malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 20 de agosto de 2026

la magia de los desesperados

 




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Cuando tecleo fabrico balsas de oxígeno, porque navego sobre estas olas tan impostadas como impuestas. Todo desaparece alrededor. Hay algo catártico en ello. Una respiración honda y expansiva.

Nunca braceo contracorriente a no ser que escriba. Solo quiero ahogarme en el verso. 

Busco la maraña que habita la palabra que no alcanzo. Lo insondable. Porque el poema es a pulmón. Y yo busco la sacudida shepariana en mis rodillas. Aprender a dejar, queveriana, la memoria en donde ardía. Jugar con las palabras y sentir que me moría. La gente ya no tiene referencias de fuego en la memoria, no vuelve a las trampas. No se exponen a la palabra. La palabra que no sea espejo. La palabra sin ADN. No irán a la palabra salvaje, de otro, de otra que es capaz de invadirte, de morderte como nadie, una palabra que tiene sesenta, setenta, ochenta, cien, doscientos, mil, dos mil años , una palabra serpiente, una palabra que tiene epicentro en tu entraña y te desmorona y desmaquilla y desarma y desequilibra y te impone: escúchala. +
¿Sabes el poder que tienen todas esas palabras? El poder de ubicarte, el poder de resignificarte. De algo que a priori parece doloroso pero es tan tan edificante: RELATIVIZARTE.

Tantos estuvieron allí. 
Tantos tu piel habitaron. 

Cuando voy a la palabra, me salva. La palabra me encuentra y si no salgo en su búsqueda. Pero no cualquier palabra. No cualquier cebo. No cualquier faro te salva de las rocas. 
Cállate, pero cállate por dentro y déjate a la deriva. Cállate y observa. Esta selva te fatiga porque tú eres su presa. Así que calla. Hazte el favor. 

Vivir más no es vivir mejor. Vivir es que este último cuarto de hora tuviera sentido. Básicamente porque el siguiente aún no existe. Vivir no es que la belleza te envuelva, vivir es que la belleza te atraviese. Y sobre todo, vivir no es que tú seas la belleza. Vivir es un campo que se llena de flores y frutos. Vivir es una noche que se siembra de estrellas. Un mar que se sabe oleaje. Un ser vivo que se comunica, que se siente, que palpita, que se escucha, que se indaga, que se cuestiona, que duda, que se entrega a esa duda, que se sabe ridículo en la inmensidad y afortunado en la misma. 

Rosas desnucadas, rosas desnucadas.

Yo bebo de la magia de los desesperados, en un acto teúrgico, me elevo sobre la palabra. Hago míos sus dominios. Me hago mía. Me doy abasto. Me entiendo o no y me dejo chagalliana sobra la palabra con arrojo y hambrienta
Y todas esas voces llenas de odio y vacío se convierten en un canto perverso de sirena o tritón mientras me dispongo a vivir mi próximo y privado cuarto de hora.   


sábado, 15 de agosto de 2026

CAYÓ LA LUZ



Yo sí vi el eclipse, quizá porque estoy hecha de luz y de sombras. Porque me sé pequeña, vulnerable, accidental y prescindible en mitad de tanta y tanta belleza. 

Mejor este exilio, excavado en el ruido, mejor esta herida iluminada, esta luna que arrastra sus mareas negras por los corredores de mi pecho. Aceptar que los planetas no corrigen el borrador de mi destino. 

Cuántas veces callamos la luz entre nuestros cuerpos, cuánta epifanía en cada ocaso ignorada.

Hicimos nuestro un instante, que tal vez, no nos pertenecía, o al menos no fue nuestro hasta que llegó esa apnea solar.

Hasta que las golondrinas regresaron al nido antes de tiempo.

Hasta que el alcaraván abrazó a sus crías en la incertidumbre.

Hasta que cayó la luz mientras callaba el campo.

Fue entonces cuando dejamos hablar a nuestra sombra. 

Entonces se blindó la luz al antojo del universo.

Entonces el silencio de esta herida, del fingirnos luminosos, del sabernos heliocéntricos, de reconocernos más de tiniebla, o incluso de ceguera. 

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Soy un pequeño temblor entre dos sombras

y en mi pequeñez sentí por un instante, brevísimo,

que el universo entero parecía una palabra a punto de ser dicha.

Ya sé que la noche no cae, se abre, como un fruto oscuro repleto de semillas encendidas.

Sé que esa luz llega desde tan lejos que ya ha olvidado su origen.

Y aun así encuentra el camino hasta mis ojos.

Qué extraña fidelidad, qué hipnótica la paciencia mineral de los astros.

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No existe el vacío, es energía y misterio.

Yo, criatura tejida con polvo,

pregunto: ¿Dónde se funden el oro de los amaneceres y la sal azul de las distancias?

Nadie responde, solo la luz, la luz interminable, esa viajera sin rostro, esa mensajera de soles desaparecidos, de paraísos extintos. La luz, esa hechicera.

Dijo el poeta que el universo es un sueño sin orillas.

Y yo, desde esta habitación donde la noche se acumula como agua negra, donde sé que fuera aguardan las estrellas como fieras blancas, no sé nada del universo, solo sé de esa luz que viaja hacia mí desde un lugar que ya no existe. Como el recuerdo de la infancia, como los vestigios de un amor roto. Solo sé que cada despedida fue, es y será un tránsito. Que cada constelación es un sistema nervioso ardiendo sobre la espalda de la inmensidad.

Dejemos de ser un valle orgulloso de su eco. Dejemos de ser el coro de la nada. El tumulto, la sinrazón, el cuerpo armado de todas las guerras, ese ruido constante que cubre nuestro latido, que no nos deja pensar por nosotros mismos. Dejemos de eclipsar lo importante con nuestros flashes. 

Yo, criatura de agua y carbono, con mis huesos de fósforo, pretendo comprender a ese universo que gira con la indiferencia de una madre agotada. Que las galaxias florecen y se extinguen sin preguntar por nosotros y que la luz seguirá hablando aunque nadie la escuche. 


sábado, 1 de agosto de 2026

A MÍ DAME LA OSCURIDAD DONDE BRILLAN LAS LUCIÉRNAGAS

                                              my private Howl


He visto a las mejores mentes de mi generación naufragar durante horas en un scroll infinito, desnutridos, famélicos, histéricos, arrastrándose en busca de atención.

He visto a los mejores cerebros de mi generación apagar la pantalla y sentirse recién llegados de una guerra inventada, huérfanos de sensibilidad y autoestima, tras enterrar sus neuronas en un terrible hilo de Twitter. 

Endemoniados, consumiéndose por la primigenia conexión ya jamás celestial, hijos de la santa cobertura y la incapacidad para vivir fuera de los focos, de las fauces del ahora, de la impostura. 

No nos preocupemos, el vacío está siendo perennemente registrado. 

Primer curso: Cómo aullar con la pantalla encendida. Jack, no te subas a la mesa para recitar tus poemas, aquí ya nadie escucha. Publícalos a las nueve cuando el algoritmo promete mayor alcance.

Soy humana, por lo tanto nada es ajeno a mí, ya no Diane, ya no.

La encarnación del avance en dos respuestas que son mantra universal o haiku de la anti naturaleza: 

"Soy un humano"

"No soy un robot"

Como respuesta constante: Demuéstralo!!! Doble autentificación.

Mentes que cayeron en la trampa de la velocidad, del púlpito casero ante el altar blanco del buscador, desde el que graznar, no aullar, opiniones sin fin. 

Devoraron sin filtro el alimento de la conspiración y titulares tramposos. Mentes que se encadenaron a su propio y pesado ego. Que se sumergían en el eslogan de la felicidad eterna ignorando la letra pequeña de todas las promesas. Que se desvanecieron de ellos mismos sin darse cuenta, diluidos en la masa compacta del sistema nuevo opio, paralizados y dispuestos a vagar voluntariamente en la celda portátil que nace de la mano al ojo. 

Tú eres tu cárcel.

Mentes, que se postraban ante el latido mercancía.

Que se estrellaban sin leer el tratado definitivo del desastre que tenían ante sus ojos.

“Quién reventó sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?” preguntaba Ginsberg.

De paraísos artificiales a inteligencias artificiales, Baudelaire, resucita, te rogamos.

Ahora que la rabia es tendencia. Ahora que el genio de la lámpara no cumple tus deseos, te los dicta. Ahora que ser intensos es mostrar nuestro egoísmo sin vergüenza.

No hay vértigo en esas ventanas de seis pulgadas de falso cielo azul a máximo brillo, espejo de miseria. No hay vértigo porque no hay salto. 

Lo que sí hay son poetas optimizando verso viral, músicos y su riff viral, rostros con su gesto viral, bocas con su insulto viral, puesta de sol viral, enfermos todos de falsa autenticidad.

Tu insomnio a un servidor oculto, entregado. Todo lo que vemos es un anuncio interminable.

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No a una ternura burocrática. Se trata de postergar el fin del mundo. Lo Sagrado siempre será un cuerpo que no renuncia a su temblor.

Millones de ventiladores rezan el mismo salmo eléctrico: enfriar el corazón de la máquina.

El óxido no descansa, dijo el gran Neil, el algoritmo tampoco.

Los mendigos piden batería.

Compárteme tu ubicación aunque estés a mi lado porque no te siento.

El apocalipsis llegará en una actualización automática.

Virales o inmortales, esa es la cuestión

¿Conectarse es encontrarse? "Lo siento, no he entendido la pregunta”, responde el asistente de voz.

En este instante mercancía, los filósofos redactan solicitudes de financiación para demostrar la utilidad económica de la duda. Los revolucionarios pendientes de la analítica de audiencia. Ay del contenido sensible, ay del pezón, eso nunca y la guerra editada en formato vertical, no lo olvides.

Compartir antes de leer. Condenar antes de saber. Responder sin pensar. Ser sin existir. Así se conjugan ahora los verbos.

No es la tecnología, nunca fue la tecnología, es el antiguo deseo de adorar ídolos hechos de materiales nuevos. No más becerros de oro, dame cobertura, no incienso y que nadie sospeche que toda religión comienza cuando dejamos de hacernos preguntas. 

En esta misa interminable a uno mismo, cementerio de perfiles y epitafios actualizados cada diez segundos, del dresscode aplaudido, del storytelling manido, que tu dios no tiene rostro, tiene interfaz, que ya no hay paraíso solo experiencia mejorada, te digo.

La revolución es morir sin haber optimizado esa dichosa experiencia, amar sin dejar pruebas, viajar sin dejar rastro, comer sin dejar evidencia, en este siglo que todo registra, ese es el último acto verdaderamente herético.

Somos animales sacrificados y la obscenidad de nuestro siglo es haber perdido la capacidad de ser atravesados por algo. Guárdate tu Tomahawk, que a este cuerpo mío ya le sacaron toda la sangre.

Que los corazones parecen campanas enterradas, que la palabra se acantila y yo caigo sin saber a dónde. Mientras aún una palabra tiembla como un pájaro en mi garganta. Mientras el sol se cose al horizonte con un hilo rojo que hiere. Y unas pestañas llenas de gasolina y polen aprenden a mirar bajo el esmalte rojo de un semáforo. Que la belleza lleva una rosa en la boca y un universo encondido en el silencio. Que lo importante se anuncia en la carne.

¿Quién eres tú? ¿en qué espesura existes?

Ser omnipresente, verlo todo, escucharlo todo, opinar siempre...

Como diría el gran Bartleby: PREFERIRÍA NO HACERLO.

A mí dame la oscuridad donde brillan las luciérnagas.