malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

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martes, 10 de marzo de 2015

La fenicia de los engranajes y el alma descompuesta




















foto: Anais G.C.



Ven, siéntate junto a mí, quiero mostrarte mis engranajes. Quiero hablarte de ellos calma y prudente, con la calma y la prudencia que traen en algún hueco las hembras de ovarios repletos de melancolía. Las de las alas de cóndor que sólo sirven para barrer la tierra. Quiero hacer de la convulsión de mi cuerpo tu recreo. Pero no ahuyentarte con el lenguaje taquicárdico que me invade de vez en cuando, en acto de ventriloquia salvaje cuando quiero/pretendo arreglar mi vida a martillazos. No quiero darte noches con olor a hospital, vendrán solas. Sí curvas cerradas entre mis piernas de las que acaben con tu vida una y otra vez, una y otra vez. Quiero llenar de árboles nuestros jardines para que entren las ramas por nuestras ventanas y ahorquemos en ellas los momentos feos y la metástasis del conocerse demasiado. Quiero domesticar de vez en cuando a la rutina y su efecto, dejarla entrar como una marea que igual que sube habrá de bajar. Que me moje los pies pero nunca los ojos. Ya porto mi sal en el piso de arriba. Ya fabrico mi propio e incunable desamparo. Y sé vaciar la habitación y sé dejarme sola en mitad de la gente. Sé inundarme con lo bueno y lo nefasto. Hasta arriba. Encharcar la mente de pequeñas y salvajes rabias que vienen con espuelas y dientes. Soy mi efecto depresor. Soy mi trinchera y enemiga. Guardo un acero en el estómago y sé donde dolerme y a qué temperatura. Me vuelvo tibia de repente. Gris y apenas estremecida, me brindo oceánicas tristezas a todas horas. Entro en bucle. Pero acabo levantándome de nuevo a la siete y veinte. Será magia.