Al final hay un estallido, siempre lo hay. Cuando la grieta
amenaza apertura en canal y el papel va a ser la palangana mágica que
llenaremos con lo turbio. Cuando se descontiene todo. Nace en un momento pero
cuando lo pienso, siempre muere entre estas cuatro paredes. Habitación
desembocadura. Cauce. La ventana dibuja almendros, esos que danzan de noche. Se
ven tan secos este año que quiero llorar. También una parra de uva negra atrapa
una brisa.
Esto no es un poema ni lo pretende. Es solo hablar del poema
ensangrentado y de cómo aprende a cruzar calles, subirse a coches, dar dos
vueltas de cerradura y entrar aquí dentro, conmigo, para quitarse la ropa y
tocarse un poco más el alma. Con desparpajo arrancar el llanto como un motor
viejo que nos llevará a duras penas aunque no sepamos dónde.
Este poema que no
acabará siendo poema, nació la otra noche. Cantaba Nell Shakespeare, una
versión de good fortune de Polly Jean. En realidad fueron dos, dos canciones
follándose una a otra en mi cabeza. Túrmix lírica que no requiere red eléctrica.
Me rompí mucho con unfinished sympathy escupida de su boca.
Quería hablar de
habitaciones y esa soledad. Estructurar desordenadamente, como siempre, el
revoltijo de sensaciones que me inunda. Conexiones: el sonido del ventilador es verano, el
crepitar de la leña ardiendo es frío y tu nuca en mi mano dibuja mi hermoso
desequilibrio. Y de la transformación. De cómo se nos va de las manos. De que
un texto con luz que contenía un sol maravilloso acaba apuñalando la hoja. De
los preliminares que no se reconocen en ese orgasmo sucio y delicioso. De lo
maleable de la idea. De cómo la derecha vomita algo en posits que a dos manos
doblan la herida sobre un teclado. Y de cómo nos sentimos después. Del amanecer del revés, con
las costuras, carne vista. Y el dolor en un cuenco amarilleando en la cocina. Después
de la habitación, después de soltar la parrafada, el verso, la neura, el gemido, siempre hay un momento de plenitud y no es más que el desalojo de alguna rabia, destrozo, pena, fluido. La espina en la garganta que sale y no nos deja morir
en el restaurante. Salir vivos después de morir un poco. Gozar nuestro propio
maremoto. Y que todo de igual. Porque sí, porque la habitación y el interior se
me desordena siempre. Una anarquía total, da igual cuántas veces los trate de
ordenar. Alfabéticamente, por género, por impulso, ellos están vivos. Las
risas, los ayeres, los escalofríos, los días de lluvia… Al final Charles se
pone diletante con Bolaño. Félix Grande siempre acaba pegado a mí y Cortázar
inventa rayuelas en los estantes.
Al final nos gusta besar el suelo porque
somos algo reptantes en la caída y algo kamikazes e insensatos antes de la
misma. Como dijo Frida: qué haríamos sin lo absurdo y lo fugaz? Yo no lo sé, qué haríamos sin los poemas que no
son poemas, si apagáramos nuestros géiser, nuestras ganas, nuestra libertad.
Aplaudir la lobotomía? No, gracias. unfinished sympathy by Nell Shakespeare
Así, sin más. Tres cuartas partes de agua salada, un huracán
enjaulado en el pecho, tres octavas de histeria cuando descontenida y un
arrecife de ternura para los días de gris y melancolía violenta. Se abría de
ventanas, ofrenda de carne al temporal, dádiva en el desconsuelo. Entrara luz o
noche. Tramontanas o sirocos. Irresponsable en su dolor.
Mantra: “descansar
sobre tu pecho es el paraíso”. “Enredar dedos en cabello. Asalvajarnos.
Dejarnos entrar sin forcejeo”.
Mira, estas son mis miserias. Tengo más.
Se me está oxidando la mirada. Los ojos verdes enormes de
antaño, se achican como lagos en el desierto. La constelación de lunares se
multiplica para que te quedes eternamente contándolos, mientras olfateas
excitado mis vertederos de emoción. Y canalizo las horas bajas y las convierto
en pértiga hermosa para abandonar glaciares y furias y otras cosas que no
tienen nombre.
Aunque no nos llegue la ropa para cubrir las cicatrices,
sabremos hacer hogar de las derrotas.
Leo a poetas muertos, la mayoría, como si me hablaran de
ultratumba y me llenan de una aleación hermosa de paz y jolgorio mientras abren
de piernas a la vida.
Con el regusto de la pesadilla enjambro amaneceres, los días
sangran cuando nacen y sangran cuando mueren. Puedes oír cómo me inyecto de
infinitos. Siempre somos eternos en el momento. Inmortales en el gemido.
Imitando el rugido de la llama. Cosmos. Rematar el abismo con el arpón hermoso
de tu energía. Haciendo morada del poema. Antiaéreo de palabras. Haciendo huida
en el propio cuerpo, derramados en la alucinación del sinsentido.
Leí esta mañana que el deseo esclaviza pero no conozco mayor
cárcel que la desgana. Prefiero el hilo tenso, llámame equilibrista. El
garabato de las lenguas que se buscan. La cuneta en la que agonizan los amantes
mientras pasan los trenes gloriosos. El mapamundi de tu mentón a tu rodilla. El
viaje de los ojos que se miran los fondos. Cualquier brillo de nuestros fluidos
antes que el neón. Y que mi sed se enamore de tu espejismo.
Morimos pero a veces nos vamos dejando morir. Pretendo no
olvidarlo. Pretende conmigo.
Está
el calor y está la fiebre. Hay cielos y hay jaulas. El agosto o la infección. El
sudor o fabricar tú y yo la sal. Mares hambrientos que nacen en las bocas que
pretenden hundir naves para inventar islas, leer estrellas y vientos.
Quiero
hacerme con el verbo que dobla distancias y ansiedades. Aprender que mi vida es
un plano secuencia que no puedo detener. Que existe un universo semihundido
pegadito al esternón que tampoco sabré/querré frenar. Que el silencio es una
lava que separa y momifica el momento. Ojalá detenida en lo salvaje.
Descabalgar la rutina y hacer algo con los huecos.
Absolutamente desesperada,
es lo más yo que sé ser. Con un leit motiv capaz de incendiar glaciares.
Bendita la rabia de verme esclava de tu alquimia, encontrar mi droga entre tus
brazos, no sé si infierno o salvación, pero sí, rompeolas de la hembra que
viene a dolerse. Bendita y rota, en la terapia de los veranos de la carne.
Vamos a sobornarnos con momentos, apresados en ámbar para lo eterno. Justo ahí,
el labio devorador. Justo ahí, la palabra que no se necesita. Ubicar las ganas
en el meridiano exacto que cruza nuestros cuerpos. Y el silencio de las
gargantas que se rompen. Seco el lago tembloroso del llanto de la perdedora. La
fugacidad del momento será un tesoro. Me concentro en mi maleza, perdida y
brutal. Nuestro aleph y después disfrazar a la bestia. Hacer del poema, tumba
lírica para nuestros destrozos, tan ebrios de abismo.
Necia,
que te aplastas el corazón entre las costillas con tal de enmascararlo y no
venerar el latido. Ven a precipitarte en el poema, sin estribos, con tal de
rajar la pena y que sea de todos. Torrentera del desconsuelo para pasear. Que
la obscenidad de la página en blanco te da dentera. Palabra/ala de la obsesión,
qué bonita te ves cuando no dices nada. Me resuelvo en ti tan ecuménica, tan
cuadriculada. Dos cuerpos, cóncavo, convexo. Magia. Enamoramiento. Follar. Sin
fondo. Vivir en el Maelstrom. Quiero la eclosión y cirrosis en el alma. Correr
por la belleza sin tiempo.
Yo creo que Sheri amaba a Charles de alguna manera. Pero
casi sin acercarse. Y el autobús que atropelló a Papasquiaro debería arder. Y
que Anne Sexton se hurgó entre las costillas mientras le dictaban todos sus
labios. Creo que los cajones contienen más poesía que las librerías. Y que
prefiero un concierto a un recital.
Y ojalá pudiera decirte que desconozco la congoja. Que nunca
viene por casa. Que me bebo las cervezas por gusto. Que cuando arrebatada, en
el jardín, entre las flores, me lleno de tierra y sol el pelo, no estoy
escapando de algo. Que no descascarillo la pared de mi habitación con la mirada
para hacerle más ventanas. Ojalá ser ventana. Y saltar de mí misma al otro
lado.
Que si te digo que me escondo en palabras grandes y no es
por miedo, te estoy mintiendo. Que me sé las calles como me sé mis venas. Que
digo turbulencia para que agarre la casa entera, con cada rincón. Que aquí
dentro fabrico el caos. Dentro de todo. Que contigo quiero vestir cada umbral de
muérdago y cada cama de naufragio, es algo tan tonto como verdad. Morirnos un
poco antes de morirnos del todo. Petite mort. Aunque ya no hay tickets capicúa
en mi bolsillo, esos que nos daban suerte, sigo cruzando los dedos con
matrículas repletas de sietes. Que no me resigno ante las vísceras del pasado.
De hecho las esnifo para sentirlas mejor. Que no sé de dónde vengo pero a lo mejor no me he movido.
Como una borrachera que te trae el mundo al salón. De los amantes y sus
dentelladas podríamos hacer un simposio, no crees? Vomitarnos prosas uno al otro, diabólico tête à tête, mejorar nuestro punch mientras desvestimos al héroe. Que los atardeceres de
este verano serán rojo marsala de tanto fuego que es el rojo de moda. Rojo casi
de vena. Rojo bonito. Rojo de deshacernos.
Llenos de dolor y excitados, así somos bombas. Que después de la
devastación llegarán las adelfas, como en Hiroshima. Lo inundarán todo. Pero antes, que
me beses las rótulas y las muñecas. Antes, colgarle dos rombos a la habitación. Barcos
pirata surcando el asfalto. Ansia. Soy yo misma, me veo arder, me quiebro. Y nuestra tela nerviosa, custodiando la penetración. Esmaltando paladares.
Soy la gata que camina dentro de
mí
conmigo las leves zarpas afelpadas
He bajado por el río conservando el gusto por la caza los
ambiguos maullidos
Cuando cierro los ojos atravieso los
siglos
Las arenas le dieron el color a esta piel suave que
esconde una flor mojada entre las fauces el oro egipcio se ve
reflejado en la pupila
de esta gata
que demasiadas veces recuerda su verdadera condición de fiera
La
Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras por tener estas
garras
De acuerdo
De acuerdo, soy
arrebatada, celosa, voluble y llena de lujuria.
¿Qué
esperaban?
Que tuviera ojos, glándulas, cerebro,
treinta y tres años y que actuara como el ciprés de un
cementerio?
* * *
Hoy he descubierto la
belleza
de ser yo misma. -no, no fue así; me lo enseñaste-
Pero al hacerme mujer al mostrarme
que los seres
son tan libres
Comprendí que libre-yo y
libre-tú podamos tomarnos de la mano y realizar la unión sin
anularnos.
Por eso me apretujo dentro de mí misma hasta
salir las lágrimas y en el pelo se me prende el sabor
salado del olvido.
Algún imbécil dijo que el poeta es la
clave del mundo.
¡Mentira! A mi sólo me queda encogerme
hacia dentro y esperar ciegamente un sonido, una expresión
cualquiera y que alguien donde quiera que esté emita una
señal diciéndome que existo.
* * *
los teléfonos debieran ser
parte
de la poesía -la poesía está llena de recuerdos- Hoy, una
llamada solitaria hizo rodar de nuevo el pasado a mi falda.
Se
murieron tres años
casi cuatro.
Un bigote se movió sobre unos
labios murmurando cosas triviales, de todos los dfas que
cómo están los niños, si al fin me voy a Francia que la
perra tiene
tres cachorros que cómo creció Carlos.
Y el teléfono de
ayer me dijo Cuánto te quiero. Cuánto te extra no.
* *
*
Te me acabas como la vela que
lanza
su último fuego. como el asomo de vida que la final remueve al
que está ya casi muerto. ¡Cómo es de extraño escribir
poemas para alguien que fue y que comienza a diluirse en el
cerebro!
¿Dónde te has escondido en este tiempo?
¿Dónde te has
escondido en este tiempo? Bajo tus mismas faldas. Enfundada en
tu propia fortaleza negaste la evidencia. ¿Qué evidencia puede
haber si no vas a un entierro?
¿Quién ha muerto en esta
eterna primavera? ¿Quién puede morir en este lugar de cielos y
volcanes qué se reflejan siempre en los maizales verdes? ¿Quién
soy yo para sentir, ahora, después de la década perdida este
infame dolor que me destroza el pecho? Soy la superviviente. La
que cerró los ojos y se llenó las orejas con cera. La que
pasó junto a las rocas sin escuchar las voces. Ciega por propia
voluntad para evitar la visión de los buitres limpiándose los
picos en los huesos.
El más hermoso mito inventado por el hombre
El más hermoso mito inventado por el
hombre más hermoso que Dios o el hermoso ideal del
socialismo y el dinero que acumulan los ricos. Más hermoso que
el odio, la invención más hermosa. El amor.
Emerjo…
Emerjo De las profundidades Huelo a sangre y a sal Soy el
océano que se mueve crujiendo
arrastrando
deseos
temores
visiones entre los dedos
Soy un pantano humeante lleno de
sensuales animales viscosos Soy el calor el agua el
trueno
esta jungla prehistórica este bosque tropical
Me hundo en
lo desconocido No sé A Dónde Regreso Al resurgir sólo
experimento La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje
En aquel tiempo la soledad era un cilicio
En aquel tiempo la soledad era un
cilicio prendido constantemente a mi cuerpo. Ahora es la
estancia perfecta mi refugio cuando salgo/finalmente/de ti.
La luna,
siempre
Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo rasga
mi piel con su delgada luz Cae sobre mi pelo con la levedad de
una sirena que no se hubiera dado cuenta que no posee
piernas Solivianta mi sangre me enciende de locura me regala
una piel fosforescente y me convierte aceite hirviendo en
fauna (cascos y cuernos y cabello desbocado bajo el lúbrico
soplo de lo oscuro)
La
superviviente
Me habita un cementerio me he ido haciendo
vieja aquí al lado de mis muertos. no necesito amigos me
da miedo querer porque he querido a muchos y a todos los perdí en
la guerra.
Me basta con mi pena. Ella me ayuda a vivir
estos amaneceres blancos estas noches desiertas esta cuenta
incesante de las pérdidas.
Lunas que caían a pedazos...
Lunas que caían a
pedazos descolgadas del cielo lunas nuevas no vistas
nunca Lunas llenas a ratos me inundaron la garganta de
llanto
Lunas Siempre fueron lunas
A dónde ha ido
todo? Qué viento de cuarenta años borró tu carne de mi
carne?
Ariosto envió a Orlando
el Furioso a buscar su sanidad mental a ese lugar lechoso donde
uno encuentra todo lo que se pierde en la tierra/
A
dónde iré a buscar yo el calor de las noches la lluvia
tibia las cenas de sopa de fideos? Nos comimos la luna a
pedazos Casi duró cuatro años
De "El Fin de los Mitos y
los Sueños"
Mujer
que duerme
La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo y
abraza al perro antes de abrirse al sueño. Luna sobre la
piel piel de sirena Sueños desportillados amaneceres
blancos Se estira, lee lo que escriben sus amigos los ama
tanto los ama a todos El penacho del volcán le avisa que
hay viento norte A los cincuenta y tantos, dueña de una
ventana de diez metros de largo su vientre está dormido Las
sábanas son frescas La ciudad gime La mujer sueña
Poemas de la izquierda erótica:
1. Domingo 12 de septiembre, 1937
Domingo 12 de
septiembre, 1937 a las dos de la mañana: nací. De ahí mis
hábitos nocturnos y el amor a los fines de semana. Me
clasificaron: nena? rosadito. Boté el rosa hace mucho tiempo y
escogí el color que más me gusta, que son todos. Me acompañan
tres hijas y dos perros: lo que me queda de dos
matrimonios. Estudié porque no había remedio afortunadamente
lo he olvidado casi todo.
Tengo hígado, estómago, dos
ovarios, una matriz, corazón y cerebro, más accesorios Todo
funciona en orden, por lo tanto, río, grito, insulto, lloro y
hago el amor.
Y después lo cuento.
2. Estamos hechos
de recuerdos
Estamos hechos de recuerdos de un pelo
rubio de un pecho
de cuatro
cigarrillos
moribundos. De rítmicos movimientos.
El ron se hunde,
ruidoso, en la garganta -10,000 células muertas- y el deseo
ametralla en los dedos.
3. Asumamos la actitud de
vírgenes
Asumamos la actitud de vírgenes.
Así
nos quieren ellos.
Forniquemos mentalmente, suave, muy
suave, con la piel de algún fantasma.
Sonriamos
femeninas
inocentes.
Y a la noche clavemos el puñal y brinquemos al
jardín abandonemos esto que apesta a muerte.
4.
Lavémonos el pelo
Lavémonos el pelo y desnudemos el
cuerpo.
Yo tengo y tú también
hermana
dos pechos y dos piernas y una vulva.
No somos
criaturas que subsisten con suspiros.
Ya no sonriamos
ya no más falsas vírgenes
Ni mártires que esperan en la
cama
el salivazo ocasional del macho.
5. Como ya
recorriste la vía más ancha
Como ya recorriste la vía más
ancha no tienes interés en sus peces, ni en sus
pechos.
Pegado a tu pedestal
porque tú
también
tienes uno de esos mueve los hilos de tu trama
y te
olvidas que hasta ayer te empujaba el sentimiento
6.
Limpiaste la esperma
Limpiaste la esperma y te metiste a la
ducha.
Diste el manotazo al testimonio
pero no al recuerdo.
Ahora
yo aquí, frustrada,
sin permiso para estarlo
debo esperar y encender el fuego y limpiar los muebles y
llenar de mantequilla el pan.
Tú comprarás con sucios
billetes
tu capricho
pasajero
A mí me harta un poco todo esto en que dejo de
ser humana y me transformo en trasto viejo.
Poeta
El
viejo rito me posee Varias noches sin sueño después baja el
río de sangre me ahogo en ella y renazco nueva como
moneda redonda como un sueño perfecta en mi dolor recordando
sólo lo suficiente del pasado para construir la telaraña con
la que cubro mi cama de soltera
Sueños
de luna
Te soñaba huyendo de mi lado yo lloraba como tonta
sobre los cristales rotos y encendía las luces para que se
advirtieran
las vírgenes
los adornos de plata la
curva que la pared dibuja al internarse en el
terreno
denso inexplicable
que es el sueño Ese
de anoche en el que tú brincabas desnudo mostrando la piel más
oscura de tu sexo y los dientes filudos de animal en celo
Quise encontrar la palabra que definiera el momento que
sucede a tu cuerpo, a tu voz, a tu presencia, a tu géiser. La palabra que incluyera cierta
devastación porosa de los sentidos, como un derrumbe silencioso e íntimo que
trepa la vena y se instala en cada órgano, con su frío, como pequeños yunques
taquicárdicos y furiosos que dibujan las llagas y los temblores. Nuestro después, ese que contiene un vacío que es más que un vacío. Que hable de cómo se me queda la habitación en harapos. Que albergue un galope desolado, un mar y su vastedad pero con todo el
significado de su profundidad y negrura. Cuando las olas del oxígeno hinchan y deshinchan
pechos. Cuando parece que basta cerrar los ojos. Pero no existe. Esa palabra no
existe. Y la necesito.
En japonés Komorebi define la luz que se filtra a través de
las hojas de los árboles. Mångata en sueco es la carretera de luz que dibuja la
luna sobre el mar. Y Waldeinsamkeit en alemán es la sensación de soledad que se
tiene en mitad de un bosque sintiéndose en contacto con la naturaleza.
Cuando no existe el bálsamo de la palabra hay que buscarla y quien la necesita la encuentra. Necesidad
de acotar ese sentimiento en una estructura gramatical, sonora y repetible.
Poder abandonarla sobre la hoja, manosearla, escribirla cien veces y llegar a odiarla,
pervertirla. Como una doma del instante que mezcla dolor y plenitud. Palabra que sea el barco guía, el práctico que entra al buque en el
puerto, y lo deja quieto, a salvo. Que deje quieto y a salvo el dolor. Apagar el zumbido y no cargar con el
equipaje del momento. Como meter en el cuadro el paisaje que sostiene la duda.
Entender el cuerpo que se enciende y se apaga, cual faro de carne que ruge
entre las vértebras. Ser incivilizada contigo es disfrutar el alarido, ungida
de un léxico de fuego, sólo trazando mareas y gritos. Pero debo huir del
momento innombrable. Después de entrelazar cuerpos, lenguas, miradas, con esa
geometría de los pulsos, sacarme de ella con una palabra, una sola. Callar
belleza con lenguaje. Deshacer los nudos. Una palabra, una sola, cinco, seis, ocho letras. Lo que
sea, pero atar ese cuarto de hora que te sucede en el que no hay anclajes, en
el que el suelo desaparece. Achicar el universo para encontrarme, forjar rumbos
de codeína. Traducir mi violencia en ti y por fin entenderme.
Una mujer se dispone a desalojar un pensamiento
carnoso, prenderlo en la planicie de la hoja blanca, virginal que la pretende. Melena
castaña de puntas abiertas, los ojos verdes, ojeras en el alma que nunca nunca le
duerme.
La trastienda de ella. Envuelta en libros. Bunker
de papel. Un calendario que aún reza Abril. Descalza. Siente el ventisquero de
impulsos/palabras trepando la arteria a pelo. Se detiene en la estructura
piramidal del pasado y en su contenido, soñarse cada vez más ligero pero
cargando el alud. Intenta la palabra. Una botella vacía de verdejo El perro
verde aguarda en el salón desde anoche. Le encanta su sabor, le encanta la
etiqueta. Y la descripción: embotellado para uvas felices.
Piensa en esta promiscua sensación de amar cada
poema, mientras nace, mientras crece, untarlo de armonía y abandonarlo hasta el
olvido envuelto en una placenta desconocida. Un té verde humeante, en una taza
de Forges con su típica mujer que nunca fue felliniana gruñendo un chiste. Bajo
él un posavasos de Moritz que vino en algún viaje. Una casa de cien años en la que
han nacido y muerto muchos. Una perra amada de hocico frío tirada en el salón
cual alfombra de fiera inerte. El poema quería ser el desahogo del leviatán de
tu ausencia. Matar al monstruo. Volcarlo en Century gothic de tamaño 10, por no
poder morar tu periferia. Un cenicero de cinzano que ya no alberga colillas,
como un cuerpo que ya no está hecho para arder. La llamada de una madre que
interrumpe el instante, arranca una carcajada y un compromiso para mañana. Su
foto en una playa del Este de Inglaterra pegada a la torre del ordenador con un
imán de Banksy. Un tarro de cristal con una libélula a tinta. El jolgorio de
las golondrinas en la terraza. Arrancar el verbo/espina que vive incrustado en
mi clavícula esperando tu boca. El aroma de una vela que arde en el suelo
dibujando un halo de luz en la baldosa rojiza. La guía del digital que suena en el salón como
hilo musical y justo ahora, esa maldita versión de creep que fecunda su cerebro
desde hace tres días. Que estalle el
lenguaje aguacero y no ser la misma al levantarme. Las muñecas apoyadas sobre
el frío cristal de la mesa. Pantalla lienzo que desmaquille de inutilidad el
día. Como una balsa en la tormenta, resurrección tras el atropello. Una ventana pequeña que
arranca un pedazo de cielo y la copa de un almendro. Libros, ropa apilada en un
sofá-cama, zapatos de tacón, amoroso desorden que alberga secreto. Catapulta
para las obsesiones. Tripular la espuma
de ocho mil mares. Indagar nuestra desnudez y bendecir los vértices, las
brújulas y las derivas. Y entonces abandonar, salir de la habitación, cenar
algo, volver a tener frío.
Tantas
paredes entre tú y yo. La añoranza, exhausta, no llega hasta ti. No
ve cómo se te va haciendo vida, en lugares y en momentos que son
verdad intensa, no deshechos como su desesperación. Perro pródigo
de confusión brutal, se lanza a revolcarse por el polvo de un verano
sin remedio.
*
Fe
La
tienes en tus brazos. Duermes, y la sueñas, y sabes que es un
sueño todo lo que ves de ella. Y el corazón se te
arranca, tiembla de fe. Solamente una cosa que le
propones te da prenda de que te querrá despierto. Conoce
que es un sueño lo que le dices de ella, pero que por
debajo del sueño, es ella la que tienes en tus brazos.