Lo primero que hice fue quemar todos mis libros de Charles Bukowski. Saqué el papel de aluminio y lo extendí en el suelo. Rompí en mil pedazos las entrañas inmundas de la literatura-plancton y encendí una cerilla. Apagué las luces y observé las llamas junto con unas películas caseras en super-8 que había hecho mientras me hallaba bajo la influencia de aquella vida que ahora había decidido cambiar. Las pelis eran las típicas mierdas sangrientas con marionetas follando, ah, y ese efecto como de programa televisivo de videntes con formas aristoides flotando y girando de un modo surrealista cargado de significado. Qué chorrada, era como ver un seminario para agentes inmobiliarios, pero quedaba bien como telón de fondo para mi conversación a Dios a través de la MTV. Dios. Dios. Dios. Me siento con las piernas cruzadas. El rosario a mi izquierda, la Biblia a mi derecha, aquí estoy atascado en medio contigo. «Atascado en medio contigo». ¿Quién cantaba esa canción? ¿Atlanta Rhythm Section? Steve Miller, puf, Dios.
malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
martes, 7 de agosto de 2012
diarios - Kurt Cobain
Amicum-Philosophum de Melancholia, Mania et Plica Polonica - Joseph Brodsky
Insomnio. Un trozo de mujer. Un vidrio
repleto de reptiles que se abalanzan hacia afuera.
La locura del día se desliza del cerebelo
al cogote donde ha formado un charco.
En cuanto te meneas, el interior percibe
como en este lodo helado alguien
sumerge una pluma fina
y lentamente traza «maldición»
con letra que se tuerce en cada curva.
El trozo de mujer con crema
suelta al oído palabras largas
como una mano en mugrientas greñas.
Y tú en las sombras estás solo, sobre la sábana
desnudo, como un signo zodiacal.
«Al amigo-filósofo, de la manía, de la melancolía y de la plica polaca»
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Gilles Vranckx,
Joseph Brodsky
lunes, 6 de agosto de 2012
siempre me gustaron las rectas... - Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo
Siempre me gustaron las rectas.Tan correctas ellas, tan exactas. Con rectas aprendí que podrían construirse los más disímiles cuerpos geométricos. Un cubo, una pirámide, y hasta una casa. Tuve una madre muy recta y rectos maestros. Al final, mi desviada adolescencia acabó rectificando. Llegué a ser, lo que se dice, un hombre recto; listo para el matrimonio. Todo fue bien hasta que llegaste tú: Nadie me había dicho que la recta es solo un pequeño trozo de curva y que lo importante era saber cuándo cambiar de dirección. No me hablaron del espacio, ni de las órbitas. Ni de las caderas que tuercen hasta al más recto de los hombres. Ni de esos volcanes apezonados, en nada rectos. Estoy a punto de quedar solo en este mundo porque mi rectitud me impide orbitar: Claro; no es posible dar la vuelta a un corazón rectilíneamente. Ya ves, mujer de claras curvas. Que esos aguaceros de disculpas no son más que discontinuidades de estas rectas mías, que han tenido que aprender a borrarse algunos trozos para trazar; a tu gusto, alguna que otra imperfecta flor.
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Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo,
Saiman Chow
pellizcaré tus nalgas en cines de barrio.... - Jorge Javier Molina
Pellizcaré tus nalgas en cines de barrio,
compartiremos un abrigo en heladas esquinas,
te dejaré un pañuelo para que llores la muerte
de los últimos gorriones
compartiremos un abrigo en heladas esquinas,
te dejaré un pañuelo para que llores la muerte
de los últimos gorriones
y leeremos a Baudelaire en ediciones antiguas
mientras Isolda muere de amor por vez centésima
o buscamos olvidados autores por librerías de viejo.
Dirán que fuimos tristes,
tan tristes
que la lluvia se nos pegaba a los zapatos
y murieron de nuestra enfermedad muchas palomas,
Rachmaninoff tocará nuestro concierto,
nos arrancará lágrimas con sus manos de plástico
y nadie llegará a entender qué sabor tiene
amanecer después de una derrota, esparcir
los calcetines zurcidos por el suelo
y tomar el más largo entre las manos
para hacerte con él un torniquete
mientras le dices
alguna palabra quizá que ya no entiendes, o esperas
que se apague el último sol entre los visillos
y nos delate viejas letras en tu canción de ahora.
mientras Isolda muere de amor por vez centésima
o buscamos olvidados autores por librerías de viejo.
Dirán que fuimos tristes,
tan tristes
que la lluvia se nos pegaba a los zapatos
y murieron de nuestra enfermedad muchas palomas,
Rachmaninoff tocará nuestro concierto,
nos arrancará lágrimas con sus manos de plástico
y nadie llegará a entender qué sabor tiene
amanecer después de una derrota, esparcir
los calcetines zurcidos por el suelo
y tomar el más largo entre las manos
para hacerte con él un torniquete
mientras le dices
alguna palabra quizá que ya no entiendes, o esperas
que se apague el último sol entre los visillos
y nos delate viejas letras en tu canción de ahora.
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Daido Moriyama,
Jorge J. Molina
domingo, 5 de agosto de 2012
tala - Julio Cortázar
Nocturno, Calle Corrientes
Llévese estos ojos, piedritas de colores,
esta nariz de tótem, estos labios que saben
todas la tablas de multiplicar y las poesías más selectas.
Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,
me quito las uñas y dientes y le completo el peso.
No sirve
esa manera de sentir. Qué ojos ni qué dedos.
Ni esa comida recalentada, la memoria,
ni la atención, como una cotorrita perniciosa.
Tome las inducciones y las perchas
donde cuelgan las palabras lavadas y planchadas.
Arree con la casa, fuera de todo,
déjeme como un hueco, o una estaca.
Tal vez entonces, cuando no me valga
la generosidad de Dios, eso boyscout,
y esté igual que la alfombra que ha aguantado
su lenta lluvia de zapatos ochenta años
y es urdimbre nomás, claro esqueleto donde
se borraron los ricos pavorreales de plata,
puede ser que sin vos diga tu nombre cierto
puede ocurrir que alcance sin manos tu cintura.
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Horacio Coppola,
Julio Cortázar
viernes, 3 de agosto de 2012
balada sobre la distancia - Jesús Llorente
El cuerpo a cuerpo en el lugar de la despedida
consiste en estudiar a un enemigo que ya saluda
desde una futura foto de si mismo. Al abrir las manos
somos dos árboles que nunca podrán abrazarse
salvo en un instante a mitad de una tormenta.
Dices que vas a enredarte
en las telas de araña de todas nuestras esquinas,
a derruir los puentes y secar los ríos
en los que encontramos una belleza tenebrosa.
Dices que todo lo que sabes cabe en un poema,
palabras que te absorben desde dentro
y prenden en tus dedos al leer. Dices todo lo que dices
cada vez más lejos, como un país
que cambia de capital en medio de una guerra,
o un vigilante nocturno al fondo de un pasillo.
Y al verte desaparecer hago crujir las palmas de mis manos,
bato unas alas que ya no existen,
y trago toda la saliva que voy a llorar
cuando derribe todas tus estatuas
en el mismo preciso instante en el que cambia la historia.
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Jesús Llorente,
Maxie Fischer
playa - Roberto Bolaño
Dejé la heroína y volví a mi pueblo y empecé con el tratamiento de metadona que me suministraban en el ambulatorio y poca cosa más tenía que hacer salvo levantarme cada mañana y ver la tele y tratar de dormir por la noche, pero no podía, algo me impedía cerrar los ojos y descansar, y ésa era mi rutina, hasta que un día ya no pude más y me compré un trajebaño negro en una tienda del centro del pueblo y me fui a la playa, con el trajebaño puesto y una toalla y una revista, y puse mi toalla no demasiado cerca del agua y luego me estiré y estuve un rato pensando si darme un baño o no dármelo, se me ocurrían muchas razones para hacerlo, pero también se me ocurrían algunas razones para no hacerlo (los niños que se bañaban en la orilla, por ejemplo), así que al final se me pasó el tiempo y volví a casa, y a la mañana siguiente compré una crema de protección solar y me fui a la playa otra vez, y a eso de las 12 me marché al ambulatorio y me tomé mi dosis de metadona y saludé a algunas caras conocidas, ningún amigo o amiga, sólo caras conocidas de la cola de la metadona que se extrañaron de verme en trajebaño, pero yo como si nada, y luego volví caminando a la playa y esta vez me di el primer chapuzón e intenté nadar, aunque no pude, pero eso ya fue suficiente para mí, y al día siguiente volví a la playa y me volví a untar el cuerpo con protección solar y luego me quedé dormido sobre la arena, y cuando desperté me sentía muy descansado, y no me había quemado la espalda ni nada de nada, y así pasó una semana o tal vez dos semanas, no lo recuerdo, lo único cierto es que cada día yo estaba más moreno y aunque no hablaba con nadie cada día me sentía mejor, o diferente, que no es lo mismo pero que en mi caso se le parecía, y un día apareció en la playa una pareja de viejos, de eso me acuerdo con claridad, se veía que llevaban mucho tiempo juntos, ella era gorda, o rellenita, y debía de andar por los 70 años aproximadamente, y él era flaco, o más que flaco, un esqueleto que caminaba, yo creo que eso fue lo que me llamó la atención, porque por regla general apenas me fijaba en la gente que iba a la playa, pero en éstos me fijé y la causa fue la delgadez del tipo, lo vi y me asusté, coño, es la muerte que viene a por mí...
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Nicholas Hughes,
Roberto Bolaño
yo no soy la Maga
Yo no soy la Maga. Y no sé si pronuncias la “r” a la francesa. Y no hemos compartido travesía en el Conte Biacamano ni a pachas unos Gitanes ni agarrados un par de tangos. A veces da la sensación de que te hablo en lunfardo y no me entiendes pero hasta eso es bonito. Tal vez para ti no son importantes las casualidades. Tal vez yo no vaya por el mundo despeinada y con los zapatos rotos, y al igual que Cortázar tu coartada para verme debe comenzar por cerrar los ojos. Podríamos parar nuestros relojes o romperlos y tirarlos al mar, marcar las horas con nuestros latidos. Perder los paraguas y buscar la lluvia. Leernos la piel mientras te recreas en mis esquinas suave y fiero, cual cíclope enamorado. Movernos al compás de notas prohibidas, recorrer el París que albergamos dentro.
No me has enseñado dónde empieza tu dolor, ni han chocado las copas, ni hemos brindado con nuestros cuerpos. Cacemos nuestros monstruos y alimentémoslos por la soledad que acecha. Rompamos la estructura que nos agrieta. Saltemos los peldaños de dos en dos, cual rayuela, esquivando algo que no sabemos qué es mientras me hablas de humedad, carne y emoción y yo lo quiero todo, mientras esta ansiedad nos muerde, mientras se pone el sol, mientras se pone la luna, mientras pasa una vida y tú te quedas dentro. Anclado, quieto.
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Andre Kertesz,
mis desastres,
prosa poética
jueves, 2 de agosto de 2012
lluvia - Edward Thomas
Lluvia, lluvia de medianoche, sólo la lluvia salvaje
sobre esta barraca gris, y soledad, y yo
recordando de nuevo que al final moriré
y no podré oír la lluvia ni ofrecer mi gratitud
por su forma de lavarme, dejándome lo más limpio
que he estado desde que nací a esta soledad.
Benditos son los muertos sobre los que llueve la lluvia:
pero ahora rezo para que ninguno de los que amé
se esté muriendo esta noche o yazga aún despierto
y en soledad, escuchando la lluvia,
sufriendo o sintiendo así una compasión
impotente entre los vivos y los muertos,
como agua fría entre juncos quebrados,
incontables juncos quebrados, altos y tiesos,
que, como yo, no poseen un amor que esta lluvia salvaje
no haya disuelto salvo el amor por la muerte,
si acaso es amor hacia aquello que es perfecto y
no puede, me cuentan las tempestades, decepcionar.
Traducción de Ben Clark
RAIN
Rain, midnight rain, nothing but the wild rain
On this bleak hut, and solitude, and me
Remembering again that I shall die
And neither hear the rain nor give it thanks
For washing me cleaner than I have been
Since I was born into this solitude.
Blessed are the dead that the rain rains upon:
But here I pray that none whom once I loved
Is dying to-night or lying still awake
Solitary, listening to the rain,
Either in pain or thus in sympathy
Helpless among the living and the dead,
Like a cold water among broken reeds,
Myriads of broken reeds all still and stiff,
Like me who have no love which this wild rain
Has not dissolved except the love of death,
If love it be towards what is perfect and
Cannot, the tempest tells me, disappoint.
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Dara Scully,
Edward Thomas
desayuno continental y embestidas
el deseo era el arnés que me sujetaba a ti en la caída
justo antes de que tocáramos el suelo
y del fuego a la ceniza sólo media el tiempo
para qué diferenciar entre caricias y heridas
si acabarán siendo lo mismo
cuando no sepa qué hacer con ellas
y seamos una versión instrumental
de nuestro mejor momento
por qué domesticarnos si nos preferimos salvajes
quién encerró a los animales
quién apagó mis jadeos, tu ansia y el fuego
culpable culpable culpable
no quiero el antídoto de tu veneno
no quiero ver la cama hecha
no quiero beber agua
no quiero no quiero no quiero
contraria contrariis curantur, lo contrario se cura con lo contrario
quería curar tus heridas con sal
sobrevivir a esas montañas que son pozos
y hundirnos en el misterio de nuestros cuerpos
conocer tu poso
revolucionar tu alma
clavarme en tu esternón
tan caliente como los bosques que arden en agosto
similia similibus curantur, lo semejante se cura con lo semejante
rodeados del plancton marino de tus pesadillas
húmedos, profundos y encajados
pretéritos pluscuamperfectos
desayuno continental y embestidas
bestias moran tu mente
cosaco desalmado
déjalas entrar en mi guarida
aequalia aequalibus curantur, lo igual se cura con lo igual
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Guy Moberly,
mis desastres,
poema
miércoles, 1 de agosto de 2012
eres el amarre, eres la cala
Me desvelas y me haces caliente en las trampas de tu piel, cuando amaneces, cuando te vuelves oscuro o en pleamar. Trampas tapizadas de entrañas y casquería variada, me rompes la farolas y te cuelas bien dentro y ya no sabes volver a casa ni yo volverte. Tiras bien fuerte porque he mordido tu anzuelo, y te gusta la sirena y te gusta la sal. He abierto todas las puertas y ahora danzan los deseos, en voz alta, orgullosos, tremendos, de arrabal. No hay nada como perderse. No hay nada como olvidar nuestros nombres. No hay nada más que olas blancas aferradas con bajeras al colchón de nuestros mares. Salpicándonos. Eres el amarre, eres la cala. Devoción y ansiedad.
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Flora Hanitijo,
mis desastres,
prosa poética
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