malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 20 de agosto de 2026

la magia de los desesperados

 




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Cuando tecleo fabrico balsas de oxígeno, porque navego sobre estas olas tan impostadas como impuestas. Todo desaparece alrededor. Hay algo catártico en ello. Una respiración honda y expansiva.

Nunca braceo contracorriente a no ser que escriba. Solo quiero ahogarme en el verso. 

Busco la maraña que habita la palabra que no alcanzo. Lo insondable. Porque el poema es a pulmón. Y yo busco la sacudida shepariana en mis rodillas. Aprender a dejar, queveriana, la memoria en donde ardía. Jugar con las palabras y sentir que me moría. La gente ya no tiene referencias de fuego en la memoria, no vuelve a las trampas. No se exponen a la palabra. La palabra que no sea espejo. La palabra sin ADN. No irán a la palabra salvaje, de otro, de otra que es capaz de invadirte, de morderte como nadie, una palabra que tiene sesenta, setenta, ochenta, cien, doscientos, mil, dos mil años , una palabra serpiente, una palabra que tiene epicentro en tu entraña y te desmorona y desmaquilla y desarma y desequilibra y te impone: escúchala. +
¿Sabes el poder que tienen todas esas palabras? El poder de ubicarte, el poder de resignificarte. De algo que a priori parece doloroso pero es tan tan edificante: RELATIVIZARTE.

Tantos estuvieron allí. 
Tantos tu piel habitaron. 

Cuando voy a la palabra, me salva. La palabra me encuentra y si no salgo en su búsqueda. Pero no cualquier palabra. No cualquier cebo. No cualquier faro te salva de las rocas. 
Cállate, pero cállate por dentro y déjate a la deriva. Cállate y observa. Esta selva te fatiga porque tú eres su presa. Así que calla. Hazte el favor. 

Vivir más no es vivir mejor. Vivir es que este último cuarto de hora tuviera sentido. Básicamente porque el siguiente aún no existe. Vivir no es que la belleza te envuelva, vivir es que la belleza te atraviese. Y sobre todo, vivir no es que tú seas la belleza. Vivir es un campo que se llena de flores y frutos. Vivir es una noche que se siembra de estrellas. Un mar que se sabe oleaje. Un ser vivo que se comunica, que se siente, que palpita, que se escucha, que se indaga, que se cuestiona, que duda, que se entrega a esa duda, que se sabe ridículo en la inmensidad y afortunado en la misma. 
¿Cómo se llaman los que se tumban sobre una cama de espinas?
Ah, faquires, y no es una cama de espinas, es una cama de clavos. Pero y si entendemos que la vida tiene espinas y clavos, que no solo serán rosas y espejos. Que seremos rosas desnucadas en el jardín, en el jarrón y que el tiempo seguirá pasando. 

Yo bebo de la magia de los desesperados, en un acto teúrgico, me elevo sobre la palabra. Hago míos sus dominios. Me hago mía. Me doy abasto. Me entiendo o no y me dejo chagalliana sobra la palabra con arrojo y hambrienta
Y todas esas voces llenas de odio y vacío se convierten en un canto perverso de sirena o tritón mientras me dispongo a vivir mi próximo y privado cuarto de hora.   


sábado, 15 de agosto de 2026

CAYÓ LA LUZ



Yo sí vi el eclipse, quizá porque estoy hecha de luz y de sombras. Porque me sé pequeña, vulnerable, accidental y prescindible en mitad de tanta y tanta belleza. 

Mejor este exilio, excavado en el ruido, mejor esta herida iluminada, esta luna que arrastra sus mareas negras por los corredores de mi pecho. Aceptar que los planetas no corrigen el borrador de mi destino. 

Cuántas veces callamos la luz entre nuestros cuerpos, cuánta epifanía en cada ocaso ignorada.

Hicimos nuestro un instante, que tal vez, no nos pertenecía, o al menos no fue nuestro hasta que llegó esa apnea solar.

Hasta que las golondrinas regresaron al nido antes de tiempo.

Hasta que el alcaraván abrazó a sus crías en la incertidumbre.

Hasta que cayó la luz mientras callaba el campo.

Fue entonces cuando dejamos hablar a nuestra sombra. 

Entonces se blindó la luz al antojo del universo.

Entonces el silencio de esta herida, del fingirnos luminosos, del sabernos heliocéntricos, de reconocernos más de tiniebla, o incluso de ceguera. 

**

Soy un pequeño temblor entre dos sombras

y en mi pequeñez sentí por un instante, brevísimo,

que el universo entero parecía una palabra a punto de ser dicha.

Ya sé que la noche no cae, se abre, como un fruto oscuro repleto de semillas encendidas.

Sé que esa luz llega desde tan lejos que ya ha olvidado su origen.

Y aun así encuentra el camino hasta mis ojos.

Qué extraña fidelidad, qué hipnótica la paciencia mineral de los astros.

 **

No existe el vacío, es energía y misterio.

Yo, criatura tejida con polvo,

pregunto: ¿Dónde se funden el oro de los amaneceres y la sal azul de las distancias?

Nadie responde, solo la luz, la luz interminable, esa viajera sin rostro, esa mensajera de soles desaparecidos, de paraísos extintos. La luz, esa hechicera.

Dijo el poeta que el universo es un sueño sin orillas.

Y yo, desde esta habitación donde la noche se acumula como agua negra, donde sé que fuera aguardan las estrellas como fieras blancas, no sé nada del universo, solo sé de esa luz que viaja hacia mí desde un lugar que ya no existe. Como el recuerdo de la infancia, como los vestigios de un amor roto. Solo sé que cada despedida fue, es y será un tránsito. Que cada constelación es un sistema nervioso ardiendo sobre la espalda de la inmensidad.

Dejemos de ser un valle orgulloso de su eco. Dejemos de ser el coro de la nada. El tumulto, la sinrazón, el cuerpo armado de todas las guerras, ese ruido constante que cubre nuestro latido, que no nos deja pensar por nosotros mismos. Dejemos de eclipsar lo importante con nuestros flashes. 

Yo, criatura de agua y carbono, con mis huesos de fósforo, pretendo comprender a ese universo que gira con la indiferencia de una madre agotada. Que las galaxias florecen y se extinguen sin preguntar por nosotros y que la luz seguirá hablando aunque nadie la escuche. 


sábado, 1 de agosto de 2026

A MÍ DAME LA OSCURIDAD DONDE BRILLAN LAS LUCIÉRNAGAS

                                              my private Howl


He visto a las mejores mentes de mi generación naufragar durante horas en un scroll infinito, desnutridos, famélicos, histéricos, arrastrándose en busca de atención.

He visto a los mejores cerebros de mi generación apagar la pantalla y sentirse recién llegados de una guerra inventada, huérfanos de sensibilidad y autoestima, tras enterrar sus neuronas en un terrible hilo de Twitter. 

Endemoniados, consumiéndose por la primigenia conexión ya jamás celestial, hijos de la santa cobertura y la incapacidad para vivir fuera de los focos, de las fauces del ahora, de la impostura. 

No nos preocupemos, el vacío está siendo perennemente registrado. 

Primer curso: Cómo aullar con la pantalla encendida. Jack, no te subas a la mesa para recitar tus poemas, aquí ya nadie escucha. Publícalos a las nueve cuando el algoritmo promete mayor alcance.

Soy humana, por lo tanto nada es ajeno a mí, ya no Diane, ya no.

La encarnación del avance en dos respuestas que son mantra universal o haiku de la anti naturaleza: 

"Soy un humano"

"No soy un robot"

Como respuesta constante: Demuéstralo!!! Doble autentificación.

Mentes que cayeron en la trampa de la velocidad, del púlpito casero ante el altar blanco del buscador, desde el que graznar, no aullar, opiniones sin fin. 

Devoraron sin filtro el alimento de la conspiración y titulares tramposos. Mentes que se encadenaron a su propio y pesado ego. Que se sumergían en el eslogan de la felicidad eterna ignorando la letra pequeña de todas las promesas. Que se desvanecieron de ellos mismos sin darse cuenta, diluidos en la masa compacta del sistema nuevo opio, paralizados y dispuestos a vagar voluntariamente en la celda portátil que nace de la mano al ojo. 

Tú eres tu cárcel.

Mentes, que se postraban ante el latido mercancía.

Que se estrellaban sin leer el tratado definitivo del desastre que tenían ante sus ojos.

“Quién reventó sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?” preguntaba Ginsberg.

De paraísos artificiales a inteligencias artificiales, Baudelaire, resucita, te rogamos.

Ahora que la rabia es tendencia. Ahora que el genio de la lámpara no cumple tus deseos, te los dicta. Ahora que ser intensos es mostrar nuestro egoísmo sin vergüenza.

No hay vértigo en esas ventanas de seis pulgadas de falso cielo azul a máximo brillo, espejo de miseria. No hay vértigo porque no hay salto. 

Lo que sí hay son poetas optimizando verso viral, músicos y su riff viral, rostros con su gesto viral, bocas con su insulto viral, puesta de sol viral, enfermos todos de falsa autenticidad.

Tu insomnio a un servidor oculto, entregado. Todo lo que vemos es un anuncio interminable.

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No a una ternura burocrática. Se trata de postergar el fin del mundo. Lo Sagrado siempre será un cuerpo que no renuncia a su temblor.

Millones de ventiladores rezan el mismo salmo eléctrico: enfriar el corazón de la máquina.

El óxido no descansa, dijo el gran Neil, el algoritmo tampoco.

Los mendigos piden batería.

Compárteme tu ubicación aunque estés a mi lado porque no te siento.

El apocalipsis llegará en una actualización automática.

Virales o inmortales, esa es la cuestión

¿Conectarse es encontrarse? "Lo siento, no he entendido la pregunta”, responde el asistente de voz.

En este instante mercancía, los filósofos redactan solicitudes de financiación para demostrar la utilidad económica de la duda. Los revolucionarios pendientes de la analítica de audiencia. Ay del contenido sensible, ay del pezón, eso nunca y la guerra editada en formato vertical, no lo olvides.

Compartir antes de leer. Condenar antes de saber. Responder sin pensar. Ser sin existir. Así se conjugan ahora los verbos.

No es la tecnología, nunca fue la tecnología, es el antiguo deseo de adorar ídolos hechos de materiales nuevos. No más becerros de oro, dame cobertura, no incienso y que nadie sospeche que toda religión comienza cuando dejamos de hacernos preguntas. 

En esta misa interminable a uno mismo, cementerio de perfiles y epitafios actualizados cada diez segundos, del dresscode aplaudido, del storytelling manido, que tu dios no tiene rostro, tiene interfaz, que ya no hay paraíso solo experiencia mejorada, te digo.

La revolución es morir sin haber optimizado esa dichosa experiencia, amar sin dejar pruebas, viajar sin dejar rastro, comer sin dejar evidencia, en este siglo que todo registra, ese es el último acto verdaderamente herético.

Somos animales sacrificados y la obscenidad de nuestro siglo es haber perdido la capacidad de ser atravesados por algo. Guárdate tu Tomahawk, que a este cuerpo mío ya le sacaron toda la sangre.

Que los corazones parecen campanas enterradas, que la palabra se acantila y yo caigo sin saber a dónde. Mientras aún una palabra tiembla como un pájaro en mi garganta. Mientras el sol se cose al horizonte con un hilo rojo que hiere. Y unas pestañas llenas de gasolina y polen aprenden a mirar bajo el esmalte rojo de un semáforo. Que la belleza lleva una rosa en la boca y un universo encondido en el silencio. Que lo importante se anuncia en la carne.

¿Quién eres tú? ¿en qué espesura existes?

Ser omnipresente, verlo todo, escucharlo todo, opinar siempre...

Como diría el gran Bartleby: PREFERIRÍA NO HACERLO.

A mí dame la oscuridad donde brillan las luciérnagas.





domingo, 26 de julio de 2026

El folio fuego eterno

 

«Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía». Emily Dickinson

Todos hablan del eclipse, del fuego, del saber perder. Yo me senté hoy -ya ayer- a escribir un poema que se llamaba El folio eterno, no el fuego eterno. Lo dedicaba a un joven nacido en Lowell, alérgico a las interrupciones o enamorado de la corriente eléctrica que nace de la escritura sin riendas (como esos caballos que hoy huyen del fuego) recortó y pegó con cinta adhesiva folio tras folio, de un modo frenético, y en apenas tres semanas -ardiendo- sin puntos y aparte, sin márgenes, sin sangrías... scroll infinito, como una carretera eterna, como el flujo de una vida que se inventa segundo a segundo,  escribió una novela. O contó su vida, qué más da. No es la canción...

Después, como no podía ser de otra manera, automáticamente me fui por las ramas del poema que no sería. Dime cómo se disuelve el ego cuando todo el mundo trae su justificante de emociones. Cuando todo el mundo habla de lo mismo, cuando todo el mundo ya estuvo "allí", cuando todo el mundo es como todo el mundo. Yo quiero que traigas un poema con pistola. Un poema que haga que Dickinson sonría y tiemble en cada costura intracraneal. Te lo pido a ti y me lo pido a mí misma. 

Me anoté en la palma de la mano izquierda el nombre de un pueblo que por lo visto iba a arder: El Tiemblo. Quise saber más y entre la leyenda de una princesa del siglo XV y una anotación del cronista Sampiro en el siglo XI, con esta última me quedé: «Venit in locum que dicitur a Trémulo». Eran tierras repletas de álamo temblón. Cuánta poesía nos aguarda ahí fuera. Cuánta ceguera albergamos dentro. Cuánta poesía se está quemando.

¿Cómo era eso de que somos un río? ¿Dónde quedó eso de la impermanencia, el famoso Anitya?

Este puede ser un folio Mekong donde diluirnos, donde revelarnos como simple pieza del engranaje, y qué. Samapattis de color dolor para salpicar el papel de nosotros sin que se note y escuchar nuestra propia sangre recorriendo nuestras venas. Líbrame de lo evidente, del espejo y la condescendencia. Del corazón vacuo y del algoritmo. De la muchedumbre que solo es un montón de vacío. Ese, el vacío, es el único bosque que debería arder. 

Entonces Lorca: 

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Se acaba el vino y la luz de la vela a la vez y llega el audaz recuerdo a pellizcarme los gemelos, con su balada indescifrable por los lugares que no habité. Atada al mástil, escuché sus cantos.

El corazón que se desnuda se arma, pienso.

Con qué facilidad todo es polvo, con qué facilidad se arruga el vestido de la carne.

Tomar café, tomar muslos, tomar esquinas y fiebres. Saborear paseos por los márgenes donde todo es era savia, rocío, pupila, derrumbe silencioso de las sombras, trinos, musgos amorosos y que ahora nadie ve. Belleza desprotegida obligada a un ave fénix. Otra vez.

Podemos ser todos los lugares que se desprenden en la transparencia de una caricia o habitar la destrucción del sinsentido. 

Eclipse, fuego, saber perder. Vuelvo al folio eterno, vuelvo a las esquirlas de los sueños, a lo que queda de lo que fue.




domingo, 19 de julio de 2026

Ab imo pectore o Ab imo abysso

 

Carta de amor a la luz que se hunde.

En el desfiladero de tu mirada se ha detenido un albatros que con el pulso atávico de sus alas, va a vencerte. Emprenderá el vuelo y tú la caída.

Cuando la luz parece que se entierra en la línea del horizonte, luz que se destiñe en rojos, luz que se amapola. Luz que se deshace como la esperanza, que tú, quiromante, tallas en las palmas de tus manos a puñaladas. 

Hay un espacio entre el recuerdo y la desesperación del corazón que se extravió en su propio vuelo, Ícaro ridículo. Narciso esquizo. Velero a la deriva. Ilusión que naufraga.

Hay una carta escrita con fuego que llega de un tiempo antiguo. Pero ya no quieres leer.

Se ensancha la herida, imagen exuberante en la memoria, y una semilla salvaje germina en el lagrimal de un adiós tan gratuito como ya irremediable. Pero ya no quieres ver.

El poema semiprecioso nace de la mina de tus entrañas y balbucea grita aúlla brama clama un canto improvisado en la agonía que no sobrevivirá jamás a la mañana, porque ya no quieres escuchar.

Un caligrama dibujado en el abismo, párpados que cargan tormentas.

Una sombra infinita que fue creciendo.

Dame amor sin fanatismo, imploraba. Una ternura diamantina, dame un exceso de calma.

Pero ni un auxilio de caricias llegaba.

Ensayamos el gesto sonámbulo del que conoce tan bien su dolor, su destino, el que fuera su territorio que esquivamos quicios y cantos para no despertar, para no existir fuera del sueño. Porque ya no queremos saber.

Fabricando una oasis-burladero para olvidar donde el nace el poema y sus corales de tristeza, el que quiso forjar un imperio, no un pecio doliente de emociones, de recuerdos, no una herida entre el cielo y la tierra. 

Un amanecer sin revelación, quién lo quiere, solo una playa muerta y unas gaviotas hambrientas y un mar respirando detrás de ellas, inmenso, como una fosa común que hubiera aprendido a gritar. 


Oye poeta, le dicen, desenchufa* el amanecer,

Oye poeta, desconecta los relámpagos, como dijo Bolaño.


Que quiero una noche oscura y silenciosa en esta isla, a ver si la tienes.

Que quiero mojar tu pirotecnia hecha de impostura y prisas.

Con la saliva de mis versos.

Con ráfagas de consciencia aniquilante.

Con primerísimo plano del desastre.

Amansar los flashes de la nada.

Conversar, de nuevo, con la mirada verdadera.

Microfonear tu latido, si es que existe.

Contemplar pájaros y nubes, si es que existen.

Dejar de marcar con una X el lugar del tesoro que siempre fue el lugar de la trampa.

Apoderarme de la llanura de tus hombros, morder tu yugular a ver si sangras.

Adueñarme de lo abstracto sin medida.

Criptica amazona del camino polvoriento.

De la vereda llena de espino y amapolas.

Vaciar el stock de la rabia.

Que mi vida fue ver nacer y crecer un desierto.

De las emociones, de lo verde, de dónde queda el arrepentimiento.

De quién son estos sueños atroces?

Que está bien no brillar.

Que está bien habitar el margen.

Que está bien pasar desapercibido,

andar, no volar,

está bien ser 

sin más

con menos.

Que está bien vivir.

Nos inmolamos públicamente y no era necesario.

Nuestras alas de gigante, como dijo el poeta, nos impidieron caminar. 


 


 

viernes, 17 de julio de 2026

UN PARAÍSO EXCAVADO EN LA ROCA

                                   


           


 por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.

”Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”.


Esa noche…fue muy larga.
Abrí mis ventanas
cuando cayó el sol
y la madrugada
como un vestido de calor
me apretaba.

Dejé entrar al viento
para que nuestro paisaje de piel
desenredara.
Fuera la ropa tendida danzaba
bajo una luna creciente
que se tornaría guadaña.

El viento, no puede llevárselo todo,
me repetía.
Ojalá… a veces…se lo llevara…
Siempre se deja las cicatrices, las dudas
y las miradas que nos traspasaron.
Si se lleva mi pena, es porque será la tuya.
Canje diabólico, equilibrio insano.

Podría traer, este viento, el eco de las risas
algunos temblores concretos
algunas oportunidades perdidas
o el amor de todas las madres.

Que se lleve, si quiere, las prisas,
el odio y las guerras.
Que yo solo quiero el olor de todas las espumas
que me salpicó el mar
esa lágrima gigante.

Esa noche, sería la última
la última de esa Vida
porque cual Atlántida
que en un día y una noche terribles
se hundió,
algo iba a suceder,
algo que ahuyentaría la luz
nuestra luz, toda
porque algo venía a labrar
un lenguaje de penumbra.

Yo, que estoy herida de luz y verdad
aquí abriendo mis ventanas

a la muerte.
Yo que sé que prefiero el destierro en tu cuerpo, siempre
que lo que llega es peor que la Nada
Yo que sé que el exilio es el auxilio

Yo me duelo y me lleno de rabia
Con más corazón que coraza
Ese viento trae un desierto
Pero nadie escuchó su amenaza

En este temporal infinito de esquirlas y silencio
tricotaré, te juro, versos salvajes y atribulados,
Versos que crucen la carne
Hilvanando memoria y verdad
Versos que serán recitados en la cubierta de un barco
que nos alejará, solo en la distancia, de estos tiempos de sangre.

Haré tributo al incendio
Al fuego que escondimos en nuestros cuadernos.
Haré simiente de la herida.
Sismógrafo del corazón
Me detendré en el misterio
del poema que alumbre el recuerdo
del derrumbe, de la caída
pero solo para levantarnos.

Porque te digo que cuando nació ese infierno
Excavé un paraíso en la roca
Excavé una promesa en el alma
Supe que el olvido es la más verdadera de las distancias que existe.
Que tú, contienes trazas de naufragio,
Memorias de huida y muerte
que otros provocaron.
Que este viento que te despeina la piel y el corazón
contiene todos nuestros suspiros
toda nuestra desesperación
todos los veranos que quedaron enterrados
No olvides que la esperanza es un jardín obstinado.

Que los exiliados somos una maraña de anclas
que sueñan arenas en mitad del viento.

Y hoy aquí, en esta noche, que se parece a todas las noches,
piensa que esto que ves, esto que acecha,
tal vez no sean solo molinos,
tal vez sí sean gigantes.

jueves, 9 de julio de 2026

El "no" ya lo tienes




 Supongo que así crecimos algunos, 

con "el no ya lo tienes".

Eso significaba pide la luna, que "él" se enamore, que te cojan en ese curro, que te toque el 30247, que te editen el poemario, que no llueva mañana, que salga bien el análisis, que te deje el coche tu padre cuando llevas dos días conduciendo, que te dejen entrar en pachá con quince, que te recojan en autostop fuera del summun en el `94 cuando no quedan taxis, que cante tu poema esa mujer que cada vez que hace algo te remueve las entrañas de bonito....el no ya lo tienes.

Y luego, a ver qué hacemos con el no que ya tenemos. 

Aceptarlo, claro. Edificar sobre él un rascacielos a mano. Volver a casa andando. Hacer un poema más hermoso. Buscar un amor más bonito. Comer más sano. Pedir la estrella Sirio que es la asoma por la ventana cada noche y no la luna. Cambiar de número. Buscar otro trabajo. Aprender a cantar. Tener el no y abrazarlo  

lunes, 29 de junio de 2026

ahogando el silencio

 


"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire. 

Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.

No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre. 

-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad. 

Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable. 

La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo. 

Tecleo tecleo tecleo


-¿Dónde? En la garganta 


miércoles, 15 de abril de 2026

UN FULGOR CÍCLICO



 



¡No quiero brillar, sino fosforescer!

 

Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca. La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe. 

«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.

No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el papel sea apenas otra forma de la noche. 

Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible. 

Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio del caos perderemos nuestra aureola.  

Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque. 

El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura. 

La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma, hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo. 

Fosforescer es el verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan. 

 Ay si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso. 

Venga a mí toda la luz desatada. 











sábado, 14 de febrero de 2026

D E S O R I E N T A D A



Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento. 

Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro. 

Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.   

Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan. 

Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita. 

Cuando el final será común, la hazaña es el camino. 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando yo salgo a la mar

                                                                              



una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo

Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego. 

Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo. 

Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda. 

Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 

*********

Somos el diez por ciento, y qué?

Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva. 

Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena. 

Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad. 

Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente

Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano  que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él.