malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 30 de junio de 2022

no interrumpir lo sublime (o la luz cúrcuma)



Nubes de diseño sobre las que escribo cartas que saben caer sobre ciudades turbias, poema aeroplano en busca de una azotea limpia, poema cóndor que avista descanso y respiración profunda (bajemos, amor, a la mina). Leí a un poeta decir que un poeta dijo que hay mujeres que tienen noches de capitán. Después hablaba de leyendas de impureza. ¿Todo esto para qué? Para dedicarme al amor sin sordina. Deambularme libre y trina. Para habitar mi tinta anacrónica. Amor vida muerte. Muerte amor y vida. Ese es el orden del verdadero desorden. La luz perfora el ojo de la aguja más que la aguja en sí. 
Querer ser un cante jondo. Querer ser una mujer morena que quiere cazar pájaros con redes de viento y derribar estrellas y disparar nebulosas.
Mostrarme ociosa en el coliseo de tu cuerpo, sacrificio de las furias. Prolongo el grito como prolongo mi orilla. Soy una isla. Soy un infinito. Quemo las tablas de equivalencia. Quemo los barcos de tristeza. Aquí la navegación del garabato de las yemas labra su propia bitácora. Que el corazón no es un río navegable, lo gritan las corrientes. Que el vino resucita la ternura y viste de fantasía la noche más oscura, es la sabiduría que no muda la serpiente. Una luz cúrcuma invadiendo las pieles. Tus manos horquillas de mi carne en el jardín botánico. Te pido la raíz violenta y la brazada. La sonrisa en el crepúsculo y la señal derramada sobre el mar no indolente. 
Quiero ser la inscripción en tu mirada como árbol tatuado en las sienes. 






sábado, 18 de junio de 2022

Mañana de embriaguez - Arthur Rimbaud

 



¡Oh mi Bien! ¡Oh mi Belleza! ¡Fanfarria atroz donde jamás vacilo! ¡Caballete mágico! ¡Hurra por la obra inaudita y por el cuerpo maravilloso, por la primera vez! Aquello comenzó con el reír de los niños, terminará por él. Ese veneno ha de permanecer en todas nuestras venas aun cuando, al irse la fanfarria, hayamos vuelto a la vieja desarmonía. ¡Oh tiempo presente tan digno para nosotros de esas torturas!, recojamos fervientemente esa promesa sobrehumana que hicieron a nuestro cuerpo y a nuestra alma creados: esa promesa, ¡esa demencia! ¡La elegancia, la ciencia, la violencia! Nos prometieron enterrar en la sombra el árbol del bien y del mal, deportar las honestidades tiránicas para que introdujéramos nuestro purísimo amor. Aquello comenzó con algunos sinsabores y terminó —al no poder desde luego asegurarnos de esa eternidad—, terminó con una desbandada de perfumes.

Reír de los niños, discreción de los esclavos, austeridad de los vírgenes, horror por las formas y los objetos de aquí, consagrados seáis por el recuerdo de esa vigilia. Comenzó con todo lo rústico y ahora termina con ángeles de llama y de hielo.
¡Pequeña, santa vigilia de ebriedad!, aunque sólo fuese por la máscara con que nos has gratificado. ¡Nosotros te afirmamos, método! No olvidamos que ayer glorificaste cada una de nuestras edades. Confiamos en el veneno. Sabemos dar nuestra vida entera todos los días.
Ha llegado el tiempo de los ASESINOS.






jueves, 2 de junio de 2022

danza de endorfinas (lo inconexo y lo veraz)





Tengo pendiente escribir sobre Nápoles y sobre Big Sur. Pero ahora me apetece describir un robo. Se puede robar una ciudad entera. Una ciudad sucia y turbia. Viva y demoledora. Como una hembra que baila libre. Tela que se estremece al pensarse. Esa urbe negra, es nuestra cuna, de madera y pecado. Mece la andadura futura. Y mece recuerdos turbios y fotomatones ebrios. Está llena de grises y ráfagas de viento ocultas que te están golpeando y andas serpenteando mientras la prensa vomita en lengua incomprensible lo que ocurre en el mundo y el mundo es ese momento está tan lejos como Saturno. Voy a ningunear el paisaje y los caminos marcados. Soy la trazadora. Ser y durar. Voy a usurpar una ciudad entera. Con sus bunkers y fríos ocasos. Sus cicatrices, todas. Sus Pilsner sudando en mis manos, milagro. Pero ahora una hembra bailando a solas en un salón del Mediterráneo. El Mediterráneo tiene salones y campos. No hay que olvidar que los lugares verdaderos no aparecen en los mapas. Islas, bebederos para corsarios. Tierra espolvoreada sobre el mar como mis lunares. Pimienta de risa y sal. Senderos luminosos donde improvisar odiseas y cantos. Rabias que se calman con cabellos. Un gemido que es un riff y un acantilado. Las flores y los gatos improvisan un rescate, pero el color de mis ojos es denso y es noche. Espera que amanezca. Ahora se extiende el parpado de la angustia pero ya lo conocemos. Mi piel es un velero que quiere cruzar tu axila, tachar de miserable el espacio de la ausencia. Hacer del cuerpo que arde, emblema. Invocación o griterío, pero la carne se asalvaja y se encripta y se vuelve tumulto en la sien y goce y derrame y se canta y se encanta y es un caos y una danza interminable. 


   
*acerca de Lou

"desastre que lleva al oyente a través de un submundo de esquizofrenia, paranoia, degradación, violencia anfetamínica y suicidio"
































martes, 24 de mayo de 2022

"Cuando se desgarre la bruma" (o Turismo en la cornisa de Seconal)







...a Alejandra 


Hay una flor mojada que crece en mi mente, me llena de vértigo, me mueve cuando estoy quieta, una brisa en la habitación cerrada. Soy un péndulo involuntario. Doblo la almohada, miro la luna descolgarse en mi ventana. Cruzo y descruzo las piernas en un íntimo tango que inventa la carne. Puedo sentir como tu pupila se dilata en mis labios aunque esté yo a oscuras. Puedo sentir como me muevo yo en la tuya mientras los helicópteros zumban cual insectos gigantes de ciudad. 

He venido esta noche a estrangular un recuerdo.  Me interroga, con modos de selva, una hembra en el espejo. Mis venas son cornisas, mis labios, saltos. Dentro un manantial, casi salvaje, lleno de poemas como botellas al océano. Mi cripticismo, el maná que lo cubre todo. Álgebra poético de la distorsión y el misterio. He llegado esta noche a estrangular un recuerdo. Atajar una rabia, con mis manos. Ser tu marca de agua. Pintarle los ojos al eclipse. Envasar al vacío un daño. Los cuerpos y sus fórmulas se acercan, fabrican taquicardias y roces esclavos. Es de noche y leo. Cincuenta pastillas de Seconal, Alejandra. Cincuenta pasos sonámbulos hacia el fondo.

Logia del deseo, romancero de caricias, manifiesto de las sienes que palpitan. Yo me muestro efervescente a tu saliva. Un esternón que se desnuda, una yegua que posa, un llanto que se traga.  A veces mi dolor se muestra tan cantabile, tan irresistible y heme aquí, embadurnando el papel, menstruando nostalgia. Turismo en el corazón de las tinieblas. No sé dónde aterrizan los aviones que parten de mi cabeza ni los barcos que zarpan de la entraña. Tan cargados de sueños y razones. No sé ya si son tragedia o postal de atardeceres. Llevan mi nombre como una garra. Mi falda, mi olor y mi ansia. Yo me muestro irremediable en el coto de tu silencio, trepo el mástil de la desorientación, invoco lluvias con danzas locas, anclo tu morse a mi tímpano y aprendo tu lenguaje de humo. Viajera solitaria de mi adentro. Verano, agua. Veneno, sed. No quisiera morir, dijo Vian, mas no quisiera no vivir, digo yo.  





martes, 10 de mayo de 2022

Mi fuego y mi color




 Ya he escrito muchas veces sobre lo que significa para mí escribir y me acerco siempre a la danza primitiva que decía la Nin. Y el título de esta entrada se debe a ella. Y ya en plan ladrona lírica genetiana, como dijo Goytisolo, a diferencia de los árboles, tenemos piernas, no raíces. Aún así me quiero hembra arborescente. Supongo que es la sensación de creer en algo. O crecer en algo.

Serpentina de emociones que me envuelve, túnica sagrada la vida que nace de los momentos únicos que se nos encajan en lo hondo, el mejor tatuaje es la rotura alucinante del ahora está sucediendo, estoy aquí y esto ES. Loor de los matices y los sabores. Loor de la lentitud y el paladeo. Adiós a las prisas rabiosas. Será esto decadencia pero es auténtica. Puedo mezclar el ron con los peldaños rotos que salto pero no voy a saltarme ninguna cicatriz, que son las medallas de las caídas y nadie tuvo la osadía de comentarlo, entre tanto consejo vacuo. El escenario se está llenando de mar. Voluntad de pecio. Pero no ahora. Imploro. Y no voy a preguntarme dónde están las rentas del dolor o a quién se deben los anclajes rotos. Yo acaricio el débil arbotante. Lo hago mío. Estructura de carne, con sus venas, nervios y sangres. No pienso dejarme nada de mí. Casquería bella. Guarnición que se aparta. No importa. Vamos a sernos enteros. Con todo. Y siempre. El cuerpo es un campo magnético no un bodegón inerte. El amor siempre es gonzo. Y luego un solo de trompeta en un paisaje que se escupe en mitad de la nada. Palabrería incoherente. Pero yo estaré en todo. Seré tu apuntadora en el soneto-de-la-dulce-queja Y te encontraré en el balbuceo y lo descodificaré y haré mío. Y del Cripticismo haré una biblia que me sirva  para no perder ni mi fuego ni mi color y eso ya será suficiente, que estoy haciendo aguafuerte de mi temblor.


 



 

Soneto de la dulce queja - Federico García Lorca




Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

sábado, 7 de mayo de 2022

PARA*CAIDISTA

 

Capturaré el vértigo, con un simple gesto. te lo mostraré. será brillante. y podremos usarlo. las vistas serán mortalmente bellas. respira. tal vez solo sean bellas. muerde el paisaje. dime qué ves. puedo ver una bala. es más pequeña que mi foto carnet. podría haber hecho tanto daño. pero no. está aquí, dispuesta a no doler jamás. como un insecto en ámbar. una pequeña escultura de la herida, eso es lo que es ahora. 

ahora estoy decaída y pienso que cuando se agolpan las lágrimas trepan, es como si ardieran un poco, un pequeño río de fuego que va subiendo, se muestran o no, hecho contingente. qué poco glamour en mi caída y cuánto me alegro. las lágrimas siempre son de sal o no son lágrimas, solo un chiquillo chapoteando en el río. la sal se escribe sola igual que el fuego. y grita y se lanza mejilla abajo. entonces llegan los poemas, son los paracaidistas pero en realidad no paran nada, solo son la trampilla cuando se abre y dicen: salta ahora o te empujo. 

miércoles, 27 de abril de 2022

La palabra puede

 



He lavado mi cuerpo. He desenredado mi cabello con ternura mientras goteaban por mi espina dorsal gotas de agua de pozo.

Sonaba Patience, de Micah P. Hinson y yo miraba por la ventana pensando que la hierba está muy alta, tanta lluvia y tanto sol, todo brota con ferocidad. La naturaleza es un animal que se descontrola si le dejas. Pero sabe lo que hace. Así a veces con la palabra. Es un animal que se descontrola. Tanta lluvia y tanto sol. Y después qué. Y después quién heredará mi energía de jungla, quién pagará las derramas de mi nostalgia. O estudiara el recorrido de las muescas de las sonrisas y los guiños que mueven los mundos. Quién sangrará los fuegos que ardan.

A veces me encierro por dentro con mi bestia y pienso en el recuerdo que se alberga en la recámara. Y destruyo la consigna que me brindé y la lleno de aullidos.

A veces es como si se me rompiera el cuerpo y tengo que volver a consolidar la caricia de tu respiración para vestirme de nuevo de arrebato interminable o templo hindú.

Allí donde todo es posible, en la punta de la lengua. Asistir al encuentro de los filos que vienen cargados de un rocío que arde y urge, flagela y calma, y el puro cuerpo celebrando su temperatura. Mi voracidad se detiene en lo ilegible de una dalia, con la nervadura estremecida por el vuelo de la palabra al papel. La palabra prende el fuego blanco de la hoja. La palabra puede. Fuera de ella todo es pura periferia festejando una espuma sin playa.

No amanece si no es en tu paladar, lo dice la palabra. Soy voraz y esta es mi hambre. M'illumino d'immenso. La palabra puede y perfora. Se desmaya y se desmaquilla. Y se ensaliva en mi mente. Y hurga y pesa, y es una erección hermosa, y es un misterioso canto y una alucinación por indagar. Y es una montaña de vistas venenosas que se enhebran verticales sin filtrar su salvajismo. La palabra puede y es una gata en celo y un astrolabio para mis lunares. Puede y blinda mi vibración en tus manos. Es hueco, no sepulcro. Robusta. Imperativa. Honda y catalizadora. Ceremonia del desastre. El quejido de un bandoneón. Puede urdir y ser definitiva. Alimentar un archipiélago de ilusiones y convocar una imagen que fue arrancada. {Mi madre en el fin del mundo con una daga y un exilio, defendiendo a las niñas que fuimos, del miedo con su miedo}. La palabra puede y se dilata. Puede la curvatura del mundo y la isla que soy. No finjo serenidad, la tengo. Mi escritura es la pólvora que quiere estallar la bóveda inmensa de un pasado. Un mar que se confiesa. El Sur o un gesto inesperado. Llena de futuro. La palabra puede un rascacielos y puede un puente. Una empuñadura y un aliño de lágrima y ruina y lucir un milagro y alumbrar una casa, desenterrar temblores y desasir un fondo. Oscurecer un estrellato, traerte el cuerpo de Medusa. Esquivar una bala y entregarse a una fascinación como una centaura recién nacida. Puede inmolarse en una boca con sabor a vino y llorar en un teatro o domesticar un vértigo, deambularte con calma. Quebrar el cráneo de todas las ciudades y puede con la ferocidad de la hierba escuchar el crecer de un gladiolo. La palabra puede salvar distancias, escanciar luces sobre un paisaje marítimo y plegarse sobre sí misma como un capricho poderoso y naif de tocarse los centros, de morderse un pezón, talar un árbol milenario, escribir TI AMO en el muslo de Proserpina, ser el lugar propicio para coronar una rabia y matar un dios.





viernes, 22 de abril de 2022

Corte y quebrada

 




Vimos a una mujer morena construir el acantilado.

Roberto Bolaño

 

He perdido el control

Soy la certeza de mi impulso. No hay mayor beatitud mescalínica que el gemido de un bosque. Ni mayor terror que el crujido de un océano. Me empujan las palabras. La caligrafía de tu sexo, también. ¿Epifanía o lucimiento? Aún no lo sé. Es la desconexión de la masa. No entiendo nada del Hoy. Solo materia anónima en esta circunvalación asfixiante de cuerpos en eterno colapso de amarse a sí mismos. De amarrarse a sí mismos. De morir en sí mismos. Ensimismados. Faros abandonados para siempre. Dame el cadáver de Rimbaud, quiero acariciar su córtex /luz como si fuera un gato. Y después, como el vaticinio de una mantis, hacer autopsia de los fracasos de este planeta, mientras el futuro se fuma un pitillo mirando al infinito sin habernos siquiera tocado. Y quizá pulir las consonantes de las palabras más gruesas y borrar los verbos más crueles del diccionario aunque no quede tiempo, ya sabes, el hobby de quitar la maleza nos llena de paz. Y descubrir que la piel grita verdades mientras descorcha deseos en mitad de todos los crepúsculos y los descampados.

Voy a hacer una catapulta del poema y escribir mil veces que el pasado siempre es un ciervo herido en el retrovisor.


(Pausa dramática)


Mírame a los ojos, hay tanto fulgor por extraer de mi vientre, mientras yo vaya perfilando mi propia entropía, que el caudal no tendrá freno. 

Mujer pimienta negra de labios embarcadero. Con tanta fiesta salvaje en estas sienes, tú eres el nadador del matraz de mi memoria, lo ves? Sube tu corazón a la copa del árbol más alto o a la cima más diabólica y grita con él, que el eco de mi carne será el adagio perfecto que nos enrede en este paisaje protegido. Esa catedral que es tu cuerpo, puro gótico flamígero.

Una amazona galopando las raíces del mundo, ese es el cuadro que estoy pintando en mi mente con las manos y la soledad del barro más triste. Con mi categórica alucinación y mi dolor provisional pretendo construir un santuario mientras me emborracho en el cabaret que son tus ojos oscuros y me hacino contigo en el sueño de un manirroto, que este continente es una errata de este mundo, con su amor de bajo consumo, catadores de insensatez, de consecuencias ambulantes, con su photofinish trucado de la memoria binaria y el pánico como salario.

¿Aún ríe tu cuerpo? Preguntaba Pavese.

Yo solo acepto la soberanía de las manos de la hembra que mece volcanes. Lo virtuoso, no lo virtual. Y un cataviento hermoso señalando la caída o el origen de todo. Y empezar a cantar aquello de podría mirar toda mi vida tu escápula respirar.


Pero ahora el suicidio de otra radiante quimera está copando la prensa desnatada.

Huyamos antes de morir. Que la vida tal vez sea un tango: con su abrazo, su caminata, y su corte y quebrada.








viernes, 25 de marzo de 2022

Panorama de mi convulsión

 




No me llamo Nadja. No me llamo Génica.

Quería escribir un réquiem por todas la estrellas que al morir me dices que nos traerán suerte. Una estrella fugaz, pide un deseo. Morir desnudos mirándonos las manos y los milagros. Quiero decirte que traigo una lengua futura y todo un alfabeto de sed que escribir en la ficción de tu espalda. Y que la luz húmeda de mis ojos algún día será un acantilado con la luz apagada. Quiero decírtelo pero no te lo digo, porque hay demasiado ruido en este Edén de asfalto y yo necesito liturgia, llámalo frivolité.

Ahora vierto mi pulso y la prosodia perfecta del coro de mis gemidos me susurra que lo que pasa de puntillas por el corazón es bisutería. Que el Ego es un monzón lleno de anzuelos tristes y mi seguridad tiene los músculos de barro. Que le ha crecido un telón de madreselva a esta función llena de angustia llamada Días en el acuario. El prospecto de mi vida no está escrito pero el tuyo te lo están dictando.

La culpa, como un Kraken que te asusta y te infecta. Ya sabes que la quietud es tu crimen.

Mi infancia era dormir en las dunas de las salinas después de haber construido infinitos castillos justo al ras de las olas para sentir el vértigo del derrumbe, ya existían los poemas en la arquitectura imposible de esos sueños de arena y agua semiderruidos que observaba mientras me lamía las puntas del pelo que chorreaban mediterráneo y crema de sol.

Todas las musas con sus sonrisas de polen -inanimadas- aguardan en habitaciones del pánico que se construyen por las noches trenzando columnas de humo y alcoholes destilados. Podemos relajarnos, nadie nos está mirando. Convirtamos en rezo, de una vez, ese manuscrito borracho que andas pervirtiendo, hilando y deshilando. Necesitamos destruirlo todo, y con ebriedad y ojos de recién nacido, intentarlo de nuevo. Ahora que el adiós sigue siendo una esperanza decapitada acomodada en un gulag sin coordenadas.

Traigo fresas de fuego, la voz de la enfermera y un apocalipsis doméstico, para doblar turnos en el Checkpoint Charlie del deseo. Tres hurras por la carne de las diosas que aparcan en tu lagrimal con destreza y desenfreno. Podemos hablar del perro de Lacán y la perra de Paulov. Romper la felicidad en una playa argelina, mojar nuestros labios con la espuma de los días, viajar al final de la noche, alimentar a las gatas de suburbio de algún nigromante. Analizar la psique del Ángel exterminador de los centros comerciales. Enredarnos acariciando oquedades hasta hacer de nuestro sudor morfina. La piel, cinta de Moebius y los ojos como obturadores desangrados. Y así descubrir que cuando paren las lobas del manicomio solo somos sombras en el sueño de un demente.

Soy tus lágrimas!! es la declaración escrita de mi rímel cuando dibuja arabescos en mis mejillas y solo veo moteles pixelados en la distancia y quiero parar en uno de ellos y llorar mis fracasos bajo un neón obsceno y salir en un fotografía fortuita que nunca veré, habitar un sueño mientras aprendo a respirar por tus trópicos y trepo el cartílago de todas las noches dinamitando con insensatez animal las esporas de mis pensamientos más espumosos antes de ahogarme en ellos.

No me llamo Nadja. No me llamo Génica.




viernes, 11 de marzo de 2022

Sultana de matices*


Me duelo de un noviembre crudo y de un mediodía de mayo del 2002. Se cedió la moldura del corazón como un zapato que hubiera recorrido seis mundos y ahora dejo crecer el amor como un helecho salvaje. Se me volcaron algunas ilusiones que habían bebido demasiado y ahora ríos de agua sucia inventan mapas sobre el mantel mientras bebo café y garabateo con resaca manidos paisajes de niños: casa, árbol, montaña, sol. En mis labios se detuvo una palabra y se quedó anclada justo en la parte interna que no ves y la recorro con mi lengua incansable mientras me hablas sin acertar qué dice pero imaginando un lenguaje nuevo. Un holocausto oliváceo se intuye a la deriva en mis ojos cuando se llenan de sal y se desbordan como una cerveza mal tirada. Mi clavícula derecha tiene el poder de detener el mundo con un solo roce. El remake eterno de nuestras noches en mi cabeza hace que repten por mi cuerpo tus yemas aunque estés lejos en un acto de telequinesis romántica. Lo reconozco: mancho tu taza con mis labios rojos para que encajes tu boca en la mía al beber mientras cierras los ojos y sueñas con lolitas contemporáneas nacidas para devorar tus venas esculpidas a lo Bernini cuando de fondo suena I’m the ocean y la casa se llena de olas y te mecen y te sientes tan pleno y ligero que tu pecho se eleva y se funde en la luz que entra por el balcón y bautizas una a una cada mota de polvo.


Después sueño que cruzo un bosque eterno perseguida por tu intangible presencia y en mi cabeza todo sucede a cámara lenta y siento el clic que cada una de las contradicciones que acumulo emite cuando se van grapando en un historial melancólico que se parece a un jardín abandonado y todo crece, lo que sembré y lo salvaje e inesperado, sobre todo, lo salvaje e inesperado. Decido pasar de largo de ese jardín mientras bendigo el grito de la carne que me acompaña como un himno que viene a dar nombre al laberinto de mis emociones, donde seguir perdida supone la hazaña. No hay tortura lógica en el corazón que se destiñe como una bandera que no es de nadie, pero yo te traigo mi propia teoría del temblor. Sé que el poema se arrastra siempre entre las ruinas de algo que fue. La foto del imperio agoniza en la memoria. Ese es el proceso: quemar la imagen. Nos exponemos en exceso y así hacemos desaparecer los detalles de la luz y así creamos la postal del derrumbe o el poema del mundo. Como árboles ebrios que se abrazan de noche mantén tu revolución en mi cerebro mientras dure el heroico baile con el infinito que nos es dado justo ahora que ya no sé qué hacer con el eje roto del desaliento y tampoco sé cómo prenderte de galaxias de islas y metáforas, más allá de estas caravanas de presentes y alambradas. Me mantengo lúcida como un campo en llamas, al grito de María llena eres de rabia, cuando la distancia es un solar lleno de cristales rotos y me dejo hipnotizar por el péndulo de tus caricias que crecen en mi mente como ramas


Ahora recorro una eterna carretera, quiero llegar al anfiteatro de Atacama y ver como tu piel arde y huele a jacaranda. Siento cómo se clava el aire en mi pecho. Uso mi histeria como instrumento que me lame el óxido del cansancio. Escribir, deshacerse en tinta, generar la terrible belleza que habita los paraísos que son pasado. Partir el horizonte y que naufragues en el Ganges de mis ojos mientras le acaricio la cerviz a tu dolor. Ser la coda de tu vida.

El esqueleto de la noche cuando pierde sus estrellas es una coartada de nervios y obsesión. Las heridas que emprenden su rumbo antes de ser. Un misterio, unas piernas, una costa de piel, el miedo un gigante que se acerca, un campo de amapolas negras, una mejilla que tiembla, un poema que enferma y la noche escupiendo amaneceres como una tragaperras. Y que nuestro amor sea como Las Vegas, y las semillas de las guerras no toquen tierra, que ahora quiero bajar una escalera de fuego que me lleve a lo hondo de mí misma y arañarme una a una, todas las palabras que me definen/deforman/empañan/manipulan/entierran.
Me quiero reescribir entera.



                                                                              *título de un verso de Antero