malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 28 de septiembre de 2026

...y si no me encuentran

 





Tengo miedo a perder la maravilla…

de tus ojos de estatua y el acento

que me pone de noche en la mejilla

la solitaria rosa de tu aliento.


Tengo pena de ser en esta orilla

tronco sin ramas, y lo que más siento

es no tener la flor, pulpa o arcilla,

para el gusano de mi sufrimiento.


Si tú eres el tesoro oculto mío,

si eres mi cruz y mi dolor mojado,

si soy el perro de tu señorío.


No me dejes perder lo que he ganado

y decora las aguas de tu río

con hojas de mi Otoño enajenado.


El poeta pide a su amor que le escriba

(Sonetos del amor oscuro)

Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.


El aire es inmortal. La piedra inerte

Ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.


Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.


Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.


El amor duerme en el pecho del poeta 

 (Sonetos del amor oscuro)


Tú nunca entenderás lo que te quiero

porque duermes en mí y estás dormido.

Yo te oculto llorando, perseguido

por una voz de penetrante acero.


Norma que agita igual carne y lucero

traspasa ya mi pecho dolorido

y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo.


Grupo de gente salta en los jardines

esperando tu cuerpo y mi agonía

en caballos de luz y verdes crines.


Pero sigue durmiendo, vida mía.

¡Oye mi sangre rota en los violines!

¡Mira que nos acechan todavía!


Yo sé que mi perfil será tranquilo

en el norte de un cielo sin reflejo:

Mercurio de vigilia, casto espejo

donde se quiebre el pulso de mi estilo.

 

Que si la yedra y el frescor del hilo

fue la norma del cuerpo que yo dejo,

mi perfil en la arena será un viejo

silencio sin rubor de cocodrilo.

 

Y aunque nunca tendrá sabor de llama

mi lengua de palomas ateridas

sino desierto gusto de retama,

 

libre signo de normas oprimidas

seré, en el cuello de la yerta rama

y en el sinfín de dalias doloridas.




jueves, 3 de septiembre de 2026

cierna


Acción de cerner, dejar caer el polen de la flor.

En cierne. Dicho de la vid, del olivo, del trigo y de otras plantas: en flor. 

Estar en cierne, o en ciernes.

Estar muy a sus principios, faltarle mucho para su perfección.


La palabra polen o la palabra néctar. 

La que viene a derramarse o a inyectarse de primavera. 

La palabra archipiélago, de pedazos inmensos. 

Voy a tejer mi lápida pero quiero que me quemen. 

Quiero volver a ser rápido ese polvo de estrellas. 

Cartuchos de ceniza no. 

Quiero alimentar la raíz de un árbol. 

Quiero tierra y humedad. Luego ramas. 

Luego aire. 

Luego pájaros. 

Luego paz. 

jueves, 20 de agosto de 2026

la magia de los desesperados

 




******

Cuando tecleo fabrico balsas de oxígeno, porque navego sobre estas olas tan impostadas como impuestas. Todo desaparece alrededor. Hay algo catártico en ello. Una respiración honda y expansiva.

Nunca braceo contracorriente a no ser que escriba. Solo quiero ahogarme en el verso. 

Busco la maraña que habita la palabra que no alcanzo. Lo insondable. Porque el poema es a pulmón. Y yo busco la sacudida shepariana en mis rodillas. Aprender a dejar, queveriana, la memoria en donde ardía. Jugar con las palabras y sentir que me moría. La gente ya no tiene referencias de fuego en la memoria, no vuelve a las trampas. No se exponen a la palabra. La palabra que no sea espejo. La palabra sin ADN. No irán a la palabra salvaje, de otro, de otra que es capaz de invadirte, de morderte como nadie, una palabra que tiene sesenta, setenta, ochenta, cien, doscientos, mil, dos mil años , una palabra serpiente, una palabra que tiene epicentro en tu entraña y te desmorona y desmaquilla y desarma y desequilibra y te impone: escúchala. +
¿Sabes el poder que tienen todas esas palabras? El poder de ubicarte, el poder de resignificarte. De algo que a priori parece doloroso pero es tan tan edificante: RELATIVIZARTE.

Tantos estuvieron allí. 
Tantos tu piel habitaron. 

Cuando voy a la palabra, me salva. La palabra me encuentra y si no salgo en su búsqueda. Pero no cualquier palabra. No cualquier cebo. No cualquier faro te salva de las rocas. 
Cállate, pero cállate por dentro y déjate a la deriva. Cállate y observa. Esta selva te fatiga porque tú eres su presa. Así que calla. Hazte el favor. 

Vivir más no es vivir mejor. Vivir es que este último cuarto de hora tuviera sentido. Básicamente porque el siguiente aún no existe. Vivir no es que la belleza te envuelva, vivir es que la belleza te atraviese. Y sobre todo, vivir no es que tú seas la belleza. Vivir es un campo que se llena de flores y frutos. Vivir es una noche que se siembra de estrellas. Un mar que se sabe oleaje. Un ser vivo que se comunica, que se siente, que palpita, que se escucha, que se indaga, que se cuestiona, que duda, que se entrega a esa duda, que se sabe ridículo en la inmensidad y afortunado en la misma. 

Rosas desnucadas, rosas desnucadas.

Yo bebo de la magia de los desesperados, en un acto teúrgico, me elevo sobre la palabra. Hago míos sus dominios. Me hago mía. Me doy abasto. Me entiendo o no y me dejo chagalliana sobra la palabra con arrojo y hambrienta
Y todas esas voces llenas de odio y vacío se convierten en un canto perverso de sirena o tritón mientras me dispongo a vivir mi próximo y privado cuarto de hora.   


sábado, 15 de agosto de 2026

CAYÓ LA LUZ



Yo sí vi el eclipse, quizá porque estoy hecha de luz y de sombras. Porque me sé pequeña, vulnerable, accidental y prescindible en mitad de tanta y tanta belleza. 

Mejor este exilio, excavado en el ruido, mejor esta herida iluminada, esta luna que arrastra sus mareas negras por los corredores de mi pecho. Aceptar que los planetas no corrigen el borrador de mi destino. 

Cuántas veces callamos la luz entre nuestros cuerpos, cuánta epifanía en cada ocaso ignorada.

Hicimos nuestro un instante, que tal vez, no nos pertenecía, o al menos no fue nuestro hasta que llegó esa apnea solar.

Hasta que las golondrinas regresaron al nido antes de tiempo.

Hasta que el alcaraván abrazó a sus crías en la incertidumbre.

Hasta que cayó la luz mientras callaba el campo.

Fue entonces cuando dejamos hablar a nuestra sombra. 

Entonces se blindó la luz al antojo del universo.

Entonces el silencio de esta herida, del fingirnos luminosos, del sabernos heliocéntricos, de reconocernos más de tiniebla, o incluso de ceguera. 

**

Soy un pequeño temblor entre dos sombras

y en mi pequeñez sentí por un instante, brevísimo,

que el universo entero parecía una palabra a punto de ser dicha.

Ya sé que la noche no cae, se abre, como un fruto oscuro repleto de semillas encendidas.

Sé que esa luz llega desde tan lejos que ya ha olvidado su origen.

Y aun así encuentra el camino hasta mis ojos.

Qué extraña fidelidad, qué hipnótica la paciencia mineral de los astros.

 **

No existe el vacío, es energía y misterio.

Yo, criatura tejida con polvo,

pregunto: ¿Dónde se funden el oro de los amaneceres y la sal azul de las distancias?

Nadie responde, solo la luz, la luz interminable, esa viajera sin rostro, esa mensajera de soles desaparecidos, de paraísos extintos. La luz, esa hechicera.

Dijo el poeta que el universo es un sueño sin orillas.

Y yo, desde esta habitación donde la noche se acumula como agua negra, donde sé que fuera aguardan las estrellas como fieras blancas, no sé nada del universo, solo sé de esa luz que viaja hacia mí desde un lugar que ya no existe. Como el recuerdo de la infancia, como los vestigios de un amor roto. Solo sé que cada despedida fue, es y será un tránsito. Que cada constelación es un sistema nervioso ardiendo sobre la espalda de la inmensidad.

Dejemos de ser un valle orgulloso de su eco. Dejemos de ser el coro de la nada. El tumulto, la sinrazón, el cuerpo armado de todas las guerras, ese ruido constante que cubre nuestro latido, que no nos deja pensar por nosotros mismos. Dejemos de eclipsar lo importante con nuestros flashes. 

Yo, criatura de agua y carbono, con mis huesos de fósforo, pretendo comprender a ese universo que gira con la indiferencia de una madre agotada. Que las galaxias florecen y se extinguen sin preguntar por nosotros y que la luz seguirá hablando aunque nadie la escuche. 


sábado, 1 de agosto de 2026

A MÍ DAME LA OSCURIDAD DONDE BRILLAN LAS LUCIÉRNAGAS

                                              my private Howl


He visto a las mejores mentes de mi generación naufragar durante horas en un scroll infinito, desnutridos, famélicos, histéricos, arrastrándose en busca de atención.

He visto a los mejores cerebros de mi generación apagar la pantalla y sentirse recién llegados de una guerra inventada, huérfanos de sensibilidad y autoestima, tras enterrar sus neuronas en un terrible hilo de Twitter. 

Endemoniados, consumiéndose por la primigenia conexión ya jamás celestial, hijos de la santa cobertura y la incapacidad para vivir fuera de los focos, de las fauces del ahora, de la impostura. 

No nos preocupemos, el vacío está siendo perennemente registrado. 

Primer curso: Cómo aullar con la pantalla encendida. Jack, no te subas a la mesa para recitar tus poemas, aquí ya nadie escucha. Publícalos a las nueve cuando el algoritmo promete mayor alcance.

Soy humana, por lo tanto nada es ajeno a mí, ya no Diane, ya no.

La encarnación del avance en dos respuestas que son mantra universal o haiku de la anti naturaleza: 

"Soy un humano"

"No soy un robot"

Como respuesta constante: Demuéstralo!!! Doble autentificación.

Mentes que cayeron en la trampa de la velocidad, del púlpito casero ante el altar blanco del buscador, desde el que graznar, no aullar, opiniones sin fin. 

Devoraron sin filtro el alimento de la conspiración y titulares tramposos. Mentes que se encadenaron a su propio y pesado ego. Que se sumergían en el eslogan de la felicidad eterna ignorando la letra pequeña de todas las promesas. Que se desvanecieron de ellos mismos sin darse cuenta, diluidos en la masa compacta del sistema nuevo opio, paralizados y dispuestos a vagar voluntariamente en la celda portátil que nace de la mano al ojo. 

Tú eres tu cárcel.

Mentes, que se postraban ante el latido mercancía.

Que se estrellaban sin leer el tratado definitivo del desastre que tenían ante sus ojos.

“Quién reventó sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?” preguntaba Ginsberg.

De paraísos artificiales a inteligencias artificiales, Baudelaire, resucita, te rogamos.

Ahora que la rabia es tendencia. Ahora que el genio de la lámpara no cumple tus deseos, te los dicta. Ahora que ser intensos es mostrar nuestro egoísmo sin vergüenza.

No hay vértigo en esas ventanas de seis pulgadas de falso cielo azul a máximo brillo, espejo de miseria. No hay vértigo porque no hay salto. 

Lo que sí hay son poetas optimizando verso viral, músicos y su riff viral, rostros con su gesto viral, bocas con su insulto viral, puesta de sol viral, enfermos todos de falsa autenticidad.

Tu insomnio a un servidor oculto, entregado. Todo lo que vemos es un anuncio interminable.

******

No a una ternura burocrática. Se trata de postergar el fin del mundo. Lo Sagrado siempre será un cuerpo que no renuncia a su temblor.

Millones de ventiladores rezan el mismo salmo eléctrico: enfriar el corazón de la máquina.

El óxido no descansa, dijo el gran Neil, el algoritmo tampoco.

Los mendigos piden batería.

Compárteme tu ubicación aunque estés a mi lado porque no te siento.

El apocalipsis llegará en una actualización automática.

Virales o inmortales, esa es la cuestión

¿Conectarse es encontrarse? "Lo siento, no he entendido la pregunta”, responde el asistente de voz.

En este instante mercancía, los filósofos redactan solicitudes de financiación para demostrar la utilidad económica de la duda. Los revolucionarios pendientes de la analítica de audiencia. Ay del contenido sensible, ay del pezón, eso nunca y la guerra editada en formato vertical, no lo olvides.

Compartir antes de leer. Condenar antes de saber. Responder sin pensar. Ser sin existir. Así se conjugan ahora los verbos.

No es la tecnología, nunca fue la tecnología, es el antiguo deseo de adorar ídolos hechos de materiales nuevos. No más becerros de oro, dame cobertura, no incienso y que nadie sospeche que toda religión comienza cuando dejamos de hacernos preguntas. 

En esta misa interminable a uno mismo, cementerio de perfiles y epitafios actualizados cada diez segundos, del dresscode aplaudido, del storytelling manido, que tu dios no tiene rostro, tiene interfaz, que ya no hay paraíso solo experiencia mejorada, te digo.

La revolución es morir sin haber optimizado esa dichosa experiencia, amar sin dejar pruebas, viajar sin dejar rastro, comer sin dejar evidencia, en este siglo que todo registra, ese es el último acto verdaderamente herético.

Somos animales sacrificados y la obscenidad de nuestro siglo es haber perdido la capacidad de ser atravesados por algo. Guárdate tu Tomahawk, que a este cuerpo mío ya le sacaron toda la sangre.

Que los corazones parecen campanas enterradas, que la palabra se acantila y yo caigo sin saber a dónde. Mientras aún una palabra tiembla como un pájaro en mi garganta. Mientras el sol se cose al horizonte con un hilo rojo que hiere. Y unas pestañas llenas de gasolina y polen aprenden a mirar bajo el esmalte rojo de un semáforo. Que la belleza lleva una rosa en la boca y un universo encondido en el silencio. Que lo importante se anuncia en la carne.

¿Quién eres tú? ¿en qué espesura existes?

Ser omnipresente, verlo todo, escucharlo todo, opinar siempre...

Como diría el gran Bartleby: PREFERIRÍA NO HACERLO.

A mí dame la oscuridad donde brillan las luciérnagas.





domingo, 26 de julio de 2026

El folio fuego eterno

 

«Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía». Emily Dickinson

Todos hablan del eclipse, del fuego, del saber perder. Yo me senté hoy -ya ayer- a escribir un poema que se llamaba El folio eterno, no el fuego eterno. Lo dedicaba a un joven nacido en Lowell, alérgico a las interrupciones o enamorado de la corriente eléctrica que nace de la escritura sin riendas (como esos caballos que hoy huyen del fuego) recortó y pegó con cinta adhesiva folio tras folio, de un modo frenético, y en apenas tres semanas -ardiendo- sin puntos y aparte, sin márgenes, sin sangrías... scroll infinito, como una carretera eterna, como el flujo de una vida que se inventa segundo a segundo,  escribió una novela. O contó su vida, qué más da. No es la canción...

Después, como no podía ser de otra manera, automáticamente me fui por las ramas del poema que no sería. Dime cómo se disuelve el ego cuando todo el mundo trae su justificante de emociones. Cuando todo el mundo habla de lo mismo, cuando todo el mundo ya estuvo "allí", cuando todo el mundo es como todo el mundo. Yo quiero que traigas un poema con pistola. Un poema que haga que Dickinson sonría y tiemble en cada costura intracraneal. Te lo pido a ti y me lo pido a mí misma. 

Me anoté en la palma de la mano izquierda el nombre de un pueblo que por lo visto iba a arder: El Tiemblo. Quise saber más y entre la leyenda de una princesa del siglo XV y una anotación del cronista Sampiro en el siglo XI, con esta última me quedé: «Venit in locum que dicitur a Trémulo». Eran tierras repletas de álamo temblón. Cuánta poesía nos aguarda ahí fuera. Cuánta ceguera albergamos dentro. Cuánta poesía se está quemando.

¿Cómo era eso de que somos un río? ¿Dónde quedó eso de la impermanencia, el famoso Anitya?

Este puede ser un folio Mekong donde diluirnos, donde revelarnos como simple pieza del engranaje, y qué. Samapattis de color dolor para salpicar el papel de nosotros sin que se note y escuchar nuestra propia sangre recorriendo nuestras venas. Líbrame de lo evidente, del espejo y la condescendencia. Del corazón vacuo y del algoritmo. De la muchedumbre que solo es un montón de vacío. Ese, el vacío, es el único bosque que debería arder. 

Entonces Lorca: 

Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Se acaba el vino y la luz de la vela a la vez y llega el audaz recuerdo a pellizcarme los gemelos, con su balada indescifrable por los lugares que no habité. Atada al mástil, escuché sus cantos.

El corazón que se desnuda se arma, pienso.

Con qué facilidad todo es polvo, con qué facilidad se arruga el vestido de la carne.

Tomar café, tomar muslos, tomar esquinas y fiebres. Saborear paseos por los márgenes donde todo es era savia, rocío, pupila, derrumbe silencioso de las sombras, trinos, musgos amorosos y que ahora nadie ve. Belleza desprotegida obligada a un ave fénix. Otra vez.

Podemos ser todos los lugares que se desprenden en la transparencia de una caricia o habitar la destrucción del sinsentido. 

Eclipse, fuego, saber perder. Vuelvo al folio eterno, vuelvo a las esquirlas de los sueños, a lo que queda de lo que fue.




domingo, 19 de julio de 2026

Ab imo pectore o Ab imo abysso

 

Carta de amor a la luz que se hunde.

En el desfiladero de tu mirada se ha detenido un albatros que con el pulso atávico de sus alas, va a vencerte. Emprenderá el vuelo y tú la caída.

Cuando la luz parece que se entierra en la línea del horizonte, luz que se destiñe en rojos, luz que se amapola. Luz que se deshace como la esperanza, que tú, quiromante, tallas en las palmas de tus manos a puñaladas. 

Hay un espacio entre el recuerdo y la desesperación del corazón que se extravió en su propio vuelo, Ícaro ridículo. Narciso esquizo. Velero a la deriva. Ilusión que naufraga.

Hay una carta escrita con fuego que llega de un tiempo antiguo. Pero ya no quieres leer.

Se ensancha la herida, imagen exuberante en la memoria, y una semilla salvaje germina en el lagrimal de un adiós tan gratuito como ya irremediable. Pero ya no quieres ver.

El poema semiprecioso nace de la mina de tus entrañas y balbucea grita aúlla brama clama un canto improvisado en la agonía que no sobrevivirá jamás a la mañana, porque ya no quieres escuchar.

Un caligrama dibujado en el abismo, párpados que cargan tormentas.

Una sombra infinita que fue creciendo.

Dame amor sin fanatismo, imploraba. Una ternura diamantina, dame un exceso de calma.

Pero ni un auxilio de caricias llegaba.

Ensayamos el gesto sonámbulo del que conoce tan bien su dolor, su destino, el que fuera su territorio que esquivamos quicios y cantos para no despertar, para no existir fuera del sueño. Porque ya no queremos saber.

Fabricando una oasis-burladero para olvidar donde el nace el poema y sus corales de tristeza, el que quiso forjar un imperio, no un pecio doliente de emociones, de recuerdos, no una herida entre el cielo y la tierra. 

Un amanecer sin revelación, quién lo quiere, solo una playa muerta y unas gaviotas hambrientas y un mar respirando detrás de ellas, inmenso, como una fosa común que hubiera aprendido a gritar. 


Oye poeta, le dicen, desenchufa* el amanecer,

Oye poeta, desconecta los relámpagos, como dijo Bolaño.


Que quiero una noche oscura y silenciosa en esta isla, a ver si la tienes.

Que quiero mojar tu pirotecnia hecha de impostura y prisas.

Con la saliva de mis versos.

Con ráfagas de consciencia aniquilante.

Con primerísimo plano del desastre.

Amansar los flashes de la nada.

Conversar, de nuevo, con la mirada verdadera.

Microfonear tu latido, si es que existe.

Contemplar pájaros y nubes, si es que existen.

Dejar de marcar con una X el lugar del tesoro que siempre fue el lugar de la trampa.

Apoderarme de la llanura de tus hombros, morder tu yugular a ver si sangras.

Adueñarme de lo abstracto sin medida.

Criptica amazona del camino polvoriento.

De la vereda llena de espino y amapolas.

Vaciar el stock de la rabia.

Que mi vida fue ver nacer y crecer un desierto.

De las emociones, de lo verde, de dónde queda el arrepentimiento.

De quién son estos sueños atroces?

Que está bien no brillar.

Que está bien habitar el margen.

Que está bien pasar desapercibido,

andar, no volar,

está bien ser 

sin más

con menos.

Que está bien vivir.

Nos inmolamos públicamente y no era necesario.

Nuestras alas de gigante, como dijo el poeta, nos impidieron caminar. 


 


 

viernes, 17 de julio de 2026

UN PARAÍSO EXCAVADO EN LA ROCA

                                   


           


 por todas las noches que creímos eternas aunque precedieran al abismo, a María Teresa León y Rafael Alberti.

”Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”.


Esa noche…fue muy larga.
Abrí mis ventanas
cuando cayó el sol
y la madrugada
como un vestido de calor
me apretaba.

Dejé entrar al viento
para que nuestro paisaje de piel
desenredara.
Fuera la ropa tendida danzaba
bajo una luna creciente
que se tornaría guadaña.

El viento, no puede llevárselo todo,
me repetía.
Ojalá… a veces…se lo llevara…
Siempre se deja las cicatrices, las dudas
y las miradas que nos traspasaron.
Si se lleva mi pena, es porque será la tuya.
Canje diabólico, equilibrio insano.

Podría traer, este viento, el eco de las risas
algunos temblores concretos
algunas oportunidades perdidas
o el amor de todas las madres.

Que se lleve, si quiere, las prisas,
el odio y las guerras.
Que yo solo quiero el olor de todas las espumas
que me salpicó el mar
esa lágrima gigante.

Esa noche, sería la última
la última de esa Vida
porque cual Atlántida
que en un día y una noche terribles
se hundió,
algo iba a suceder,
algo que ahuyentaría la luz
nuestra luz, toda
porque algo venía a labrar
un lenguaje de penumbra.

Yo, que estoy herida de luz y verdad
aquí abriendo mis ventanas

a la muerte.
Yo que sé que prefiero el destierro en tu cuerpo, siempre
que lo que llega es peor que la Nada
Yo que sé que el exilio es el auxilio

Yo me duelo y me lleno de rabia
Con más corazón que coraza
Ese viento trae un desierto
Pero nadie escuchó su amenaza

En este temporal infinito de esquirlas y silencio
tricotaré, te juro, versos salvajes y atribulados,
Versos que crucen la carne
Hilvanando memoria y verdad
Versos que serán recitados en la cubierta de un barco
que nos alejará, solo en la distancia, de estos tiempos de sangre.

Haré tributo al incendio
Al fuego que escondimos en nuestros cuadernos.
Haré simiente de la herida.
Sismógrafo del corazón
Me detendré en el misterio
del poema que alumbre el recuerdo
del derrumbe, de la caída
pero solo para levantarnos.

Porque te digo que cuando nació ese infierno
Excavé un paraíso en la roca
Excavé una promesa en el alma
Supe que el olvido es la más verdadera de las distancias que existe.
Que tú, contienes trazas de naufragio,
Memorias de huida y muerte
que otros provocaron.
Que este viento que te despeina la piel y el corazón
contiene todos nuestros suspiros
toda nuestra desesperación
todos los veranos que quedaron enterrados
No olvides que la esperanza es un jardín obstinado.

Que los exiliados somos una maraña de anclas
que sueñan arenas en mitad del viento.

Y hoy aquí, en esta noche, que se parece a todas las noches,
piensa que esto que ves, esto que acecha,
tal vez no sean solo molinos,
tal vez sí sean gigantes.

jueves, 9 de julio de 2026

El "no" ya lo tienes




 Supongo que así crecimos algunos, 

con "el no ya lo tienes".

Eso significaba pide la luna, que "él" se enamore, que te cojan en ese curro, que te toque el 30247, que te editen el poemario, que no llueva mañana, que salga bien el análisis, que te deje el coche tu padre cuando llevas dos días conduciendo, que te dejen entrar en pachá con quince, que te recojan en autostop fuera del summun en el `94 cuando no quedan taxis, que cante tu poema esa mujer que cada vez que hace algo te remueve las entrañas de bonito....el no ya lo tienes.

Y luego, a ver qué hacemos con el no que ya tenemos. 

Aceptarlo, claro. Edificar sobre él un rascacielos a mano. Volver a casa andando. Hacer un poema más hermoso. Buscar un amor más bonito. Comer más sano. Pedir la estrella Sirio que es la asoma por la ventana cada noche y no la luna. Cambiar de número. Buscar otro trabajo. Aprender a cantar. Tener el no y abrazarlo  

lunes, 29 de junio de 2026

ahogando el silencio

 


"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire. 

Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.

No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre. 

-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad. 

Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable. 

La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo. 

Tecleo tecleo tecleo


-¿Dónde? En la garganta 


miércoles, 15 de abril de 2026

UN FULGOR CÍCLICO



 



¡No quiero brillar, sino fosforescer!

 

Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca. La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe. 

«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.

No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el papel sea apenas otra forma de la noche. 

Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible. 

Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio del caos perderemos nuestra aureola.  

Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque. 

El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura. 

La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma, hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo. 

Fosforescer es el verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan. 

 Ay si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso. 

Venga a mí toda la luz desatada. 











sábado, 14 de febrero de 2026

D E S O R I E N T A D A



Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento. 

Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro. 

Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.   

Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan. 

Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita. 

Cuando el final será común, la hazaña es el camino. 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando yo salgo a la mar

                                                                              



una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo

Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego. 

Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo. 

Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda. 

Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 

*********

Somos el diez por ciento, y qué?

Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva. 

Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena. 

Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad. 

Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente. 

Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano  que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 


martes, 1 de abril de 2025

HILDA HILST, ¿Soy yo esta mujer que anda conmigo...?


XXII

No me busques ahí
donde los vivos visitan
a los llamados muertos.
Búscame
dentro de las grandes aguas
en las plazas
en el fuego corazón
entre caballos, perros,
en los arrozales, en el arroyo
o junto a los pájaros
o en el reflejo
de otro alguien,
subiendo un duro camino

Piedra, semilla, sal
pasos de la vida. Búscame ahí.
Viva.

                          Da morte. Odes mínimas


III

Descansa.
El hombre ya se hizo
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.

                         Amavisse

 

XVI

No es verdad.
No todo fue tierra y sexo
en mí
si soy poeta
es porque también
se hablar de amor
suavemente.

Y como nadie se
acariciar
la cabeza de un perro
en la madrugada.


SONETOS QUE NO SON

II

¿Es mío este poema o de otra?

¿Soy yo esta mujer que anda conmigo

y renueva mi habla y al oído

si no me habla de amor, al poco calla?

¿Soy yo la que a mí misma me persigo

o son mujer y rosa que escondidas

para que sea eterno mi castigo)

lanzan voces de noche tan oídas?

No sé. De casi todo no sé nada.

El ángel que da fuerza a mi poema

no sabe de mi vida descuidada.

La mujer no soy yo. Y perturbada

la rosa en su destino, la persigo

en rumbo hacia los reinos que inventé.



 IV

¿Qué boca ha de roer el tiempo? ¿Qué rostro
Ha de llegar después del mío? ¿Cuántas veces
el tejido leve de mi soplo ha de posarse
sobre la blancura agitada de tu pecho?

¿Atravesáremos juntos las grandes espirales
la arteria extendida del silencio, el vacío
la planicie del tiempo?

Cuantas veces dirás: vida, estrella vespertina, magna-marina
y cuantas veces diré: eres mío. Y en las distendidas
tardes, de largas lunas, de madrugadas agónicas
sin poder tocarte. Cuantas veces, amor

Una nueva vertiente ha de nacer en ti
y cuantas han de morir en mí.

                         Júbilo, memória, noviciado da paixão 


XVI

               O que nós vemos das coisas são as coisas.
               (Fernando Pessoa)

Las cosas no existen.
Lo que existe es la idea
melancólica y suave

que hacemos de las cosas.

La mesa de escribir es hecha de amor
y de sumisión.
En tanto
nadie la ve
como yo la veo.
Para los hombres
es hecha de madera
y esta cubierta de tinta.
Para mí también
más la madera
protege su interior
pues su interior es humano.

Los libros son criaturas.
Cada página un año de vida,
cada lectura un poco de alegría
y esta alegría
es igual al consuelo de los hombres
cuando inquietos permanecemos
en respuesta a sus inquietudes.

Las cosas no existen.
La idea, sí.

La idea es infinita
igual que el sueño de los niños.

                         Balada de Alzira

 

NO HABLEMOS.


Y que las voluntades primeras
permanezcan
gigantes y sin forma
sin ningún camino
para el mundo de los hombres.

 


X

Ardiente. Oscuro. Tu ardiente soplo
sobre la oscura cerrazón de la garganta.
Palabras que pensé atrincheradas
resurgen delante del toque nuevo:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del luto
viene llegando un lago de sorprendimiento
recreando musgo. Vuelven las seducciones.
Vuelve mi propia cara seducida
por tu doble rostro: mitad raíces
oquedades y pozo, mitad lo que no sé:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
las sales, el mal que ha sido esta lucha
en tu arena crispada de puñales.
Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
y exceso, ha de quedar en ti lo más sombrío.
Dirás: qué instante de dolor y de intelecto
cuando soñé los poetas en la Tierra. Carne y polvo
Lo perecible, exudando resplandor.

                                        Sobre a tua grande face 

IV

[fragmento]

                                    A Vinicius de Moraes

En la hora de mi muerte
estarán a mi lado más hombres
infinitamente mas hombres que mujeres.
(Porque fui más amante que amiga)
Sin duda dirán las cosas que no fui.
Como entonces con gran generosidad:
No era mal poeta la pequeña Hilda.

Tendré rosas en el cuerpo, en las manos, en los pies.

Son todos tan delicados
tan delicados…

                                            Balada do Festival 

 

XIX

Prométeme que te quedarás
hasta que la madrugada te sorprenda.
Aunque no sea abril
esta noche que desciende
aunque no haya estrella y esperanza
en este amor que amanece

                         Roteiro do silêncio 

 

I

Nave
ave
molino
y más todo seré

Para que sea leve
mi paso
en vuestro
camino

                          Trovas de muito amor para um amado senhor

 




III

Tu sueño no es un sueño común.
Extiendes la vigilia
y aprendes a través de la oscuridad.
También así
el mar reposa.

                         Pequenos funerais cantantes ao poeta Carlos Maria de Araújo

 

XIX

Si yo supiese
tu nombre verdadero

te tomaría
húmeda, tenue

y entonces descansarías.

Si susurraras
tu nombre secreto
en mis caminos
entre la vida y el sueño

Te prometo, muerte,
la vida de un poeta. La mía:
Palabras vivas, Fuego, Fuente.

Si me tocaras,
amantísima, blanda
como fui tocada por los hombres

en vez de Muerte
te llamo Poesía
Fuego, Fuente, Palabra viva
Suerte.

 

VI

Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
cuantas me darás para otra vez amanecer
intentándote buscar. Porque vives de mí, Sin Nombre,
sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
porque sé de ti tu hambre, tu noche de herrumbre
tu pasto es mi verso rociado de tintas
y de un verde negro tu casco en los arenales
donde me pisas hondo. Hoy te canto
y después enmudezco si te alcanzo. Y juntos
iremos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De sangre.

                         Sobre a tua grande face 

 

XXII

Que las barcazas del Tiempo me devuelvan
la primitiva urna de palabras.
que me devuelvan a ti y a tu rostro
como lo conocí desde siempre: punzante
pero centellante de vida, renovado
como si el sol y el rostro caminasen
porque venia de uno la luz del otro.

Que me devuelvan la noche, el espacio
para sentirme tan vasta y poseída
como si aguas y maderas de todas las barcazas
se hiciesen materia rediviva, adolescencia y mito.

Que te devuelva la fuente de mi primer grito.

 



Soy la mujer que firma sobre tu cuerpo,

moradora  secreta en tu cuarto,

llama que agita tu aliento,

música escrita en tus  sueños.

 

Soy el agua  incesante en tus mente,

nube que busca  tu boca,

viento sembrado en tu falda,

noche que enciende tu fuego.

 

Soy tu espejo y tu caricia,

óvulo girando y creciendo,

placer  narrado  con pausas,

hora que extingue tu muerte.

 

* 

Hay un paisaje sin corazón dentro de mí.

Lo veo tan cerca, tan esplendido…

súbita luz, nave dorada, espejo,

que transformándose en niebla

intacto emerge.

Sin duda, amigo mío, la isla

sería nuestro puerto.

Después de ella vendría el monólogo

y la certeza de las cosas imposibles.

 

III

  

Si tu vida se extiende

Más que la mía

Acuérdate, mi odio-amor,

De los colores que vivíamos

Cuando el tiempo del amor nos envolvía.

De oro. Del rojo de las caricias.

De las tintas de un celo antiguo

Derramado

Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.

Del castaño de luz de tu mirada

Sobre el dorso de las aves. De aquellos árboles:

Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.

 

Y hojas de un color de tempestades

Contorneando el espacio

De dolor y lejanía.

 

Tiempo turquesa y plata

Mi odio-amor, señor de mi vida.

Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.

 




viernes, 17 de enero de 2025

El éxtasis - Paul Éluard

 

«Fire walk with me»

Twin Peaks

                                                                                     « y a d'autres mondes, mais ils sont en celui-ci»

                                                                                                                                                  Paul Éluard


 


Estoy ante este paisaje femenino
Como un niño ante el fuego
Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos
Ante este paisaje en que todo me emociona
Donde espejos se empañan donde espejos se limpian
Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación

Tengo tantas razones para perderme
En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte
Hermosas razones que ayer ignoraba
Y que ya nunca olvidaré
Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas
Ante este paisaje donde la naturaleza es mía

Ante el fuego el primer fuego
Buena razón maestra

Estrella identificada
Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él
Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas
Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros

Estoy ante este paisaje femenino
Como rama en el fuego.

 ***********

«L’extase»

Je suis devant ce paysage féminin
Comme un enfant devant le feu
Souriant vaguement et les larmes aux yeux
Devant ce paysage où tout remue en moi
Où des miroirs s’embuent où des miroirs s’éclairent
Reflétant deux corps nus saisons contre saisons

J’ai tant de raison de me perdre
Sur cette terre sans chemins et sous ce ciel sans horizon
Belle raison que j’ignorais hier
Et que je n’oublierai jamais
Belles clés des regards clés filles d’elles-mêmes
Devant ce paysage où la nature est mienne

Devant le feu le premier feu
Bonne raison maîtresse

Etoile identifiée
Et sur la terre et sous le ciel hors de mon coeur et dans mon coeur
Second bourgeon première feuille verte
Que la mer couvre de ses ailes
Et le soleil au bout de tout venant de nous

Je suis devant ce paysage féminin
Comme une branche dans le feu.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Buceando en el naufragio





Una vez leído el libro de mitos

y cargada la cámara

y comprobado el filo de la hoja del cuchillo,

me pongo

la armadura de caucho negro

las absurdas aletas

la tosca y rígida mascarilla.

Tengo que hacer todo esto

no como Costeau

con su diligente tripulación

a bordo de la goleta soleada

sino aquí, a solas.

Hay una escalera.

La escalera está siempre ahí

colgando inocentemente

al lado de la goleta.


Nosotros, que la hemos usado,

sabemos para qué sirve

Sería, si no,

un trozo de escoria marítima

un desperdicio cualquiera.

Desciendo.

peldaño tras peldaño y todavía

el oxígeno me sumerge

la luz azul

los claros átomos

de nuestro aire humano.

Desciendo.

Las aletas me estorban,

me arrastro por la escalera cual un insecto

y no hay nadie

que me diga cuándo va a comenzar

el océano.


Al principio el aire es azul y luego

es más azul y luego verde y luego

negro estoy perdiendo la conciencia

y sin embargo

mi careta es potente

llena la sangre con fuerza

el mar es otra historia

el mar no es cuestión de poder

tengo que aprender sola

a girar mi cuerpo sin esfuerzo

en el profundo elemento.


Y ahora: es fácil olvidar

a qué vine

entre tantos que siempre

han vivido aquí

ondeando sus dentados abanicos

entre los arrecifes

y además aquí abajo se respira de otro modo.

Vine a explorar el naufragio.

Las palabras son propósitos.

Las palabras son mapas.


He venido a ver el daño que se hizo

y los tesoros que se han conservado.

Deslizo el haz de luz de mi lámpara

lentamente por el flanco

de algo más permanente

que peces o algas

lo que vine a buscar:

el naufragio y no la historia del naufragio

la cosa en sí y no el mito

el ahogado rostro siempre mirando fijamente

hacia el sol

la evidencia del daño

carcomido por sales y vaivenes

hasta convertirlo en esta belleza raída

las cuadernas del desastre curvan su afirmación

entre difusas presencias.


Este es el lugar.

Y yo estoy aquí, sirena cuyo cabello oscuro

fluye negro, tritón en su cuerpo blindado.

Circundamos en silencio

por los restos del naufragio

nos sumergimos en la bodega.


Yo soy ella: yo soy él

cuyo rostro ahogado duerme con ojos abiertos

cuyo pecho aguanta todavía la tensión

cuya carga de plata, cobre, bronce yace

oscuramente en el interior de los barriles

mal encajados y pudriéndose

somos los instrumentos semidestruidos

que, una vez siguieron un rumbo

la bitácora carcomida por el agua

la brújula atascada.


Somos, soy, eres

por cobardía o valor

quienes hemos de hallar nuestro camino

de regreso a esta escena

llevando un cuchillo, una cámara

un libro de mitos

en el cual

nuestros nombres no aparecen.

 


viernes, 26 de julio de 2024

Katharsis - El muralismo hiper-violento de Orozco

 



Tras su viaje a los Estados Unidos en 1934, José Clemente Orozco regresó a México para pintar el muro oriente del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de Mexico, pero como el edificio estaba un poco hecho polvo, decidió no arriesgar su obra pintando directamente sobre un muro que se podía derrumbar en cualquier momento y optó por pintarla sobre un bastidor de acero.

Katharsis muestra mediante una orgía de color brillante y formas dinámicas una muy expresionista alegoría sobre la guerra y la desintegración. Para ello empleó diversos motivos, muchos de ellos recurrentes en su obra: las armas, las masas de gente, la lucha, el caos… Todo unido en una montaña de catarsis. También tenemos ahí la prostitución (putas que ríen simbolizando el abandono de los valores morales), las máquinas (que con sus engranajes parecen devorar a colectivos humanos enteros), una caja fuerte abierta (la avaricia y codicia humanas, el robo a la sociedad), el fuego… Porque en la parte superior de la obra todo está ardiendo, como si con un último sufrimiento extremo el fuego fuera a purificarlo todo.

¿Nos está diciendo Orozco que nuestra sociedad, donde se utiliza la máquina y la tecnología no precisamente para nobles fines, está abocada al fracaso? ¿Qué es mejor quemarlo todo y empezar de cero…?

Orozco era un genio, y mediante esa composición tan caótica, amplifica de manera increíble el dramatismo de la escena. Una tendencia clara hacia lo dramático y lo siniestro con la que quería lanzar un mensaje de alarma.

 

Autor del texto: Esteban Iborio


sábado, 8 de junio de 2024

un huracán fuera de temporada




Un coral, un relámpago, una palabra, un trozo de leña, un acorde o un rayo de luna, bastan. Un requiebro para recibir la aurora y hacer mío el temblor crucial y consagrarme como corazón hipnotizado que busca la escritura que devora y la encuentra en cualquier lugar. Aquí lo hacemos a oscuras porque no toda luz vale. Porque no toda luz viene del fuego. Aquí se tejen los versos al muslo y se alumbra lo que se alcanza. En la síntesis de una mirada, eso basta. La métrica del pensamiento desatado que se alcanza con la mano. La rima del gemido. La lengua de una diosa, nido de azúcar y también su espalda de sal repleta. En las líneas de fuga nadie debería querer reescribir una caricia, ni un verso, ni un dolor, porque no se puede. El que reescribe un poema lo convierte en algo que no fue y ya nunca será. Quién sabe reconstruir un arrecife? renombrar una galaxia? dibujar el origen de un sabor? 

Yo, me reencarnaré en un poema. Quizá llegue con las crines lastimadas de deseo y tarde. Mejor. Con una plaga de recuerdos que respiren sin lamentos; un precipicio en el pecho desde donde se lanzaron, uno a uno, los días más felices, sin miedo, después de arrancar manojos de nostalgia de los caminos para no tropezar ni un segundo. Como una estrella moribunda que viene a traducir su fulgor, tal vez llegue, cuando las palabras sean la carne del poema, las pestañas estambres dulces donde amarrarse con euforia en lo inédito del amor que nadie escribió, con el lenguaje irreconocible que nace desde dentro, de roce duplicado, con su bautismo de fuego. Hay que tener los arrestos de salir de la muchedumbre. Exaltarse y blandir la palabra inesperada. Traducirse por dentro. A solas y más allá, afilar la pluma, elevarse en un abrazo de balconada, sabernos infinitos y barrocos. Los versos llenos de serpientes y nenúfares que vengan a tocar el mundo con suavidad y veneno y elevarse con austeridad y romanticismo en estos tiempos de romería y absurdo. Como barcazas surcando el desierto. Caballos crucificados devueltos a la vida. Tu mordisco tatuado en mi hombro izquierdo. Un revuelo de pétalos electrificados en el anfiteatro de tus ojos. 

Leí que la ternura es un submarino que todos ignoran. Pero aquí no. Aquí un tratado de paz, un atlas de los instintos, más allá de la gramática del misterio y la muerte. Partidarios de la inspiración, sedientos por devoción. Notas sobre la belleza. La belleza del escalofrío que se siente versus el escalofrío que se provoca. Triunfantes los cuerpos que no se adornan con nada que no sientan. El gozo de la transformación nickcaveiana siempre presente en esta obra sin ensayos que son nuestras vidas. La promesa del aullido que se profiere desde lo más hondo. O un poema despiadado que rompa el ritmo de las estaciones. Un canto para nadie. Un aguacero para la desnudez. Habitar el Reino de los fines. Furiosamente hacia uno mismo. Ruinas en reconstrucción pero legítimos de nuestra derrota. El paisaje urgente que atraviese la nada que nos envuelve porque los sótanos de la transparencia están llenos de espejos. Hectáreas de vacío que ahuyentamos. Las proporciones áureas de nuestro abismo como himno. 

Pero siempre pertenecerme entera, que el mundo está amueblado por tus ojos*, dijo el poeta y por ello crucé avenidas y partículas de luz para errar lugares pero acertar en mi emoción por si acaso no había nada más. 


domingo, 21 de abril de 2024

ALTAZOR O EL VIAJE EN PARACAÍDAS, VICENTE HUIDOBRO

 




PREFACIO

 

     Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.


     Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental.

 Lanzaba suspiros de acróbata.


     Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.

     Amo la noche, sombrero de todos los días.
     La noche, la noche del día, del día al día siguiente.


     Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.


     Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: «Entre una estrella y dos golondrinas.» He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.


     Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.

     Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.


     El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: «Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?» Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: «Adiós» con su pañuelo soberbio.


     Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.

     Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.
     Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.


     Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso, como un ombligo.


     «Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.

     »Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pegadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
     »Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno; los días que tienen un oriente legítimo y reconstituido, pero indiscutible.
     »Después tracé la geografía de la tierra y las líneas de la mano.
     »Después bebí un poco de cognac (a causa de la hidrografía).
     »Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca.
     »Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador.»


     Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.


     Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.


     Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.


     Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:



    
«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
     »Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
     »Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
     »Un poema es una cosa que será.
     »Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
     »Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
     »Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
     »Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»



     Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo a la atmósfera del último suspiro.
     Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre las nubes de la muerte.


     Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:


     »Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. ¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?
     »Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.
     »Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, la única que no lo sea a medias, y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad demasiado restauradas.
     »Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes comunicantes.
     »Digo siempre adiós, y me quedo.
     »Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.
     »Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón de la neblina intermitente.
     »Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las golondrinas.
     »Ámame.»


     Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino a sentarse en mi paracaídas.
     Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
     Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.
     Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.
     Ah, qué hermoso..., qué hermoso.
     Veo las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles.
     Veo la noche y el día y el eje en que se juntan.


     Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que coma alpiste, ni caliente su garganta con claro de luna, sino con mi pequeño paracaídas como un quitasol sobre los planetas.

     De cada gota del sudor de mi frente hice nacer astros, que os dejo la tarea de bautizar como a botellas de vino.
     Lo veo todo, tengo mi cerebro forjado en lenguas de profeta.
     La montaña es el suspiro de Dios, ascendiendo en termómetro hinchado hasta tocar los pies de la amada.
     Aquél que todo lo ha visto, que conoce todos los secretos sin ser Walt Whitman, pues jamás he tenido una barba blanca como las bellas enfermeras y los arroyos helados.
     Aquél que oye durante la noche los martillos de los monederos falsos, que son solamente astrónomos activos.
     Aquél que bebe el vaso caliente de la sabiduría después del diluvio obedeciendo a las palomas y que conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los barcos.
     Aquél que conoce los almacenes de recuerdos y de bellas estaciones olvidadas.


     Él, el pastor de aeroplanos, el conductor de las noches extraviadas y de los ponientes amaestrados hacia los polos únicos.

     Su queja es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo.
     El día se levanta en su corazón y él baja los párpados para hacer la noche del reposo agrícola.
     Lava sus manos en la mirada de Dios, y peina su cabellera como la luz y la cosecha de esas flacas espigas de la lluvia satisfecha.
     Los gritos se alejan como un rebaño sobre las lomas cuando las estrellas duermen después de una noche de trabajo continuo.
     El hermoso cazador frente al bebedero celeste para los pájaros sin corazón.
     Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes.
     Hasta la llegada de una boca hinchada de besos para la vendimia del destierro.


     Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa.

     Está quizá al extremo de tu canción próxima y será bella como la cascada en libertad y rica como la línea ecuatorial.


     Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia.


     La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer.

     Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
     Adentro de ti mismo, fuera de ti mismo, caerás del cenit al nadir porque ése es tu destino, tu miserable destino. Y mientras de más alto caigas, más alto será el rebote, más larga tu duración en la memoria de la piedra.
     Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo.
     Ah mi paracaídas, la única rosa perfumada de la atmósfera, la rosa de la muerte, despeñada entre los astros de la muerte.
     ¿Habéis oído? Ese es el ruido siniestro de los pechos cerrados.
     Abre la puerta de tu alma y sal a respirar al lado afuera. Puedes abrir con un suspiro la puerta que haya cerrado el huracán.


     Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.

     Poeta, he ahí tu paracaídas, maravilloso como el imán del abismo.
     Mago, he ahí tu paracaídas que una palabra tuya puede convertir en un parasubidas maravilloso como el relámpago que quisiera cegar al creador.


     ¿Qué esperas?


     Mas he ahí el secreto del Tenebroso que olvidó sonreír.

     Y el paracaídas aguarda amarrado a la puerta como el caballo de la fuga interminable.