Mírame bien
no vengo a eliminarte los fantasmas
ni puedo prometer hacer milagros
más que la multiplicación de mis manos en tu cuerpo
Mírame bien mientras me robo tus latidos
(esa música negra
esa canción que arrulla los deseos)
para saber el ritmo de tus noches
sin tener qué tocarte el corazón
Mírame bien mientras me voy
danzando entre tu sangre
disfrazada de la luz que habita en la cerveza
Y siénteme dormir en el espacio de tu espalda
aunque a la vista estemos solamente
diciendo buenos días
en distintos extremos del mismo elevador
malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank
sábado, 20 de octubre de 2012
Ivonne Gómez Ledezma
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Todd Hido
viernes, 19 de octubre de 2012
afterglow - Jorge Luis Borges
Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
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Neil Krug
jueves, 18 de octubre de 2012
Piedad Bonnet
a b i s m o s
Porque eres ave que girando en rebeldía
desafía la bruma
la ardua noche
haciéndola más honda y más oscura
y más inmenso el mar
porque eres nave y náufrago a la vez
sin velas y sin anclas
solitario
profanador de todos los confines
potro de sombras desbocado y dulce
para la libertad
y el cielo galopante
hecho de vientos y hecho de huracanes
y sin embargo calmo como el agua
de misteriosos y profundos lagos
porque extraviado pero indiferente
como un rey agraviado deambulas
por los caminos de un imperio en ruinas
porque eres un reloj sin manecillas
un bello loto sobre los pantanos
porque te vi sonriendo en tus orillas
cayendo voy
errática y ardida
en tus oscuros mundos abismales.
y husmear en la tierra tus pisadas.
Por traspasar tus muros,
por abrir agujeros para verte soñar.
Por preparar mis filtros vestida de hechichera,
por recordar tus ojos de hielo mientras guardo
entre mis ropas un punzón de acero.
Por abrir trampas
y clavar cuchillos en todos tus caminos.
Por salir en la noche a la montaña
para gritar tu nombre
y por manchar con él los blancos paredones
de las iglesias y los hospitales.
Hay en mí una paloma
que entristece la noche con su arrullo.
Mi noche de blasfemias y de lágrimas.
a q u í d i j i s t e ...
Aquí dijiste:
"son hermosos
los ojos húmedos de los caballos".
Y aquí: "me encanta el viento".
Desando yo tus pasos, revivo tus palabras.
Y te amo en la baldosa que pisaste,
en la mesa de pino
que aún guarda la caricia de tu mano,
en el estropeado cigarrillo
olvidado en el fondo de mi bolso.
Recorro cada calle que anduviste
y sé
que amaste este abedul y esta ventana.
Aquí dijiste:
"así soy yo,
como esa música
triste y alegre a un mismo tiempo".
Y te amo
en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
en la feliz canción
que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza.
En el día aterido
que tú estás respirando no sé dónde.
En el polvo, en el aire,
en esa nube
que tú no mirarás,
en mi mirada
que te calcó y fijó en mi más triste fondo,
en tus besos sellados en mis labios,
y en mis manos vacías,
pues eres hoy vacío
y en el vacío te amo.
Porque eres ave que girando en rebeldía
desafía la bruma
la ardua noche
haciéndola más honda y más oscura
y más inmenso el mar
porque eres nave y náufrago a la vez
sin velas y sin anclas
solitario
profanador de todos los confines
potro de sombras desbocado y dulce
para la libertad
y el cielo galopante
hecho de vientos y hecho de huracanes
y sin embargo calmo como el agua
de misteriosos y profundos lagos
porque extraviado pero indiferente
como un rey agraviado deambulas
por los caminos de un imperio en ruinas
porque eres un reloj sin manecillas
un bello loto sobre los pantanos
porque te vi sonriendo en tus orillas
cayendo voy
errática y ardida
en tus oscuros mundos abismales.
León de Greiff
a s e d i o
No me culpes.
Por rondar tu casa como una panteraNo me culpes.
y husmear en la tierra tus pisadas.
Por traspasar tus muros,
por abrir agujeros para verte soñar.
Por preparar mis filtros vestida de hechichera,
por recordar tus ojos de hielo mientras guardo
entre mis ropas un punzón de acero.
Por abrir trampas
y clavar cuchillos en todos tus caminos.
Por salir en la noche a la montaña
para gritar tu nombre
y por manchar con él los blancos paredones
de las iglesias y los hospitales.
Hay en mí una paloma
que entristece la noche con su arrullo.
Mi noche de blasfemias y de lágrimas.
a q u í d i j i s t e ...
Aquí dijiste:
"son hermosos
los ojos húmedos de los caballos".
Y aquí: "me encanta el viento".
Desando yo tus pasos, revivo tus palabras.
Y te amo en la baldosa que pisaste,
en la mesa de pino
que aún guarda la caricia de tu mano,
en el estropeado cigarrillo
olvidado en el fondo de mi bolso.
Recorro cada calle que anduviste
y sé
que amaste este abedul y esta ventana.
Aquí dijiste:
"así soy yo,
como esa música
triste y alegre a un mismo tiempo".
Y te amo
en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo,
en la feliz canción
que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza.
En el día aterido
que tú estás respirando no sé dónde.
En el polvo, en el aire,
en esa nube
que tú no mirarás,
en mi mirada
que te calcó y fijó en mi más triste fondo,
en tus besos sellados en mis labios,
y en mis manos vacías,
pues eres hoy vacío
y en el vacío te amo.
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Todd Hido
miércoles, 17 de octubre de 2012
la desesperada distancia
[porque somos animales desorientados]
creo en el uso de los cuerpos. en su uso y en su abuso. creo en la rabia y en todas y cada una de nuestras carreras perdidas -y en cómo te pierden las carreras de mis medias, también creo-, en los nudos en el estómago y los momentos ámbar que atrapan las canciones, en los escalofríos de verano y en las miradas en los ascensores. en el amor como un fuego que invoca al viento. en el dolor como un perro moribundo que morirá mordiendo.
empujo las paredes mientras me crece dentro un desierto. y entonces, las avenidas lentas y el color ceniza de la mañana y todo lo que nos separa, y todo lo que nos desespera. como una selva de redes que nos devuelven al origen, al exacto y mismo punto de partida. y siempre son dos orillas: tu cuerpo y el mío. y me quedo sin el abrazo de tu mirada, otra vez; novata a la hora de frenar la guillotina de las noches largas, otra vez.
en ocasiones, se difumina el daño, y tu recuerdo me llega con un gesto arrodillado, con dulzura, como un lago tibio donde nunca rompen las olas. y me creo capaz de sufrir serena, y me dispongo a disfrutar de la pena como manjar de lágrimas y pérdida que conozco bien. entonces algo cruje como leña seca, se me astilla la fuerza y se me duerme la fiera. la sonrisa se hace mueca. y me fallo una vez más. y ahí queda el deseo, como un teléfono que no cesa de sonar en mitad de la noche.
mientras, creo en los poetas de barra y vómito que nadie conoce y que son el germen de las buenas novelas nunca escritas. creo en el ansioso dictado del vértigo y la nada. creo en las golondrinas becquerianas y en el pájaro azul que muere de inanición allá en lo más profundo. llevo dentro un grito de Munch que nadie escucha y un caos de Pollock en el alma. creo en todas y cada una de nuestras ramas secas que ya no brotan pero resisten. creo en los susurros potentes que lo descolocan todo y en las miradas que nos dibujan por dentro deliciosos y turbios soles derretidos que dejan marcas.
creo en todas las veces que cambiamos el mundo y en las oportunidades malgastadas por alocados e insensatos. en los tropiezos y en los jardines salvajes donde todo crece a golpe de lluvia y sol. y en el inagotable zumbido de la nostalgia. y en el néctar de la lujuria del que libamos como animales desorientados que no saben volver a casa. creo en la belleza del adiós y en los ataques de locura del que no derrama besos cuando lo necesita. y en las dosis inexactas de ternura y violencia que me ofreces. creo en las madejas líricas de Bolaño y en los saltos desde los puentes. y en los pájaros sin canto. y en confundir el hambre con el amor. y en la arcada universal que es la literatura y en la marea emocionante de los que se acercan y no se tocan.
en ocasiones, se difumina el daño, y tu recuerdo me llega con un gesto arrodillado, con dulzura, como un lago tibio donde nunca rompen las olas. y me creo capaz de sufrir serena, y me dispongo a disfrutar de la pena como manjar de lágrimas y pérdida que conozco bien. entonces algo cruje como leña seca, se me astilla la fuerza y se me duerme la fiera. la sonrisa se hace mueca. y me fallo una vez más. y ahí queda el deseo, como un teléfono que no cesa de sonar en mitad de la noche.
mientras, creo en los poetas de barra y vómito que nadie conoce y que son el germen de las buenas novelas nunca escritas. creo en el ansioso dictado del vértigo y la nada. creo en las golondrinas becquerianas y en el pájaro azul que muere de inanición allá en lo más profundo. llevo dentro un grito de Munch que nadie escucha y un caos de Pollock en el alma. creo en todas y cada una de nuestras ramas secas que ya no brotan pero resisten. creo en los susurros potentes que lo descolocan todo y en las miradas que nos dibujan por dentro deliciosos y turbios soles derretidos que dejan marcas.
creo en todas las veces que cambiamos el mundo y en las oportunidades malgastadas por alocados e insensatos. en los tropiezos y en los jardines salvajes donde todo crece a golpe de lluvia y sol. y en el inagotable zumbido de la nostalgia. y en el néctar de la lujuria del que libamos como animales desorientados que no saben volver a casa. creo en la belleza del adiós y en los ataques de locura del que no derrama besos cuando lo necesita. y en las dosis inexactas de ternura y violencia que me ofreces. creo en las madejas líricas de Bolaño y en los saltos desde los puentes. y en los pájaros sin canto. y en confundir el hambre con el amor. y en la arcada universal que es la literatura y en la marea emocionante de los que se acercan y no se tocan.
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mis desastres,
prosa poética
Pedro Casariego Córdoba
Tengo 32 años, pero nadie sabe, ni siquiera yo, cuánto tiempo he vivido. Nací (según los papeles y los hombres) en 1955 pero no sé si estaba vivo en abril del 69, en marzo del 80, en aquella mañana gris, mientras remaba en el lago tranquilamente sueco. Nadie sabe los años que tiene, nadie conoce su verdadera edad, todos mentimos cuando decimos: "Tengo 32 años y soy ingeniero".
Todos
hemos estado muertos en el vientre estéril de la noche, cuando no
podemos dormir y nadie pone un disco para que bailemos con las estrellas
desnudas.
Las horas nos
entierran de repente, sobre nosotros crecen los minutos y las flores
moradas de la alta montaña. Luego, de pronto, otras horas nos
desentierran con un beso en la boca, una mano debajo del pantalón o una
simple tormenta, la madre del rayo y del charco, la tormenta salvadora.
... Ahora sé que tengo pocos minutos y pocos años...
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Anders Petersen,
Pedro Casariego Córdoba
martes, 16 de octubre de 2012
algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer - David Foster Wallace
He visto playas de sacarosa y aguas de un azul muy brillante. He visto un traje informal completamente rojo con las solapas evasé. He notado el olor de la loción de bronceado extendida sobre diez mil kilos de carne caliente. Me han llamado < > en tres países distintos. He visto a quinientos americanos pijos bailar el Electric Side. He visto atardeceres que parecían manipulados por ordenador y una luna tropical que parecía más una especie de limón obscenamente grande y suspendido que la vieja luna de piedra de Estados Unidos a la que estoy acostumbrado.(...)
He bailado (muy brevemente) la conga.
(…)
El baño del camarote 1009 siempre huele a un desinfectante noruego pero no desagradable cuyo aroma se parece a como olería si alguien que supiera la composición organoquímica exacta de un limón pero en realidad nunca hubiera olido un limón intentara sintetizar el aroma de limón. Más o menos la misma relación con un limón de verdad que las aspirinas infantiles de Bayer con una naranja de verdad.
(...)
He visto montones de barcos blancos e inmensos. He visto bancos de pececitos con las aletas brillantes. He visto a un chico de trece años con tupé. (A los pececitos brillantes les gustaba aglomerarse entre nuestro casco y el cemento del muelle donde atracábamos). He visto la costa norte de Jamaica. He visto y olido a los ciento cuarenta y cinco gatos de la Residencia Ernest Hemingway de Cayo Hueso, Florida. Ahora conozco la diferencia entre el bingo normal y el Prize-O, y lo que quiere decir que el bote de un bingo “nieve”. He visto videocámaras que casi necesitaban una plataforma móvil: he visto maletas fluorescentes, gafas de sol fluorescentes, quevedos fluorescentes y más de veinte marcas distintas de chanclas de goma. He oído timbales, he comido buñuelos de caracola y he visto a una mujer con un vestido de lamé vomitando a distancia dentro de un ascensor de cristal. He señalado rítmicamente al techo al compás dos por cuatro de la misma música disco con la que en 1977 odiaba señalar al techo.
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David Foster Wallace,
Katja Gragert
resurrección - Roberto Bolaño
La poesía entra en el sueño como un buzo en un lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Balatón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.
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Robert Gregory Griffeth,
Roberto Bolaño
lunes, 15 de octubre de 2012
casi invisible - Mark Strand
e t e r n i d a d p r o v i s i o n a l
c l a r i d a d e s d e l o i n e x i s t e n t e
Un hombre y una mujer estaban acostados en la cama. "Sólo una vez más", dijo el hombre, "sólo una vez más". "¿Por qué sigues diciendo eso?", dijo la mujer. "Porque no quiero que termine nunca", dijo el hombre. "¿Qué es lo que no quieres que termine?", dijo la mujer. "Esto", dijo el hombre, "este no querer que termine nunca".
a g o t a m i e n t o a l a t a r d e c e r
El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejeciendo antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.
c l a r i d a d e s d e l o i n e x i s t e n t e
Haber amado como sucede en las horas vacías del atardecer; recostarse y concebir un viaje del que no quede ni rastro; mirar desde la casa y ver una figura que se inclina hacia adelante como contra el viento, aunque no haya viento; ver los sombreros de la gente del pueblo, tirados en momentos de pasión, desperdigados en el suelo, aunque no pueda verse el suelo. Todo esto en la imprecisa luz amarillenta que desciende en la hora antes del anochecer; nada de esto tiene valor excepto por el placer que proporciona, agrandando un instante y finalmente haciéndolo parecer verdad. Y años después toparse con la misma escena -la figura inclinándose contra el mismo viento, los mismos sombreros desperdigados sobre el mismo suelo que no se puede ver.
escoriación (descripción de un naufragio) Cristina Peri Rossi
Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele, y arde el yodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esa suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.
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Anders Petersen,
Cristina Peri Rossi
domingo, 14 de octubre de 2012
Luis Alberto de Cuenca
r e c a í d a
a n i v e r s a r i o
No siento que te fueras cuando te fuiste -todas
se marchan de mi vida, más tarde o más temprano-,
sino que sigas yéndote cada vez que me acuerdo
de que no estás conmigo, que es, por ejemplo, ahora.
Siento que la película de tu partida sea
un tema recurrente de mi imaginación
y que no haya en el mundo mezcla química
capaz de transportarme al reino del olvido,
donde tú no te vas.
Cita en el paraíso las próximas seis horas (quizá dé para ocho la dosis). Ponte guapa y dime tonterías con los ojos nublados. Yo serviré las copas. Tú elegirás la música. Leeremos en voz alta (Cirlot, Pessoa, Borges) y nos pondremos ciegos de amor y de futuro. Luego vendrá la triste realidad a quitarnos el velo de la dicha, y, cuando las primeras luces del alba asomen, tú caerás en lo hondo y yo te seguiré sin alas al abismo, roto de culpa y de desasosiego.
c o l l i g e, v i r g o, r o s a s
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.
a n i v e r s a r i o
No siento que te fueras cuando te fuiste -todas
se marchan de mi vida, más tarde o más temprano-,
sino que sigas yéndote cada vez que me acuerdo
de que no estás conmigo, que es, por ejemplo, ahora.
Siento que la película de tu partida sea
un tema recurrente de mi imaginación
y que no haya en el mundo mezcla química
capaz de transportarme al reino del olvido,
donde tú no te vas.
f e d e e r r a t a s
Te mentí, vida mía. Donde dije
"te quiero", pon "te quiero con locura".
Donde dije "me muero por tus huesos",
quise decir "me muero por tu carne".
Donde dije "lo nuestro es para siempre",
debí decir "lo nuestro es donde nunca",
en un mundo en que no mueren las rosas,
en un mundo de fe, libre de erratas.
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Luis Alberto de Cuenca
sábado, 13 de octubre de 2012
vivo y malvado
si nos convertimos en mares viejos
que ocultan tesoros
y monstruos por igual,
y la vida ya es la primera fila
en las vallas de la tragedia
cuando el pasado empuja
como rueda de molino
y nos arrastra hacia el fondo
-sí, nuestra gravedad-
qué nos resta sino
buscarnos una vez más
en el vano espejo del ayer,
allí donde todo duele y arde
como todas las habitaciones
en las que la amaste tanto
y recordarte vivo y malvado
y recordarte exhausto y amado.
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