malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Carver. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Carver. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Donde hayan vivido - Raymond Carver






Fuera donde fuera, aquel día andaba
por su propio pasado. Dando puntapiés a jirones
de recuerdos. Mirando las ventanas
que no hace mucho le habían pertenecido.
Trabajo, miseria y pocos cambios.
En aquella época vivían para sus deseos,
decididos a ser invencibles.
Nada les detendría. Al menos
durante muchísimo tiempo.

En la habitación del motel
aquella noche, de madrugada,
abrió una cortina. Vio nubes
cubriendo la luna. Se apoyó
en el cristal. Le traspasó un aire frío
que puso la mano sobre su corazón.
Te amé, pensó.
Te he amado mucho.
Hasta que se me acabó el amor.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Por la mañana, pensando en el imperio - Raymond Carver


Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen...
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
Es una calle angosta por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina de raza Leghorn.
Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven.
Rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.

jueves, 2 de junio de 2011

La pluma - Raymond Carver

La pluma que contaba la verdad
fue a parar a la lavadora,
para su desgracia. Salió
una hora después y acabó
en la secadora. Pasaron los días
y estaba tranquilamente en el escritorio,
bajo la ventana. Allí estaba,
pensando que se había estropeado.
Sin esperanza alguna.
No tenía ganas
de seguir adelante, aunque lo intentara.
Pero una mañana, una hora más o menos
antes del amanecer, volvió a la vida
y escribió:
"Los húmedos campos dormidos bajo la luna".
Luego volvió a quedarse quieta.
Su misión en esta vida
había llegado a su fin.
Él la sacudió, la golpeó
contra la mesa. Luego se olvidó
de ella, o casi.
Una vez más, con grandísimo
esfuerzo, había agotado sus últimas
reservas. Esto es lo que escribió:
"Un ligero viento, al otro lado de la ventana,
los árboles bracean en el aire dorado de la mañana".

Intentó escribir algo más
pero no hubo forma. La pluma
había dejado de funcionar para siempre.
Tiempo después se fue
al cubo de la basura junto con
otras cosas. Y mucho después
fue otra pluma,
una pluma que aún no se había probado a sí misma,
la que escribió:
"La oscuridad se agrupa en las ramas.
Quédate dentro. Quédate quieto".

sábado, 23 de abril de 2011

Ondas de radio - Raymond Carver

La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.
No entiendo nada de las ondas de radio.
Pero creo que se transmiten mejor justo
después de llover, cuando el aire está húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero,
o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo
ligeramente interesado por la política canadiense
y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente
lo que buscaba era sus emisoras con música. Me siento
aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,
o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer
los periódicos. De noche pongo la radio.
Cuando escapé aquí trataba de alejarme
de todo. Especialmente de la literatura.
De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.
Hay en el alma un deseo de no pensar.
De estar quieto. Emparejado con éste,
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también es una afable hija de puta
no siempre de fiar. Y olvidé eso.
Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y nunca volverá que a lo que aún sigue
con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.
Y si no, también está bien.
Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta.
Esa es la voz que escuché.
¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?
¡Qué absurdo!
Pero tengo estas estúpidas ideas de noche
cuando me siento en la butaca y oigo la radio.
Entonces, Machado, ¡su poesía!
Era como un hombrecillo mayor que se vuelve
a enamorar. Una cosa digna de observar,
y embarazoso, además.
Y llevo tu libro a la cama conmigo
y me duermo con él a mano. Un tren pasó
en mis sueños una noche y me despertó.
Y lo primero que pensé, el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
Todo es perfecto, Machado está aquí.
Entonces me volví a dormir.
Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí
a dar mi paseo. “¡Presta atención!” -decías,
cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.
Con que miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté al sol, en mi sitio
junto al río desde donde puedo ver las montañas.
Y cerré los ojos y escuché el sonido
del agua. Luego los abrí y me puse a leer
«Abel Martín».
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
Y espero, incluso cara a lo que sé de la muerte,
que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.
Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.
Descansa. Antes o después espero que nos veamos.
Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Raymond Carver

Es posible, en un poema o en una historia corta, escribir sobre objetos cotidianos utilizando un lenguaje coloquial y dotar a la vez a esos objetos -una silla, persianas, un tenedor, una piedra, un anillo- de un inmenso, incluso asombroso poder. Es posible escribir una línea de un aparentemente intrascendente diálogo y transmitir un escalofrío a lo largo de la columna vertebral del lector (el origen del placer estético, como diría Nabokov). Ésa es la clase de literatura que me interesa.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Raymond Carver

Isak Dinesen dijo que ella escribía un poco cada día, sin esperanza y sin desesperación. Quiero eso.

El mejor momento del día - Raymond Carver

Frescas noches de verano.
Las ventanas abiertas.
Las lámparas encendidas.
Fruta en el frutero.
Y tu cabeza sobre mi hombro.
El momento más feliz del día.

El amanecer,
desde luego. Y ese momento
justo antes de comer.
Y las primeras horas
de la tarde.
Pero amo

estas noches de verano.
Más incluso, me parece,
que todos esos otros momentos.
El trabajo terminado por ese día.
Y nadie que nos pueda alcanzar en ese momento.
O nunca.

domingo, 6 de junio de 2010

Domingo por la noche - Raymond Carver

Utiliza las cosas que te rodean.
Esta ligera lluvia
del otro lado de la ventana, por ejemplo.
Este pitillo de entre los dedos,
estos pies en el sofá.
El débil sonido del rock-and-roll,
el Ferrari rojo del interior de mi cabeza.
La mujer que anda a trompicones
borracha por la cocina....
Coge todo eso,
utilízalo.

viernes, 23 de abril de 2010

AMENAZA - Raymond Carver

Hoy una mujer me señaló y dijo algo en hebreo.
Luego se echó el pelo atrás, tragó saliva
y desapareció. Cuando volví a casa,
tembloroso, tres carros estaban junto a la puerta con
uñas asomando entre las sacas de trigo.

lunes, 11 de febrero de 2008

MIEDO - Raymond Carver

MIEDO DE VER UNA PATRULLA POLICIAL DETENERSE FRENTE A LA CASA. MIEDO DE QUEDARME DORMIDO DURANTE LA NOCHE. MIEDO DE NO PODER DORMIR. MIEDO DE QUE EL PASADO REGRESE. MIEDO DE QUE EL PRESENTE TOME VUELO. MIEDO DEL TELÉFONO QUE SUENA EN EL SILENCIO DE LA NOCHE MUERTA. MIEDO A LAS TORMENTAS ELÉCTRICAS. MIEDO DE LA MUJER DE SERVICIO QUE TIENE UNA CICATRIZ EN LA MEJILLA. MIEDO A LOS PERROS AUNQUE ME DIGAN QUE NO MUERDEN. ¡MIEDO A LA ANSIEDAD! MIEDO A TENER QUE IDENTIFICAR EL CUERPO DE UN AMIGO MUERTO. MIEDO DE QUEDARME SIN DINERO. MIEDO DE TENER MUCHO, AUNQUE SEA DIFÍCIL DE CREER. MIEDO A LOS PERFILES PSICOLÓGICOS. MIEDO A LLEGAR TARDE Y DE LLEGAR ANTES QUE CUALQUIERA. MIEDO A VER LA ESCRITURA DE MIS HIJOS EN LA CUBIERTA DE UN SOBRE. MIEDO A VERLOS MORIR ANTES QUE YO, Y ME SIENTA CULPABLE. MIEDO A TENER QUE VIVIR CON MI MADRE DURANTE SU VEJEZ Y LA MÍA. MIEDO A LA CONFUSIÓN. MIEDO A QUE ESTE DÍA TERMINE CON UNA NOTA TRISTE. MIEDO A DESPERTARME Y VER QUE TE HAS IDO. MIEDO A NO AMAR Y MIEDO A NO AMAR DEMASIADO. MIEDO A QUE LO QUE AME SEA LETAL PARA AQUELLOS QUE AMO. MIEDO A LA MUERTE. MIEDO A VIVIR DEMASIADO TIEMPO. MIEDO A LA MUERTE. YA DIJE ESO.