malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

miércoles, 27 de abril de 2022

La palabra puede

 



He lavado mi cuerpo. He desenredado mi cabello con ternura mientras goteaban por mi espina dorsal gotas de agua de pozo.

Sonaba Patience, de Micah P. Hinson y yo miraba por la ventana pensando que la hierba está muy alta, tanta lluvia y tanto sol, todo brota con ferocidad. La naturaleza es un animal que se descontrola si le dejas. Pero sabe lo que hace. Así a veces con la palabra. Es un animal que se descontrola. Tanta lluvia y tanto sol. Y después qué. Y después quién heredará mi energía de jungla, quién pagará las derramas de mi nostalgia. O estudiara el recorrido de las muescas de las sonrisas y los guiños que mueven los mundos. Quién sangrará los fuegos que ardan.

A veces me encierro por dentro con mi bestia y pienso en el recuerdo que se alberga en la recámara. Y destruyo la consigna que me brindé y la lleno de aullidos.

A veces es como si se me rompiera el cuerpo y tengo que volver a consolidar la caricia de tu respiración para vestirme de nuevo de arrebato interminable o templo hindú.

Allí donde todo es posible, en la punta de la lengua. Asistir al encuentro de los filos que vienen cargados de un rocío que arde y urge, flagela y calma, y el puro cuerpo celebrando su temperatura. Mi voracidad se detiene en lo ilegible de una dalia, con la nervadura estremecida por el vuelo de la palabra al papel. La palabra prende el fuego blanco de la hoja. La palabra puede. Fuera de ella todo es pura periferia festejando una espuma sin playa.

No amanece si no es en tu paladar, lo dice la palabra. Soy voraz y esta es mi hambre. M'illumino d'immenso. La palabra puede y perfora. Se desmaya y se desmaquilla. Y se ensaliva en mi mente. Y hurga y pesa, y es una erección hermosa, y es un misterioso canto y una alucinación por indagar. Y es una montaña de vistas venenosas que se enhebran verticales sin filtrar su salvajismo. La palabra puede y es una gata en celo y un astrolabio para mis lunares. Puede y blinda mi vibración en tus manos. Es hueco, no sepulcro. Robusta. Imperativa. Honda y catalizadora. Ceremonia del desastre. El quejido de un bandoneón. Puede urdir y ser definitiva. Alimentar un archipiélago de ilusiones y convocar una imagen que fue arrancada. {Mi madre en el fin del mundo con una daga y un exilio, defendiendo a las niñas que fuimos, del miedo con su miedo}. La palabra puede y se dilata. Puede la curvatura del mundo y la isla que soy. No finjo serenidad, la tengo. Mi escritura es la pólvora que quiere estallar la bóveda inmensa de un pasado. Un mar que se confiesa. El Sur o un gesto inesperado. Llena de futuro. La palabra puede un rascacielos y puede un puente. Una empuñadura y un aliño de lágrima y ruina y lucir un milagro y alumbrar una casa, desenterrar temblores y desasir un fondo. Oscurecer un estrellato, traerte el cuerpo de Medusa. Esquivar una bala y entregarse a una fascinación como una centaura recién nacida. Puede inmolarse en una boca con sabor a vino y llorar en un teatro o domesticar un vértigo, deambularte con calma. Quebrar el cráneo de todas las ciudades y puede con la ferocidad de la hierba escuchar el crecer de un gladiolo. La palabra puede salvar distancias, escanciar luces sobre un paisaje marítimo y plegarse sobre sí misma como un capricho poderoso y naif de tocarse los centros, de morderse un pezón, talar un árbol milenario, escribir TI AMO en el muslo de Proserpina, ser el lugar propicio para coronar una rabia y matar un dios.





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