malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

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sábado, 7 de marzo de 2015

Clarice Lispector

 



Dame tu mano

Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


El amor es rojo, los celos son verdes, mi ojos son verdes..

Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? ¿Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.


¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.






domingo, 5 de enero de 2014

Clarice Lispector




“Te escribo entera y siento un sabor en ser y el sabor-a-ti es abstracto como el instante. También con todo el cuerpo pinto mis cuadros y en el lienzo fijo lo incorpóreo, yo cuerpo-a-cuerpo conmigo misma.”

“Hoy he acabado el lienzo del que te hablé: líneas redondas que se entrecruzan con trazos finos y negros, y tú, que tienes la costumbre de querer saber por qué -el porqué no me interesa, la causa es la materia del pasado-te preguntarás ¿por qué los trazos negros y finos? Es por el mismo secreto que me hace escribir como si fuese a ti, escribo redondo, enmarañado y tibio, pero a veces frío como los instantes frescos, agua del arroyo que tiembla siempre por sí misma. ¿Lo que he pintado en esta tela es susceptible de ser fraseado? Tanto como la palabra muda pueda estar implícita en el sonido musical.”

“Soy consciente de que todo lo que sé no lo puedo decir, sólo puedo pintando o pronunciando sílabas ciegas de sentido.”



“Al escribir no puedo fabricar como en la pintura, cuando fabrico artesanalmente un color. Pero estoy intentando escribirte con todo el cuerpo, enviarte una flecha que se hinque en el punto tierno y neurálgico de la palabra. Mi cuerpo incógnito te dice: dinosaurios, ictiosaurios y plesiosauros, con un sentido tan sólo auditivo, sin que por eso se convierta en paja seca, sino húmeda. No pinto ideas, pinto el más inalcanzable 'para siempre'. O ¡para nunca', da igual. Antes que nada pinto pintura.”

“Y si muchas veces pinto grutas es porque ellas son mi zambullida en la tierra, oscuras pero aureoladas de claridad, y yo sangre de la naturaleza; grutas extravagantes y peligrosas, talismán de la tierra, donde se unen estalactitas, fósiles y piedras, y donde los animales que aman su propia naturaleza maléfica buscan refugio. Las grutas son mi infierno.”

“Te escribo como un esbozo antes de pintar.”

“Es tan curioso haber sustituido las pinturas por esa cosa extraña que es la palabra. Palabras…Me muevo con cuidado entre ellas porque pueden volverse amenazadoras; puedo tener la libertad de escribir lo siguiente:
'peregrinos, mercaderes y pastores guiaban sus caravanas rumbo al Tibet y los caminos eran difíciles y primitivos'. Con esta frase he hecho nacer una escena, como en un flash fotográfico.”




“Y en mi noche siento el mal que me domina. Lo que se llama un bello paisaje no me causa más que cansancio. Lo que me gusta son los paisajes de tierra reseca, con árboles retorcidos y montañas hechas de roca y con una luz alba y suspensa. Allí, sí, allí está la belleza recóndita. Sé que tampoco te gusta el arte. Nací dura, heroica, solitaria y de pie. Y he encontrado mi contrapunto en el paisaje sin elementos pintorescos y sin belleza. La fealdad es mi estandarte de guerra. Yo amo lo feo con un amor de igual a igual.”

“Voy a hacer un adagio. Lee lentamente y en paz. Es un amplio fresco.”

“No existe nada más difícil que entregarse al instante. Esta dificultad es dolor humano. Es nuestra. Yo me entrego en palabras y me entrego cuando pinto.”

“Te escribo a la medida de mi aliento. ¿Soy hermética como en mi pintura? Porque parece que hay que ser terriblemente explicita. ¿Soy explícita? Poco me importa. Ahora voy a encender un cigarrillo. Quizás vuelva a la máquina o quizás me pare aquí mismo para siempre. Yo, que nunca soy adecuada.”

“Hoy he usado ocre rojo, ocre amarillo, negro y un poco de blanco. Siento que estoy cerca de fuentes, lagunas y cascadas, todas de aguas abundantes y frescas para mi sed. Y yo, salvaje por fin y por fin libre de los secos días de hoy, troto hacia delante y hacia atrás sin fronteras. Practico cultos solares en las laderas de altas montañas. Pero soy tabú para mí misma. Intocable por prohibida. ¿Soy el héroe que lleva la antorcha en una carrera eterna?"

“Creo el material antes de pintarlo, y la madera se hace tan imprescindible para mi pintura como lo sería para un escultor. Y el material creado es religioso; tiene el peso de vigas de convento. Compacto, cerrado como una puerta cerrada. Pero en el portal hubo desgarradas aberturas, rasgadas por uñas. Y a través de esas brechas se ve lo que está dentro de una síntesis, dentro de la simetría utópica. Color coagulado, violencia, martirio, son las vigas que sustentan el silencio de una simetría religiosa.”



“Un espejo es frío y hielo. Pero hay una sucesión de oscuridades en su interior -comprender esto es un instante excepcional- y es preciso estar al acecho días y noches, en ayunas de uno mismo, para poder captar y sorprender esa sucesión de oscuridades que hay en su interior. Con los colores blanco y negro capturo en la tela la luminosidad trémula. Con el mismo blanco y negro capturo también, con un escalofrío, una de sus verdades más difíciles: su gélido silencio sin color. Es necesario entender la violenta ausencia de color de un espejo para poder recrearlo, como si se recrease la violenta ausencia de sabor del agua.”

“Ahí puedo pintar la esencia de un armario ropero. La esencia que nunca es cantabile. Pero quiero tener la libertad de decir cosas sin nexo como una profunda forma de alcanzarte. Sólo lo equivocado me atrae, y amo el pecado, la flor del pecado.”

“Pero voy a hablarte ahora del soplo de vida. Cuando uno ya no respira se le hace la respiración boca a boca; se pega la boca a la boca del otro y se respira. Y el otro empieza a respirar otra vez.”

“El verdadero pensamiento parece no tener autor.”

Fragmentos extraídos de Agua Viva