malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

Mostrando entradas con la etiqueta Pere Gimferrer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pere Gimferrer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de julio de 2012

recuento - Pere Gimferrer




Ensayos he escrito desvaídos borradores esbozos
a la luz de una lámpara
apenas un valor decorativo
como figuras pintadas en la pantalla de una lámpara
piscinas con cisnes de plástico
me muerdo los labios y una gota de sangre vacila
besar al leproso
horror de los contrarios la caverna plutónica el vendaval sulfúreo
el otoño como un órgano profundo en las catedrales del agua
vivo de imágenes son mi propia sangre
la sangre es mi idioma ciego en la luz del planeta
buceando en la tiniebla con rifle submarino
un arpón oh sombras de delfines en mi vida
oh sombras de delfines
van y vienen en la verdosa oscuridad
cuánto quise decir que mis versos no dicen
cuánto mis versos dicen que yo no sabría decir
como una máquina tragaperras en Las Vegas o Phoenix City
y el fullero de smoking sale a una luz de carrusel
Cuando envejezca pensaré en mis versos como en esas inacabadas historias de familia con cenas y despachos y salones
las sonrisas de mis primas muertas hace tantos años
envejecidas como un vestido de encaje apolillado una muñeca abandonada en los desvanes
la sonrisa de una muñeca
sus ojos como canicas o vidrios de colores
como canicas o vidrios de colores mis versos
pero todo adquirirá otra luz una nueva perspectiva
como la sala en penumbra desde una cabina de proyección
las sombras plateadas de los mares del Sur
con guirnaldas de flores las canoas en el Pacífico
este azul tan intenso que por las noches fosforece
versos fosforescentes en la noche
emitiendo señales de radio bajo las aguas como un submarino perdido
el Scorpion de la VI Flota ante los cabos de Virginia
Norteamérica un nido de escorpiones
no regresan sus señales de radio se pierden en la noche se hunden en la pesada oscuridad de las olas
emitiendo mis versos
ya desde la vejez versos de veinte años
con palabras de entonces que se han vuelto románticas
como automóviles de principios de siglo
charolados y oscuros y encendidos
mis versos
como en el teatro Kabuki o en una obra griega
maquillajes y máscaras siempre máscaras
Personae dijo Pound
amarillos y azules y encarnados
colores vivos de instantánea Kodak
algunos no regresan se han ido las imágenes
mariposa en cenizas
otros aún fosforecen sobre la noche de los rascacielos
regresan como muchachos heridos en la ciénaga
pólvora y ojos verdes
un guerillero bajo las estrellas metálicas
fuego de granadas Primavera
mis ojos han visto la hoguera de Savonarola
la muerte de Ernesto Guevara
y como Sandro Botticelli la fría luz de una plaza desnuda
edificios vacíos como un esbozo de arquitecto
Los milagros de san Zenobio pintado hacia 1500
ya no tenía fe
se devanece el verde sombrío de las hojas y las diáfanas cabelleras de oro
sirenas de ambulancias vienen de Luna Park
aúllan en la noche
y a lo lejos la rueda luminosa
música toboganes laberintos
la lluvia en Luna Park y el frío de la Morgue y los recuerdos.

martes, 22 de mayo de 2012

LA MUERTE EN BEVERLY HILLS - Pere Gimferrer




 
En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.

Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para morir.

Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de
los coches patrulla en el amanecer.

Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine -y a
esta hora está muerta en el Depósito aquélla cuyo
cuerpo era un ramo de orquídeas.

Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.

Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.

Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas
notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y
tenía los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz
muy baja- se llamaba Nelly.

Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
plateada de anuncios luminosos.

La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.

En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
y era como si oliera muy despacio un perfume.

sábado, 29 de octubre de 2011

Apariciones - Pere Gimferrer



No siempre el sueño tiene color ni movimiento:
es un estado, a veces. Y mi sueño de anoche
como el agua era verde y silencioso
y como el agua oscuro, quizá sólo el latir
de alguna cosa viva fluyendo bajo el cielo.
Pero un cielo mental, como cuando unos ojos
ven con una visión de ojos adentro:
no la vista sensible, ni el recuerdo
de la vista sensible; no el color
trémulo de una nube al desangrarse,
sino lo que, rojizo, como un eco de luz,
respira aún cuando el poniente calla.
Era un estado el sueño de anoche. No era el centro
sino la orilla, vecindad del mundo.
Antes de haber objetos, sustentando el objeto;
antes de existir yo, antes de aquel instante
en que diré “Yo soy”, y será aún un sueño,
pero sintiendo en sueños que, cuando abra los ojos,
al recodar aquello sabré que ya existía.
Nada podría aún arrebatarme
porque yo no era aún un ser: era tan sólo
un estado, una espera. A veces, viene al sesgo
una lluvia delgada, en las primeras noches
de un demorado invierno. El aire es casi frío
y el cielo es un fanal de oscurecida púrpura
y estas calles vacías parecen de otro tiempo.
Llovía así, fluyendo con dulzura,
aquel algo de muerte que en cada escaparate
se borra con la lluvia de ciudades de ayer.
Quería decir esto: esa clase de estado,
sin saber si se vive o se recuerda
aquel momento mismo que vivimos,
sin impulso hacia nada, sin sentir
que hay que abandonar algo o que algo es nuestro.
Ni desatarse ni tener. Yo era
lo que aún no podía decir que tiene nombre.
Al acecho, en espera de alguna identidad:
como el agua que fluye, como agua detenida,
idéntica al metal que ha de tañerla.
Luz de agua confundida con luces de metal:
para mis ojos, doble metal, metal de agua,
el metal de la mente y los sentidos,
una luz desprendida de ser luz,
una idea de luz. Porque el tema del sueño
es la idea del yo. Sentí, confusamente,
que en aquel resplandor inmóvil y verdoso
proyectaba unos actos, la sombra del que soy.