malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

jueves, 19 de marzo de 2015

Que salga el indio entre las piedras - Mario Meléndez





Que salga el Guayasamín que cada uno tenemos
que salga el indio entre las piedras, médula a médula
el gran precipicio que somos, la gran llaga ecuatoriana
y lo que cae del ojo al cielo, y lo que arruga el aire
y lo que sale de nosotros mismos como una rosa deforme
y lo que araña más adentro que salga
que salga el trueno, la bocanada, el relámpago
la hebra furiosa y tuerta que mira sangrar el alma
y aquí, en esta jaula ardiente que es América de luto
están pendientes los nombres de aquellas manos clavadas
de aquellos pies desahuciados, de aquellos huesos de humo
de aquel sueño arrojado al gran ataúd del miedo
o simplemente del árbol con sus ramas infinitamente secas
Porque no estamos muertos, no estamos
y hay uno que ahora brinca por encima de los sables
y hay uno que bebe fuego y lleva alas de ceniza
y hay uno que agrieta el río con su cráneo universal
y hay uno que dice yo, yo soy el indio entre las piedras
y todo el horror humano se me apaga en el cuerpo
y tengo lágrimas y penas
y el corazón como una luna borracha
y el esqueleto dormido, y la mandíbula tiesa
y a mi oído brama el perro de las noches podridas
y a mi boca rueda el beso de la angustia que mata
Y yo pinto, yo pinto con mi voz y con mis uñas repletas
yo pinto con mi oxígeno la cicatriz del viento
raspo la puñalada maldita de los siglos
me sumerjo en el ácido mortal de las pupilas andinas
desnudo el recuerdo de la calavera sombría
y en mí sobreviven las tripas cortadas de cuajo
y cada grito soy yo, cada mejilla nacida del grito
cada suspiro fatal y su patria de aguja
cada mujer, cada hombre
cada animal volteado en la vértebra dramática
todos y cada uno de ellos
y en todas partes la vida como un sol amargo
y yo, hinchado de colores
cierro las alas y duermo sobre la tristeza


martes, 10 de marzo de 2015

La fenicia de los engranajes y el alma descompuesta




















foto: Anais G.C.



Ven, siéntate junto a mí, quiero mostrarte mis engranajes. Quiero hablarte de ellos calma y prudente, con la calma y la prudencia que traen en algún hueco las hembras de ovarios repletos de melancolía. Las de las alas de cóndor que sólo sirven para barrer la tierra. Quiero hacer de la convulsión de mi cuerpo tu recreo. Pero no ahuyentarte con el lenguaje taquicárdico que me invade de vez en cuando, en acto de ventriloquia salvaje cuando quiero/pretendo arreglar mi vida a martillazos. No quiero darte noches con olor a hospital, vendrán solas. Sí curvas cerradas entre mis piernas de las que acaben con tu vida una y otra vez, una y otra vez. Quiero llenar de árboles nuestros jardines para que entren las ramas por nuestras ventanas y ahorquemos en ellas los momentos feos y la metástasis del conocerse demasiado. Quiero domesticar de vez en cuando a la rutina y su efecto, dejarla entrar como una marea que igual que sube habrá de bajar. Que me moje los pies pero nunca los ojos. Ya porto mi sal en el piso de arriba. Ya fabrico mi propio e incunable desamparo. Y sé vaciar la habitación y sé dejarme sola en mitad de la gente. Sé inundarme con lo bueno y lo nefasto. Hasta arriba. Encharcar la mente de pequeñas y salvajes rabias que vienen con espuelas y dientes. Soy mi efecto depresor. Soy mi trinchera y enemiga. Guardo un acero en el estómago y sé donde dolerme y a qué temperatura. Me vuelvo tibia de repente. Gris y apenas estremecida, me brindo oceánicas tristezas a todas horas. Entro en bucle. Pero acabo levantándome de nuevo a la siete y veinte. Será magia. 


sábado, 7 de marzo de 2015

Clarice Lispector

 



Dame tu mano

Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


El amor es rojo, los celos son verdes, mi ojos son verdes..

Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? ¿Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.


¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.






jueves, 5 de marzo de 2015

corromperme contigo, deshabitar la escafandra
























Subir y bajar como una palangana de agua sucia en un burdel,
lo llaman ciclotimia. 
R. Wolfe



Me enseñas a medirme con la boca la distancia del labio al vientre
hasta aprenderme por dentro.
Me muestras cómo se desata la profundidad del instante,
dejar que se abra como un trozo de tierra seca
y hurgar en nuestros futuros con precisión suicida.

Me acercas a mi propio cuerpo
como a un chelo al que rasgar cada cuerda
notas como aullidos
desde el núcleo,
dilatar nuestras líneas con cualquier excusa.

Y hacer
del cuerpo, instrumento que ladra,
que se vierte,
que escuece en caídas,
serpentea, se derrota.

Del cuerpo, herramienta,
patchwork perverso de heridas, palabras, desiertos y atentados.

Me inventas espartana, descalza en la noche eléctrica.
de pecho inflamado en suspiros.
Sola, en mitad de una casa que se agranda por momentos.
Sola, en un campo de batalla tras la lucha
tras el eclipse de la cordura
tras la catarata de amor

A veces el derrumbe es delicioso
si las paredes estaban dentro.

Deshabitaré la escafandra
y exaltaré ahora el paisaje del abandono,
te haré inventario con mi innegable creencia en los pedazos.
Propios y ajenos.
Tuyos, míos.
Amalgama de los restos del naufragio que nos decorarán las orillas
y llamaré a las cosas por primera vez.

mientras huimos de la atrocidad de haber nacido y no sentirnos vivos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

antiPoema en 5 actos




______________________________________________________________ACTO PRIMERO
//jueves, mujer devorada en sombras, noche, frío//

alabar el destrozo de la cordura para arribar a puerto
tan loca y deslavazada,
hobby diabólico.
náufraga, de brazadas en mitad de la prosa
palabras hilvanadas al paladar
vestida de rabia y tumulto
y siempre tan callada
contar caballos salvajes por dentro
para caer en el sueño de la debilidad
y llorar mientras duermo
océano en la almohada.
Y tanta pena, inundación como terapia.
Hacer, ser, mar.
Arrancarle toda la belleza a mi fracaso.



 ________________________________________________________________ACTO SEGUNDO
//Viernes, habitación, suelo, cama, pared//

De repente a la habitación le nacieron millas y millas de frío.
Se reprodujeron los acantilados,
a sus pies,
en mis labios.
Y tú y la incertidumbre de mis volcanes.

Y los deseos como lobos con sus dominios,
suaves y afilados, llenándome la cabeza de tu cuerpo.
Y seguía abrazada a tu esternón
mientras pasaba la tarde salvándome la vida.
Dios de alabastro, cuando sangras te adoro.
Quién nos hizo abandonar nuestros paraísos
y dejar de tocarnos con los ojos




  ________________________________________________________________ACTO TERCERO
//Lunes, calle, gato leonino, mujer bajo toldo//

Aguardar el gesto, la palabra,
como la lluvia anunciada,
con toda la dramaturgia que conlleva.
Esperar que cese. El tiempo como calmante.
Embarazada de sueños, una mujer aguarda.
“Todo va en el mismo barco”, se dice,
“el desespero y la esperanza”.

Llegar a casa, acariciar al gato hasta gastarlo,
manosear un latido, un calor,
mientras aúllan los espejos
en los que no nos reflejamos.
Pensar en Girondo y en
“los ojos de las chicas que se inyectan novelas y horizontes”
Y verlo todo.




_________________________________________________________________CUARTO ACTO
//Martes, hotel, abril, pareja, sangre//

Ella, mujer de estaciones,
se tiende como se tienden los puentes
para unir distancias.
Como se tiende la mano
en la catarsis del salto.

Él sólo sabe mirarla hasta morirse
mientras se arroja a la alquimia de las noches eternas
con sabor a Valhalla.

Qué hermoso detener el tiempo
y no pensar en el pánico de los desbocados
cuando se desprenden del cuerpo del otro.
Y vivir en la curva emocionante
pariendo poemas o temporales
o hacer que arda un bosque en mitad del verso.
Darle sentido al lunes, al martes, a las 3:33,
al suelo frío, a lo arrebatado.





























__________________________________________________________________QUINTO ACTO
//Domingo, viento, amor desmembrado, holocausto//

Con un domingo poco pude hacer.
Ebria en lo plomizo, hasta el doble, triple fondo me dejé caer.
No al fondo de tu boca, no.
Al fondo de la intoxicación del séptimo día,
con las brújulas rotas del que no sabe volver.
En lugar de abandonar ridículos altares
y alabar tu nuca, tu axila y tu corazón-arpón,
fui albatros desangelado que lame orillas de pozo.

El caudal del ojo triste es infinito, me dije.
Bajar rabiosamente deshecha es hasta lírico, me repetí.
Fracturada en el tercer espacio intercostal,
es irremediable.
Fábrica de mis espinos, la conciencia,
24x7 abierta.

Todo pasará.
El corazón y sus turbinas y sus furias,
el plexus que conforman nuestras sinrazones
nunca se van del todo,
vuelven y justifican la llaga del tiempo,
o eso intentan las malditas.

viernes, 13 de febrero de 2015

reyerta y bonanza


“esta ausencia es hija de una altura equivocada, 
yo tengo el vicio del cielo, 
soy el único propietario del aire huesudo 
y de los pájaros fáciles” 
Pedro Casariego


Contengo todo lo que puede salvarme y todo lo que viene a hundirme
tablero en el océano y viga en el ojo.
Soy un cúmulo. Una nube que carga lluvia, tapa un sol, dibuja un oso, un rostro,
un perfil, una ensoñación.
Alimento del alma, encarnar la palabra.
Somos lo mejor y lo peor. Dagas y caricias.

La evocación es una suave marea, un slow-rock que a nadie interesa.
Tocar, desmembrar, abusar, morder.
Que la bonanza sea lo que ameriza en mi cuerpo tras el orgasmo.
Meretriz de la plenitud y la vida.
Tramontanas que azotan al deseo. Danzas internas sin fronteras.

El reverso del goce trae daño, 
será su altura, la velocidad,
poderoso dueño de las trampas, 
fauces bellas de la libertad,
tan despreocupados en la caída,
blandimos la luz entre los cuerpos,
nos mueve la turba de las ganas,
utensilios de piel y sangre, 
que sonríen, lloran y se llagan.

Te uso en cualquier rincón, en cualquier a solas
Ilimitada
Con mi cuerpo, cronista de nuestras batallas.
Diosa de la reyerta, tan atribulada,
me incrusto los momentos hermosos,
me los concedo, cual medalla/metralla
entre los muslos,
entre mis ramas.
Con toda la vegetación que traen las horas felices.
De ellas libo. Las alcanzo.
Me alcanzan.

Lo mejor, la historia no escrita que se teclea en la mente.
En las líneas de la furia, morder hasta sentir.
Sublimada a tu locura.
Empuja fondos, 
tinta, barbitúrico, 
jaleo de la carne.
Drama empeñado en la sangre.

Hay palabras que no parecen decir nada. Encriptadas.
Hasta que las dices tú y las conviertes,
las maleas. 
El hechizo de las calles mojadas,
cuando achicar espacios es abrazarse,
hacer de las pieles paredes de Pompeya,
y construir imperios con los deshechos,
con nuestras maravillosas nadas.
Hallar y usar la fuerza de los fuertes
y caer de pie tan destrozados.

Balanceo la pena dentro de mí
y hago poemas de las ausencias transitorias
cuando tú eres la odisea que subsiste,
desajuste del dolor en la herida,
prado incendiado.

Me vuelvo turbia, inclinada. Espejo cuchillo.
Ojala hablar de peonías y poemas sin aristas
ser vinilo de tu lengua
fuente de tu exceso
bonanza de tu travesía.
lo imposible. 



miércoles, 28 de enero de 2015

dominar el frío







Touché, me tocaste el alma

Se me desarma el refugio de las fiebres perfectas
cuando no estás.
Asalto el mausoleo de mis propias neurosis
y soy un manojo de raíces exiliadas de tu cuerpo
que dejan de beber y respirar.
Me ofrezco mi deriva en bandeja
y ya no recuerdo cómo se vencen las apatías
ni si existieron los desguaces para aquellos que llegan de las guerras
los de la palabra trabada en la garganta
los de la rabia sin camino ni elixir
los que sueñan corceles y adiestran bosques con las manos
y clavan miradas perdidas en horizontes imposibles de ciudad.

Cuando se ponen en fila los incendios,
tan dispuestos a ardernos,
todo encaja.
Pero en la antesala de los huecos
y las noches desvestidas de catástrofe
cuando no me amainas con tus paños calientes,
con tus paisajes de carne
sólo somos tristes devotos de la memoria
que escarban la fatiga para descifrar la cicatriz que deja el tiempo.
Esa huella macabra y obstinada que deviene de la fricción de los cuerpos.
Esa marca que hierve y nos recorre

Y observar los días como una hemorragia
y despeñarse dentro de uno mismo
para descubrirse incompleto
en la urgencia del animal
(que sueña)
que luce con grandeza, sus heridas.



miércoles, 7 de enero de 2015

con el material de los cuerpos



































Con el material de los cuerpos
adulteraremos nuestra memoria,
allí donde los contornos son orillas embravecidas
en las que nunca creció el miedo
volveremos a intentarnos, desmedidos.

Como lupanares malditos
que visitamos siempre por primera vez,
cada palabra saldrá nueva,
haremos barricada en la piel,
en el gesto,
tan hechizados,
dueños de esa fuerza extraña
con el acabamiento como salida eterna.

Porque sabemos aquello de abrirse el pecho
y cuidar de los tallos crecientes
en la herrumbre de los días.
Rezarle
a los orificios del alma.
Ser corteza al antojo del mal tiempo.
Con el vicio de abarcarnos las torceduras 
y aliviar el quejido en otras bocas,
otras lindes
y atraer otros tropiezos,
contando en voz baja,
la distancia entre luz y trueno.

Con el vicio de beber de las palabras
hasta embriagarnos
y errar la altura del vuelo
que nos lleva a la ausencia definitiva,
esa que nos deja en herencia la estampida en el adentro.

Con el material de los cuerpos
apresamos las ganas
y nos hallamos maravillados y sedentarios en el recuerdo,
tan poco libres,
tan poco diestros y tan indecorosamente ciegos.

Usaremos la belleza inexpugnable
de los momentos en que reímos hasta el dolor,
justo cuando cristalizó el instante eterno en la retina,
justo cuando te amé mandíbula batiente.

Tan fermentados en sudor/llanto,
sin temer la demolición,
porque aprendimos a habitar la grieta propia.

No hay idioma
desde que fuimos capaces de darle cuerda al desamparo,
y ahora las caricias y el ayer como alhajas benditas.
Ejecutamos el amorío e imaginamos brillos
porque el daño es ancho y profundo como un océano
y el amor se cultiva en barbecho
cuando el dolor es una resaca.

Con el material de los cuerpos haremos balada y epitafio
del héroe de la derrota,
el que habita avenidas y barras con su caballo de Troya
para vencer las mil noches oscuras del alma
y hallar escapatorias infinitas
y nunca definitivas.

Escenarios del amor:
habitaciones, tú y yo,
suelos, estaciones, esquinas.
Cenas en las que no recordamos pedir la cuenta.
Cuando al cuerpo le faltan manos, hay pasión y no corre el tiempo.

Praderas de angustia por las que pasear con el ansia multiplicada
y poseer el don de la lágrima a escondidas.

Creamos el idioma desde el hambre
y somos astutos a pesar de que los ojos sean ramas que cargan rocío.
A pesar del aguacero que hará que el sueño muera en la balsa.
A pesar de la bandera que crece en la respiración entrecortada,
esa que se nos come las palabras.

A pesar de todo
salvaremos la magia

miércoles, 17 de diciembre de 2014

en la negrura y en la combustión


























                                     y liberar gacelas heridas 
que habitan barrancos y poesía



Me sirvo en terrones
tímida y brutal
me obligo a vencer la asfixia
haciendo de nuestras bocas
dos nubes de agua
aunque después se me corra la mirada
en rímel, rabia y ocaso que se rompe
emboscada-bucle
silenciando el deseo
bella bestia que dormita entre nuestras pieles
no tocándote
no tocándome

Ser mujer de cartas boca arriba*
nunca inmaculada
siempre marcada, mordida, vehemente
y después toda una vida para curarme las caricias de ti
lamerlas, gatuna, para extraviar el escozor en mitad de un invierno
en mitad de la nada, de la calma

abandonarnos en un monte
envueltos de catástrofe,
arrancados de los lienzos
para restarnos humedad como mejor sabemos
y sudar el dolor
y que me prestes tu oscuridad para hacer proa incrustada en la luz
y sudar el sabor
como mejor sabemos
dilatarnos las pupilas,
salvajes y obstinados,
soñarnos presa,
acorralarnos

habitar los polos de un mismo amor
rezar a la incandescencia a la que nos debemos
y ser sombra que abrase a pesar de las tormentas,
desnudos de pena y peso
con los corazones como locas brújulas marítimas
que creen en el abandono y en el abismo
cuando ya conocen los caminos

que todo este placer acabe en herida es previsible
alacrán que nace para morderte de frente
cuando nos alimentamos de desconsoladas
e inconfesadas
bocanadas de nostalgia
tan manchados de rutina e infierno
mirando hacia otro lado
aferrados a lo artificial, vaho que esconde la belleza
coordenadas de habitación para los que sueñan bosques

tú, que conquistas mis arterias
metiendo mano a mis invernaderos
portador del caos
que invades mis frentes con tu ejército de calor inesperado
te derramo el huracán de palabras que anida en mi pecho

no te pediré jamás clemencia a la hora de amarme
porque cuando destilas negrura me aprendo
y cicatrizo renacida
en la combustión de nuestros cuerpos  
no me defenderé jamás de tu mirada
porque el súmmum del amante de tórax estallado
mana frenesí y ceguera a partes iguales



martes, 2 de diciembre de 2014

Peinando trigo y desgarrando piel *
























Existen esas mañanas en las que amarte es ya algo involuntario
un acto reflejo del trotón que alberga mi pecho
lo febril trepando rodilla arriba
lo persistente
a pesar de la asimetría del deseo
a pesar de precisar la caricia en el rincón y no tenerla
existen esas mañanas

Cuando nos precipitábamos el uno en el otro
sin estribos
sin decoro
paisajes no enmarcados que inundaban la pared
se derramaban en el suelo
como ventanas infinitas de temblor
con la espontaneidad del niño
que habita el arrebato sin consecuencias,
nadie ponía horas al día ni nombre a los meses
no nos dolía nada
si acaso, abandonar la habitación.

La memoria como arma de doble filo
en manos de un romántico drogado
y el amor que se labra sus propias manías
suelta timones en la tormenta
y cava sus propios cráteres para danzar todas nieblas del mundo

Existe el segundo en el que disuelves la multitud
y el universo es un abstracto
y me golpea tu dulzura
y le estallan a las palabras los corsés
y tiro por la borda todos los nunca

Pienso en ti
y en tu calor, rúbrica exquisita,
pienso en volver a ensuciarme en tu mirada,
en el vuelo en picado sobre tu boca,
en la cabaña de gemidos que hay en tu espalda,
en abandonar el pasado entre nombres que crepitan
y en las brasas que sangramos 
de las que siempre brotará un dolor tan mal repartido

y aún así
lúcidamente,
anunciarnos en lo insalvable y aceptarlo
porque pensarte no deja de ser un insano ejercicio
un peinar trigo y desgarrarse la piel

porque también creer que te tiemblo aún es un acto de fe



*de una canción de Antonio Vega

lunes, 17 de noviembre de 2014

millas y millas de temblor




























mi "cadáver lleno de mundo"
I. P. Montalbán


Hay tantas maneras de dibujar el naufragio
y somos tan diestros al conjugar el agotamiento con el amor.
Infinitos que se quieren abarcar, ciegos y obstinados.  
Adosarnos a la vida y auscultar muros en busca de latidos sencillos,
y nutrir la nada.

A veces no es necesario dibujar poliedros con las palabras,
que fueran sólo días sin nombre que abrazan en lo roto
bastaría.
Ni danzas perfectas,
ni placeres orquestados,
sólo un gesto pequeño  
en mitad del gateo oscuro del tiempo
que nos pasa sin ser visto entre las piernas,
sólo un aliento que nos brinde sentido
y no un refundar la pena constante.

Se nos da bien el vuelo corto con grilletes,
como halcones adiestrados que hacen hogar en el guante y su caricia.
Y amamantar la rabia mirando hacia otro lado
también se nos da de lujo.
Acostumbrarnos al hueco en el hueco
y ver cómo se vacían nuestros distritos rojos de vicios y humedad 
mientras morimos con la anatomía del intento
-tan aprendido y propio- entre las manos.
Limpios tras arder en mil noches de san juan
para, una y otra vez,  
construir ese tríptico desasosegante del que vuela, cae y repta,
del que obedece, calla y paga,
del que sueña, despierta y traga.
Dejando sedientas nuestras flores del mal
y observar la vida desde atalayas tristes.

En lugar de hacer zoom con nuestros cuerpos
y elevarnos
y tramar el amor una vez más,
tramar la vida, 
en una suerte de ficción que se hace carne,
habitar nuestra fuerza.

Recorrernos en millas y millas de temblor,

hacernos bellos 
y no estafarnos a nosotros mismos.