malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

martes, 1 de abril de 2025

HILDA HILST, ¿Soy yo esta mujer que anda conmigo...?


XXII

No me busques ahí
donde los vivos visitan
a los llamados muertos.
Búscame
dentro de las grandes aguas
en las plazas
en el fuego corazón
entre caballos, perros,
en los arrozales, en el arroyo
o junto a los pájaros
o en el reflejo
de otro alguien,
subiendo un duro camino

Piedra, semilla, sal
pasos de la vida. Búscame ahí.
Viva.

                          Da morte. Odes mínimas


III

Descansa.
El hombre ya se hizo
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.

                         Amavisse

 

XVI

No es verdad.
No todo fue tierra y sexo
en mí
si soy poeta
es porque también
se hablar de amor
suavemente.

Y como nadie se
acariciar
la cabeza de un perro
en la madrugada.


SONETOS QUE NO SON

II

¿Es mío este poema o de otra?

¿Soy yo esta mujer que anda conmigo

y renueva mi habla y al oído

si no me habla de amor, al poco calla?

¿Soy yo la que a mí misma me persigo

o son mujer y rosa que escondidas

para que sea eterno mi castigo)

lanzan voces de noche tan oídas?

No sé. De casi todo no sé nada.

El ángel que da fuerza a mi poema

no sabe de mi vida descuidada.

La mujer no soy yo. Y perturbada

la rosa en su destino, la persigo

en rumbo hacia los reinos que inventé.



 IV

¿Qué boca ha de roer el tiempo? ¿Qué rostro
Ha de llegar después del mío? ¿Cuántas veces
el tejido leve de mi soplo ha de posarse
sobre la blancura agitada de tu pecho?

¿Atravesáremos juntos las grandes espirales
la arteria extendida del silencio, el vacío
la planicie del tiempo?

Cuantas veces dirás: vida, estrella vespertina, magna-marina
y cuantas veces diré: eres mío. Y en las distendidas
tardes, de largas lunas, de madrugadas agónicas
sin poder tocarte. Cuantas veces, amor

Una nueva vertiente ha de nacer en ti
y cuantas han de morir en mí.

                         Júbilo, memória, noviciado da paixão 


XVI

               O que nós vemos das coisas são as coisas.
               (Fernando Pessoa)

Las cosas no existen.
Lo que existe es la idea
melancólica y suave

que hacemos de las cosas.

La mesa de escribir es hecha de amor
y de sumisión.
En tanto
nadie la ve
como yo la veo.
Para los hombres
es hecha de madera
y esta cubierta de tinta.
Para mí también
más la madera
protege su interior
pues su interior es humano.

Los libros son criaturas.
Cada página un año de vida,
cada lectura un poco de alegría
y esta alegría
es igual al consuelo de los hombres
cuando inquietos permanecemos
en respuesta a sus inquietudes.

Las cosas no existen.
La idea, sí.

La idea es infinita
igual que el sueño de los niños.

                         Balada de Alzira

 

NO HABLEMOS.


Y que las voluntades primeras
permanezcan
gigantes y sin forma
sin ningún camino
para el mundo de los hombres.

 


X

Ardiente. Oscuro. Tu ardiente soplo
sobre la oscura cerrazón de la garganta.
Palabras que pensé atrincheradas
resurgen delante del toque nuevo:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del luto
viene llegando un lago de sorprendimiento
recreando musgo. Vuelven las seducciones.
Vuelve mi propia cara seducida
por tu doble rostro: mitad raíces
oquedades y pozo, mitad lo que no sé:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
las sales, el mal que ha sido esta lucha
en tu arena crispada de puñales.
Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
y exceso, ha de quedar en ti lo más sombrío.
Dirás: qué instante de dolor y de intelecto
cuando soñé los poetas en la Tierra. Carne y polvo
Lo perecible, exudando resplandor.

                                        Sobre a tua grande face 

IV

[fragmento]

                                    A Vinicius de Moraes

En la hora de mi muerte
estarán a mi lado más hombres
infinitamente mas hombres que mujeres.
(Porque fui más amante que amiga)
Sin duda dirán las cosas que no fui.
Como entonces con gran generosidad:
No era mal poeta la pequeña Hilda.

Tendré rosas en el cuerpo, en las manos, en los pies.

Son todos tan delicados
tan delicados…

                                            Balada do Festival 

 

XIX

Prométeme que te quedarás
hasta que la madrugada te sorprenda.
Aunque no sea abril
esta noche que desciende
aunque no haya estrella y esperanza
en este amor que amanece

                         Roteiro do silêncio 

 

I

Nave
ave
molino
y más todo seré

Para que sea leve
mi paso
en vuestro
camino

                          Trovas de muito amor para um amado senhor

 




III

Tu sueño no es un sueño común.
Extiendes la vigilia
y aprendes a través de la oscuridad.
También así
el mar reposa.

                         Pequenos funerais cantantes ao poeta Carlos Maria de Araújo

 

XIX

Si yo supiese
tu nombre verdadero

te tomaría
húmeda, tenue

y entonces descansarías.

Si susurraras
tu nombre secreto
en mis caminos
entre la vida y el sueño

Te prometo, muerte,
la vida de un poeta. La mía:
Palabras vivas, Fuego, Fuente.

Si me tocaras,
amantísima, blanda
como fui tocada por los hombres

en vez de Muerte
te llamo Poesía
Fuego, Fuente, Palabra viva
Suerte.

 

VI

Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
cuantas me darás para otra vez amanecer
intentándote buscar. Porque vives de mí, Sin Nombre,
sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
porque sé de ti tu hambre, tu noche de herrumbre
tu pasto es mi verso rociado de tintas
y de un verde negro tu casco en los arenales
donde me pisas hondo. Hoy te canto
y después enmudezco si te alcanzo. Y juntos
iremos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De sangre.

                         Sobre a tua grande face 

 

XXII

Que las barcazas del Tiempo me devuelvan
la primitiva urna de palabras.
que me devuelvan a ti y a tu rostro
como lo conocí desde siempre: punzante
pero centellante de vida, renovado
como si el sol y el rostro caminasen
porque venia de uno la luz del otro.

Que me devuelvan la noche, el espacio
para sentirme tan vasta y poseída
como si aguas y maderas de todas las barcazas
se hiciesen materia rediviva, adolescencia y mito.

Que te devuelva la fuente de mi primer grito.

 



Soy la mujer que firma sobre tu cuerpo,

moradora  secreta en tu cuarto,

llama que agita tu aliento,

música escrita en tus  sueños.

 

Soy el agua  incesante en tus mente,

nube que busca  tu boca,

viento sembrado en tu falda,

noche que enciende tu fuego.

 

Soy tu espejo y tu caricia,

óvulo girando y creciendo,

placer  narrado  con pausas,

hora que extingue tu muerte.

 

Hay un paisaje sin corazón dentro de mí.

Lo veo tan cerca, tan esplendido…

súbita luz, nave dorada, espejo,

que transformándose en niebla

intacto emerge.

Sin duda, amigo mío, la isla

sería nuestro puerto.

Después de ella vendría el monólogo

y la certeza de las cosas imposibles.

 

III

  

Si tu vida se extiende

Más que la mía

Acuérdate, mi odio-amor,

De los colores que vivíamos

Cuando el tiempo del amor nos envolvía.

De oro. Del rojo de las caricias.

De las tintas de un celo antiguo

Derramado

Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.

Del castaño de luz de tu mirada

Sobre el dorso de las aves. De aquellos árboles:

Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.

 

Y hojas de un color de tempestades

Contorneando el espacio

De dolor y lejanía.

 

Tiempo turquesa y plata

Mi odio-amor, señor de mi vida.

Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.

 




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