malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 23 de abril de 2015

Gabriel Ferrater

 






(...)

quiero apuntarte tres o cuatro dichos

(pocos más he encontrado)

que digan la verdad. Mujeres y hombres

componen todo el mundo.

Muy simple, me respondes. Mas recuerda

el mito de la cueva.

Quien sólo muro ve, fiebre de sombras,

no sentirá a su lado

el inocente tacto que le tiende

alguna ciega mano.

Mujeres y hombres. Nudos. Y lo oscuro

de una tarde muriendo.

En la cueva se puede vivir, Julia.

Mejor, si no hay recuerdos.

Pero al crecer te crece la memoria.

Mira que crezca bien.

Que no la tuerzan miedos. Que no sangre

por un injerto cruel.

No escuches a quien te hable de egoísmo:

has de saberte amar.

Y si tiemblas un día (he de decirte

que un día así vendrá),

y te ves lejos de hoy, recuerda: tuyo

es alto cuanto das.

Así ya sabrás dar sin pedir prenda,

como los buenos dan.

Y sabrás recibir, como mereces,

un don sin trueque alguno.

Ciegos, atamos, en la cueva, Julia,

fuerte el nudo del mundo.


*


"Por cierto: dijo el doctor Boada,

que es vuestro médico y el mío,

que a un temperamento como el mío

le daba miedo recetarle

morfina, no fuera a habituarme.

Me pareció muy curioso

el 'nosce te ipsum' forzoso:

quiero decir que supe cómo piensan

los médicos de quien hace poemas."


("Poema inacabado", fragmento)


*


"La tierra gira y las mujeres duermen"


*


Tantas paredes entre tú y yo. La añoranza, exhausta, no llega hasta ti. No ve cómo se te va haciendo vida, en lugares y en momentos que son verdad intensa, no deshechos como su desesperación. Perro pródigo de confusión brutal, se lanza a revolcarse por el polvo de un verano sin remedio.


*


Fe

La tienes en tus brazos.
Duermes, y la sueñas,
y sabes que es un sueño
todo lo que ves de ella.
Y el corazón se te arranca,
tiembla de fe.
Solamente una cosa
que le propones
te da prenda
de que te querrá despierto.
Conoce que es un sueño
lo que le dices de ella,
pero que por debajo
del sueño, es ella
la que tienes en tus brazos.


*


Si puc


Alguna cosa ha entrat

dins algun vers que sé

que podré escriure, i no

sé quan, ni com, ni què

s’avindrà a dir. Si puc

te’l duré cap a tu.

Que digui els teus cabells

o l’escata de sol

que et tremola a aquesta ungla.

Però potser no sempre

tindré del tot present

el que ara veig en tu.

He sentit el so fosc

d’una cosa que em cau

dins algun pou. Quan suri,

he de saber conèixer

que ve d’aquest moment?


*


Sabers


Pujo l'escala del metro

de pressa, que se m'ha fet tard.

Ja fa mitja hora que tenia

una altra escala per pujar.

Em sobta i m'atura la vora

del buit, a l'esglaó darrer.

Marco el pla de cames que passen,

amb els ulls, com amb un nivell.

Cames que caminen pel vespre

com per un vague despoblat.

Què en saben, les còmplices càndides,

del gran joc que van entrellant?

Dones absortes consideren

que potser algú els ha mentit.

Les que van negres, ja serenes,

no saben a qui van mentir.

Els homes que baixen dels cotxes

coneixen els licors amargs.

Tres noies van juntes per riure

i saben només que han plegat.

Tothom sap pensar alguna cosa

d'algun diner, ínfim o gros.

Respiren tots. No tots recorden.

Jo sé on és el teu cos.






sábado, 18 de abril de 2015

poema drenaje



Soy la que habita esta malpagada soledad que llena todos los estadios de mi alma.
Eterna aleación de la hembra que vuela y naufraga.
Me estrecho para atravesar los domingos sin que me vean
de puntillas, insonora, indolora, como la nada.
Hago cuenco con mis manos, por si las lágrimas,
que luego vienes a pedirme la sal.

Traes tu voz calmante, para la desnortada niña que me vuelvo de vez en cuando,
que las hojas muertas borran los caminos de regreso
y cuando me nublo no me sirve ningún sol.
Traes el poema drenaje,
el deseo amplificado en tu mirada.
Toda mi extensión para ti, tan señalada de abismos y alambradas.
Hinchados de suspiros para respirar en los fondos
en la belleza submarina de algunos versos
que no se sabe si eran sangre o eran yodo.

Fabricar huidas y dejar atrás las costumbres,
sus manicomios, sus maromas.
Volvernos carnada,
dulce señuelo que pliega cual abrigo su coraza.
Intentar romper el día, partirlo como una baraja,
hallarnos en un punto impreciso pero precioso.
Sellar la noche en nuestros cuerpos
Un altamar del vicio hecho con nuestros restos
y que nos nazcan líricas branquias.

Sernos
Encerrarte en mi boca
y que el poema conspire bajo tierra
y eyacule cantos extremos
y árboles que serán ataúdes o libros.
Dueños de nuestra propia gangrena.
Con crayón darte mis más obscenos colores,
justo cuando las ideas en mi cabeza me ensucian la boca.

La aventura de la conversación que caliente el futuro de la próxima media hora,
las arrugas del mantel
augurando el oleaje del vino en la habitación
que ya se esculpirán mañana los fracasos de este momento,
ya volveremos sin remedio al mar de los sargazos
y a los lamentos.

domingo, 12 de abril de 2015

más o menos eterna
























19:47
cicatrices/cremalleras, almacenes del dolor.

Derramados de llanto y placer. Nuestros momentos horizontales
simbolizan vuelos, huidas dentro de una pausa distinta, de demora dentro de nosotros.
Tú en mí, yo en ti. 
Tenerte es una plaza con sol. Es entender el verbo y su néctar.

Gajos de esperanza en las miradas. Y los renglones de tus muñecas, ríos azules de hermosa pulsión en los que ir a la deriva es vivir amarrada y ciega a un timón. Dibujarnos en la tormenta y reconocer que el amor es una borrachera, más o menos eterna.

##unfinished##

martes, 31 de marzo de 2015

fuera de los mapas


























Joe Strummer besando a Gaby, 1981



Aún no sabía que era posible ponerle letra al daño, acotarlo en la estructura de la página vacía. No sabía que desbrozaría el corazón inútilmente, sin entenderlo bosque que acabará incendiado. Ni que haría del acercamiento un ritual sin pánico. Que inventaría pinceles para mis tardes. Que aguardaría la alucinación del lenguaje sin prisas pero sin descanso. Que el cuerpo tendría otras hambres y que la libertad sería el mejor de los escenarios. Que le pondría sangre y azúcar a los recuerdos para no odiarme demasiado. Que sería capaz de naufragar en ciudades lejanas, con los labios despintándose en otras bocas. Que cargaría con el ayer como un ancla, y fondearía en mi cuerpo, en tu cuerpo, lugares salobres donde los haya. Que crecería odiando los domingos por la noche. Que habitaría el aguacero/llanto. 
No sabía que aprendería a contemplar mis venas nerviosas, mis lunares, inundando mi piel, ni que la habitación sería dulce campo de batalla. Que me dirigiría a la fiebre herida de inviernos, con el ansia como quemadura, dopada de ilusión aún con las redes rotas. Que la piel sería sedal para otras pieles. Que me tricotaría a tus huellas, tan culpable. Que fabricaría noches artificiales buscando hoteles sin ventanas. Que acercaría a mis animales a la hoja en blanco, y fabricaría de mi pulso palabras con las que hervir la imagen en mi memoria. Que sería capaz de penetrar el duelo y trocear paraísos para sanar horizontes rojos. Que aprendería los vientos y me afectaría la tramontana. 
Aliviaría la carga en cada verbo. Me derramaría en tintas, pestañeos y pronósticos equivocados. Para no ser de este mundo. 
Que me perdería en la arquitectura de un abrazo. Demorada y silente. Que aprendería a olfatear tus coordenadas. Que nos asomaríamos el uno en el otro sin arneses. Que labraría mis campos para abonarlos con penas sicilianas y fados portugueses. 
Que construiría un promontorio de palabras desde el que arrojarme dentro de mí misma. Que sanaría vacíos y abriría cicatrices, curiosa e hipnotizada por el propio placer de saberme entera tras los accidentes del órgano que late. Que sería lastimada y dichosa en determinados momentos. Que reescribiría heridas y sus límites y hablaría de los sexos y su resina, y del salitre de la piel y sus esquinas estremecidas. Que perpetraría veranos eternos en mis calas y orillas de carne. Que sería equilibrista en el desorden. Que caería en lo indescifrable de la sed, fanática de la hondura del momento imparable.
No sabía que te encontraría fuera de los mapas.


jueves, 19 de marzo de 2015

Que salga el indio entre las piedras - Mario Meléndez





Que salga el Guayasamín que cada uno tenemos
que salga el indio entre las piedras, médula a médula
el gran precipicio que somos, la gran llaga ecuatoriana
y lo que cae del ojo al cielo, y lo que arruga el aire
y lo que sale de nosotros mismos como una rosa deforme
y lo que araña más adentro que salga
que salga el trueno, la bocanada, el relámpago
la hebra furiosa y tuerta que mira sangrar el alma
y aquí, en esta jaula ardiente que es América de luto
están pendientes los nombres de aquellas manos clavadas
de aquellos pies desahuciados, de aquellos huesos de humo
de aquel sueño arrojado al gran ataúd del miedo
o simplemente del árbol con sus ramas infinitamente secas
Porque no estamos muertos, no estamos
y hay uno que ahora brinca por encima de los sables
y hay uno que bebe fuego y lleva alas de ceniza
y hay uno que agrieta el río con su cráneo universal
y hay uno que dice yo, yo soy el indio entre las piedras
y todo el horror humano se me apaga en el cuerpo
y tengo lágrimas y penas
y el corazón como una luna borracha
y el esqueleto dormido, y la mandíbula tiesa
y a mi oído brama el perro de las noches podridas
y a mi boca rueda el beso de la angustia que mata
Y yo pinto, yo pinto con mi voz y con mis uñas repletas
yo pinto con mi oxígeno la cicatriz del viento
raspo la puñalada maldita de los siglos
me sumerjo en el ácido mortal de las pupilas andinas
desnudo el recuerdo de la calavera sombría
y en mí sobreviven las tripas cortadas de cuajo
y cada grito soy yo, cada mejilla nacida del grito
cada suspiro fatal y su patria de aguja
cada mujer, cada hombre
cada animal volteado en la vértebra dramática
todos y cada uno de ellos
y en todas partes la vida como un sol amargo
y yo, hinchado de colores
cierro las alas y duermo sobre la tristeza


martes, 10 de marzo de 2015

La fenicia de los engranajes y el alma descompuesta




















foto: Anais G.C.



Ven, siéntate junto a mí, quiero mostrarte mis engranajes. Quiero hablarte de ellos calma y prudente, con la calma y la prudencia que traen en algún hueco las hembras de ovarios repletos de melancolía. Las de las alas de cóndor que sólo sirven para barrer la tierra. Quiero hacer de la convulsión de mi cuerpo tu recreo. Pero no ahuyentarte con el lenguaje taquicárdico que me invade de vez en cuando, en acto de ventriloquia salvaje cuando quiero/pretendo arreglar mi vida a martillazos. No quiero darte noches con olor a hospital, vendrán solas. Sí curvas cerradas entre mis piernas de las que acaben con tu vida una y otra vez, una y otra vez. Quiero llenar de árboles nuestros jardines para que entren las ramas por nuestras ventanas y ahorquemos en ellas los momentos feos y la metástasis del conocerse demasiado. Quiero domesticar de vez en cuando a la rutina y su efecto, dejarla entrar como una marea que igual que sube habrá de bajar. Que me moje los pies pero nunca los ojos. Ya porto mi sal en el piso de arriba. Ya fabrico mi propio e incunable desamparo. Y sé vaciar la habitación y sé dejarme sola en mitad de la gente. Sé inundarme con lo bueno y lo nefasto. Hasta arriba. Encharcar la mente de pequeñas y salvajes rabias que vienen con espuelas y dientes. Soy mi efecto depresor. Soy mi trinchera y enemiga. Guardo un acero en el estómago y sé donde dolerme y a qué temperatura. Me vuelvo tibia de repente. Gris y apenas estremecida, me brindo oceánicas tristezas a todas horas. Entro en bucle. Pero acabo levantándome de nuevo a la siete y veinte. Será magia. 


sábado, 7 de marzo de 2015

Clarice Lispector

 



Dame tu mano

Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


El amor es rojo, los celos son verdes, mi ojos son verdes..

Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? ¿Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.


¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.






jueves, 5 de marzo de 2015

corromperme contigo, deshabitar la escafandra
























Subir y bajar como una palangana de agua sucia en un burdel,
lo llaman ciclotimia. 
R. Wolfe



Me enseñas a medirme con la boca la distancia del labio al vientre
hasta aprenderme por dentro.
Me muestras cómo se desata la profundidad del instante,
dejar que se abra como un trozo de tierra seca
y hurgar en nuestros futuros con precisión suicida.

Me acercas a mi propio cuerpo
como a un chelo al que rasgar cada cuerda
notas como aullidos
desde el núcleo,
dilatar nuestras líneas con cualquier excusa.

Y hacer
del cuerpo, instrumento que ladra,
que se vierte,
que escuece en caídas,
serpentea, se derrota.

Del cuerpo, herramienta,
patchwork perverso de heridas, palabras, desiertos y atentados.

Me inventas espartana, descalza en la noche eléctrica.
de pecho inflamado en suspiros.
Sola, en mitad de una casa que se agranda por momentos.
Sola, en un campo de batalla tras la lucha
tras el eclipse de la cordura
tras la catarata de amor

A veces el derrumbe es delicioso
si las paredes estaban dentro.

Deshabitaré la escafandra
y exaltaré ahora el paisaje del abandono,
te haré inventario con mi innegable creencia en los pedazos.
Propios y ajenos.
Tuyos, míos.
Amalgama de los restos del naufragio que nos decorarán las orillas
y llamaré a las cosas por primera vez.

mientras huimos de la atrocidad de haber nacido y no sentirnos vivos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

antiPoema en 5 actos




______________________________________________________________ACTO PRIMERO
//jueves, mujer devorada en sombras, noche, frío//

alabar el destrozo de la cordura para arribar a puerto
tan loca y deslavazada,
hobby diabólico.
náufraga, de brazadas en mitad de la prosa
palabras hilvanadas al paladar
vestida de rabia y tumulto
y siempre tan callada
contar caballos salvajes por dentro
para caer en el sueño de la debilidad
y llorar mientras duermo
océano en la almohada.
Y tanta pena, inundación como terapia.
Hacer, ser, mar.
Arrancarle toda la belleza a mi fracaso.



 ________________________________________________________________ACTO SEGUNDO
//Viernes, habitación, suelo, cama, pared//

De repente a la habitación le nacieron millas y millas de frío.
Se reprodujeron los acantilados,
a sus pies,
en mis labios.
Y tú y la incertidumbre de mis volcanes.

Y los deseos como lobos con sus dominios,
suaves y afilados, llenándome la cabeza de tu cuerpo.
Y seguía abrazada a tu esternón
mientras pasaba la tarde salvándome la vida.
Dios de alabastro, cuando sangras te adoro.
Quién nos hizo abandonar nuestros paraísos
y dejar de tocarnos con los ojos




  ________________________________________________________________ACTO TERCERO
//Lunes, calle, gato leonino, mujer bajo toldo//

Aguardar el gesto, la palabra,
como la lluvia anunciada,
con toda la dramaturgia que conlleva.
Esperar que cese. El tiempo como calmante.
Embarazada de sueños, una mujer aguarda.
“Todo va en el mismo barco”, se dice,
“el desespero y la esperanza”.

Llegar a casa, acariciar al gato hasta gastarlo,
manosear un latido, un calor,
mientras aúllan los espejos
en los que no nos reflejamos.
Pensar en Girondo y en
“los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes”
Y verlo todo.




_________________________________________________________________CUARTO ACTO
//Martes, hotel, abril, pareja, sangre//

Ella, mujer de estaciones,
se tiende como se tienden los puentes
para unir distancias.
Como se tiende la mano
en la catarsis del salto.

Él sólo sabe mirarla hasta morirse
mientras se arroja a la alquimia de las noches eternas
con sabor a Valhalla.

Qué hermoso detener el tiempo
y no pensar en el pánico de los desbocados
cuando se desprenden del cuerpo del otro.
Y vivir en la curva emocionante
pariendo poemas o temporales
o hacer que arda un bosque en mitad del verso.
Darle sentido al lunes, al martes, a las 3:33,
al suelo frío, a lo arrebatado.





























__________________________________________________________________QUINTO ACTO
//Domingo, viento, amor desmembrado, holocausto//

Con un domingo poco pude hacer.
Ebria en lo plomizo, hasta el doble, triple fondo me dejé caer.
No al fondo de tu boca, no.
Al fondo de la intoxicación del séptimo día,
con las brújulas rotas del que no sabe volver.
En lugar de abandonar ridículos altares
y alabar tu nuca, tu axila y tu corazón-arpón,
fui albatros desangelado que lame orillas de pozo.

El caudal del ojo triste es infinito, me dije.
Bajar rabiosamente deshecha es hasta lírico, me repetí.
Fracturada en el tercer espacio intercostal,
es irremediable.
Fábrica de mis espinos, la conciencia,
24x7 abierta.

Todo pasará.
El corazón y sus turbinas y sus furias,
el plexus que conforman nuestras sinrazones
nunca se van del todo,
vuelven y justifican la llaga del tiempo,
o eso intentan las malditas.

viernes, 13 de febrero de 2015

reyerta y bonanza


“esta ausencia es hija de una altura equivocada, 
yo tengo el vicio del cielo, 
soy el único propietario del aire huesudo 
y de los pájaros fáciles” 
Pedro Casariego


Contengo todo lo que puede salvarme y todo lo que viene a hundirme
tablero en el océano y viga en el ojo.
Soy un cúmulo. Una nube que carga lluvia, tapa un sol, dibuja un oso, un rostro,
un perfil, una ensoñación.
Alimento del alma, encarnar la palabra.
Somos lo mejor y lo peor. Dagas y caricias.

La evocación es una suave marea, un slow-rock que a nadie interesa.
Tocar, desmembrar, abusar, morder.
Que la bonanza sea lo que ameriza en mi cuerpo tras el orgasmo.
Meretriz de la plenitud y la vida.
Tramontanas que azotan al deseo. Danzas internas sin fronteras.

El reverso del goce trae daño, 
será su altura, la velocidad,
poderoso dueño de las trampas, 
fauces bellas de la libertad,
tan despreocupados en la caída,
blandimos la luz entre los cuerpos,
nos mueve la turba de las ganas,
utensilios de piel y sangre, 
que sonríen, lloran y se llagan.

Te uso en cualquier rincón, en cualquier a solas
Ilimitada
Con mi cuerpo, cronista de nuestras batallas.
Diosa de la reyerta, tan atribulada,
me incrusto los momentos hermosos,
me los concedo, cual medalla/metralla
entre los muslos,
entre mis ramas.
Con toda la vegetación que traen las horas felices.
De ellas libo. Las alcanzo.
Me alcanzan.

Lo mejor, la historia no escrita que se teclea en la mente.
En las líneas de la furia, morder hasta sentir.
Sublimada a tu locura.
Empuja fondos, 
tinta, barbitúrico, 
jaleo de la carne.
Drama empeñado en la sangre.

Hay palabras que no parecen decir nada. Encriptadas.
Hasta que las dices tú y las conviertes,
las maleas. 
El hechizo de las calles mojadas,
cuando achicar espacios es abrazarse,
hacer de las pieles paredes de Pompeya,
y construir imperios con los deshechos,
con nuestras maravillosas nadas.
Hallar y usar la fuerza de los fuertes
y caer de pie tan destrozados.

Balanceo la pena dentro de mí
y hago poemas de las ausencias transitorias
cuando tú eres la odisea que subsiste,
desajuste del dolor en la herida,
prado incendiado.

Me vuelvo turbia, inclinada. Espejo cuchillo.
Ojala hablar de peonías y poemas sin aristas
ser vinilo de tu lengua
fuente de tu exceso
bonanza de tu travesía.
lo imposible. 



miércoles, 28 de enero de 2015

dominar el frío







Touché, me tocaste el alma

Se me desarma el refugio de las fiebres perfectas
cuando no estás.
Asalto el mausoleo de mis propias neurosis
y soy un manojo de raíces exiliadas de tu cuerpo
que dejan de beber y respirar.
Me ofrezco mi deriva en bandeja
y ya no recuerdo cómo se vencen las apatías
ni si existieron los desguaces para aquellos que llegan de las guerras
los de la palabra trabada en la garganta
los de la rabia sin camino ni elixir
los que sueñan corceles y adiestran bosques con las manos
y clavan miradas perdidas en horizontes imposibles de ciudad.

Cuando se ponen en fila los incendios,
tan dispuestos a ardernos,
todo encaja.
Pero en la antesala de los huecos
y las noches desvestidas de catástrofe
cuando no me amainas con tus paños calientes,
con tus paisajes de carne
sólo somos tristes devotos de la memoria
que escarban la fatiga para descifrar la cicatriz que deja el tiempo.
Esa huella macabra y obstinada que deviene de la fricción de los cuerpos.
Esa marca que hierve y nos recorre

Y observar los días como una hemorragia
y despeñarse dentro de uno mismo
para descubrirse incompleto
en la urgencia del animal
(que sueña)
que luce con grandeza, sus heridas.