A Miguel Barnet y a Pedro de la Hoz.
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
viernes, 24 de enero de 2020
Poemas de Frank Abel Dopico
A Miguel Barnet y a Pedro de la Hoz.
jueves, 23 de enero de 2020
El momento más grave - Damaris Calderón
La Habana es la ciudad del hambre,
la ciudad de los apetitos.
Voy a nacer en La Habana.
Voy a nadar cinco generaciones,
para llegar al vientre de mi madre, que sabe a sal.
La Habana es sol, es salobre, es salmuera.
Voy a llegar al Prado, para inmortalizarme con mi hermana,
en esa foto sepia, de cámara de cajón.
Voy a perder los pies caminando las calles de La Habana.
Me voy a arrastrar como el mutilado del parque de los héroes,
sin ninguna heroicidad.
Voy a ser joven y lustrosa como una moneda.
La Habana es la ciudad del churre,
del ron, de las columnas.
En La Habana me sacan los ojos y me los vuelvo a poner.
En La Habana me crucifico con vítores,
vuelvo a cargar los cubos de agua,
a bañarme en una palangana con sangre del cuarto de los gallos.
Cuando esté en París, voy a soñar con La Habana.
Cuando me muera,
voy a soñar con La Habana.
Cuando sea inmortal
y me agiten como un trapo tendido al sol.
domingo, 19 de enero de 2020
Cuba y poemas de Frank Abel Dopico
Mientras comía pan con azúcar, enfermo, simultáneo,
mirando llover,
se posó en mi mano la cicatriz de un pájaro
y después de mis ojos pasó Ofelia desnuda, muy desnuda,
y supe que yo era un fósil,
un asqueroso fósil
floreciendo ante la cruel insistencia de la lluvia; enfermo,
muy enfermo de hembras que pasaban: extraviado, insolente,
casi autista, dirían.
esa parte del mundo que alguien me negaba.
Mentí hasta convencer a mi otra mitad que debía huir conmigo,
amarga y amorosa.
Me convertí en el ruido del patio y en las puertas abriéndose.
Mudé pronto los huesos para tener una camisa
llena de bosques y caballos…
Con tal de que fuera visto desde el cielo
o desde cualquiera de esas hembras que pasaban
con culos gongorinos, indiferentes a mis bosques,
indiferentes a la profecía del almendro
cuando encontré en sus raíces, muertas, mis canicas.
La adolescencia es un país obligatorio. Sin mapas. Sin linternas.
la noche.
La noche es quién.
Las luces de la ciudad esconden más que la oscuridad a un perro triste.
Uno va a que lo palpen las estrellas,
a que la luna busque en el bolsillo la moneda que falta.
Está feliz y en las terrazas el murmullo nos hace andar como un murmullo.Do si la sol. Fa mi re do. Es hermoso andar y nunca detenerse
aunque la ciudad se haga lejana.
La noche es quién. El camino el extravío.
Uno no va a detenerse. Algún día estará el mar
y caminaremos sobre el mar. Habrá otra tierra. Vendrán otras montañas.
Otros pastores descubrirán su muerte en una tumba brusca.
Uno ya se puso feliz y cuando se acaben los océanos y la tierra
irá más allá. Detenerse puede ser un error.
Unas manos tremendas de macho delicado.
Buenas para el tacto de los pechos recientes.
Con ellas me aferré a la ventisca
y sobreviví a una lágrima lenta, acusatoria.
Esas eran mis manos
antes de que el tiempo pasara un día,
en un descuido, sobre ellas.
No hay migas de pan ni piedras
que me puedan hacer regresar a aquellas manos.
Lo digo sin tristeza.
Hoy las he mirado
como si pesara en ellas el cráneo de alguna cosa olvidada.
Buenas manos mías. Quién sabe
adónde fueron las otras manos que apretó
como el niño que limpia las gafas vacías del abuelo.
Quién sabe qué será de aquellas manos mías
tan buenas y dóciles y amargas.
Alguien me ha dado estas,
un poco menos limpias.
Pero me tienen que servir en la poca traición que ya me queda
y para decir adiós y dar los buenos días.
y las palabras llegaron después, en un poema arrancado a la niebla.
Sentir o estar, eso fue todo y fue el semen como la luz, piadoso.
Los golpes en los pechos, la respiración enemiga de los pechos,
el ojo burlón de las iglesias.
Estábamos en un sitio adonde el viento se había llevado volando
mi cabeza
y el mismo viento se había llevado volando una de tus manos.
Eran las nueve de la noche y de pronto ya eran las seis de la mañana.
En un abrir y cerrar de ojos cambiamos tú y yo y el aceite de la noche
y los espantapájaros que fuimos, poco a poco, saliendo del sembrado,
espantando las aves que no llegaron nunca.
Tú y yo dos palos quienes perdieron la mano y la cabeza,
palmo a palmo moviendo la mano y la cabeza, con quince centavos
en el bolsillo izquierdo,
con una habitación en la mano y otra en la cabeza,
tirados como hierbas cortadas, confundiendo uno en el otro
a miles de personas,
como rostros sucesivos, como piedras de íntima explosión.
Érase un escándalo público a las dos de la mañana
y el público eras tú o yo según tocara, según tú encima tenías
veinte años o seis meses
o no habías nacido y érase que entonces brotabas de mis piernas,
yo, hombre paridor, me tragaba tus huesos de ciruela
y también retrocedía por los años, oh, puta de estilo,
qué bien eras mi madre pariéndome en espejos, qué bien eras mi doble
entre la hierba,
cómo nacimos tanto de tanta muerte cursi.Éramos solamente un par de espantapájaros
que parecíamos personas miradas desde el cielo,
un par de cielos truncos remendando su velamen, un par de cocodrilos…
el alba ponía su huevo lentísimo en los parques,
quedamos libres, exprimidos de ambos, pegados como campanas
adentro de campanas,
con un sonido que eras tú en busca de tu mano
y yo en busca de los pies de mi cabeza.
Habíamos muerto los dos. Habíamos cumplido un deber ciudadano.
Nos enterramos entre la gente para volver a ser una mano y una cabeza
más entre la gente.
Creo en la inocencia de encontrarse apenas una vez,
que bastan una noche y una vez para saber cuánto estamos solos
en un pozo,
acostumbrados a comernos el hueso de la noche.
Y no puedo dejar de recordarte
siempre que el viento se lleva volando mi cabeza.
Acaso yo te he visto o tú me has visto
pero sabemos que hicimos un pacto de morir.
No hay un nombre siquiera, ni un centavo de nombre.
Pero horribles aquellos que no dejan que el viento les lleve volando
la mano o la cabeza.
viernes, 3 de enero de 2020
tríptico de la emoción
jueves, 2 de enero de 2020
Coito pautado - Mario Santiago Papasquiaro
miércoles, 1 de enero de 2020
Andante - Javier Velaza
Tú viniste vacía como una copa nueva.
martes, 17 de diciembre de 2019
Retorno a Tipasa - Albert Camus
"Volvía a descubrir en Tipasa que había que guardar
intactas dentro de uno mismo una frescura, una fuente de alegría; amar el día
que escapa a la injusticia y volver al combate con esa luz conquistada (…) Yo
había sabido siempre que las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestras
obras en construcción o nuestros escombros. El mundo empezaba allí cada día con
una luz siempre nueva. ¡Oh, luz!, ése es el grito de todos los personajes
enfrentados, en el drama antiguo, a su destino. Ese último recurso era también
el nuestro y ahora yo lo sabía. En
mitad del invierno aprendía por fin que había en mí un verano invencible".
jueves, 14 de noviembre de 2019
Toda una vida en una noche - Albeiro Montoya Guiral
A lifetime in a night. Joyce
Huelo sus ladridos desde este rincón
en que el miedo me empuja en un columpio.
II
Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Aquí me escondo niño, todavía.
Ya no temo las brujas que torturan en la noche
a los caballos con caricias en sus belfos.
III
Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Temo a los pájaros,
temo a los pájaros que me hicieron llorar
en una madrugada de febrero,
andando solitario los caminos.
IV
Toda mi vida ha sucedido en esta noche.
Una ciudad espera que se haga añicos mi cuerpo
sobre sus lenguas intermitentes,
sobre una jauría de perros ciegos que ladran
dentro de mí.
Soy el poeta mudo que no ha nacido:
el sepulcro encantado en el monte.
Cruzo un camino que lleva a una casa que ya no
existe.
sábado, 12 de octubre de 2019
LA TERCERA MEMORIA - Evgueni Evtuchenko
nos entra una tristeza pegajosa,
y la vida, quedándose al desnudo,
se nos muestra como algo sin sentido.
Frío de muerte llena las entrañas.
Pero, para vencerlo, golpeamos
sin fuerza apenas a las puertas de la memoria,
como quien va a una hermana de la caridad.
A veces, sin embargo, hay dentro de nosotros
tanta noche y es tanta la ruina,
que ayudarnos no puede la memoria,
ni la del corazón, ni la de la razón.
Se nos apaga el brillo de los ojos.
Y la conversación, los movimientos...
todo se apaga. Pero existe aún
la tercera memoria: la del cuerpo.
Que recuerden los pies
el polvo y el calor de la carretera,
la hierba fresca
cuando descalzos caminaban.
Que recuerde la mejilla con ternura
cómo, tras una riña, la consolaba
la agradable aspereza de la lengua
del perro, que todo lo comprende.
Que recuerde la frente, avergonzada,
cómo, bendiciéndola,
un beso la rozaba, apenas la rozaba,
descubriéndole toda la ternura de madre.
Que los dedos recuerden los pinos, el trigo,
y la lluvia casi imperceptible,
y el temblor del gorrión,
y las crines nerviosas del caballo.
Que los labios recuerden otros labios.
Hay hielo y fuego en ellos. Hay tinieblas y hay luz.
Todo el mundo contienen, impregnado
de aroma de naranjas y de nieve.
Y entonces pedirás a la vida perdón.
Y le dirás: "A ciegas te acusaba.
Absuélveme del grave
pecado de mi absurda irritación".
Y si la maravilla de este mundo
es preciso pagarla
con un precio cruel,
no importa, yo lo acepto.
Pero ¿acaso el capricho del destino,
los golpes y las pérdidas,
son un precio tan alto por gozar
las maravillas que la vida ofrece?
viernes, 13 de septiembre de 2019
De donde no se vuelve - Alberto García Alix
de donde no se vuelve
lunes, 26 de agosto de 2019
Antonin Artaud: "Toda escritura es una cochinada"
EN EL AMOR NO HAY REGATEOS [PARIS] 22 DE OCTUBRE DE 1923
Querida, queridísima Génica:
Sólo puedo responderte esto:
Cuando se ama de verdad a
alguien, se lo acepta íntegro, con sus vicios, sus defectos, sus miserias, y
sin cansarse. Nunca consentiré en separarme de ti; NUNCA. En amor no hay
regateos: todo o nada. Pero yo necesito todo. Ya que eres despiadada conmigo,
ya que no consientes en darme tregua y no te decides a ser razonable, también
yo seré cruel, y te diré: sufres; sea, continúa sufriendo. Pero yo sufro como
un condenado; he superado todo sufrimiento, y sin embargo vivo y tengo
paciencia. Ten paciencia también tú; haz como yo. No me das más que sinsabores.
Tú tienes momentos agradables. Pero para mí ya no hay momentos agradables en
esta vida. Cada segundo es una eternidad infernal, SIN SALIDA, sin esperanza.
Es extraño, muy extraño que no te compadezcas de mi mal y que persistas, pese a
todo, en quejarte de los medios que empleo para aliviarlo. Respecto de las
deducciones que haces sobre las consecuencias de este alivio, hace ya mucho que
he renunciado a discutirlas. En este caso no se trata de medicina. Comprende de
una vez por todas que considero perdida mi vida; cómo no va a estarlo cuando
los dolores en que me deshago en llanto son tan espantosos, que ya mismo
renunciaría a vivir con tal de librarme de ellos. Una sola hora de alivio no
tiene precio para mí; todo lo demás no me importa. Escucha esto, además:
Acaso tenía buenas noticias para
ti, pero el abatimiento infinito en que me ha hundido tu carta las ha hecho
pasar al último término. He consultado en lo del doctor Toulouse a uno de sus
médicos; considero que es una consulta muy importante. Se trata del neurólogo
del servicio. Y no bien le describí las primeras sensaciones tuve al fin por
primera vez la impresión de hallarme ante un hombre que capta la naturaleza
especial de mi mal. Me formuló preguntas tan precisas, tan relacionadas con lo
que siento, que comprendí que por fin veía algo. Y por lo demás, así que hubo
auscultado mis reflejos, lanzó un grito, diciéndome: ¡Ah he encontrado la clave
del problema! Debo volver a verlo mañana para saber de qué se trata, pero por
fin tengo una esperanza. Tranquilízate, pues. Esto debe arreglarse dentro de
poco. Y escríbeme una carta más reposada y amorosa. Quédate en Rumania lo más
que puedas; será mejor para ti.
Con mis mejores pensamientos y
todo mi cariño.
Artaud, Antonin, Textos, Buenos
Aires, Ediciones Calden, 1978.
El ombligo de los limbos
Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar
mi espíritu.
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo
la obra al margen de la vida.
No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el
espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí
mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su
baba.
Estoy en una carta escrita para dar a entender el
estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí
mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.
Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la
vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del
Espíritu-traducción o del Espíritu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas
ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea
masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los
estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.
Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura.
Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo
quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta
abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una
puerta simplemente ligada con la realidad.
Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son
los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.
Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran
pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo.
Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas
raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su
entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y
crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido
martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en
el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo
tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio
entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni
devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como
una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y
detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se
arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el
espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y
algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el
pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.
Entonces era preciso que una mano se transformara en el
órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial
y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se
hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.
Dios-el-perro contigo y su lengua
que atraviesa la costra como una saeta
del doble morrión abovedado
de la tierra que le causa ardor.
Y aquí está el triángulo de agua
que se aproxima con paso de chinche
pero que bajo la chinche ardiente
se transforma en cuchillada.
Bajo los senos de la espantosa tierra
dios-la-perra se ha marchado,
de los senos de la tierra y de agua congelada
que pudren los agujeros de su lengua.
Y aquí está la virgen-del-martillo
para masticar las cuevas de la tierra
donde la calavera del perro del cielo
siente crecer el horroroso nivel.





















