Hablo
de tu cuerpo
del
enclave maravilloso que me depara la noche cuando te hallo
de
cómo se mueven en la cintura tus versos
que
saben a tierra ebria, profundidad y desmayo
a pozo fresco y caricias con demora que llegaron a tiempo.
Hablo
de la anatomía del momento
de
cómo se hunde el deseo rabioso
de
cómo tu cuerpo hiende mi cuerpo
de
cuando rebosan brumas y vuelos
de
la tinta de nuestra yugular latiendo arrebatadoramente.
Y
te hablo del pudor de las miradas al suelo
y de clavículas que se muestran indecentemente al mismo tiempo.
De
la carne que busca tu marfil
Del
umbral que dibuja mi pelo
De la sangría del amor
y de los charcos de esperanza que llovemos.
Hablo
de la sequedad que me cruje en habitaciones cerradas
Hablo
de vidas tibias con vistas maravillosas a ninguna parte
Del
escozor de las heridas invisibles que nos hacemos
en la oquedad de
nuestras manchas calientes
con el
drama que nos viste
y
el vacío que nos cobija.
De la sed del asfalto
y de la calma vagabunda que no nos halla.
De los signos derramados que nos hablan,
crucificados en lamentos a la deriva.
crucificados en lamentos a la deriva.
De
lágrimas como esquirlas que surcan mejillas
mientras
nos crecen las espinas en los adentros.
Hablo de la hondura de lo que nos devora
de los mapas que inventamos para llegarnos
y del delirio como certeza
del saberme perdida
en tus manos.
en tus manos.
