XXII
No me busques ahí
donde los vivos visitan
a los llamados muertos.
Búscame
dentro de las grandes aguas
en las plazas
en el fuego corazón
entre caballos, perros,
en los arrozales, en el arroyo
o junto a los pájaros
o en el reflejo
de otro alguien,
subiendo un duro camino
Piedra, semilla, sal
pasos de la vida. Búscame ahí.
Viva.
Da morte. Odes mínimas
III
Descansa.
El hombre ya se hizo
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.
Amavisse
XVI
No es verdad.
No todo fue tierra y sexo
en mí
si soy poeta
es porque también
se hablar de amor
suavemente.
Y como nadie se
acariciar
la cabeza de un perro
en la madrugada.
SONETOS QUE NO SON
II
¿Es mío este poema o de otra?
¿Soy yo esta mujer que anda conmigo
y renueva mi habla y al oído
si no me habla de amor, al poco calla?
¿Soy yo la que a mí misma me persigo
o son mujer y rosa que escondidas
para que sea eterno mi castigo)
lanzan voces de noche tan oídas?
No sé. De casi todo no sé nada.
El ángel que da fuerza a mi poema
no sabe de mi vida descuidada.
La mujer no soy yo. Y perturbada
la rosa en su destino, la persigo
en rumbo hacia los reinos que inventé.
IV
¿Qué boca ha de roer el tiempo? ¿Qué rostro
Ha de llegar después del mío? ¿Cuántas veces
el tejido leve de mi soplo ha de posarse
sobre la blancura agitada de tu pecho?
¿Atravesáremos juntos las grandes espirales
la arteria extendida del silencio, el vacío
la planicie del tiempo?
Cuantas veces dirás: vida, estrella vespertina, magna-marina
y cuantas veces diré: eres mío. Y en las distendidas
tardes, de largas lunas, de madrugadas agónicas
sin poder tocarte. Cuantas veces, amor
Una nueva vertiente ha de nacer en ti
y cuantas han de morir en mí.
Júbilo, memória, noviciado da paixão
XVI
O
que nós vemos das coisas são as coisas.
(Fernando
Pessoa)
Las cosas no existen.
Lo que existe es la idea
melancólica y suave
que hacemos de las cosas.
La mesa de escribir es hecha de amor
y de sumisión.
En tanto
nadie la ve
como yo la veo.
Para los hombres
es hecha de madera
y esta cubierta de tinta.
Para mí también
más la madera
protege su interior
pues su interior es humano.
Los libros son criaturas.
Cada página un año de vida,
cada lectura un poco de alegría
y esta alegría
es igual al consuelo de los hombres
cuando inquietos permanecemos
en respuesta a sus inquietudes.
Las cosas no existen.
La idea, sí.
La idea es infinita
igual que el sueño de los niños.
Balada de Alzira
NO HABLEMOS.
Y que las voluntades primeras
permanezcan
gigantes y sin forma
sin ningún camino
para el mundo de los hombres.
X
Ardiente. Oscuro. Tu ardiente soplo
sobre la oscura cerrazón de la garganta.
Palabras que pensé atrincheradas
resurgen delante del toque nuevo:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del luto
viene llegando un lago de sorprendimiento
recreando musgo. Vuelven las seducciones.
Vuelve mi propia cara seducida
por tu doble rostro: mitad raíces
oquedades y pozo, mitad lo que no sé:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
las sales, el mal que ha sido esta lucha
en tu arena crispada de puñales.
Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
y exceso, ha de quedar en ti lo más sombrío.
Dirás: qué instante de dolor y de intelecto
cuando soñé los poetas en la Tierra. Carne y polvo
Lo perecible, exudando resplandor.
Sobre a tua grande face
IV
[fragmento]
A
Vinicius de Moraes
En la hora de mi muerte
estarán a mi lado más hombres
infinitamente mas hombres que mujeres.
(Porque fui más amante que amiga)
Sin duda dirán las cosas que no fui.
Como entonces con gran generosidad:
No era mal poeta la pequeña Hilda.
Tendré rosas en el cuerpo, en las manos, en los pies.
Son todos tan delicados
tan delicados…
Balada do Festival
XIX
Prométeme que te quedarás
hasta que la madrugada te sorprenda.
Aunque no sea abril
esta noche que desciende
aunque no haya estrella y esperanza
en este amor que amanece
Roteiro do silêncio
I
Nave
ave
molino
y más todo seré
Para que sea leve
mi paso
en vuestro
camino
Trovas de muito amor para um amado senhor
III
Tu sueño no es un sueño común.
Extiendes la vigilia
y aprendes a través de la oscuridad.
También así
el mar reposa.
Pequenos funerais cantantes ao poeta Carlos Maria de Araújo
XIX
Si yo supiese
tu nombre verdadero
te tomaría
húmeda, tenue
y entonces descansarías.
Si susurraras
tu nombre secreto
en mis caminos
entre la vida y el sueño
Te prometo, muerte,
la vida de un poeta. La mía:
Palabras vivas, Fuego, Fuente.
Si me tocaras,
amantísima, blanda
como fui tocada por los hombres
en vez de Muerte
te llamo Poesía
Fuego, Fuente, Palabra viva
Suerte.
VI
Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
cuantas me darás para otra vez amanecer
intentándote buscar. Porque vives de mí, Sin Nombre,
sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
porque sé de ti tu hambre, tu noche de herrumbre
tu pasto es mi verso rociado de tintas
y de un verde negro tu casco en los arenales
donde me pisas hondo. Hoy te canto
y después enmudezco si te alcanzo. Y juntos
iremos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De sangre.
Sobre a tua grande face
XXII
Que las barcazas del Tiempo me devuelvan
la primitiva urna de palabras.
que me devuelvan a ti y a tu rostro
como lo conocí desde siempre: punzante
pero centellante de vida, renovado
como si el sol y el rostro caminasen
porque venia de uno la luz del otro.
Que me devuelvan la noche, el espacio
para sentirme tan vasta y poseída
como si aguas y maderas de todas las barcazas
se hiciesen materia rediviva, adolescencia y mito.
Que te devuelva la fuente de mi primer grito.
moradora secreta en tu cuarto,
llama que agita tu aliento,
música escrita en tus sueños.
Soy el agua incesante en tus mente,
nube que busca tu boca,
viento sembrado en tu falda,
noche que enciende tu fuego.
Soy tu espejo y tu caricia,
óvulo girando y creciendo,
placer narrado con pausas,
hora que extingue tu muerte.
Hay un paisaje sin corazón dentro de mí.
Lo veo tan cerca, tan esplendido…
súbita luz, nave dorada, espejo,
que transformándose en niebla
intacto emerge.
Sin duda, amigo mío, la isla
sería nuestro puerto.
Después de ella vendría el monólogo
y la certeza de las cosas imposibles.
III
Si tu vida se extiende
Más que la mía
Acuérdate, mi odio-amor,
De los colores que vivíamos
Cuando el tiempo del amor nos envolvía.
De oro. Del rojo de las caricias.
De las tintas de un celo antiguo
Derramado
Sobre mi cuerpo sospechoso de conquistas.
Del castaño de luz de tu mirada
Sobre el dorso de las aves. De aquellos árboles:
Estrías de un verde-ceniza que tocábamos.
Y hojas de un color de tempestades
Contorneando el espacio
De dolor y lejanía.
Tiempo turquesa y plata
Mi odio-amor, señor de mi vida.
Acuérdate de nosotros. En azul. En la luz de la caridad.