por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.
por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.
Supongo que así crecimos algunos,
con "el no ya lo tienes".
Eso significaba pide la luna, que "él" se enamore, que te cojan en ese curro, que te toque el 30247, que te editen el poemario, que no llueva mañana, que salga bien el análisis, que te deje el coche tu padre cuando llevas dos días conduciendo, que te dejen entrar en pachá con quince, que te recojan en autostop fuera del summun en el `94 cuando no quedan taxis, que cante tu poema esa mujer que cada vez que hace algo te remueve las entrañas de bonito....el no ya lo tienes.
Y luego, a ver qué hacemos con el no que ya tenemos.
Aceptarlo, claro. Edificar sobre él un rascacielos a mano. Volver a casa andando. Hacer un poema más hermoso. Buscar un amor más bonito. Comer más sano. Pedir la estrella Sirio que es la asoma por la ventana cada noche y no la luna. Cambiar de número. Buscar otro trabajo. Aprender a cantar. Tener el no y abrazarlo
"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire.
Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.
No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre.
-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad.
Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable.
La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo.
Tecleo tecleo tecleo
-¿Dónde? En la garganta
¡No quiero brillar, sino fosforescer!
Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles
que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que
azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca.
La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla
vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino
sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe
con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya
no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al
humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe.
«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se
preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.
No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una
fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el
papel sea apenas otra forma de la noche.
Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva
cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua
apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los
semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el
nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con
una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un
instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible.
Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio
del caos perderemos nuestra aureola.
Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque.
El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura.
La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que
aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma,
hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo.
Fosforescer es el
verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los
charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados
de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan.
Ay
si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso.
Venga a mí toda la luz desatada.

Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento.
Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro.
Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.
Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan.
Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita.
Cuando el final será común, la hazaña es el camino.
una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo
Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego.
Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo.
Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda.
Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él.
*********
Somos el diez por ciento, y qué?
Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva.
Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena.
Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad.
Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente.
Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él.
XXII
No me busques ahí
donde los vivos visitan
a los llamados muertos.
Búscame
dentro de las grandes aguas
en las plazas
en el fuego corazón
entre caballos, perros,
en los arrozales, en el arroyo
o junto a los pájaros
o en el reflejo
de otro alguien,
subiendo un duro camino
Piedra, semilla, sal
pasos de la vida. Búscame ahí.
Viva.
Da morte. Odes mínimas
III
Descansa.
El hombre ya se hizo
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.
Amavisse
XVI
No es verdad.
No todo fue tierra y sexo
en mí
si soy poeta
es porque también
se hablar de amor
suavemente.
Y como nadie se
acariciar
la cabeza de un perro
en la madrugada.
SONETOS QUE NO SON
II
¿Es mío este poema o de otra?
¿Soy yo esta mujer que anda conmigo
y renueva mi habla y al oído
si no me habla de amor, al poco calla?
¿Soy yo la que a mí misma me persigo
o son mujer y rosa que escondidas
para que sea eterno mi castigo)
lanzan voces de noche tan oídas?
No sé. De casi todo no sé nada.
El ángel que da fuerza a mi poema
no sabe de mi vida descuidada.
La mujer no soy yo. Y perturbada
la rosa en su destino, la persigo
en rumbo hacia los reinos que inventé.
IV
¿Qué boca ha de roer el tiempo? ¿Qué rostro
Ha de llegar después del mío? ¿Cuántas veces
el tejido leve de mi soplo ha de posarse
sobre la blancura agitada de tu pecho?
¿Atravesáremos juntos las grandes espirales
la arteria extendida del silencio, el vacío
la planicie del tiempo?
Cuantas veces dirás: vida, estrella vespertina, magna-marina
y cuantas veces diré: eres mío. Y en las distendidas
tardes, de largas lunas, de madrugadas agónicas
sin poder tocarte. Cuantas veces, amor
Una nueva vertiente ha de nacer en ti
y cuantas han de morir en mí.
Júbilo, memória, noviciado da paixão
XVI
O
que nós vemos das coisas são as coisas.
(Fernando
Pessoa)
Las cosas no existen.
Lo que existe es la idea
melancólica y suave
que hacemos de las cosas.
La mesa de escribir es hecha de amor
y de sumisión.
En tanto
nadie la ve
como yo la veo.
Para los hombres
es hecha de madera
y esta cubierta de tinta.
Para mí también
más la madera
protege su interior
pues su interior es humano.
Los libros son criaturas.
Cada página un año de vida,
cada lectura un poco de alegría
y esta alegría
es igual al consuelo de los hombres
cuando inquietos permanecemos
en respuesta a sus inquietudes.
Las cosas no existen.
La idea, sí.
La idea es infinita
igual que el sueño de los niños.
Balada de Alzira
NO HABLEMOS.
Y que las voluntades primeras
permanezcan
gigantes y sin forma
sin ningún camino
para el mundo de los hombres.
X
Ardiente. Oscuro. Tu ardiente soplo
sobre la oscura cerrazón de la garganta.
Palabras que pensé atrincheradas
resurgen delante del toque nuevo:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del luto
viene llegando un lago de sorprendimiento
recreando musgo. Vuelven las seducciones.
Vuelve mi propia cara seducida
por tu doble rostro: mitad raíces
oquedades y pozo, mitad lo que no sé:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
las sales, el mal que ha sido esta lucha
en tu arena crispada de puñales.
Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
y exceso, ha de quedar en ti lo más sombrío.
Dirás: qué instante de dolor y de intelecto
cuando soñé los poetas en la Tierra. Carne y polvo
Lo perecible, exudando resplandor.
Sobre a tua grande face
IV
[fragmento]
A
Vinicius de Moraes
En la hora de mi muerte
estarán a mi lado más hombres
infinitamente mas hombres que mujeres.
(Porque fui más amante que amiga)
Sin duda dirán las cosas que no fui.
Como entonces con gran generosidad:
No era mal poeta la pequeña Hilda.
Tendré rosas en el cuerpo, en las manos, en los pies.
Son todos tan delicados
tan delicados…
Balada do Festival
XIX
Prométeme que te quedarás
hasta que la madrugada te sorprenda.
Aunque no sea abril
esta noche que desciende
aunque no haya estrella y esperanza
en este amor que amanece
Roteiro do silêncio
I
Nave
ave
molino
y más todo seré
Para que sea leve
mi paso
en vuestro
camino
Trovas de muito amor para um amado senhor
III
Tu sueño no es un sueño común.
Extiendes la vigilia
y aprendes a través de la oscuridad.
También así
el mar reposa.
Pequenos funerais cantantes ao poeta Carlos Maria de Araújo
XIX
Si yo supiese
tu nombre verdadero
te tomaría
húmeda, tenue
y entonces descansarías.
Si susurraras
tu nombre secreto
en mis caminos
entre la vida y el sueño
Te prometo, muerte,
la vida de un poeta. La mía:
Palabras vivas, Fuego, Fuente.
Si me tocaras,
amantísima, blanda
como fui tocada por los hombres
en vez de Muerte
te llamo Poesía
Fuego, Fuente, Palabra viva
Suerte.
VI
Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
cuantas me darás para otra vez amanecer
intentándote buscar. Porque vives de mí, Sin Nombre,
sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
porque sé de ti tu hambre, tu noche de herrumbre
tu pasto es mi verso rociado de tintas
y de un verde negro tu casco en los arenales
donde me pisas hondo. Hoy te canto
y después enmudezco si te alcanzo. Y juntos
iremos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De sangre.
Sobre a tua grande face
XXII
Que las barcazas del Tiempo me devuelvan
la primitiva urna de palabras.
que me devuelvan a ti y a tu rostro
como lo conocí desde siempre: punzante
pero centellante de vida, renovado
como si el sol y el rostro caminasen
porque venia de uno la luz del otro.
Que me devuelvan la noche, el espacio
para sentirme tan vasta y poseída
como si aguas y maderas de todas las barcazas
se hiciesen materia rediviva, adolescencia y mito.
Que te devuelva la fuente de mi primer grito.
moradora secreta en tu cuarto,
llama que agita tu aliento,
música escrita en tus sueños.
Soy el agua incesante en tus mente,
nube que busca tu boca,
viento sembrado en tu falda,
noche que enciende tu fuego.
Soy tu espejo y tu caricia,
óvulo girando y creciendo,
placer narrado con pausas,
hora que extingue tu muerte.
Hay un paisaje sin corazón dentro de mí.
Lo veo tan cerca, tan esplendido…
súbita luz, nave dorada, espejo,
que transformándose en niebla
intacto emerge.
Sin duda, amigo mío, la isla
sería nuestro puerto.
Después de ella vendría el monólogo
y la certeza de las cosas imposibles.
III
Si tu vida se extiende
Más que la mía
Acuérdate, mi odio-amor,
De los colores que vivíamos
Cuando el tiempo del amor nos envolvía.
De oro. Del rojo de las caricias.
De las tintas de un celo antiguo
Derramado
Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.
Del castaño de luz de tu mirada
Sobre el dorso de las aves. De aquellos árboles:
Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.
Y hojas de un color de tempestades
Contorneando el espacio
De dolor y lejanía.
Tiempo turquesa y plata
Mi odio-amor, señor de mi vida.
Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.
«Fire walk with me»
Twin Peaks
« y a d'autres mondes, mais ils sont en celui-ci»
Paul Éluard
Estoy ante este paisaje femenino
Como un niño ante el fuego
Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos
Ante este paisaje en que todo me emociona
Donde espejos se empañan donde espejos se limpian
Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación
Tengo tantas razones para perderme
En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte
Hermosas razones que ayer ignoraba
Y que ya nunca olvidaré
Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas
Ante este paisaje donde la naturaleza es mía
Ante el fuego el primer fuego
Buena razón maestra
Estrella identificada
Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él
Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas
Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros
Estoy ante este paisaje femenino
Como rama en el fuego.
«L’extase»
Je suis devant ce paysage féminin
Comme un enfant devant le feu
Souriant vaguement et les larmes aux yeux
Devant ce paysage où tout remue en moi
Où des miroirs s’embuent où des miroirs s’éclairent
Reflétant deux corps nus saisons contre saisons
J’ai tant de raison de me perdre
Sur cette terre sans chemins et sous ce ciel sans horizon
Belle raison que j’ignorais hier
Et que je n’oublierai jamais
Belles clés des regards clés filles d’elles-mêmes
Devant ce paysage où la nature est mienne
Devant le feu le premier feu
Bonne raison maîtresse
Etoile identifiée
Et sur la terre et sous le ciel hors de mon coeur et dans mon coeur
Second bourgeon première feuille verte
Que la mer couvre de ses ailes
Et le soleil au bout de tout venant de nous
Je suis devant ce paysage féminin
Comme une branche dans le feu.
Una vez leído el libro de mitos
y cargada la cámara
y comprobado el filo de la hoja del cuchillo,
me pongo
la armadura de caucho negro
las absurdas aletas
la tosca y rígida mascarilla.
Tengo que hacer todo esto
no como Costeau
con su diligente tripulación
a bordo de la goleta soleada
sino aquí, a solas.
Hay una escalera.
La escalera está siempre ahí
colgando inocentemente
al lado de la goleta.
Nosotros, que la hemos usado,
sabemos para qué sirve
Sería, si no,
un trozo de escoria marítima
un desperdicio cualquiera.
Desciendo.
peldaño tras peldaño y todavía
el oxígeno me sumerge
la luz azul
los claros átomos
de nuestro aire humano.
Desciendo.
Las aletas me estorban,
me arrastro por la escalera cual un insecto
y no hay nadie
que me diga cuándo va a comenzar
el océano.
Al principio el aire es azul y luego
es más azul y luego verde y luego
negro estoy perdiendo la conciencia
y sin embargo
mi careta es potente
llena la sangre con fuerza
el mar es otra historia
el mar no es cuestión de poder
tengo que aprender sola
a girar mi cuerpo sin esfuerzo
en el profundo elemento.
Y ahora: es fácil olvidar
a qué vine
entre tantos que siempre
han vivido aquí
ondeando sus dentados abanicos
entre los arrecifes
y además aquí abajo se respira de otro modo.
Vine a explorar el naufragio.
Las palabras son propósitos.
Las palabras son mapas.
He venido a ver el daño que se hizo
y los tesoros que se han conservado.
Deslizo el haz de luz de mi lámpara
lentamente por el flanco
de algo más permanente
que peces o algas
lo que vine a buscar:
el naufragio y no la historia del naufragio
la cosa en sí y no el mito
el ahogado rostro siempre mirando fijamente
hacia el sol
la evidencia del daño
carcomido por sales y vaivenes
hasta convertirlo en esta belleza raída
las cuadernas del desastre curvan su afirmación
entre difusas presencias.
Este es el lugar.
Y yo estoy aquí, sirena cuyo cabello oscuro
fluye negro, tritón en su cuerpo blindado.
Circundamos en silencio
por los restos del naufragio
nos sumergimos en la bodega.
Yo soy ella: yo soy él
cuyo rostro ahogado duerme con ojos abiertos
cuyo pecho aguanta todavía la tensión
cuya carga de plata, cobre, bronce yace
oscuramente en el interior de los barriles
mal encajados y pudriéndose
somos los instrumentos semidestruidos
que, una vez siguieron un rumbo
la bitácora carcomida por el agua
la brújula atascada.
Somos, soy, eres
por cobardía o valor
quienes hemos de hallar nuestro camino
de regreso a esta escena
llevando un cuchillo, una cámara
un libro de mitos
en el cual
nuestros nombres no aparecen.
Tras su viaje a los Estados Unidos en 1934, José Clemente Orozco regresó a México para pintar el muro oriente del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de Mexico, pero como el edificio estaba un poco hecho polvo, decidió no arriesgar su obra pintando directamente sobre un muro que se podía derrumbar en cualquier momento y optó por pintarla sobre un bastidor de acero.
Katharsis muestra mediante una orgía de color brillante y formas dinámicas una muy expresionista alegoría sobre la guerra y la desintegración. Para ello empleó diversos motivos, muchos de ellos recurrentes en su obra: las armas, las masas de gente, la lucha, el caos… Todo unido en una montaña de catarsis. También tenemos ahí la prostitución (putas que ríen simbolizando el abandono de los valores morales), las máquinas (que con sus engranajes parecen devorar a colectivos humanos enteros), una caja fuerte abierta (la avaricia y codicia humanas, el robo a la sociedad), el fuego… Porque en la parte superior de la obra todo está ardiendo, como si con un último sufrimiento extremo el fuego fuera a purificarlo todo.
¿Nos está diciendo Orozco que nuestra sociedad, donde se utiliza la máquina y la tecnología no precisamente para nobles fines, está abocada al fracaso? ¿Qué es mejor quemarlo todo y empezar de cero…?
Orozco era un genio, y mediante esa composición tan caótica, amplifica de manera increíble el dramatismo de la escena. Una tendencia clara hacia lo dramático y lo siniestro con la que quería lanzar un mensaje de alarma.
Autor del texto: Esteban Iborio