malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

viernes, 24 de enero de 2020

Poemas de Frank Abel Dopico











Apuntes de Gulliver


A Miguel Barnet y a Pedro de la Hoz.

Crecieron los enanos que huían de las flores.
Creció un arbusto seco tan alto que sostuvo el peso de los cielos.
Creció Yudith aunque sigue escuchando a las hormigas.
Creció el perro blanco a pesar de las piedras y los palos.
Creció el brazo derecho a pesar del brazo izquierdo y a pesar de los escalofríos y las playas.
Creció la tormenta. Sin lluvia.
Crecieron los mapas y los diccionarios a pesar de las barricadas del reloj.
Creció el príncipe pero no tiene el reinado prometido.
Creció la puesta del sol. Con algunos errores, eso sí.
Crecieron las muchachas de mi barrio, una a una, seno y aire.
Los muchachos también, de pronto, frente a la antigua bodega y con permiso de los padres.
Creció mi primer amor y mi segundo amor, el tercero y así hasta el infinito.
Fulano se hizo grande, no recuerdo su nombre, pero un día me golpeó sobre los ojos.
Creció mi país y salió de viaje por el mundo, como en las aventuras.
Creció el cuchillo del hombre que vendía atardeceres.
Creció la añoranza y ya no le sirven los vestidos.
A José, el mudo, no le hizo falta crecer porque cambió el crecer por su jardín de rosas.
Alguien, lejanamente, hace crecer sus sueños pintándole los labios.
Crecieron los piratas, ahora el mar les parece más pequeño, los tesoros abundan.
Creció la primavera, alta, pensante, con las uñas postizas.
Únicamente los juguetes conservan su estatura.



Frank Abel Dopico (Santa Clara, 1964-2016)































«Aquí desfalleció el corazón de un cautivo" 

"Es nuestra piel, su breve dinastía
cruza por la noche. En la piel del oído
estamos juntos por el viento,
en los altos balcones estamos juntos,
yo recordando las uvas de tu pelo
y el recuerdo devorando las uvas de tu pelo.
Las noches en que hablamos cosas sin sentido
y apagamos lámparas y nunca juntos fuimos contra un árbol
ni contra una pared ni contra el cielo,
a ninguno nos temblaba la piel
ni recogimos caracoles en los ojos del otro.
Jamás vino la palabra, la palabra puma, tigre, rosa de los vientos,
la palabra mordisco, cascabel, sexo, naranja,
jamás nació un violín en el oído ajeno.
Tú quedabas en tu pulpa, en la sustancia verde de los amaneceres,
el corazón como un otoño limpio oía caer las hojas de otro otoño,
y quedabas trémula, luego perdías el color, el olor, el nombre,
te quedabas en la hoja incolora
que los barredores del otoño acumulan en ciertas almas grises.
Yo te oía gotear en el silencio, caminarte a ti misma
con un fósforo encendido,
entrar en los pueblos callados donde la neblina gobierna a las palomas
y los hombres son aprendices de los hombres,
trapecistas de un mundo que se inicia.
Yo escuché a tu reloj decir que era tu piel,
allá lejos, donde la espuma del invierno se muere sobre el muro
y los ciervos del tiempo beben espuma muerta para fecundar el hambre de las ciervas.
Yo escuché a la luz decir que era tu vientre,
me saltaba la luz entre las manos,
la luz aullaba y era entonces que la luna salía de la Tierra
como una semilla lanzada a qué Universo;
yo te sabía nerviosa, te sabía Margarita Gautier
y rompía las páginas del libro
para después hacerlo con tiros de memoria
con la luz que da en el charco una ventana abierta,
un vientre luminoso reflejándose a lo largo de los ríos
y la palabra puma, tigre, rosa de los vientos,
la palabra mordisco, cascabel, sexo, naranja,
la palabra perdiéndose en un extraño oído

a la deriva de lo que somos y olvidamos..."



jueves, 23 de enero de 2020

El momento más grave - Damaris Calderón



La Habana es la ciudad del hambre,
la ciudad de los apetitos.
Voy a nacer en La Habana.
Voy a nadar cinco generaciones,
para llegar al vientre de mi madre, que sabe a sal.
La Habana es sol, es salobre, es salmuera.
Voy a llegar al Prado, para inmortalizarme con mi hermana,
en esa foto sepia, de cámara de cajón.
Voy a perder los pies caminando las calles de La Habana.
Me voy a arrastrar como el mutilado del parque de los héroes,
sin ninguna heroicidad.
Voy a ser joven y lustrosa como una moneda.
La Habana es la ciudad del churre,
del ron, de las columnas.
En La Habana me sacan los ojos y me los vuelvo a poner.
En La Habana me crucifico con vítores,
vuelvo a cargar los cubos de agua,
a bañarme en una palangana con sangre del cuarto de los gallos.
Cuando esté en París, voy a soñar con La Habana.
Cuando me muera,
voy a soñar con La Habana.
Cuando sea inmortal
y me agiten como un trapo tendido al sol.


domingo, 19 de enero de 2020

Cuba y poemas de Frank Abel Dopico


EL DIARIO QUE NO SE ESCRIBE

Estoy vivo de aquellas cosas que perdí, pero no ileso.
Mientras comía pan con azúcar, enfermo, simultáneo,
mirando llover,
se posó en mi mano la cicatriz de un pájaro
y después de mis ojos pasó Ofelia desnuda, muy desnuda,
y supe que yo era un fósil,
un asqueroso fósil
floreciendo ante la cruel insistencia de la lluvia; enfermo,
muy enfermo de hembras que pasaban: extraviado, insolente,
casi autista, dirían.
Cada noche afilaba mi sombra para un día cortar
esa parte del mundo que alguien me negaba.
Mentí hasta convencer a mi otra mitad que debía huir conmigo,
amarga y amorosa.
Me convertí en el ruido del patio y en las puertas abriéndose.
Mudé pronto los huesos para tener una camisa
llena de bosques y caballos…
Con tal de que fuera visto desde el cielo
o desde cualquiera de esas hembras que pasaban
con culos gongorinos, indiferentes a mis bosques,
indiferentes a la profecía del almendro
cuando encontré en sus raíces, muertas, mis canicas.
La adolescencia es un país obligatorio. Sin mapas. Sin linternas.


GANAS DE LLOVER

Uno se pone feliz y una camisa hablada y se va por ahí a que tiemble
la noche.
La noche es quién.
Las luces de la ciudad esconden más que la oscuridad a un perro triste.
Uno va a que lo palpen las estrellas,
a que la luna busque en el bolsillo la moneda que falta.
Está feliz y en las terrazas el murmullo nos hace andar como un murmullo.
Do si la sol. Fa mi re do. Es hermoso andar y nunca detenerse
aunque la ciudad se haga lejana.
La noche es quién. El camino el extravío.
Uno no va a detenerse. Algún día estará el mar
y caminaremos sobre el mar. Habrá otra tierra. Vendrán otras montañas.
Otros pastores descubrirán su muerte en una tumba brusca.
Uno ya se puso feliz y cuando se acaben los océanos y la tierra
irá más allá. Detenerse puede ser un error.
Afuera habrá tanto extravío como los pasos quieran.




(Del cuaderno inconcluso «Dinosaurios en flor»)

LAS MANOS

Yo tenía unas manos de puta casi feliz.
Unas manos tremendas de macho delicado.
Buenas para el tacto de los pechos recientes.
Con ellas me aferré a la ventisca
y sobreviví a una lágrima lenta, acusatoria.
Esas eran mis manos
antes de que el tiempo pasara un día,
en un descuido, sobre ellas.
No hay migas de pan ni piedras
que me puedan hacer regresar a aquellas manos.
Lo digo sin tristeza.
Hoy las he mirado
como si pesara en ellas el cráneo de alguna cosa olvidada.
Buenas manos mías. Quién sabe
adónde fueron las otras manos que apretó
como el niño que limpia las gafas vacías del abuelo.
Quién sabe qué será de aquellas manos mías
tan buenas y dóciles y amargas.
Alguien me ha dado estas,
un poco menos limpias.
Pero me tienen que servir en la poca traición que ya me queda
y para decir adiós y dar los buenos días.





(De El correo de la noche, 1989)

TANGO A FAVOR DE LAS PUTAS

En resumen, tú eres el inicio
y las palabras llegaron después, en un poema arrancado a la niebla.
Sentir o estar, eso fue todo y fue el semen como la luz, piadoso.
Los golpes en los pechos, la respiración enemiga de los pechos,
el ojo burlón de las iglesias.
Estábamos en un sitio adonde el viento se había llevado volando
mi cabeza
y el mismo viento se había llevado volando una de tus manos.
Eran las nueve de la noche y de pronto ya eran las seis de la mañana.
En un abrir y cerrar de ojos cambiamos tú y yo y el aceite de la noche
y los espantapájaros que fuimos, poco a poco, saliendo del sembrado,
espantando las aves que no llegaron nunca.
Tú y yo dos palos quienes perdieron la mano y la cabeza,
palmo a palmo moviendo la mano y la cabeza, con quince centavos
en el bolsillo izquierdo,
con una habitación en la mano y otra en la cabeza,
tirados como hierbas cortadas, confundiendo uno en el otro
a miles de personas,
como rostros sucesivos, como piedras de íntima explosión.
Érase un escándalo público a las dos de la mañana
y el público eras tú o yo según tocara, según tú encima tenías
veinte años o seis meses
o no habías nacido y érase que entonces brotabas de mis piernas,
yo, hombre paridor, me tragaba tus huesos de ciruela
y también retrocedía por los años, oh, puta de estilo,
qué bien eras mi madre pariéndome en espejos, qué bien eras mi doble
entre la hierba,
cómo nacimos tanto de tanta muerte cursi.
Éramos solamente un par de espantapájaros
que parecíamos personas miradas desde el cielo,
un par de cielos truncos remendando su velamen, un par de cocodrilos…
Entonces nos pasó el pito de los trenes por encima,
el alba ponía su huevo lentísimo en los parques,
quedamos libres, exprimidos de ambos, pegados como campanas
adentro de campanas,
con un sonido que eras tú en busca de tu mano
y yo en busca de los pies de mi cabeza.
Habíamos muerto los dos. Habíamos cumplido un deber ciudadano.
Nos enterramos entre la gente para volver a ser una mano y una cabeza
más entre la gente.
Ahora, de verdad, pienso que no eras una puta.
Creo en la inocencia de encontrarse apenas una vez,
que bastan una noche y una vez para saber cuánto estamos solos
en un pozo,
acostumbrados a comernos el hueso de la noche.
Y no puedo dejar de recordarte
siempre que el viento se lleva volando mi cabeza.
Acaso yo te he visto o tú me has visto
pero sabemos que hicimos un pacto de morir.
No hay un nombre siquiera, ni un centavo de nombre.
Pero horribles aquellos que no dejan que el viento les lleve volando
la mano o la cabeza.

viernes, 3 de enero de 2020

tríptico de la emoción

era un río oscuro,
lleno de ramas,
 que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.
Lorca


I

El poema brutal eres tú cuando me miras, cuando te miro.
Cuando todas las noches, abrillantar la coraza, es un acto de osadía.
Ciego y necesario.
Marcando a la desidia para que no cruce la frontera invisible de las ganas.
Con inercia, la atlética manía de hundir los dedos en el dolor, en el tuyo, en el mío, y medirlos.
O en el placer, en el tuyo, en el mío, y medirlos.
Y sabernos tan vivos, como vapuleados, como irremediables, caninos, inauditos.


II

En posición fetal, dibujar el ovillo, arrullando hasta el atropello a uno mismo, abrazo invisible a la propia carne. Renombrar la cicatriz por si el olvido. Ser heroína. Inaugurar la ficción de los cuerpos que ahora están desprendidos. Amputación de la luz fría. Amor en el callejón, cuando nadie nos mira. Y aprender a libar de nuestros vesubios, aprender del néctar de las horas muertas para que arañando hagamos grieta, y ahí, nuestras miserias, como un secreto, como una tierra. Dioses y alacranes que se toman en ayunas, carnívoros, entre las piernas. Palpar nuestros puntos de apoyo en los pulsos, en las bocas. Llenos de palabras para huir del podio al que suban los vencidos.


III


Yo sé que estoy feliz en el adentro. En el adentro de ti. Pero trato de encontrar otras palabras que no estén llenas de helio. Dibujo un mapa en las costuras. El buque hundido del ahora. No sacar las piedras que brillan en la orilla, no volverlas mate, ni cien mil leds pueden mantener su verdad fuera de nosotros. Hago mantra, oxígeno y delirio. Yo en tus brazos soy una supernova. Sailor y Lula, huyendo, mojando la ropa, comprando discos, pirateando la rutina y el presente. Seres cristalinos. Carnales y abstractos. Desaparecernos el uno en el otro. Acaso me sobra la rabia del no sanar vacíos, de no sanar mis vicios. Escritura voluptuosa que inunde tus ojos.  Alboroto. Ser yo y mi verbo, siempre el mismo. Lugar común. Este es mi pelo. Mi olor, mi piel, mi madriguera. Semilla obsesiva. Poesía que salpique. El poro, la densidad de la garra. Toda la ternura y toda la destrucción humana. Un río oscuro, lleno de ramas. Tú, droga y misterio, muy en mí. Tú, apretando la entraña. Tú, corazón arpón, fuego del tiempo, arma, beso, promesa. Yo y el querer ser contigo. Un río oscuro, lleno de ramas.




*Gracias Lucy Marti 
por el pulso y el poema que albergan tus ojos.
https://www.flickr.com/photos/lucianamarti/


jueves, 2 de enero de 2020

Coito pautado - Mario Santiago Papasquiaro


Caldera de diablos eléctricos / mi piel a la caza de tus hornos
Entrada la noche en mis latidos
la fiebre levanta pirámides de agujas capaces de aparecer
montañas en mi oleaje
Tu cuerpo es mi solazo : mi sótano negro / mi Rosa Mayor
& mi pandero
la perrera de éter & cadencias que me vuelve 1 bruto pípila
latigueador de camas
& lecho de Grijalvas sexo en selva
& nave florida & rinoceronte con arpón de plata
En la calle o en cuartitos
Enterrado en arena o en tus besos
Astros de esperma : martillos vivos escupo empujo
lanzo al frente
a la calle o labio menguante en que te arrulles
Ni 1 dedo perderé / ni 1 mano de mis naipes
Tu rocío : tus terremotos son mi hostia / son mi droga
el pez de sangre que derrama con su danza a mis océanos
Desde estas alburas ya no sé
si herré tu silla de montar o tus pezuñas
La cama / que heredaste de tus tías aún me tienta
La Maga de Oliveira & de Cortázar la encuentro
bajo el grifo goteante de tus aullidos blancos
Caldera horneada en la lira de sátiros sudados
Paisaje que en su ojo / elige los pinceles & el activo en los
que ha de bañarse el Action Painting
Caldera de diablos eléctricos
tu piel contra mi piel hace milagros

NO ACEPTARÉ SINO SÓLO AQUEL BESO AL QUE ASPIRO
(CONVERSACIONES CON LA BANDA GINECEO-ROBERT DESNOS)

En la noche la vialáctea es 1 canal del desagüe
llave abierta / respiración de plata derramada
su pellejo hinchado provoca silencios abrazos
cunnilingus con cincel de esos con los que les vibra cantar
a las piedras rodantes
Rociado con vino Sansón Generoso de Málaga
maracaneando lo mismo adoquines que vasos de plástico
hasta que el adoquín & el vaso de plástico se abren
como espasmos o brotes de sismo
Rociado con vino Sansón Generoso de Málaga
jugueteo con mi tronco / me caliento en mi sombra
les doy clases de risaloca a mis lágrimas
hasta que juntos nos ponemos a parir respuestas sin zanjas
tarots descifrados : colores con los que el loco se viste de loca
& los desemboca en sonidos
En la noche la vialáctea es 1 abuso viviente
transfusión de vida asombrada
trapecio de energía desbocada
que se acerca cínicaencueradamente a tentarnos
invitación que es 1 dardo en el blanco ardiente / en el horno
submarino que somos
& al son de este látigo de seducción evidente
& alrededor de esta fuente que acrisola & pone besables
nuestros más dispersos desechos
es que nosotros movemos nuestras manos planchadas
nuestros ciegos motores
& bañados ya en este fresco chorreante respiramos / gozamos
nos llamamos compadres / ornitorrincos-desmadre
delgados eslabones de 1 puente que es semen
& hotel-claroscuro que desaparecidas sus puertas
nos es amplio juguetón sabrosísimo albergue
caricia que ya no te dejará de hacer eco en noches gemelas
& será 1 baño de música moviendo sus dados en casino flotante
& el símil que tú escojas & quieras
Ése & no otro / el símil que tú escojas & quieras

Lou Andreas Salomé saluda a Federico Nietzsche

La mente es 1 flor de tentáculos sin freno
pero el cuerpo es la reina
la sultana del swing
la condesa desnuda de las abejas reinas
la maja que vibra & a sí misma se da cuerda
el chapuzón de burbujas hasta el fondo
el brebaje de estrellas que se tocan
la quemadura del triángulo cuando tira sus puertas
& latidos & calambres se mojan en lo lúbrico
La Chapulín besa al Escorpión
& viceversa / & etcéteras

miércoles, 1 de enero de 2020

Andante - Javier Velaza




Tú viniste vacía como una copa nueva.

Desnuda tú llegabas: yo te vestí de vino,
porque quise cantar sobre ti la cosecha
de mi tierra baldía. En cada poro tuyo,
en cada recoveco, la cantidad exacta vertí 
sin derramar una gota.

A la vista 
fuiste entonces cereza irisada de sangre,
un tornasol de púrpuras con ribete grosella,
orgía de granates.
En nariz, confitura, regaliz, 
alcanfores me trajeron memoria
de maderas de infancia.

Mi lengua buscó luego
el ataque primero,
intenso,
estructurado,
un largo retrogusto con notas minerales,
discretamente amargo para el final de boca.

Te bebía al principio con liberación minúscula,
pero fui después sorbo que te paladeaba,
y al fin trago sin tasa ni piedad ni vergüenza,
ávida bocanada de borracho de esquina.

No temo hacerme adicto al vino de tu cuerpo,
ni agotar embriagado tu secreta bodega,
porque siempre he sabido que es abstemio el demonio
y que nosotros somos la resaca de un dios.




por nuestros futuros locos años veinte


martes, 17 de diciembre de 2019

Retorno a Tipasa - Albert Camus




 

"Volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar intactas dentro de uno mismo una frescura, una fuente de alegría; amar el día que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada (…) Yo había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con una luz siempre nueva. ¡Oh, luz!, ése es el grito de todos los personajes enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también el nuestro y ahora yo lo sabía. En mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible".

 

jueves, 14 de noviembre de 2019

Toda una vida en una noche - Albeiro Montoya Guiral



A lifetime in a night. Joyce

I
La noche me azuza los perros.
Huelo sus ladridos desde este rincón
en que el miedo me empuja en un columpio.

II

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Aquí me escondo niño, todavía.
Ya no temo las brujas que torturan en la noche
a los caballos con caricias en sus belfos.

III

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Temo a los pájaros,
temo a los pájaros que me hicieron llorar
en una madrugada de febrero,
andando solitario los caminos.

IV

Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Una ciudad espera que se haga añicos mi cuerpo
sobre sus lenguas intermitentes,
sobre una jauría de perros ciegos que ladran
dentro de mí.
Soy el poeta mudo que no ha nacido:
el sepulcro encantado en el monte.
Cruzo un camino que lleva a una casa que ya no
existe.


sábado, 12 de octubre de 2019

LA TERCERA MEMORIA - Evgueni Evtuchenko

Todos tenemos un instante en que 
nos entra una tristeza pegajosa, 
y la vida, quedándose al desnudo, 
se nos muestra como algo sin sentido.

Frío de muerte llena las entrañas. 
Pero, para vencerlo, golpeamos
sin fuerza apenas a las puertas de la memoria, 
como quien va a una hermana de la caridad. 

A veces, sin embargo, hay dentro de nosotros
tanta noche y es tanta la ruina, 
que ayudarnos no puede la memoria, 
ni la del corazón, ni la de la razón.

Se nos apaga el brillo de los ojos.
Y la conversación, los movimientos...
todo se apaga. Pero existe aún
la tercera memoria: la del cuerpo.

Que recuerden los pies
el polvo y el calor de la carretera, 
la hierba fresca
cuando descalzos caminaban. 

Que recuerde la mejilla con ternura
cómo, tras una riña, la consolaba
la agradable aspereza de la lengua
del perro, que todo lo comprende. 

Que recuerde la frente, avergonzada,
cómo, bendiciéndola,
un beso la rozaba, apenas la rozaba, 
descubriéndole toda la ternura de madre. 

Que los dedos recuerden los pinos, el trigo, 
y la lluvia casi imperceptible, 
y el temblor del gorrión,
y las crines nerviosas del caballo.

Que los labios recuerden otros labios.
Hay hielo y fuego en ellos. Hay tinieblas y hay luz. 
Todo el mundo contienen, impregnado
de aroma de naranjas y de nieve. 

Y entonces pedirás a la vida perdón. 
Y le dirás: "A ciegas te acusaba. 
Absuélveme del grave 
pecado de mi absurda irritación".

Y si la maravilla de este mundo
es preciso pagarla
con un precio cruel,
no importa, yo lo acepto. 

Pero ¿acaso el capricho del destino, 
los golpes y las pérdidas, 
son un precio tan alto por gozar
las maravillas que la vida ofrece?






viernes, 13 de septiembre de 2019

De donde no se vuelve - Alberto García Alix

Camino cegado contra un sol poniente.
Sobre mi cabeza, una tupida red de araña recorta el cielo.
Cables, postes, miles de ramas de árboles negros y sus sombras… Sus sombras rotas.
Una trepidación en el alma.
En esta luz que me deslumbra está escrito mi ayer.
Los recuerdos y lo olvidado, atrapados en esta estúpida red de araña.
Los excesos del pasado…
Vapores de opio donde el tiempo es sombra.
Vapores de opio sueñan letras chinas.
Morfina… Pentazocina. Palfium. Volantina. Pentapón. Xosegón… Ampollas de clorhidrato mórfico… Heroína…
El limbo que antecede al infierno.
El fracaso narcotizado no duele, tampoco el miedo…
Carlitos Gardel en cucharilla de plata…
¡Hay que bailar!
Y eso hicimos la mayoría de la pandilla. Tere y yo, Willy, Fernando, Rosa, Chito y Magui, Manolo…
Bailar con dragones color dorado.
Noche y día, alimentamos un demonio por nuestras venas.
Años con la sonrisa muerta en las pupilas y el corazón desbocado.
Anestesiamos amor y dolor.
La heroína funde tiempo y espacio.
Destruye toda ambición de ser...
Esa es su fuerza.
La heroína tiene un precio.
Hay que pagarlo.
Mala suerte y dolor.
Me río yo de las penas. Las narcoticé todas.
Qué apretado rencor es el del tiempo...
Bajo esta luz que arrastra mi mirada a las sombras, mi memoria gira desenfrenada.
Los recuerdos se agitan.
La fotografía encadena mi memoria.
No sólo la constriñe a lo visto.
La melancólica emoción de lo irrecusable se hace visible.
Y asumo mi culpa, esa de la que el Ángel decía que los amigos éramos el alma.
Camino sin saber dónde voy.
Me pregunto si he pasado la vida huyendo o buscando un imposible.
Siempre hay algo en común...
Sobre sombras rotas, libro un ajuste de cuentas...
El amor y el dolor ante mí se besan con su mismo triste sonido.
El primero en morir fue mi hermano Willy y la primera en nacer fue su hija Nuria.
Una lección magistral de la vida.
Teresa estaba convencida de que éramos jóvenes con alma de héroe y Fernando decía que vivíamos desencajados en un estrato marginal.
Mi única disciplina era la misma que hoy: hacer fotos.
Los amigos de aquellos días y nuestra común odisea, congelados.
Éramos jóvenes. Ingenuos. Irreverentes. Inquietos. Agitadores... Creativos...¡Larga Vida al Rock´n´Roll!
Pero, para muchos de nosotros, nuestro error fue que nuestra mística estaba anclada a una épica destructiva.
En esta luz que anestesia el remordimiento, renace el deseo…
Si pudiese me daba un homenaje.
Por matar el miedo soy capaz… Capaz de cualquier delito.
Dragones de color dorado…
Dragones de color dorado… Sombras rotas. Letras chinas. Farolillos rojos…
Me muevo hacia delante para atrapar mi propio tiempo
Y el tiempo va siempre hacia atrás
De donde no se vuelve.


Alberto García-Alix



de donde no se vuelve








lunes, 26 de agosto de 2019

Antonin Artaud: "Toda escritura es una cochinada"


 

EN EL AMOR NO HAY REGATEOS [PARIS] 22 DE OCTUBRE DE 1923

Querida, queridísima Génica:

Sólo puedo responderte esto:

Cuando se ama de verdad a alguien, se lo acepta íntegro, con sus vicios, sus defectos, sus miserias, y sin cansarse. Nunca consentiré en separarme de ti; NUNCA. En amor no hay regateos: todo o nada. Pero yo necesito todo. Ya que eres despiadada conmigo, ya que no consientes en darme tregua y no te decides a ser razonable, también yo seré cruel, y te diré: sufres; sea, continúa sufriendo. Pero yo sufro como un condenado; he superado todo sufrimiento, y sin embargo vivo y tengo paciencia. Ten paciencia también tú; haz como yo. No me das más que sinsabores. Tú tienes momentos agradables. Pero para mí ya no hay momentos agradables en esta vida. Cada segundo es una eternidad infernal, SIN SALIDA, sin esperanza. Es extraño, muy extraño que no te compadezcas de mi mal y que persistas, pese a todo, en quejarte de los medios que empleo para aliviarlo. Respecto de las deducciones que haces sobre las consecuencias de este alivio, hace ya mucho que he renunciado a discutirlas. En este caso no se trata de medicina. Comprende de una vez por todas que considero perdida mi vida; cómo no va a estarlo cuando los dolores en que me deshago en llanto son tan espantosos, que ya mismo renunciaría a vivir con tal de librarme de ellos. Una sola hora de alivio no tiene precio para mí; todo lo demás no me importa. Escucha esto, además:

Acaso tenía buenas noticias para ti, pero el abatimiento infinito en que me ha hundido tu carta las ha hecho pasar al último término. He consultado en lo del doctor Toulouse a uno de sus médicos; considero que es una consulta muy importante. Se trata del neurólogo del servicio. Y no bien le describí las primeras sensaciones tuve al fin por primera vez la impresión de hallarme ante un hombre que capta la naturaleza especial de mi mal. Me formuló preguntas tan precisas, tan relacionadas con lo que siento, que comprendí que por fin veía algo. Y por lo demás, así que hubo auscultado mis reflejos, lanzó un grito, diciéndome: ¡Ah he encontrado la clave del problema! Debo volver a verlo mañana para saber de qué se trata, pero por fin tengo una esperanza. Tranquilízate, pues. Esto debe arreglarse dentro de poco. Y escríbeme una carta más reposada y amorosa. Quédate en Rumania lo más que puedas; será mejor para ti.

Con mis mejores pensamientos y todo mi cariño.

Artaud, Antonin, Textos, Buenos Aires, Ediciones Calden, 1978.



El ombligo de los limbos

 

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.

Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.

No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.

Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.

Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espíritu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.

Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.

Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.

Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.

 

Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.

Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.

 

Dios-el-perro contigo y su lengua

que atraviesa la costra como una saeta

del doble morrión abovedado

de la tierra que le causa ardor.

 

Y aquí está el triángulo de agua

que se aproxima con paso de chinche

pero que bajo la chinche ardiente

se transforma en cuchillada.

 

Bajo los senos de la espantosa tierra

dios-la-perra se ha marchado,

de los senos de la tierra y de agua congelada

que pudren los agujeros de su lengua.

 

Y aquí está la virgen-del-martillo

para masticar las cuevas de la tierra

donde la calavera del perro del cielo

siente crecer el horroroso nivel.