malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
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martes, 6 de noviembre de 2012
Hotel Insomnio - Charles Simic
Me gustaba mi agujero.
Su ventana que daba a una pared,
Al lado había un piano.
Varias noches al mes
un viejo lisiado venía a tocar
“Mi Cielo Azul”.
Casi siempre, sin embargo, todo estaba en silencio.
Cada cuarto con su araña de sobretodo pesado
que atrapaba su mosca con una telaraña
de humo y delirio.Tan oscuro,
que no podía ver mi cara en el espejo.
A las 5 a.m. los pies desnudos del piso de arriba.
La “Gitana” adivina,
cuya tienda queda en la esquina,
yéndose a orinar después de una noche de amor.
Y una vez también, un niño sollozando.
Tan cerca se oyó, que pensé
por un momento, sollozaba yo mismo.
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lunes, 16 de julio de 2012
fragmentos de Poema sucio - Ferreira Gullar
El cuerpo. ¿Pero qué es el cuerpo?
Mi cuerpo hecho de carne y hueso.
Ese hueso que no veo, maxilares, costillas,
flexible armazón que me sustenta en el espacio
que no me deja desplomar como una bolsa
vacía
que guarda todas mis vísceras
funcionando
como retortas y tubos
haciendo la sangre que hace la carne y el pensamiento
y las palabras
y las mentiras
y los cariños más dulces más descarados
más sentidos
para estallar como una galaxia
de leche
al centro de tus muslos al fondo
de tu noche ávida
olores de ombligo y de vagina
graves olores indescifrables
como símbolos
del cuerpo
de tu cuerpo de mi cuerpo
cuerpo
que puede un sable rasgar
un añico de vidrio
una navaja
mi cuerpo lleno de sangre
que lo irriga como a un continente
o a un jardín
circulando por mis brazos
por mis dedos
mientras discuto camino
recuerdo rememoro
mi sangre hecha de gases que aspiro
de los cielos de la ciudad extranjera
con la ayuda de los plátanos
y que puede – por un descuido – escurrirse por mi pulso
abierto
Mi cuerpo
que acostado en la cama veo
como un objeto en el espacio
que mide 1,70 m.
y que soy yo: esa cosa
acostada
vientre piernas y pies
con cinco dedos cada uno (¿por qué
no seis?)
rodillas y tobillos
para moverse
sentarse
levantarse
mi cuerpo de 1,70 m. que es mi tamaño en el mundo
mi cuerpo hecho de agua
y ceniza
que me hace mirar Andrómeda, Sirius, Mercurio
y sentirme mezclado
a toda esa masa de hidrógeno y helio
que se desintegra y reintegra
sin que sepa para qué
Cuerpo mi cuerpo cuerpo
que tiene una nariz así una boca
dos ojos
y una cierta manera de sonreír
que mi madre identifica como de su hijo
que mi hijo identifica
como de su padre
cuerpo que si cesa de funcionar provoca
un grave acontecimiento en la familia:
sin él no hay José Ribamar Ferreira
no hay Ferreira Gullar
y muchas pequeñas cosas ocurridas en el planeta
estarán olvidadas para siempre.
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lunes, 23 de abril de 2012
todo para una sombra
Yo también te amé porque conquisto magos,
hermoso detective.
Te amé como las más traicionera,
como te amó la mitómana,
o como aquella que abortó delante de ti,
en un inodoro de otra galaxia.
Yo también te abracé entre collares y colonias Ca d'or,
y entre discos pequeños que nunca sonaron,
y te amé como todas o como ninguna.
Aquella vez entre luces y copas de vino,
-porque fuiste tú quien me enseñó el vino-
yo sabía que aquella vez me temblaron los labios,
y que tú los entrelazabas con tus piernas,
así de alguna manera la anorexia de Gide me salvaba.
Y tu mano se quedó sombreando un beso en el espejo,
y el diccionario de la muerte desapareció
cuando yo le mordí tu huella.
Hubo cacerías del gato al ratón,
y ganas de cortarse la oreja
sin la barba profunda de Van Gogh.
Y recuerdo tu cabeza bien peinada,
y el asco al agua con la que colaba el café,
y tu sonrisa que abría un agujero
de dientes olorosos en el universo.
Yo te amaba platónica y desaforada,
aunque mi cuerpo no se quemó en tus fotografías,
y me mordía las uñas leyendo tus poemas,
mientras tus chistes partían la tarde.
Yo me reía y por eso te amaba,
y hay muchachas modelos y corrompidas,
listas para ser regaladas preferentemente pelirrojas.
Por ti estuve a punto de teñirme los cabellos,
y de cerrarme el ombligo con almidón.
Yo era tuya como se es junto al primer novio en el cine,
rezaba para que la página no se te quedará en blanco,
y te mostraba la punta del bloomers
cuando leías versos dedicados a Maud
-hasta de ella estuve celosa,
de esa chiquilla gélida dentro de mí-.
Yo te perseguía de viaje en viaje,
como una vikinga detrás de su marido,
y también te adoré como Milena: escuálida y morbosa.
Y me dolió la cabeza cuando te miré de cerca,
era un mareo finísimo del siglo XIX,
pero tú eras un muchacho moderno en tu jacket de nylon.
Tú eras del dos mil,
aunque a ratos te me parezcas Lorrain,
y entonces huelo la acetona con gusto de heterómana.
Recuerdo con mínimo detalle la blancura de tu pantalón,
el sonido de tus zapatos, el modo de abrir la reja.
Yo te amaba burlándote, yo te amaba cruel y fatal,
y en este mismo instante tengo unas ganas de verte como nunca.
Aparécete, eres el único fantasma que no temo,
tú que me dijiste que la muerte es un aposento cerrado,
yo cierro las puertas y apago la luz,
ven, encaja la punta del paraguas en el cuello de esa estrella,
déjame decírtelo, amigo mío, nadie puede vivir sin ti:
"quién sabe si..."
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texto autor desconocido
lunes, 12 de diciembre de 2011
Bélgica - Chantal Maillard
Decimos La vida. La vida es. Decimos La muerte.
Decimos Vida y muerte. Decimos Amor. Hablamos, verbalizamos, sustantivamos. En cada caso, ¿a qué nos referimos?
Amo el amor, dije alguna vez. Me refería a una sensación, o a un estímulo. Sensación. Estímulo. Palabras que tampoco significan gran cosa. Debería haber dicho, haber sabido decir aquella tensión en mis venas, aquel latir que me llevaba hacia las leves señales de otro latir en el que deseaba perderme.
¿Qué queda ahora de aquello, salvo estas palabras abstractas, sin referente?.
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miércoles, 9 de noviembre de 2011
Donde hayan vivido - Raymond Carver
Fuera donde fuera, aquel día andaba
por su propio pasado. Dando puntapiés a jirones
de recuerdos. Mirando las ventanas
que no hace mucho le habían pertenecido.
Trabajo, miseria y pocos cambios.
En aquella época vivían para sus deseos,
decididos a ser invencibles.
Nada les detendría. Al menos
durante muchísimo tiempo.
En la habitación del motel
aquella noche, de madrugada,
abrió una cortina. Vio nubes
cubriendo la luna. Se apoyó
en el cristal. Le traspasó un aire frío
que puso la mano sobre su corazón.
Te amé, pensó.
Te he amado mucho.
Hasta que se me acabó el amor.
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Raymond Carver
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