malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Tren expreso (1912) - Gottfried Benn
Pardo como el coñac. Pardo como el follaje. Rojizo. Amarillo malayo.
El tren express Berlín-Trelleborg y los balnearios del Mar Báltico.
Carne que se desnuda.
Bronceada por el mar hasta en la boca.
Madura, inclinada hacia la felicidad griega.
En la nostalgia de la media luna, qué lejos está el verano
Ya es el penúltimo día del mes noveno.
Anhelamos el rastrojo y la últimas almendras.
Despliegues, la sangre, las fatigas,
la cercanía de las dalias nos aturde.
El moreno masculino se lanza sobre la piel bronceada femenina:
una mujer es algo para una noche
y si fue hermosa, ¡también para la próxima!
Oh! Y después, otra vez este estar-otra vez-consigo-mismo
Estos silencios. Este dejarse-llevar.
Una mujer es algo con aroma.
Inexplicable. ¡También muere! Reseda.
Allí está el sur, el pastor y el mar.
Sobre cada declive se recarga una dicha.
La piel trigueña femenina se tambalea hacia el cuerpo bronceado
[del hombre:
Detenme. Escúchame, me caigo.
Tengo la nuca muy cansada.
Oh, esta febril, dulce, última
fragancia de los jardines.
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mis desastres(imagen)
lunes, 7 de noviembre de 2011
Habitaciones (Poema del tiempo que no pasa) - Louis Aragon
Vi durante la guerra a un marinero que se había
Dado como cuaderno su cuerpo entero pinchado
Con agujas azules
Cubierto estaba de mujeres y serpientes y bosques
Pero no se desnudaba ante cualquiera
Jamás le pasó por la cabeza pedir a aquellos
Que lo leían dinero por ver
No soy yo muy diferente de ese hombre
Menos bello eso es todo No doy
Más espectáculo que el de mi alma
Estoy sentado en un escalón de mí mismo
Escribo un discurso jamás pronunciado
Pero mi mano tacha inmediatamente la frase comenzada
Lo que quiero decir no es más de las palabras que un suspiro
Que un signo de mí mismo un nombre de
Otro mundo un trazo mediante el cual me traiciono
Una curva sin ley rápida en cortarse y
Recortarse tacho
Lo que escribo mi muñeca anula los vocablos
Con su látigo de tinta pura azul
Tacho lo que escribo anonado rayo
El decir como un dorso
Queda
La línea retorciéndose en su lecho de sílabas
Y yo te reconozco en este desorden de mi mano
Todas las tachaduras de cuanto escribo son mujeres tendidas
A semenjanza tuya
Hay en el canto intentado esa sombra de ti
Siempre o esa ausencia
Esas mujeres a las que un solo trazo dibuja boca arriba
Como si hubiera rechazado los viejos ropajes de la lengua
Y tú me hubieras sido devuelta más allá de las ideas
De repente desnuda
O la sábana lentamente retirada de una memoria
Sobre ti sola oh gran desorden de mi vida
La sábana gigante de la palabra bruscamente apartada de ti para de pronto
Volver a abrir los ojos sobre ti tal en el fondo de la vista
Cerrados que sigas siendo
Una piedra de escándalo en el corazón de los siglos grabada en el fondo de una tumba
Volver a ver no soñar
La inscripción temblorosa en tu labio
El discurso infinito con que tus brazos me envuelven
El largo ceremonial oblicuo de amar
Escribo tu cuerpo escribo tu alma
Sin el intermedio de las palabras
Mi amor desanudado mi tempestad de llamas
Sobre el lecho de mí mismo en que tú no estás
Aún
Escribo tus manos tus brazos tus ojos tu boca
De un solo trazo que recorre demente tus misterios
De un solo trazo que se retuerce que se muerde que se arrastra y protesta
De un solo trazo convulso que te abraza en cien gestos
Una vez más una vez más
Escribo tú como un batir de alas sobre los techos
De pronto puebla el cielo el gran signo de cruz
De las cigüeñas
Interior - Philippe Jaccottet
Hace mucho tiempo que intento vivir aquí,
en esta habitación que aparentemente amo,
con la mesa, los objetos indiferentes, la ventana
que se abre al final de cada noche a otro ramaje,
el corazón del mirlo late en la hiedra sombría,
el resplandor consume en todas partes la antigua oscuridad.
Yo también acepto creer que todo es aquí dulce,
que estoy en mi casa, que el día será hermoso.
Pero justo al pie de la cama está esa araña
(a causa del jardín) que no he pisoteado
bastante, y se diría que aún fabrica
la trampa que espera a mi frágil fantasma.
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Neil Krug,
Philippe Jaccottet
Por la mañana, pensando en el imperio - Raymond Carver
Apretamos los labios contra el borde esmaltado de las tazas
e intuimos que esta grasa que flota
en el café logrará que el corazón se nos pare cualquier día.
Ojos y dedos se dejan caer sobre los cubiertos de plata
que no son de plata. Al otro lado de la ventana, las olas
golpean contra las paredes desconchadas de la vieja ciudad.
Tus manos se alzan del áspero mantel
como si fueran a hacer una profecía. Tus labios se estremecen...
Te diría que al diablo con el futuro.
Nuestro futuro yace en lo más profundo de la tarde.
Es una calle angosta por la que pasa un carro con su carretero,
el carretero nos mira y vacila,
luego menea la cabeza. Mientras tanto,
rompo indiferente el espléndido huevo de una gallina de raza Leghorn.
Tus ojos se nublan. Te vuelves para mirar el mar
tras la hilera de tejados. Ni las moscas se mueven.
Rompo el otro huevo.
Seguramente nos hemos empequeñecido juntos.
Pedro Casariego Córdoba
"Los que escribimos poesía solemos ser bastante blandengues. Un buen poema quizá sea el lado valiente de un cobarde. O la bala de un sentimental. O la belleza de un imbécil. El trabajo de un escritor consiste en boxear con el abecedario para conseguir un amor, o más de uno, un cheque tan mágico como una alfombra, y un gramo de gloria que sirva para no oler a sudor."
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Pedro Casariego Córdoba
sábado, 5 de noviembre de 2011
CASABLANCA - Ángeles Mora
Entre todos los bares del mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.
Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.
Manías de la ausencia y tu nostalgia.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busco sólo
un poco más de sueño y tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...
Pero ahora llega el tren
como un viejo caballo del National
qué diestro en los obstáculos,
qué sucia su taberna,
qué mediodía oscuro al despedirte.
Te veo tan delgado
con tus causas perdidas,
tus canas en las llamas de la copa,
mi amargo luchador,
sonriendo lentamente, como si te murieras.
Como al decirme adiós.
La crisis - Charles Bukowski
Demasiado, demasiado poco, demasiado gordo, demasiado flaco, o nadie. Risas o lágrimas. Odios, amantes. Extraños con caras como cabezas de clavos. Brazos corriendo a través de calles de sangre, agitando botellas de vino, ensartando y culeando vírgenes. Un viejo en una habitación barata, con una foto de Marilyn Monroe. Hay una soledad tan grande en este mundo que puedes verla en el lento movimiento de las agujas del reloj. Gente tan cansada, mutilada, sea por amor o por no amor. La gente no es buena con los demás, los ricos no son buenos con los ricos, los pobres no son buenos con los pobres. Tenemos miedo. Nuestro sistema educacional nos dice que todos podemos tener grandes culos ganadores. No nos dijo sobre las alcantarillas o los suicidas. O el terror de una persona sufriendo en un lugar, sola, sin que la toquen, ni le hablen, regando una planta. La gente no es buena con los demás. Supongo que nunca lo serán. No les pido que lo sean, pero a veces pienso en eso. Los glóbulos fluirán, las nubes nublarán y el asesino decapitará al niño, como tomando un poco de un cono de helado. Demasiado, demasiado poco, demasiado gordo, demasiado flaco, o nadie. Más odios que amantes. La gente no es buena con los demás. Quizá si lo fueran, nuestras muertes no serían tan tristes. Mientras tanto, miro a las chicas, frescos retoños, flores de oportunidad. Debe haber una manera. Seguramente debe haber una manera que aún no hemos encontrado. ¿Quién puso este cerebro dentro mío? Llora, demanda, dice que hay una oportunidad. Él no dirá: "No".
viernes, 4 de noviembre de 2011
Una nube de colores - Mahmud Darwish
Lavo los platos, me lleno de un vacío estimulante y lleno el tiempo con las pompas de jabón. Al agua del grifo le falta un instrumento musical. La acompaño silbando entrecortado, con retazos de una melodía ramplona. Jugueteo con la espuma, parecida a una nube en la que brillan y se extinguen los colores de la estación. Cojo la nube y la extiendo sobre los platos, los vasos, las tazas, las cucharas y los cuchillos. La nube se infla con las gotas que caen. La cojo y la echo a volar y me sonríe: me lleno aún más de mi vacío. No pienso en nada, como si yo mismo fuera un mediodía despreocupado. Pero desde algún lugar lejano aterrizan en la pila imágenes de recuerdos neutros, recuerdos que ni me alegran ni me apenan, como el de un paseo por un pinar o el de la espera de un autobús bajo la lluvia. Los lavo con el cuidado del que coge una vasija de cristal literario, y cuando me aseguro de que no se han roto, los devuelvo sanos y salvos a su lugar de origen en el pinar, y yo me quedo aquí. Jugueteo con la espuma, me desentiendo de cuanto no es presente. Miro satisfecho mi mente limpia como una copa, mi corazón libre de manchas como un plato primorosamente lavado. Y cuando siento que por fin me he llenado del vacío, lleno el vacío con palabras que no incumben a nadie sino a mí: estas palabras.
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jueves, 3 de noviembre de 2011
Análisis tardío - Pier Paolo Pasolini
Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.
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martes, 1 de noviembre de 2011
Una evocación - Eduardo Haro Ibars
¿Pero es que alguna vez nos hemos visto?
Llovían rombos creo sobre el monte más viejo
se escuchaban los gritos y los cantos
de los coches más rojos y las tardes más leves
Cuando en cegueras delicadas frías
(pavos de un agua triste o de un cadáver tenso)
creímos encontrarnos en los rabos del tiempo
Yo me inventaba un árbol donde ahorcarme
tú convertías el silencio en salmos
arquitectura helada de pasillos secretos
Y las palabras eran luces blancas
invención de fantasmas y vestigios
¿Pero es que alguna vez hemos estado
juntos en un desierto o en un cuento
en un bar luminoso y sin espectros?
Ahora ya no lo creo
pienso haber caminado como un zombi
por la empinada calle de las copas
(Como ya estamos muertos
los escaparates del espacio
las farolas que suaves aterrizan
no son más que recuerdos de este mundo
al que llamamos nuestro)
¿Pero es que alguna vez nos conocimos?
Las brujas intentaban alaridos/diamantes
para poner sus puntos y sus comas
en nuestro raro diálogo de muertos
Nada que hacer El polvo con el polvo
iba por avenidas de algodón
supongo que hoy reniegas del fantasma
que he sido siempre para ti –yo guardo
en un rincón sin sueños fotografías heladas
relámpagos de fresa en los espacios fríos
Y es que este sol ya no tiene sentido.
¿Pero es que alguna vez nos hemos visto?
Llovían rombos creo sobre el monte más viejo
se escuchaban los gritos y los cantos
de los coches más rojos y las tardes más leves
Cuando en cegueras delicadas frías
(pavos de un agua triste o de un cadáver tenso)
creímos encontrarnos en los rabos del tiempo
Yo me inventaba un árbol donde ahorcarme
tú convertías el silencio en salmos
arquitectura helada de pasillos secretos
Y las palabras eran luces blancas
invención de fantasmas y vestigios
¿Pero es que alguna vez hemos estado
juntos en un desierto o en un cuento
en un bar luminoso y sin espectros?
Ahora ya no lo creo
pienso haber caminado como un zombi
por la empinada calle de las copas
(Como ya estamos muertos
los escaparates del espacio
las farolas que suaves aterrizan
no son más que recuerdos de este mundo
al que llamamos nuestro)
¿Pero es que alguna vez nos conocimos?
Las brujas intentaban alaridos/diamantes
para poner sus puntos y sus comas
en nuestro raro diálogo de muertos
Nada que hacer El polvo con el polvo
iba por avenidas de algodón
supongo que hoy reniegas del fantasma
que he sido siempre para ti –yo guardo
en un rincón sin sueños fotografías heladas
relámpagos de fresa en los espacios fríos
Y es que este sol ya no tiene sentido.
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Eduardo Haro Ibars,
Julia Solis (fotógrafa)
La Folie Baudelaire - Roberto Calasso
Pido a todo hombre que piensa me muestre
lo que subsiste de la vida.
BAUDELAIRE
Baudelaire le proponía a su madre Caroline encuentros clandestinos en el Louvre: "No hay otro lugar en París donde se pueda conversar mejor; hay calefacción, se puede esperar sin aburrirse y por otra parte es el lugar de encuentro más decente para una mujer." El miedo al frío, el terror del aburrimiento, la madre tratada como una amante, la clandestinidad y la decencia sumados en el lugar del arte: sólo Baudelaire podía combinar estos elementos casi sin darse cuenta, con completa naturalidad. Era una invitación irresistible, que se hace extensiva a quienquiera que la lea. Se puede responder a esa invitación vagando por Baudelaire como por uno de los Salons sobre los que escribió -o incluso como por una Exposición Universal-. Encontrando de todo, lo memorable y lo efímero, lo sublime o la baratija; y pasando continuamente de una sala a otra. Pero si entonces el fluido aglutinante era el aire impuro de su tiempo, ahora lo será una nube opiácea, en la que esconderse y recuperar fuerzas antes de volver al aire libre, en las vastas superficies, letales y pululantes, del siglo XXI.
(inicio de la novela La Folie Baudelaire)
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