malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

miércoles, 22 de agosto de 2012

"La energía de los esclavos" 1972 - Leonard Cohen

                                                                                     Wilhelm & Ingrid, Mat Collishaw



Me gustaría leer
uno de los poemas
que me arrastraron a la poesía.
No recuerdo ni una sola línea,
ni siquiera sé dónde buscar.
Lo mismo
me ha pasado con el dinero,
las mujeres y las charlas a última hora de la tarde.
Dónde están los poemas
que me alejaron
de todo lo que amaba
para llegar a donde estoy
desnudo con la idea de encontrarte.

martes, 21 de agosto de 2012

el temblor de los temblores o algo así




lo siento amor, me resbalé en ti y ya no sé levantarme. ayúdame, coge mi mano, aprieta fuerte, impúlsame. sácame de tu sendero o echaré ancla. los vasos comunicantes de nuestros deseos acaban siendo una putada. los jadeos se confunden con los cantos de las gaviotas y tus piernas de alabastro sólo auguran mi derrota. no puedo parar de gemirte. veintitrés cuarenta de lunes noche. no hay coartada de domingo. ni pena tan de media tarde. sólo deseo y latido. punzadas que tricotan. con este temblor tan tuyo, probaremos los cimientos aunque ya me da igual ser ruina y ser hundimiento. rascacielos o rascasuelos. yo quiero vivir aquí y ahora. desembalar los hastaluego. necesito tirarme en el suelo y que entres a oscuras y me pises y me tropieces y digas: yo ya más no puedo. mis rodillas como extremos, mi ecuador, como tu averno. tu hogar, tu demora, tu plato caliente, tu aurora. trágame entera. que no te sobre, que nunca te llegue el invierno.

lunes, 20 de agosto de 2012

el guardián entre el centeno - J.D.Salinger


“Verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a dónde van, yo salgo de donde esté y les doy alcance. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián en el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.”

Alberto Santamaría




Yo,
te comería el corazón y los pies fríos
cuando empiezas a beber, y tus ojos
se encienden como dos animales celosos.

Yo,
te comería el corazón, las palmas de las manos,
cuando el camarero te mira, nos mira
y elevando tus ojos en el aire pides otra.

Yo, amor,
te comería el corazón y el hambre, la soledad
entera cuando empiezas a beber, y sin venir a cuento
dices mi nombre como si nombrándome
yo fuese el único cuerpo de la tierra.

Yo, amor,
te comería el corazón, los pies, el aire
cuando juntos ya en casa,
casi heridos,
me devuelves tu nombre, sacias mi sed.

J. M. Coetzee






Hoy me dolía tanto la cadera que no podía caminar y apenas podía sentarme. Inexorablemente, día tras día, el mecanismo físico se deteriora. En cuanto al aparato mental, estoy siempre ojo avizor en busca de piezas del engranaje rotas, plomos fundidos...todos los viejos se vuelven cartesianos.

(...)

Nunca he sentido con agudez los placeres de la posesión. Me cuesta mucho trabajo pensarme como el dueño de algo. Pero tiendo a meterme en el papel del guardián y el protector de lo no amado, de lo no amable, de lo que otras personas desprecian o rechazan: viejos perros con mal carácter, muebles feos que han sobrevivido tercamente, automóviles al borde del colapso. Es un papel al que me resisto; pero, de vez en cuando, el atractivo mudo de lo no deseado vence a mis defensas.

El prefacio de una historia que jamás será escrita.

domingo, 19 de agosto de 2012

haiku - Leopoldo María Panero



un lago ha nacido
en mi cráneo
flotan los peces.
en el viejo castillo de Koomoro
dos mujeres, en la cocina,
derrumban sus ojos.
hembra que entre mis muslos callabas
de todos los favores que pude prometerte
te debo la locura.
en la arena
yace un muerto
es lo mismo
yacer entre palabras.
los vivos imitan a los muertos:
se pintan las cejas
y los pómulos
colorean de rojo.
estoy de rodillas ante la roca.
quén fui, lo sabe la roca.
que no seré nadie al fin, la roca lo dice
y el valle lo difunde.
un cerdo cierra la puerta
un ave cae como saliva sobre la página.
pinto mis uñas.
pienso en mi hermano
tumba entre tumbas.
de una roca penden dos hombres
mejor sería
pender de una nube.
el loquero sabe el sabor de mi orina
y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
ello prueba que el destino de las ratas
es semejante al destino de los hombres.

sábado, 18 de agosto de 2012

poema segundo - Lydia Lunch




el vacío es sólo un sueño invertido en el que todos nos ahogamos. condenados a las horas vacías de escalofríos y deseos enmohecidos donde idiotas sabios recorren el erial, buscando el amor perdido entre las ruinas...
y el amor no es sino un intercambio de saliva entre cadáveres perfumados que pretenden acelerar su propia destrucción y mostrar sus heridas bajo los focos de un charco luminoso. 
buscas las mentiras de la carne, una mera caldera de tripas con el don de vertir lágrimas. 
veo a amantes aprovechar su propia enfermedad, explotar su desequilibrio con violencia y habilidad en el salón de la sangre y las tripas, el osario de los sueños, donde los extremos de pasión y éxtasis se rompen como un obseso, una ausencia, un abismo oscuro que sigue al delirio.

el arte de la rabia




vamos a deshidratarnos. vamos a sudar el odio, la poesía, el espanto y el pasado. los aullidos a la luna y la espera. la habitación será un charco. deberás hacer torniquete con tu lengua o al día siguiente dirán: qué hermosos, murieron sedientos y ahogados. haré ovillos con tus orgasmos y me haré jerséis de lana para pasar el enero que llegue cada vez que te vayas. voy a descerrajar contra tu pecho uno a uno mis deseos con un lo siento falso, muy falso. el amor como un horno. el arte de la rabia en tus manos. necesito la resaca de tu piel y de los días en que andas perdido, así como mi lengua sobre tu asfalto. quiero caer sobre ti, que reviente el vidrio por lo nunca gritado. quiero ser tu vértigo y tu vuelo y la caricia que te derriba. que te derriba en cada noche que se alarga demasiado. que te derriba en el segundo en que la habitación se vuelve negra y la saliva espesa te anda devorando. esta anemia tiene que ser lo mucho que me faltas y esta carencia de luz a pleno día el significado de distancia. siempre aguardaré tu siguiente asalto. siempre así hasta que me queme la garganta con tu cayena. esta mujer tiene que ser motel para tu descanso y tú mi géiser y mi condena.

viernes, 17 de agosto de 2012

carta del suicida - Gonzalo Rojas




Juro que esta mujer me ha partido los sesos.

Porque ella sale y entra como una bala loca,

y abre mis parietales, y nunca cicatriza,

así sople el verano o el invierno,

así viva feliz sentado sobre el triunfo

y el estómago lleno, como un cóndor saciado,

así padezca el látigo del hambre, así me acueste

o me levante, y me hunda de cabeza en el día

como una piedra bajo la corriente cambiante,

así toque mi cítara para engañarme, así

se abra una puerta y entren diez mujeres desnudas,

marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen

unas sobre otras hasta consumirse,

juro que ella perdura, porque ella sale y entra

como una bala loca

me sigue adonde voy y me sirve de hada,

me besa con lujuria

tratando de escaparse de la muerte,

y cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna

vertebral, y me grita pidiéndome socorro,

me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre

empollado en la muerte.

jueves, 16 de agosto de 2012

asma es amor - Gonzalo Rojas





Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme
alta mía única anclada ahí, no es bueno
el avión de palo en el que yaces con
vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro
de las que ya no estás, tu esbeltez
ya no está, tus grandes
pies hermosos, tu espinazo
de yegua de Faraón, y es tan difícil
este resuello, tú
me entiendes: asma
es amor.



A Hilda, mi centaura


miércoles, 15 de agosto de 2012

Boris Vian


Moriré de un cáncer de columna vertebral                         
Será en una noche horrible
Clara, cálida, perfumada, sensual
Moriré de podredumbre
De algunas células poco conocidas
Moriré de una pierna arrancada
Por una rata gigante surgida de un agujero gigante
Moriré de cien cortes
El cielo caerá sobre mí
Roto como un gran vidrio pesado
Moriré de un grito
Que reviente mis tímpanos
Moriré de heridas sordas
Infligidas a las dos de la madrugada
Por asesinos indecisos y calvos
Moriré sin darme cuenta
De que muero, moriré
Sepultado bajo las ruinas secas
De mil metros de algodón derrumbado
Moriré ahogado en aceite de motor
Pisoteado por bestias indiferentes
Y, justo después, por bestias diferentes
Moriré desnudo, o vestido de rojo
O cosido en un saco con cuchillas de afeitar
Moriré quizá sin preocuparme
Del esmalte de uñas en los dedos del pie
Y con las manos llenas de lágrimas
Y con las manos llenas de lágrimas
Moriré cuando me despeguen
Los párpados bajo un sol rabioso
Cuando me digan lentamente
Maldades al oído
Moriré de ver torturar a niños
Y a hombres asombrados y lívidos
Moriré roído vivo
Por gusanos, moriré
Con las manos atadas bajo una cascada
Moriré quemado en un incendio triste
Moriré un poco, mucho,
Sin pasión, pero con interés
Y luego cuando todo haya acabado
Moriré.



No quisiera morir antes de conocer los monos de Brasil que duermen sin soñar,
los zorros de Moscú devorando el jardín, las arañas de plata de seda y de rubí.
No quisiera morir sin saber que la luna redonda disimula el filo de una hoz,
si en las cuatro estaciones caben tres primaveras, si hace frío en el sol.
Sin haber paseado vestido de mujer por un gran bulevar,
sin haber penetrado en las turbias miradas,
sin entrar en tu casa por la puerta de atrás.
No quisiera morir sin conocer las llagas ni cualquier enfermedad que nos hace sufrir.
El contagio del mal o el contagio del bien si se estrenan en mí me echaría a reír.
Y también, cómo no, lo que ya conocí en el fondo del mar, donde bailan un vals
el pulpo y el delfín y la hierba de abril y el olor a resina y el perfume en la piel
de mi clara Madame, mi amante, mi heroína, mi peluche cruel, mi eterno manantial.
No quisiera morir sin haber agotado mis labios en sus labios mi todo con su todo,
su todo con mis manos, su infinito tesoro, mi amor desmesurado.
No quisiera morir sin que se haya inventado la rosa permanente, el ocio laboral,
el mar en la montaña la montaña en el mar, el dolor que no daña y la sombra en color.
A los niños volando y al genio inventando la vacuna total, la aventura espacial,
fontaneros baratos, los monarcas en cueros, arquitectos modestos, abogados sinceros,
tantas cosas que ver, tantas cosas que oír, tanto por esperar contra la oscuridad.
Y ahora veo el final que se acerca hacia mí, que me quiere besar con besos de marfil, que me quiere llevar.
No quisiera morir sin dejar de probar a la gélida novia, la de gusto más fuerte, el sabor que me agobia.
No quisiera morir sin dejar de probar el sabor de la muerte.


Hace sol en la calle
Hace sol en la calle
Me gusta el sol pero no me gusta la calle
O sea que me quedo en casa
Esperando que venga el mundo
Con sus torres doradas
Y sus cascadas blancas
Con sus voces de lágrimas
Y las canciones de la gente que está alegre
O a la que pagan por cantar
Y en la tarde hay un momento
En que la calle se transforma en otra cosa
Y desaparece bajo el plumaje
De la noche llena de ‘puede ser’
Y de las canciones de quienes han muerto
Entonces bajo a la calle
Que se extiende allá hasta el alba
Una humareda se estira cerca
Y yo camino a través del agua seca
Del agua que refresca en la noche fresca
El sol volverá pronto.