malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

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viernes, 21 de mayo de 2021

Esta voluntad de que me toques y de que me mires -Joan Margarit

 




Te están echando en falta tantas cosas.

Así llenan los días

instantes hechos de esperar tus manos,

de echar de menos tus pequeñas manos,

que cogieron las mías tantas veces.


Hemos de acostumbramos a tu ausencia.

Ya ha pasado un verano sin tus ojos

y el mar también habrá de acostumbrarse.


Tu calle, aún durante mucho tiempo,

esperará, delante de tu puerta,

con paciencia, tus pasos.

No se cansará nunca de esperar:

nadie sabe esperar como una calle.


Y a mí me colma esta voluntad

de que me toques y de que me mires,

de que me digas qué hago con mi vida,

mientras los días van, con lluvia o cielo azul,

organizando ya la soledad.


viernes, 4 de enero de 2013

Joan Margarit
























m e l a n c o l í a    f e r r o v i a r i a

La luna en las ventanas de uno de los lados
del vagón restaurante. Con desesperación,
como un fanático, por los raíles
de brutales heridas del pasado,
veloz, el tren nocturno es un caballo
brillante de sudor en su galope.
Siento sus cascos al pasar los puentes
de hierro mientras cruza por tu muerte.
Tu muerte siempre está dónde yo voy:
ahora es un espejo
negro que va delante de la máquina
y la enfrenta a su infierno. Nadie llora
por ti, no queda ya un solo pañuelo
que alguien agite desde algún andén.
Soy este tren nocturno que busca dónde sea
una silla de ruedas en la noche.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Joan Margarit, poemas


a q u e l l  o s     t i e m p o s 
                                 Yo nací -perdonadme-, en la edad de la pérgola y el tenis. 
Jaime Gil de Biedma

Como todos los días, antes de que amanezca,
cojo el coche y me voy a nadar.
Está lloviendo y hace frío, avanzo
rodeado por la danza de otros faros
tras el velo de lluvia de las calles.

Llego al aparcamiento, entre las pistas
y la piscina, cuando ya amanece.
Bajo del coche y veo allá en el suelo
la pelota de tenis, recubierta
de suave lana y empapada de agua.
Una amarilla, enorme perla
sobre los adoquines que relucen,
duros y barnizados por la lluvia.

Me sorprende un recuerdo. Viene de los azules
cielos de una miseria grisácea y afectuosa,
sin pérgolas ni tenis. Qué alegría
si yo hubiese encontrado esta pelota,
tan suntuosa entonces para mí,
tan humillada ahora por la lluvia.

Mi soledad, lo mismo que la suya,
ha perdido hace tiempo su prestigio.
Veo en el suelo del aparcamiento
todo lo que he amado y no podré
salvar nunca del frío y de la lluvia.

n a v e g a n t e    s o l i t a r i o

Una noche sin luna para el hombre
que ha buscado la paz en el mar. 
La única luz es la del camarote,
y no hay nadie en cubierta. Abarloado
por estribor al pantalán, el yate
se balancea suavemente
en el agua de negro terciopelo,
como un caballo en una cuadra. 
El hombre no se duerme. Escucha los obenques
y los estays quejándose cuando el palo se inclina
con un siniestro chapoteo. 
La vida es como un mar, que lo acorrala
en puertos más lejanos cada vez.
Más insignificantes.
Y con frecuencia en ellos no hay más luz
que la de su velero. Esto es casa. 

f r a g m e n t o s

¿En qué oscuro lugar dentro de mí                          
levantan en silencio su vuelo dos urracas?
Íbamos en un coche, éramos jóvenes,
y al salir de una curva, allí estaban,
sobre el asfalto,
picoteando con furia a un perro muerto.
En el último instante y sin prisas,
echaron a volar con su elegante
plumaje blanco y negro.
Ninguno de los dos dijimos nada,
y tú, que conducías, hiciste un gesto de asco.

Nunca lo he olvidado. Si te miro,
todavía al fondo de tus ojos,
dos urracas levantan, con lentitud, el vuelo.
Amo lo que nos queda:
este vuelo nupcial y la carroña.

j ó v e n e s    e n    l a    n o c h e

No es de la historia mi nostalgia. 
Es de la geografía. De cómo era la noche
en la ciudad marítima que contemplábamos
desde aquel bar de Vallvidriera.
Tiempo para el dolor: el mismo
que para la alegría.
El que, como un torrente, 
deja paso a un tiempo de tristeza.
No hay ni un precipicio, ni un suspiro
al que yo no me hubiese podido anticipar. 

No es de la la historia mi nostalgia.
Es de la geografía. 
De cómo era la noche en una costa
sin casa alguna hasta lo lejos
donde se oía sólo la fuerza de las olas. 
El olor de la noche era el del mar,
y en las estrellas vimos un refugio
sin darnos cuenta de que contemplábamos
la negra grupa del caballo del tiempo.
No es de la historia mi nostalgia. 
Es de la geografía.

jueves, 22 de noviembre de 2012

no estaba lejos, no era difícil - Joan Margarit

e  l    o  r  i  g  e  n    d  e    l  a    t  r  a  g  e  d  i  a 

Entre los mitos, Dios, el más brutal,                                       
no alcanza ni a salvarme de mí mismo
porque es sólo una calle sin salida:
atribuyéndole algún sentimiento
pierde el misterio, que es su única fuerza.
Me lo imagino como un cementerio
de coches, el de Dios. Armazones y restos
de piezas metafísicas dispersas.
Los mitos son la claridad
tras la cual encerramos todo lo que es oscuro.
Vienen de algún profundo error de la memoria.
Vivir, al cabo, es buscar consuelo.
Buscarlo en el dolor de las palabras.
En la gris melodía de la lluvia.
En ese tedio militar del viento.
En el de ayer, un cielo sin oxígeno.
No estaba mejos, no era difícil. No era más
que este poema épico si épica.
Nietzsche se equivocó: somos más fuertes
cuanto más débiles son los mitos.

l  a     h  o  r  a      m  á  s      g  r  a  v  e

En la ventana está la estrella
del alba, fija y reluciente,
sola en el cielo negro. 
El bar de abajo aún no ha abierto,
tan sólo se oye el dócil rumor del oleaje,
y ese tímido y triste canto del primer pájaro.

Me he quedado solo, como aquellos
que no han amado nunca sus errores.
De los de juventud el mayor fue ignorar
que pronto llegarían
unas crueldades que desconocíamos.
Es de esto de lo que hablan, con lentitud las olas.
Se oye un tren que pasa por el puente metálico
que, sobre los tejados, cruza el pueblo.
Es un grito de amor desesperado.
Una triste ternura que se va.




u  n    l  u  g  a  r



No estaba lejos, no era difícil.                                     
Lo único lejano y difícil es la costa
que dejo atrás y nunca más veré.
Un desastre inocente está en silencio
dentro del mito de un pasado inútil.
Que es brutalmente inútil.
Tanto, que es falso. Brutalmente falso.

Este que hoy me rodea es un lugar
de mar adentro.
Un lugar triste, pero de verdad.
Hasta aquí un leve viento se abre paso
desde el ayer y trae aquel bellísimo
Ploreu, ploreu que, com el mar, resuena
en el "Cant del Retorn". Estamos perdidos.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Raymond Chandler - Joan Margarit


Cada uno es una novela negra.
El dolor es el crimen y, amar a una mujer,
el detective duro y honrado del relato.
Dormirse fatigado, oyendo a alguien que llora,
necesitar dinero, quedarse sin trabajo,
es la comisaría donde nos interrogan
tan sólo acerca de la soledad.
Y nadie es inocente: tras la puerta
de los ojos se juega hasta la madrugada.
Un amor fracasado es volver a un barrio pobre
y dormir solo en un hotel por horas.
Los recuerdos son huellas digitales
en el lugar del crimen, pruebas falsas,
montajes de corruptos policías.
Somos calles ocultas por la niebla,
escenarios de un thriller.

domingo, 12 de agosto de 2012

Joan Margarit


n  a  u  f  r  a  g  i  o  s

La calle, estrecha y húmeda
la ocupan estos trastos:
un sofá roto y una vieja lámpara,
la nevera oxidada y dos colchones
que alguien ha apoyado en la pared.
Es todo cuanto queda de un desahucio.
Son restos del futuro.
A menudo se ven por estas calles,
y sin embargo hoy piensa que, quizá,
son restos de sí mismo lo que ha visto.
Entonces vuelve la cabeza: un gato,
encaramado en el sofá, le mira
como ella antaño con sus ojos verdes.


a  m  o  r     y     t  i  e  m  p  o

Recuerda cuando aún desconocías
que la vida no tendría piedad contigo.
Amor y tiempo: el tiempo nos habita
como arena del río que, despacio,
va cambiando la forma de la costa.
El amor, que ha copiado en tu mirada
la claridad de la isla del tesoro.
Sensual, solitaria, rodeada
por la sonora senectud del mar
y gritos militares de gaviotas.
El sueño clandestino de los cincuenta años.



d  é  b  i  l     c  l  a  r  i  d  a  d

La burbuja de luz dentro del túnel
se lleva nuestras caras hacia la oscuridad.
A pesar de que en mí reconozco vestigios
del niño de la guerra corrompido
por aquel tenebroso mito de la pureza,
me miro en los cristales de este vagón del metro
con una mineral indiferencia
porque, dentro de mí, ya nada cambiará.
Duro amor el de un viejo, como higuera
silvestre y polvorienta.
Su oscuro corazón está escondido
como el de la amapola, entre los pétalos,
rojos y grandes pero, en cambio, débiles.
Cuanto más fría es su pasión, más ciega.
El sexo aún resiste en un tugurio
con una luz muy débil en el fondo del cráneo.
La muerte espera afuera para entrar.


sábado, 11 de junio de 2011

ELLA - Joan Margarit

Llega el tiempo de no esperar a nadie.
Pasa el amor, fugaz y silencioso
como en la lejanía un tren nocturno.
No queda nadie. Es hora de volver
al desolado reino del absurdo,
a sentirse culpable, al vulgar miedo
de perder lo que estaba, ya, perdido.
Al inútil y sórdido tiempo moral.
Es hora ya de darse por vencido
en el trabajo a solas, otro invierno.
¿Cuántos quedan aún, y qué sentido
tiene esta vida donde te he buscado,
si ya llegó la hora tan temida
de comprobar que nunca has existido?

sábado, 21 de mayo de 2011

Tu calle, aún durante mucho tiempo,
esperará delante de tu puerta,
con paciencia, tus pasos.
No se cansará nunca de esperar:
nadie sabe esperar como una calle.
Mientras los días van, con lluvia o cielo azul,
organizando ya la soledad.