugar, los elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar, el de Minnesota no volvió a contar con Scarlet, según dicen eso suele pasar con los genios. O con los trucos de magia en los circos. O en los cruces de caminos.

Pero el violín del Huracán nos sigue y seguirá hechizando.

 


domingo, 11 de febrero de 2024

SENTIMENTAL CATÁSTROFE *

 



¿Dónde vas tú, sentimental catástrofe,

roto soneto,

galgo pasante por tu dorado escudo?

Francisco Umbral




Uno se cansa de pasear por escenarios vacíos trágicamente iluminados en noches literarias sin literatura. La imponderable necesidad de auxilio en la hora muerta lo abarca todo de un modo selvático. Más misterio en la contorsión del verbo, más humedad para lo frondoso en el gemido. El corazón es una bomba, no un recipiente. Mejor la mirada caleidoscopio y el músculo ya caliente de la intuición. Para saltar, combarme, serpentear, apartarme del simulacro de laureles y madreselvas que vienen a enterrar la luz más que a calmar el hambre. Mejor creer/crecer en el primer trazo emocionante que tiña el momento de balada punk por el bancarrotismo de las ilusiones y ser, como diría Kerouac, tan inexcrutable como la dirección que habría seguido un fuego apagado. Seguir hurgando más hondo hasta que la piel cante aleluya y después volver a hurgar, otro mundo aquí y ahora, por una poesía sin prospecto, una velocidad con curvas, una senda con misterios, un alboroto en las raíces. Dejar de explicarnos, que le tiemblen las pestañas y se le dilaten las pupilas al momento que llega. Como dijo el poeta, solo busco un poco de tiempo en estado puro.

Entre tanto pensamiento intoxicado, al fin, fabricar un resplandeciente vagón del silencio, en mitad de tanto siglo veintiuno. 



domingo, 31 de diciembre de 2023

ROMANCERO ELÉCTRICO I

 


Ya solo quiero vestirme de mí misma, de esta piel con cicatriz, de los abismos más altos, con los ojos limpios y las hojas anchas inundadas de verbos madreselva. Hacer algo con la sed de la yegua y la potencia de la palabra derramada cuando todo el mundo se haya ido. Cuando ya todo sea mantel sucio y luces apagadas. El poema del desbordamiento, será, hasta que no le quepa más vida ni osadía. El poema dragón que desate los fuegos.
 
Un poema samurai que describa el mercadillo ambulante que recorre cabeza corazón entraña, cabeza corazón entraña, cada día, cada noche. Un abarcarse corduras y desvaríos al mismo tiempo. Amanecer con calma y cantos. Alabar los silencios que traen luz. Por un poema tan inútil como implacable. Que hable de las huellas de tu mirada. Que no sea mío, que sea de nadie. Como ofrenda imposible. Vapor de lágrima. La llaga de lo innombrable. El aleph de todas las sonrisas. Una sombra de color. Un muro fronterizo de sudor entre nuestras pieles. Una ingle con la suavidad de la porcelana. Caricia todopoderosa.  Que resista y embista. Que teja acordes de savia nueva. 

Que sepa qué hacer con las toneladas de rabia que se acumulan en el suelo del pecho. Esa que te raja la respiración. Esa que se sabe tu nombre. La que vende mechones de pelo y se esconde de los espejos. Que sea como esa ropa ya seca que espera a arder con el sol. Como el tomillo que se engancha a mis dedos y yo lo huelo como si estuviera en lo hondo, como si quisiera arrancarlo y llevármelo más adentro. Y siempre es más adentro. Como si quisiera invocar el momento que fue una y otra vez. 

        Que sea ese poema porque ahora ya sé que mi palabra es el cimiento que quedará de mí.
    





lunes, 27 de noviembre de 2023

SONO TORBIDA PER FARTI ADDENTRARE IN ME


di Julia Roig

(trad. Marcela Filippi)

 

Qui c'è il mondo.

Non sai nemmeno tu della violenza in cui sei coinvolta

Forrest Gander

 

Attraverso le mie rovine travolta da sbornia

con le cosce che tremano come vecchi cani

tra bagliori di febbre e nerbate date con amore

spargo lunghe luci e parole

maneggiando un cannone di fumo a mio piacere

 

Con cartoline dall'eccitazione, tramo un paesaggio elettrico

della donna che con carezze vieni solcando

Regno nudo quello dell'oscenità delle nostre linfe

Sono solo una daga bagnata nella tua schiuma

O viceversa

Dei fianchi ben alti

Tu, catastrofe nelle tempie,

cascata laudano di scommessa tagliente

un fango sciamanico che mi cola lungo il collo e la schiena

 

Larve di desiderio di bocca in bocca

esistere nell'emergenza

di questa femmina affranta, gitana, ventaglio di ciglia

col mio bacio, molto denso

e il flusso del tuo fiume, sferzata fantastica

 

Mentre si avvicina un animale all'insensato

ascolta come gemono i miei rami

perché so che ho già smesso di costruirmi

Ora, che mi gridi il corpo 

che si governi da solo

che si improvvisi

che crolli

col pungere dello sfavillio

 

piangendo tutta l'energia che sia necessaria

 

                                                                                                  (Del inédito Ternura bizarra de alta gama)

 


SOY TURBIA PARA QUE TE ADENTRES EN MÍ/


Aquí está el mundo.

Tú ni sabes de la violencia en la que estás implicada

Forrest Gander

Cruzo mis ruinas azotadísima de resaca

con los muslos que tiemblan como perros viejos

entre relámpagos de fiebre y golpes de culata hechos con amor

derramo luces largas y palabras

manejando un cañón de humo a mi antojo

 

Con postales de la excitación, tramo un paisaje eléctrico

de la mujer que con caricias vienes arando

Reino desnudo el del lumpen de nuestras savias

Solo soy una daga mojada en tu espuma

O viceversa

Unas caderas bien altas

Tú, catástrofe en las sienes,

cascada láudano de apuesta afilada

un barro chamánico que me chorrea nuca y espalda

 

Larvas de deseo de boca en boca

existir en la emergencia

de esta hembra zaherida, gitana, abanico de pestañas

con mi beso, bien denso

y el caudal de tu río, zarpazo fantástico

 

Mientras se aproxima un animal a la insensata

escucha cómo gimen mis ramas

porque sé que ya dejé de construirme

Ahora que me grite el cuerpo

que se gobierne solo

que se improvise

que se derrumbe

con el picotazo del brillo

 

llorando toda la energía que haga falta


El blog de Marcela aquí: Solmar


miércoles, 30 de agosto de 2023

frente a un Caravaggio

 



Ritmitas de marea. Si por dentro me observaras, todo lo verías. Cada capa, estrato del delirio que me alberga. Varios libros no escritos, más allá de la dermis, albergamos, porque la Vida, cuando libre, es una loca. De las que no están medicadas. Una danza sin historial de la histeria. Yo no quiero ni enterrar, ni enterrarme. La lucidez es el rayo oblicuo que cruza tu pensamiento, derrumbando a mansalva, lo que a duras penas, a duras rabias, venías tú con ternura construyendo. Viene a crujir y a desdecirte. En la cúspide hace frío y en la mina también cuesta respirar. No quiero leer reseñas del naufragio. La decadencia es obscena si no te toca. Un lienzo puro que cuelga de un muro que se queda a solas al anochecer. No hay viento en los museos. No hay redadas en sus salas. Me encantaría pasear borracha por el Louvre o El Prado. Que me hicieran un control de alcoholemia frente a un Caravaggio. Señorita, usted no puede mirar este cuadro, usted es un tigre. O que me dejen quieta frente a un Bosco, para ver si bajan o suben los niveles de mi aliento. Y desaparecer en El Jardín de las delicias. Nadie se dedica a bucear en mi aliento más allá de las cunetas a las seis de la mañana fuera del Amnesia. Tantas cosas que medir en él. En mi aliento. Desidia, indignación, deseo, voracidad, extenuación, hambre, sed. Esta mujer está demasiado embravecida, aléjense hasta que pase. Y que le pongan mi nombre a un huracán. O a un terremoto. Esta mujer que no observe un Freud, ni un Schiele, ni un Goya, hasta que esté limpia y serena, como un mar tras la tormenta.    

viernes, 11 de agosto de 2023

mujer pimienta

 

el cuerpo es una galaxia


hubo una noche de calor líquido que rezumaba por las paredes y por mi piel, el ventilador a los pies de la cama hacía un barrido sobre mi cuerpo moviendo el aire caliente envolviéndome mientras observaba a un gato en el alféizar de mi ventana y sabía que la temperatura dentro-fuera era prácticamente exacta y sentí el mundo pequeño y caluroso y unido y prieto, no sé explicarlo. sentí que el mundo era una habitación claustrofóbica y quizá yo iba a salir de él. la luz era tenue y la luna azotaba el campo con su rabia honesta. por mi mente pasaron infinitas batallas y mi respiración se hizo profunda, como un pozo hondo que busca agua, más dentro, más más más. hice estiaje de todo el amor que albergaba y de las risas que hacen crujir los centros. y me sentí calma. plena. floreciente hazaña. pensé que a veces he sido un jardín ambulante y mis raíces han roto el suelo del salón de todos los males, porque lo mismo te arrastra un abismo que una pasión cuando lo que tienes es sed. y he sabido siempre que el dolor cuando no es sonoro no es menos dolor. y que mi mente no es del todo penetrable. y creo en el suero de las palabras cuando florecen libres y bañan las heridas sin saber de quién son ni cómo se hicieron. el asedio del deseo no es necesario. y no todo te recibe con un welcome. así que arded dioses, porque este verano trae los ojos de Ramón Lobo y el sueño del pasaporte de Leguineche. la raíz que se entrelaza pelea por el agua. a veces todo es ruido en las sienes. a veces el vacío es voluminoso. y la gruta del corazón tiene tu voz. soy sagrada. pienso. soy sagrada. escribo para mí y expulso toda la herrumbre. escribo para mí y me mezo en los bosques y en las olas. escribo para mí sin burocracia. lamo el envés de todos los asfaltos y regalo mi pecho al eco del alarido que me busque. escribo el manifiesto de la cornisa del alma. acaricio el contorno del impulso de quererme encontrar por dentro. tintas, pintalabios, musas y santos. suspiros y plegarias. veleros en mis lágrimas emborronando todos los mapas. estoy hecha de costas y danzas. una indonesia en mi espalda. me surcan volcanes dormidos. palabras en ruinas. poemas escritos en papel de fumar que solo saben a humo. pero nada importa para el adicto a la belleza. la que ensancha el mundo y le da sentido. el puño que atraviesa el capricho. la boquilla de mi locura. el colapso de la luz, los nombres no dados, las yeguas sin estribos. hubo una noche de calor líquido que rezumaba por mi vientre y mi corazón, hubo una noche que me volvió sagrada. 




miércoles, 26 de julio de 2023

vocación de incendio o la belleza por error




Me interesé por el muralismo hiperviolento y la filosofía hindú, cuando ya el corazón del mundo ardía.

Rodas, Argel, Palermo. 

Poésie-verité, con energía real. Inundarlo todo. Desde los veinte queriendo ser una peonza enloquecida y mi lengua una púa, a lo Papasquiaro. Vivir en la catarsis no acaba de funcionar, qué calle, qué piso, qué puerta, qué campo. Con vocación de incendio, vestida para el baile, armada de tinta, así huyen los poetas, como los pulpos, como el calamar. La piel es un vaticinio. La sonrisa una trinchera que hace las veces de hoguera, de hogar. El poema aguardiente mediterráneo. Me dirijo a una boca de incendio o una escalera de emergencia en un brownie neoyorquino y bebo sangría con Lou, para alejarnos del fuego, pero ya es tarde, me dirijo a la belleza por error, que diría Kundera. Me tatuaré en el hombro izquierdo el blackstar de Bowie. Escribiré el poema de la supernova que nunca fui. Balconing en el corazón y de fondo versos de San Juan de la cruz. La noche oscura del alma. Suena Astral weeks en bucle. Albricias, reina egipcia, la cuna ya arde cual biblioteca de Alejandría. Compite una lágrima por mi fosa nasal izquierda con otra que se desliza por mi mejilla derecha. Ambas, barridas en mi labio superior, acaban en mi lengua y ese es el fotofinish de todas las carreras.

Hablé tanto del fuego que no pensé en el sol. LUX LUX LUX. 

Las máquinas no podrán hacer bacanales ni derramarán el vino. Ni serán abducidas por cantos de serenas sirenas. Hay que ser caníbales, leí por ahí. Y jaulas abiertas. Artesanos de la carne. Y vagabundos futuros por elección. 

Abrir los ojos como un alarido en mitad de tanto fuego equivocado. 

Dame a luz. Sin diplomacia. En cualquier calle. En cualquier camino. Pero dame. La antología de la nada duele como los veranos sin espuma. Como el crepúsculo famélico que atraviesan los caballos de la desesperación de Faulkner. Como los cuchillos del tiempo. Y las canciones sin nadie cerca. O el crimen de los recuerdos. O el caminar a solas la propia piel. Sin veneno exquisito todo serán cenizas. La comedia sin divinidad o el viaje sin nada que no sea noche. El poema se masturba y se desprecia. Demasiadas curvas había en sus ojos. Cómo desnudar a una mujer hecha de silencios. 

Aguardar en el jardín de los torsos 

a que florezcan 

o enloquezcan

mientras todo arde. 




los derechos de lector no existen.

viernes, 23 de junio de 2023

el fade out de la luz y el fuego

 



¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

Jorge Luis Borges

¡Luz, más luz!

J. W. Goethe


Yo quiero que me lea la biblia Leonard Cohen en la noche insomne que llega cargada de aristas y versos con puntas de obsidiana que hacen diana en mi pecho, perdidos en este campo de Agramante, sin más luz que la del fuego. Con el cuero del corazón bien sellado como un pasaporte antiguo y aún vivo, y darte el contrapicado de mi espalda y que todo sea una eterna madrugada de luna nueva y pleamar sin artificio.  

Fabricar una locución amorosa en la hora de la poesía, esa hora azul, casi eterna, de las cuatro de la mañana, como decía Sylvia, anterior al llanto del bebé, anterior a la vidriosa música del lechero que deja las botellas.

Yo quiero escuchar una canción que hable de faldas y atropellos en el alma, que me llene el pecho de paz furiosa, como un runrun del galope de mil caballos enloquecidos que puedo tocar con calma.

Quiero que alguien narre los mil imperios que nos nacen a solas bebiendo vino bajo las estrellas mientras arden en hogueras románticas los momentos oscuros y los deseos. Mientras esnifo este Mare Nostrum y venero a nuestros dioses paganos con plenitud y osadía.

Que alguien dibuje lo incontenible de la flor, la infinitud de mi risa, lo inenarrable de la pérdida, que derrame caricias sobre las colinas y que se mezclen con el calor de los animales salvajes que viven de noche como las trompetas de ángel o las flores de loto.

Quiero escribir una oda al vacío que crece dentro y cómo arrasan los fade out de las canciones que amamos, todo la crueldad de la belleza cuando se despide a la francesa para recitarla en balcones modernistas de callejuelas estrechas donde el sol entra como por rendijas solo un momento.

Alguien podría después labrar las nubes para alborotar la luz entre el dolor y la alegría y así, mientras Ginsberg aúlla el Sutra del corazón podamos, cual llamaradas feroces, partir a lo más alto.

Quiero un desmayo bañada en la luz de D. F., y una epifanía en la luz de Granada cuando entienda que la profundidad de una cicatriz es solo la cripta de un daño.

Aprender a blandir los rayos y las llamas para triturar penumbras de silencio y regalarte la luz que acuchilla un vitral romano a mediodía.

Lorca dijo la luz no sabe qué quiere, se me ocurre que por eso invade y penetra con fuerza y luego se rinde cálida y mansamente. Por eso escribe sobre la ruta de la sal que inventan los cuerpos. Por eso lo puede todo. Por eso a bordo de ti se despliega como un velero y es un clamor, grita, jadea, se retuerce, de deshace y se humilla.

Hoy las calles recuerdan que fueron campo un día, escribió Borges.

Hagamos nuestra la caligrafía del sol y escribamos una carta de fuego. Seamos un timón de luz que enloquezca cada día.


miércoles, 7 de junio de 2023

HOSSANA, KARMA POLICE Y EL TEMBLOR

"nada hay fuera del texto" 

Jacques Derrida


Suena Karma police en bucle mientras yo pretendo volar a la suprarrealidad deseada y forjar un poema que huela a tierra/hierba fresca y a noches de clarividencia y devoción, si es que eso es posible. Un poema que no se pretenda guante ni ofensa. Un poema forajido. Que me sea coartada para vestirme de luz e insistencia y rescatarme un poco, ahora que el aire está inmóvil, como escribió Rimbaud, y pergeñar en versos kilométricos una danza antigua que mezcle diabluras y vértigo. Me emborracho de soledad y juego con el sextante que dicta las distancias que nos separan, a ver si lo rompo. Después empiezo el poema en el que navego y naufrago al mismo tiempo y me pregunto: ¿por qué tiemblo? Porque la vida es un fiordo de fuego que se deshace en nuestro pecho y quiero abrir mis ojos inmensamente de aquí a Lima para no perder detalle de ese deshielo y de ese incendio, porque es mío y único. 

Fuera un ejército inmenso manosea un nembutal de coltán como si fueran sus sexos, pero no lo son. Sedados, ofendidos y ofensivos. Ellos se quitan (y quitan) la vida a diario y no sé por qué, cantaría Krahe. Porque no lo saben, pienso o sí, y eso sería lo perverso. Hembra atávica aullando hossanas en este no-esplendor sobre el asfalto. Yo TIEMBLO en mayúsculas y el corazón me relincha dolorosamente en un lugar con mucho sol y sigo escribiendo como un río sin cauce porque no sé hacerlo de otro modo y porque elijo el poema para desmoronarme como elijo tu cuerpo. Elijo el atardecer de ceniza turneriano mientras hago taxidermia al recuerdo y deconstruyo el amor a lo Derrida y elijo la belleza del gesto y soy una mujer con el cabello lleno de corceles. Tiemblo cuando muerdo tus palabras en mi boca. Le vendo los ojos a Proserpina en el poema con un terciopelo rojo bermellón y le recito, que no receto, vida. Y tiemblo.

Elijo el enigma y el escombro de las horas felices. Elijo licorerías oscuras y exámenes de histeria. Allí donde se guarda el silencio y la calma a veces se pierde la cabeza y el control. Pero sigo temblando. Las cicatrices embellecen al guerrero, me repito en un delirio de metal. Porque somos un cúmulo de fragmentos que se desordenan después de tantas caídas, sin control remoto para la emoción, el cuerpo se improvisa, sin alzado previo, una vez más. Vitrinas y espejos, eso no es vida, es un eslogan de plástico, la medusa en la tráquea de un tenor. Mi corazón, una amanita muscaria que crece y se desborda en un bosque submarino lleno de caballos griegos que leen a Tristan Tzara y yo les observo, vestida con un péplum mientras vuelco una ánfora llena de vino sobre los demonios de la literatura y me condecoro con tu risa salvaje mientras ellos beben y se atreven a asomarse a sus adentros. Tiemblo porque albergo un ciclón en el pecho. Tiemblo mientras leo a Lorca, a Shepard, a Margarit y a Grande. Tiemblo en la anemia del poema que no llega a este corazón abierto. Tiemblo porque los niños ya no juegan, solo crecen rápido. Tiemblo ante el muestrario de caricias que reclaman las pieles. 

Ninfa sabelotodo, sigue temblando y parte el cráneo de la palabra más hermosa, no la domestiques nunca, haz que muerda o devórala, consciente de tu temblor.

Elige el poema, elige tu cuerpo y desmorónate.






La interpretación más hermosa de Karma Police: 

My interpretation of this video, and the song itself, is the idea of becoming overly vengeful. Of holding spite against people for every little thing they do, even things they can’t help like their ‘Hairdo making you feel ill’ or ‘Buzzing like a fridge’. The singer wants the ‘Karma Police’ to catch up with everyone he holds these grudges against, hence the video being the relentless chase of a perfectly average guy for seemingly no reason. It’s letting yourself fall into a cycle of anger and losing yourself to spite you can’t let go of. And you’re just in the backseat, letting these intrusive thoughts take the wheel. By the time the singer wakes up and realises ‘For a minute there, I lost myself’, karma begins to catch back up with him, following the destructive path he’s left behind (The fire chasing the gas trail). But he gets out of the car just in time, getting out of that vicious cycle and realising that a life holding grudges is no life at all.

*******

Mi interpretación de este video, y de la canción en sí, es la idea de volverse demasiado vengativo. De guardar rencor contra las personas por cada pequeña cosa que hacen, incluso las cosas que no pueden evitar, como su 'peinado que te hace sentir mal' o 'zumbando como una nevera'.

El cantante quiere que la 'Policía del karma' alcance a todas las personas a las que les guarda rencor, por lo que el video es la persecución implacable de un tipo perfectamente normal sin razón aparente. Es dejarte caer en un ciclo de ira y perderte en un despecho que no puedes dejar ir. Y solo estás en el asiento trasero, dejando que estos pensamientos intrusivos tomen el volante.

Para cuando el cantante se despierta y se da cuenta de "Por un minuto allí, me perdí", el karma comienza a alcanzarlo, siguiendo el camino destructivo que ha dejado atrás (El fuego persiguiendo el rastro de gasolina). Pero sale del coche justo a tiempo, saliendo de ese círculo vicioso y dándose cuenta de que una vida llena de rencores no es vida en absoluto.