malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

viernes, 15 de mayo de 2015

TERRIBILIS EST LOCUS ISTE, de Joshua Edwards








Bajo los ojos atentos de los tigres
____trabajo durante todo el día.
De noche sueño con tigres que pelean,
____procrean, comen,
sonríen, se rompen el corazón unos a otros,
____sollozan. En mis días libres,
cuando ya no puedo soportar el peso
____de los tigres ni la vida entre ellos,
camino dos millas hacia el océano para nadar,
____hasta que también me canso de eso.
Todas las semanas es lo mismo.

martes, 5 de mayo de 2015

el contraplano del poema



Una mujer se dispone a desalojar un pensamiento carnoso, prenderlo en la planicie de la hoja blanca, virginal que la pretende. Melena castaña de puntas abiertas, los ojos verdes, ojeras en el alma que nunca nunca le duerme.
La trastienda de ella. Envuelta en libros. Bunker de papel. Un calendario que aún reza Abril. Descalza. Siente el ventisquero de impulsos/palabras trepando la arteria a pelo. Se detiene en la estructura piramidal del pasado y en su contenido, soñarse cada vez más ligero pero cargando el alud. Intenta la palabra. Una botella vacía de verdejo El perro verde aguarda en el salón desde anoche. Le encanta su sabor, le encanta la etiqueta. Y la descripción: embotellado para uvas felices.

Piensa en esta promiscua sensación de amar cada poema, mientras nace, mientras crece, untarlo de armonía y abandonarlo hasta el olvido envuelto en una placenta desconocida. Un té verde humeante, en una taza de Forges con su típica mujer que nunca fue felliniana gruñendo un chiste. Bajo él un posavasos de Moritz que vino en algún viaje. Una casa de cien años en la que han nacido y muerto muchos. Una perra amada de hocico frío tirada en el salón cual alfombra de fiera inerte. El poema quería ser el desahogo del leviatán de tu ausencia. Matar al monstruo. Volcarlo en Century gothic de tamaño 10, por no poder morar tu periferia. Un cenicero de cinzano que ya no alberga colillas, como un cuerpo que ya no está hecho para arder. La llamada de una madre que interrumpe el instante, arranca una carcajada y un compromiso para mañana. Su foto en una playa del Este de Inglaterra pegada a la torre del ordenador con un imán de Banksy. Un tarro de cristal con una libélula a tinta. El jolgorio de las golondrinas en la terraza. Arrancar el verbo/espina que vive incrustado en mi clavícula esperando tu boca. El aroma de una vela que arde en el suelo dibujando un halo de luz en la baldosa rojiza.  La guía del digital que suena en el salón como hilo musical y justo ahora, esa maldita versión de creep que fecunda su cerebro desde hace tres días.  Que estalle el lenguaje aguacero y no ser la misma al levantarme. Las muñecas apoyadas sobre el frío cristal de la mesa. Pantalla lienzo que desmaquille de inutilidad el día. Como una balsa en la tormenta, resurrección tras el atropello. Una ventana pequeña que arranca un pedazo de cielo y la copa de un almendro. Libros, ropa apilada en un sofá-cama, zapatos de tacón, amoroso desorden que alberga secreto. Catapulta para las obsesiones.  Tripular la espuma de ocho mil mares. Indagar nuestra desnudez y bendecir los vértices, las brújulas y las derivas. Y entonces abandonar, salir de la habitación, cenar algo, volver a tener frío.

miércoles, 29 de abril de 2015

con tinta, en papel sediento



































En las palmas de mis manos vienen marcados los surcos/caminos.
De ellas también mana la urdimbre del vocabulario del ojo,
para empuñar mis recuerdos tramposos sobre la hoja,
o abrirme por dentro y hacer autopsia de la pena y sus escorias.
Con la luz restada de la tarde, desembocarme,
enjuagarme el tiempo perdido,
en mares misteriosos que brillan como los labios, como la locura.
Y escucharme, por dentro.

Y así decirme, con tinta, en papel sediento,

Que

consideré los cuerpos ciudades, me adentré, 
errando calles,
confundiendo trazados, 
alabando arquitecturas.
Emborrachándome en ellos. 
Lamí sus tugurios. 
Fui vaho en la madrugada de algún coche. 
Desperté varias veces. 
Limpia y plena en ocasiones. 
Amnésica y rotunda en otras. 
Amé las resacas y me dejé conmover 
por las palabras y gestos en oscuros callejones. 
Me infecté de profundidad. 
Reina bipolar, 
roca en la paciencia, 
pluma en el fuego. 
Olvidé mi densidad y me atravesaron huracanes, 
cíclopes de lluvia envenenados de ego. 
Esponja, hembra, 
tan tóxica, impura 
como niña despeinada en tus campos.
Me aferré. 
Desnutrida y lírica. 
Incansable, extranjera en tu carne.

Hurgué cavé en el corazón, 
flirteé con mi propio desprendimiento, 
la idea de no volverme a mí misma. 
Yegua sacrificada, 
desdibujé tus lindes y emergí del dolor, 
de las ruinas, 
de los glaciares que nacen de un adiós.

Me desfiguró la congoja de sentirme perdida por un momento.


Contemplé la grieta e imaginé la fuga del amor, 
como un idioma que desaprendemos de no usarlo, 
como un cántaro de dicha líquida golpeando mi propio suelo. 
Con el vientre exaltado, 
delinquiendo con saña en mi hondura, 
apreté la mandíbula, 
improvisé itinerarios en avenidas incendiadas y desconocidas, 
y me revelé de nuevo aprendiz y tropezada, 
reconociendo la vida un esbozo constante. 
Desplegué el arrecife, prendí hogueras, 
escuché mi pulso acelerado, 
toqué pie en mí misma. 
Y volví a respirar reconciliada con el animal que me habita.




jueves, 23 de abril de 2015

Gabriel Ferrater

 






(...)

quiero apuntarte tres o cuatro dichos

(pocos más he encontrado)

que digan la verdad. Mujeres y hombres

componen todo el mundo.

Muy simple, me respondes. Mas recuerda

el mito de la cueva.

Quien sólo muro ve, fiebre de sombras,

no sentirá a su lado

el inocente tacto que le tiende

alguna ciega mano.

Mujeres y hombres. Nudos. Y lo oscuro

de una tarde muriendo.

En la cueva se puede vivir, Julia.

Mejor, si no hay recuerdos.

Pero al crecer te crece la memoria.

Mira que crezca bien.

Que no la tuerzan miedos. Que no sangre

por un injerto cruel.

No escuches a quien te hable de egoísmo:

has de saberte amar.

Y si tiemblas un día (he de decirte

que un día así vendrá),

y te ves lejos de hoy, recuerda: tuyo

es alto cuanto das.

Así ya sabrás dar sin pedir prenda,

como los buenos dan.

Y sabrás recibir, como mereces,

un don sin trueque alguno.

Ciegos, atamos, en la cueva, Julia,

fuerte el nudo del mundo.


*


"Por cierto: dijo el doctor Boada,

que es vuestro médico y el mío,

que a un temperamento como el mío

le daba miedo recetarle

morfina, no fuera a habituarme.

Me pareció muy curioso

el 'nosce te ipsum' forzoso:

quiero decir que supe cómo piensan

los médicos de quien hace poemas."


("Poema inacabado", fragmento)


*


"La tierra gira y las mujeres duermen"


*


Tantas paredes entre tú y yo. La añoranza, exhausta, no llega hasta ti. No ve cómo se te va haciendo vida, en lugares y en momentos que son verdad intensa, no deshechos como su desesperación. Perro pródigo de confusión brutal, se lanza a revolcarse por el polvo de un verano sin remedio.


*


Fe

La tienes en tus brazos.
Duermes, y la sueñas,
y sabes que es un sueño
todo lo que ves de ella.
Y el corazón se te arranca,
tiembla de fe.
Solamente una cosa
que le propones
te da prenda
de que te querrá despierto.
Conoce que es un sueño
lo que le dices de ella,
pero que por debajo
del sueño, es ella
la que tienes en tus brazos.


*


Si puc


Alguna cosa ha entrat

dins algun vers que sé

que podré escriure, i no

sé quan, ni com, ni què

s’avindrà a dir. Si puc

te’l duré cap a tu.

Que digui els teus cabells

o l’escata de sol

que et tremola a aquesta ungla.

Però potser no sempre

tindré del tot present

el que ara veig en tu.

He sentit el so fosc

d’una cosa que em cau

dins algun pou. Quan suri,

he de saber conèixer

que ve d’aquest moment?


*


Sabers


Pujo l'escala del metro

de pressa, que se m'ha fet tard.

Ja fa mitja hora que tenia

una altra escala per pujar.

Em sobta i m'atura la vora

del buit, a l'esglaó darrer.

Marco el pla de cames que passen,

amb els ulls, com amb un nivell.

Cames que caminen pel vespre

com per un vague despoblat.

Què en saben, les còmplices càndides,

del gran joc que van entrellant?

Dones absortes consideren

que potser algú els ha mentit.

Les que van negres, ja serenes,

no saben a qui van mentir.

Els homes que baixen dels cotxes

coneixen els licors amargs.

Tres noies van juntes per riure

i saben només que han plegat.

Tothom sap pensar alguna cosa

d'algun diner, ínfim o gros.

Respiren tots. No tots recorden.

Jo sé on és el teu cos.






sábado, 18 de abril de 2015

poema drenaje



Soy la que habita esta malpagada soledad que llena todos los estadios de mi alma.
Eterna aleación de la hembra que vuela y naufraga.
Me estrecho para atravesar los domingos sin que me vean
de puntillas, insonora, indolora, como la nada.
Hago cuenco con mis manos, por si las lágrimas,
que luego vienes a pedirme la sal.

Traes tu voz calmante, para la desnortada niña que me vuelvo de vez en cuando,
que las hojas muertas borran los caminos de regreso
y cuando me nublo no me sirve ningún sol.
Traes el poema drenaje,
el deseo amplificado en tu mirada.
Toda mi extensión para ti, tan señalada de abismos y alambradas.
Hinchados de suspiros para respirar en los fondos
en la belleza submarina de algunos versos
que no se sabe si eran sangre o eran yodo.

Fabricar huidas y dejar atrás las costumbres,
sus manicomios, sus maromas.
Volvernos carnada,
dulce señuelo que pliega cual abrigo su coraza.
Intentar romper el día, partirlo como una baraja,
hallarnos en un punto impreciso pero precioso.
Sellar la noche en nuestros cuerpos
Un altamar del vicio hecho con nuestros restos
y que nos nazcan líricas branquias.

Sernos
Encerrarte en mi boca
y que el poema conspire bajo tierra
y eyacule cantos extremos
y árboles que serán ataúdes o libros.
Dueños de nuestra propia gangrena.
Con crayón darte mis más obscenos colores,
justo cuando las ideas en mi cabeza me ensucian la boca.

La aventura de la conversación que caliente el futuro de la próxima media hora,
las arrugas del mantel
augurando el oleaje del vino en la habitación
que ya se esculpirán mañana los fracasos de este momento,
ya volveremos sin remedio al mar de los sargazos
y a los lamentos.

domingo, 12 de abril de 2015

más o menos eterna
























19:47
cicatrices/cremalleras, almacenes del dolor.

Derramados de llanto y placer. Nuestros momentos horizontales
simbolizan vuelos, huidas dentro de una pausa distinta, de demora dentro de nosotros.
Tú en mí, yo en ti. 
Tenerte es una plaza con sol. Es entender el verbo y su néctar.

Gajos de esperanza en las miradas. Y los renglones de tus muñecas, ríos azules de hermosa pulsión en los que ir a la deriva es vivir amarrada y ciega a un timón. Dibujarnos en la tormenta y reconocer que el amor es una borrachera, más o menos eterna.

##unfinished##

martes, 31 de marzo de 2015

fuera de los mapas


























Joe Strummer besando a Gaby, 1981



Aún no sabía que era posible ponerle letra al daño, acotarlo en la estructura de la página vacía. No sabía que desbrozaría el corazón inútilmente, sin entenderlo bosque que acabará incendiado. Ni que haría del acercamiento un ritual sin pánico. Que inventaría pinceles para mis tardes. Que aguardaría la alucinación del lenguaje sin prisas pero sin descanso. Que el cuerpo tendría otras hambres y que la libertad sería el mejor de los escenarios. Que le pondría sangre y azúcar a los recuerdos para no odiarme demasiado. Que sería capaz de naufragar en ciudades lejanas, con los labios despintándose en otras bocas. Que cargaría con el ayer como un ancla, y fondearía en mi cuerpo, en tu cuerpo, lugares salobres donde los haya. Que crecería odiando los domingos por la noche. Que habitaría el aguacero/llanto. 
No sabía que aprendería a contemplar mis venas nerviosas, mis lunares, inundando mi piel, ni que la habitación sería dulce campo de batalla. Que me dirigiría a la fiebre herida de inviernos, con el ansia como quemadura, dopada de ilusión aún con las redes rotas. Que la piel sería sedal para otras pieles. Que me tricotaría a tus huellas, tan culpable. Que fabricaría noches artificiales buscando hoteles sin ventanas. Que acercaría a mis animales a la hoja en blanco, y fabricaría de mi pulso palabras con las que hervir la imagen en mi memoria. Que sería capaz de penetrar el duelo y trocear paraísos para sanar horizontes rojos. Que aprendería los vientos y me afectaría la tramontana. 
Aliviaría la carga en cada verbo. Me derramaría en tintas, pestañeos y pronósticos equivocados. Para no ser de este mundo. 
Que me perdería en la arquitectura de un abrazo. Demorada y silente. Que aprendería a olfatear tus coordenadas. Que nos asomaríamos el uno en el otro sin arneses. Que labraría mis campos para abonarlos con penas sicilianas y fados portugueses. 
Que construiría un promontorio de palabras desde el que arrojarme dentro de mí misma. Que sanaría vacíos y abriría cicatrices, curiosa e hipnotizada por el propio placer de saberme entera tras los accidentes del órgano que late. Que sería lastimada y dichosa en determinados momentos. Que reescribiría heridas y sus límites y hablaría de los sexos y su resina, y del salitre de la piel y sus esquinas estremecidas. Que perpetraría veranos eternos en mis calas y orillas de carne. Que sería equilibrista en el desorden. Que caería en lo indescifrable de la sed, fanática de la hondura del momento imparable.
No sabía que te encontraría fuera de los mapas.


jueves, 19 de marzo de 2015

Que salga el indio entre las piedras - Mario Meléndez





Que salga el Guayasamín que cada uno tenemos
que salga el indio entre las piedras, médula a médula
el gran precipicio que somos, la gran llaga ecuatoriana
y lo que cae del ojo al cielo, y lo que arruga el aire
y lo que sale de nosotros mismos como una rosa deforme
y lo que araña más adentro que salga
que salga el trueno, la bocanada, el relámpago
la hebra furiosa y tuerta que mira sangrar el alma
y aquí, en esta jaula ardiente que es América de luto
están pendientes los nombres de aquellas manos clavadas
de aquellos pies desahuciados, de aquellos huesos de humo
de aquel sueño arrojado al gran ataúd del miedo
o simplemente del árbol con sus ramas infinitamente secas
Porque no estamos muertos, no estamos
y hay uno que ahora brinca por encima de los sables
y hay uno que bebe fuego y lleva alas de ceniza
y hay uno que agrieta el río con su cráneo universal
y hay uno que dice yo, yo soy el indio entre las piedras
y todo el horror humano se me apaga en el cuerpo
y tengo lágrimas y penas
y el corazón como una luna borracha
y el esqueleto dormido, y la mandíbula tiesa
y a mi oído brama el perro de las noches podridas
y a mi boca rueda el beso de la angustia que mata
Y yo pinto, yo pinto con mi voz y con mis uñas repletas
yo pinto con mi oxígeno la cicatriz del viento
raspo la puñalada maldita de los siglos
me sumerjo en el ácido mortal de las pupilas andinas
desnudo el recuerdo de la calavera sombría
y en mí sobreviven las tripas cortadas de cuajo
y cada grito soy yo, cada mejilla nacida del grito
cada suspiro fatal y su patria de aguja
cada mujer, cada hombre
cada animal volteado en la vértebra dramática
todos y cada uno de ellos
y en todas partes la vida como un sol amargo
y yo, hinchado de colores
cierro las alas y duermo sobre la tristeza


martes, 10 de marzo de 2015

La fenicia de los engranajes y el alma descompuesta




















foto: Anais G.C.



Ven, siéntate junto a mí, quiero mostrarte mis engranajes. Quiero hablarte de ellos calma y prudente, con la calma y la prudencia que traen en algún hueco las hembras de ovarios repletos de melancolía. Las de las alas de cóndor que sólo sirven para barrer la tierra. Quiero hacer de la convulsión de mi cuerpo tu recreo. Pero no ahuyentarte con el lenguaje taquicárdico que me invade de vez en cuando, en acto de ventriloquia salvaje cuando quiero/pretendo arreglar mi vida a martillazos. No quiero darte noches con olor a hospital, vendrán solas. Sí curvas cerradas entre mis piernas de las que acaben con tu vida una y otra vez, una y otra vez. Quiero llenar de árboles nuestros jardines para que entren las ramas por nuestras ventanas y ahorquemos en ellas los momentos feos y la metástasis del conocerse demasiado. Quiero domesticar de vez en cuando a la rutina y su efecto, dejarla entrar como una marea que igual que sube habrá de bajar. Que me moje los pies pero nunca los ojos. Ya porto mi sal en el piso de arriba. Ya fabrico mi propio e incunable desamparo. Y sé vaciar la habitación y sé dejarme sola en mitad de la gente. Sé inundarme con lo bueno y lo nefasto. Hasta arriba. Encharcar la mente de pequeñas y salvajes rabias que vienen con espuelas y dientes. Soy mi efecto depresor. Soy mi trinchera y enemiga. Guardo un acero en el estómago y sé donde dolerme y a qué temperatura. Me vuelvo tibia de repente. Gris y apenas estremecida, me brindo oceánicas tristezas a todas horas. Entro en bucle. Pero acabo levantándome de nuevo a la siete y veinte. Será magia. 


sábado, 7 de marzo de 2015

Clarice Lispector

 



Dame tu mano

Dame tu mano:
Voy a contarte ahora
cómo he entrado en lo inexpresivo
que siempre ha sido mi búsqueda ciega y secreta.
De cómo he entrado
en aquello que existe entre el número uno y el número dos,
de cómo he visto la línea de misterio y fuego,
y que es línea subrepticia.

Entre dos notas de música existe una nota,
entre dos hechos existe un hecho,
entre dos granos de arena por más juntos que estén
existe un intervalo de espacio,
existe un sentir que es entre el sentir
—en los intersticios de la materia primordial
está la línea de misterio y fuego
que es la respiración del mundo,
y la respiración continua del mundo
es aquello que oímos
y llamamos silencio.


El amor es rojo, los celos son verdes, mi ojos son verdes..

Más allá de la oreja existe un sonido, en el extremo de la mirada un aspecto, en las puntas de los dedos un objeto: es allí adonde voy. En la punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espada la magia: es allí adonde voy. En la punta del pie el salto. Parece la historia de alguien que fue y no volvió: es allí adonde voy.

¿O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Yo os espero. Es allí adonde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra “tertulia”, y no sé dónde ni cuándo. Al borde de la tertulia está la familia. Al borde de la familia estoy yo. A la orilla de mí estoy yo. Es hacia mí adonde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después todo es real. Y el alma libre busca un rincón para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé sobre qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes. Pero son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En el extremo de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta. Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? ¿Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo.

Yo a la orilla del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, perro, ¿dónde está tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente.


¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros.






jueves, 5 de marzo de 2015

corromperme contigo, deshabitar la escafandra
























Subir y bajar como una palangana de agua sucia en un burdel,
lo llaman ciclotimia. 
R. Wolfe



Me enseñas a medirme con la boca la distancia del labio al vientre
hasta aprenderme por dentro.
Me muestras cómo se desata la profundidad del instante,
dejar que se abra como un trozo de tierra seca
y hurgar en nuestros futuros con precisión suicida.

Me acercas a mi propio cuerpo
como a un chelo al que rasgar cada cuerda
notas como aullidos
desde el núcleo,
dilatar nuestras líneas con cualquier excusa.

Y hacer
del cuerpo, instrumento que ladra,
que se vierte,
que escuece en caídas,
serpentea, se derrota.

Del cuerpo, herramienta,
patchwork perverso de heridas, palabras, desiertos y atentados.

Me inventas espartana, descalza en la noche eléctrica.
de pecho inflamado en suspiros.
Sola, en mitad de una casa que se agranda por momentos.
Sola, en un campo de batalla tras la lucha
tras el eclipse de la cordura
tras la catarata de amor

A veces el derrumbe es delicioso
si las paredes estaban dentro.

Deshabitaré la escafandra
y exaltaré ahora el paisaje del abandono,
te haré inventario con mi innegable creencia en los pedazos.
Propios y ajenos.
Tuyos, míos.
Amalgama de los restos del naufragio que nos decorarán las orillas
y llamaré a las cosas por primera vez.

mientras huimos de la atrocidad de haber nacido y no sentirnos vivos.