malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
jueves, 8 de noviembre de 2012
el amor es un perro que aúlla en mitad de la noche
Lo siento, no, ni la sangre tibia,
ni los agarraos sin sudor. Yo traigo sueños como el que trae esperanza. No
espero desenlaces porque creo en los nudos. Nudos hermosos de dos lazos. Prendarme
de tu aliento y que la vida se me meta a trompicones sin previo aviso, así, por todos los rincones, conquistando sin
pasos aprendidos. Que la vida huela fuerte, mientras la rabia brota cual
manantial. Voy a leerte el daño en braille con la lengua y te lo voy a arrancar.
Te voy a recetar mi ansia y cada ocho horas sobredosis de piel. Nos
gastaremos sin remedio al usar nuestros cuerpos como abrigo
favorito en tardes de febrero, febrero cruel. Incautos pero felices. No vamos a adiestrar al
deseo, no hay doma que valga para ello. El amor es un perro que aúlla en
mitad de la noche. Yo no sé de palabras exactas pero olfateo tus coordenadas como
si me fuera la vida en ello. Qué indecentes, qué impuros. Las llanuras de la calma son carreteras rectas en
las que me duermo cuando en realidad quiero perderme. Somos velas y debemos consumirnos ardiendo. Huir de los amores de bromuro debería ser una obligación. Para qué construir jaulas habiendo cielo. Yo me vendo a los claroscuros de Caravaggio y hago de tu cuerpo encrucijada y de mi sed, salvación.
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mis desastres,
Rebecca Tillett
miércoles, 7 de noviembre de 2012
hija del viento - Alejandra Pizarnik
Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.
Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.
Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.
Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.
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Cartier-Bresson
martes, 6 de noviembre de 2012
no exhiben su pena en teatros abiertos - Frida Kahlo
La tragedia es lo más
ridículo que tiene el hombre
pero estoy segura, de que los
animales, aunque sufren
no exhiben su pena
en teatros abiertos
ni cerrados ( los hogares )
y su dolor es más cierto
que cualquier imagen
que pueda cada hombre
representar como dolorosa
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Jerry Berndt
Hotel Insomnio - Charles Simic
Me gustaba mi agujero.
Su ventana que daba a una pared,
Al lado había un piano.
Varias noches al mes
un viejo lisiado venía a tocar
“Mi Cielo Azul”.
Casi siempre, sin embargo, todo estaba en silencio.
Cada cuarto con su araña de sobretodo pesado
que atrapaba su mosca con una telaraña
de humo y delirio.Tan oscuro,
que no podía ver mi cara en el espejo.
A las 5 a.m. los pies desnudos del piso de arriba.
La “Gitana” adivina,
cuya tienda queda en la esquina,
yéndose a orinar después de una noche de amor.
Y una vez también, un niño sollozando.
Tan cerca se oyó, que pensé
por un momento, sollozaba yo mismo.
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Laia Llorca(imagen)
lunes, 5 de noviembre de 2012
nuestro invierno
que no quiero la dulce
caricia dilatada,
sino ese poderoso
abrazo en que romperme
Jaime Gil de Biedma
desertar de tu piel será desollarme a mí misma
y no me guiará nadie cuando lo haga
sin faros, ni bengalas en mitad de la sangre
derrame de daño
dejar abierto el gas de la memoria
lamer tu madrugada
hasta morir y que se me vuelva la noche
anclada al doloroso lienzo de la cama
tan limpio de ti
tan limpio de mí
sin aspavientos
saldré del mundo
sin laureles
volviendo a ser solar abandonado
fondo de mareas obstinadas y sucias
mientras me lates dentro
todavía
y me abasteces con tu mirada que fue
es nuestro invierno lo que viene
comida de cuartel
polvo de mariposas muertas que aún brillan sin vuelo
pero queriéndote tanto
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Daniel Luxford,
mis desastres
sábado, 3 de noviembre de 2012
High fidelity - Nick Hornby
Me da la impresión de que si pones la música (y los libros posiblemente,
y el cine, y el teatro, y las cosas que tienen sentimiento y que te
hacen sentir) en el centro de tu ser, no podrás aclarar ni en broma tu
vida amorosa; no podrás pensar en esa vida amorosa como quien piensa en
el producto acabado. Tendrás que pasarte la vida dándole caña, tendrás
que mantenerla viva y revuelta; tendrás que darle caña sin parar,
desenmarañarla a cada paso, hasta que se te deshaga entre las manos y te
veas obligado a empezar otra vez de cero. A lo mejor es que todos
vivimos la vida a una intensidad excesivamente alta, al menos los que
nos pasamos el día entero absorbiendo cosas de alta carga emocional, y
es consecuencia lógica que no podamos sentirnos meramente contentos:
tenemos que ser infelices, o si no vivir en éxtasis, en un estado de
completa felicidad, y esos estados son difíciles de alcanzar dentro de
una relación de pareja sólida y estable. Puede que Al Green sea
directamente responsable de más cosas de las que había supuesto. Está
visto, los discos me han ayudado a enamorarme, sin duda. Oigo un tema
nuevo, con un cambio de acorde que me derrite las entrañas, y sin darme
ni cuenta ando buscando una chica, y antes de que me dé cuenta la he
encontrado. Me enamoré de Rosie, la de los orgasmos simultáneos, justo
después de enamorarme de una canción de los Cowboy Junkies; la ponía sin
parar, una y otra vez, y me ponía en plan soñador, y necesitaba una
chica con la que soñar, y la encontré, y …bueno, todo un problemón.
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Nick Hornby
viernes, 2 de noviembre de 2012
El primer trago de cerveza - Philippe Delerm
Es el único que cuenta. Los otros, cada vez más largos, cada vez más anodinos, no dan más que una pastosidad calentorra, una abundancia malgastada. La última, quizá, encuentra la desilusión de acabar una apariencia de poder…
¡Pero el primer trago! ¿El trago? Comienza mucho antes de la garganta. Sobre los labios ya este oro espumoso, frescura amplificada por la espuma, después lentamente sobre el feliz paladar tamizado de amargura. ¡Qué largo parece, el primer trago! Se bebe enseguida, con una avidez erróneamente instintiva. De hecho, todo está escrito: la cantidad, ni demasiada ni demasiada poca, que hace falta para el comienzo ideal; el bienestar inmediato puntuado por un suspiro, un chasquido de lengua, o un silencio que los equivalga; la engañosa sensación de un placer que se abre al infinito… Al mismo tiempo, ya lo sabemos. Todo lo bueno se acaba. Dejamos el vaso, y lo alejamos incluso un poco sobre el pequeño posavasos. Saboreamos el color, falsa miel, frío sol. Por todo un ritual de tranquilidad y de espera, querríamos controlar el milagro que acaba a la vez de producirse y de escaparse. Leemos con satisfacción en el frente del vaso el nombre preciso de la cerveza que habíamos pedido. Pero continente y contenido pueden interrogarse, responderse sin parar, nada se multiplicará más. Nos gustaría guardar el secreto del oro puro, y encerrarlo en fórmulas. Pero delante de su pequeña mesa blanca salpicada de sol, el alquimista frustrado no guarda las apariencias, y bebe cada vez más cerveza con cada vez menos gusto. Es una felicidad amarga: bebemos para olvidar el primer trago.
John Berger, de Páginas de la herida
S e p a r a c i ó n
Nosotros con nuestro errático lenguaje
nosotros con nuestros acentos incorregibles
y otra palabra para leche
nosotros que llegamos en tren
y nos abrazamos en los andenes
nosotros y nuestros vagones
nosotros cuya voz en nuestra ausencia
está enmarcada en la pared de un dormitorio
nosotros que lo compartimos todo
y nada:
ese nada que dividimos en dos
y tragamos con un sorbo
de la única botella,
nosotros a quienes el cuco
enseñó a contar
¿Por qué moneda
han cambiado nuestro canto?
¿Qué sabemos de poesía
en nuestras camas solitarias?
Somos expertos en regalos
los envueltos
y los que se dejan subrepticiamente.
Antes de partir escondemos nuestros ojos nuestros pies
nuestras espaldas
lo que nos llevamos es para la rejilla de los equipajes.
Atrás dejamos nuestros ojos
en los marcos de las ventanas y en los espejos
nuestros pies atrás
en la alfombra junto a la cama
nuestras espaldas en la cal de las paredes
y en las puertas colgadas de los goznes.
La puerta cerrada detrás de nosotros
y el traqueteo de las ruedas del vagón.
También somos expertos en tomar.
Nos llevamos los aniversarios
la forma de una uña
el silencio de un niño dormido
el sabor de tu apio
y la palabra para leche.
¿Qué sabemos de poesía
en nuestras camas solitarias?
Vía única, empalmes y
Apeaderos
leen en alto para nosotros.
No existe poema con versos más largos
que las líneas que hemos cogido.
Como chalanes sabemos cómo
calcular la distancia en la boca
Y juzgar su dolor por los dientes.
Con mulas, a pie
en camiones y líneas aéreas
en nuestro corazón
lo llevamos todo,
cosechas, ataúdes, agua,
gasóleo, hidrógeno, carreteras,
las lilas florecidas y
la tierra apaleada en la fosa común.
Nosotros con nuestras malas noticias del extranjero
y otra palabra para leche
en camiones y líneas aéreas
en nuestro corazón
lo llevamos todo,
cosechas, ataúdes, agua,
gasóleo, hidrógeno, carreteras,
las lilas florecidas y
la tierra apaleada en la fosa común.
Nosotros con nuestras malas noticias del extranjero
y otra palabra para leche
¿Qué sabemos de poesía
en nuestras camas solitarias?
Como las comadronas sabemos de
la preñez en las mujeres
y cómo dan a luz,
como eruditos sabemos
lo que hace temblar al lenguaje.
Nuestra carga.
La unión de lo que ha sido dividido
hace temblar al lenguaje.
A lo largo de milenios y de la calle del pueblo
por tundras y bosques
a través de adioses y puentes
hacia la ciudad de nuestro hijo
hemos de llevarlo todo.
Nosotros contenemos poesía
Como los trenes de mercancía del mundo
Transportan ganado.
Pronto los regarán
en las vías muertas
jueves, 1 de noviembre de 2012
el taxidermista de los momentos preciosos
de las certezas que robé
no queda ni su olor en mis manos
como la lluvia que fue,
su brillo, su humedad,
de ellas sólo en la memoria
su rastro
demasiado dolor cerca para que crezca nada
perdidos en lo tóxico
como un paisaje postnuclear,
naturalezas muertas
como en un cuadro de Hopper
respiraciones detenidas,
ausencia de viento,
calor en la carne
o bocas mojadas
y qué desgarro el de tu amor atravesando mi madrugada
como el taxidermista de los momentos preciosos y precisos
deténme en el beso
deténme en el aullido
-que compartimos-
deténme en el instante que fuimos
engranaje
conquista
alquimia
orgasmo
pero no
cuando el pánico de no tenerte
cuando demasiadas raíces en el alma
cuando vistes con las ropas del cadáver del tiempo
y algo está pasando con tu vida
entonces sí,
qué hermoso saberse frágiles y perecederos
qué hermosa nuestra caída
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Indiana Caba,
mis desastres
Cigarrillos, Whisky y mujeres salvajes - Anne Sexton
nací tosiendo en el largo
invierno,
nací esperando el beso de la
piedad,
nací con cierta pasión por la
rapidez
y así, cuando las cosas
progresaron,
aprendí sobre la
empalizada
y lo que se saca fuera, el gas de la
enema.
Por dos o tres aprendí a no
arrodillarme,
a no esperar, a plantar mis fuegos bajo
tierra
donde no hay nadie a quien susurrarle o
acostar a morir
excepto las muñecas, perfectas y terribles.
excepto las muñecas, perfectas y terribles.
Ahora que escribí muchas
palabras,
y revelé tantos amores, y para
tantos,
y he sido enteramente lo que siempre fui
–
una mujer de exceso, de fervor y
ambición,
encuentro que el esfuerzo
fue inútil.
¿Acaso en estos días
no miro al espejo y
veo
a una rata ebria esquivando mis
ojos?
que moriría antes que mirarla a la
cara?
Me arrodillo una vez
más,
por si acaso la piedad
llegase
justo a tiempo.
Oliverio Girondo
n o c t u r n o
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.
toco poros
amarras
calas toco
teclas de nervios
muelles
tejidos que me tocan
cicatrices
cenizas
trópicos vientres toco
solos solos
resacas
estertores
toco y mastoco
y nada
Prefiguras de ausencia
inconsistentes tropos
qué tú
qué qué
qué quenas
qué hondonadas
qué máscaras
qué soledades huecas
qué sí qué no
qué sino que me destempla el toque
qué reflejos
qué fondos
qué materiales brujos
qué llaves
qué ingredientes nocturnos
qué fallebas heladas que no abren
qué nada toco
en todo.
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Oliverio Girondo
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