malditos sean los curiosos y que los malditos sean curiosos:
la esencia de la poesía es una mezcla de insensatez y látigo...
....el gran Hank

lunes, 29 de junio de 2026

ahogando el silencio

 


"Mira si es verdad mi hombro", reza ese título -que ya es verso- de Pureza que acaba de anclarse, irremediablemente, a mi retina, como este calor derramado y sostenido a la vez en el aire. 

Ay de la visibilidad de un recuerdo, ay de la santería del souvenir del momento tatuado, también así, sostenido en el aire, y el sonido de suave helicóptero que tararean las aspas del ventilador recorriendo mi espalda, mientras tecleo, en modo automático, danza de yemas con olor a Yozakura, y libero al verbo que desorientado y ebrio choca con los márgenes de un modo catastrófico y deliberado.

No sé reordenar las lágrimas, los versos o los ayeres, siempre es más fácil distribuir nuestra basura, ahora que como escribió Sbarra cualquier plástico dura más que un amor eterno. Solo sé mirar por la ventana lo que queda del bosque, paisaje fundido cual hierro vegetal. El descanso de las golondrinas ha construido este silencio que me envuelve, cuando caiga el sol regresarán a su actividad de vuelos sin descanso, a su nido de barro y ramas, 18 gramos de fiebre que viene y va. Después se balancearán en el rail roto de bombillas que no quiero quitar porque ahora es de ellas y para siempre. 

-¿Dónde colocarías un tercer brazo? -me preguntas poniendo a prueba mi creatividad. 

Un desastre exquisito, ando construyendo. Liquen, el poema y yo. Goteo de luz, como los senderos del limo de los caracoles. El sol los hace brillar y ese sí es el poema. El poema inefable. 

La calle está llena de animales hiper ansiosos con las manos ocupadas. Los poemas encerrados en manicomios, sueñan con ser escritos una y otra vez en un motel de Santa Rosa. Y todas las poetas locas, y todas las poetas musas, y todas las poetas nada. Tu belleza será electroconvulsiva o no será, les dijeron. Calles que desembocan en el cielo. Una gaviota de un blanco irreal picoteando al erizo muerto en la cuneta. La realidad es un reality desde hace tiempo. 

Tecleo tecleo tecleo


-¿Dónde? En la garganta 


miércoles, 15 de abril de 2026

UN FULGOR CÍCLICO



 



¡No quiero brillar, sino fosforescer!

 

Confiné la luz en mi piel, pero ella se desató como se desatan los corceles que se sueñan salvajes. Como se desatan las lenguas con el vino o un oleaje que azota la Tramontana, ese viento daliniano que talla sus poemas sobre la roca. La noche como un terrón de azúcar que se deshace lentamente. Hay una silla vacía respirando a mi lado, como si el silencio tuviera costillas. Auxilio. Me inclino sobre la herida como un junco. La huelo, la lamo, la entiendo. El tiempo escribe con uñas sobre un vidrio empañado una palabra que se niega a morir, aunque ya no signifique nada. He aprendido a hablar con lo que se pierde, le pregunto al humo por su fuego, le pregunto al polvo por su fe. 

«¿No han visto cómo fosforecen las rocas por culpa de ciertos minerales?» se preguntaba Scorza en Tumba para un hombre.

No hay centro, sólo esta deriva: una lengua que se muerde a sí misma, una fuerza que renace, un relámpago que escribe, aunque nadie lo lea, aunque el papel sea apenas otra forma de la noche. 

Nadie reclama el vaso roto, nadie reclama el origen de la herida, la curva cerrada, la infección y su negrura. Queda el neón enfermo, queda el agua apestosa de la flor muerta, la flor desnucada en un jarrón precioso. Los semáforos rezan en rojo y los coches pasan como animales que han olvidado el nombre del miedo. La noche mastica anuncios publicitarios del fin del mundo con una tristeza educada. La lluvia corrige las palabras que habitan por un instante el vaho de los cuerpos hasta lo irreconocible. 

Vamos a cruzar el fuego sin dar explicaciones. Todos los fuegos, todas la palabras, los desiertos, las rabias, los enjambres, las quimeras, los aciertos, las avenidas con sus rascacielos, los amores, los desvelos, las manadas de recuerdos, el subsuelo y en medio del caos perderemos nuestra aureola.  

Me observo. Albergo dos realidades. Soy una ciudad. Soy un bosque. 

El bosque es una forma de respiración. Un animal detenido en su propia vigilia. Un idioma vegetal que insiste, una corteza que murmura. Su silencio tiene raíces. Su oscuridad no es ausencia, es espesura. 

La ciudad en cambio fosforece, no como un milagro, sino como una herida que aprendió a iluminarse. Un oleaje de asfalto. Los edificios laten con una luz verdosa, enferma, hermosa, como si el concreto recordara haber sido musgo. 

Fosforescer es el verbo secreto de las cosas abandonadas. Fosforece el agua estancada en los charcos donde la noche se mira los dientes. Fosforecen los semáforos cansados de una canción de Quique. Las ventanas que no me esperan. 

 Ay si la lengua sangrara más despacio sobre este papel tan blanco, ay si mi cuerpo fuera el mapa del fracaso. 

Venga a mí toda la luz desatada. 











sábado, 14 de febrero de 2026

D E S O R I E N T A D A



Busco lienzos de sol donde, gatuna, acostarme. Busco improvisar una tensión en mitad de tanto viento. 

Devoro el olor de la tierra mojada con mis ojos color sed. La piel, tamiz para el temblor, también busca. Naufrago en la geografía de las líneas de otras manos. El bloqueo es un laberinto sin salida o tal vez sean infinitas. La última planta de un rascacielos de silencio. Mis yemas suspiran lejos del teclado. Escribo con mi mente amaneceres que brillan de un modo insano. Descifro la luz y la guardo en mi cabello maleza. Percibo un tigre que despierta. Labro un lenguaje de penumbra en el salón, para la trazabilidad del daño. Evito la circunferencia perfecta del pozo vacío, para escoger el salto. El dominio exacto de la bruma en este día tan largo, se destruirá con mi calor, auguro. 

Cicatriz o arabesco, magia que se dibuja en mi piel para ser siempre un libro nuevo. Un hombro, una dorsal, un gemelo, un pecho, un florecer de páginas sin número, como flores de un magnolio que cuenta su historia.   

Aquí, un conjuro a tu alcance. Aquí, un derrotero lleno de espuma de melancolía dilatada. Que brille la sal de todos los llantos. Que las señales mientan. 

Mi razón de ser: deslumbrarme, dejarme romper por la belleza, brindarme en la intemperie a los versos que buscan mis sienes. Invadir el teleprompter de tu conciencia. Entender la anatomía del nudo. Transpirar risas y ternura. El poema, mi escolta, comparecencia infinita. 

Cuando el final será común, la hazaña es el camino. 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Cuando yo salgo a la mar

                                                                              



una foto de año nuevo y un poema de un marzo viejo

Salgo al poema como el que sale a la mar. Con las redes vacías y la carnada fresca. Intento entender las nubes, intento entender el viento, le miro la cara al sol, como hace mi padre. Si está turbio, si parece un espejo. Porque el sol habla mientras exhibe su fuego. 

Salgo al poema con ansia de destello, para hacer hangar en su abrazo bautizada por el azul del cielo. 

Vuelvo con las mejillas saladas y el pelo enredado. Con los labios secos y la ropa húmeda. 

Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él. 

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Somos el diez por ciento, y qué?

Yo no sé si en este tránsito habrá destello o baile triste en el páramo, pero suena Lhasa de Sela y duele demasiado. No sé si mis costillas serán hangar para tu abrazo o un poema gacela tigre del inframundo que a la carrera te intenta dar alcance, mordisquea tus tobillos o descuidos pero quiero perseguir tu corazón, fatigar tu selva. 

Conjuntos vacíos, se acaba de derramar la cerveza sobre el teclado, mientras escribo eso. Será un tsunami sobre el poema que viene a destrozarlo todo o sencillamente a borrar lo escrito en la arena. 

Lo que escribo no es bonito pero hace mucho que tracé un océano para evitar la obviedad. 

Lo verdadero es prenderse fuego sin pensar. y leerse desnudos, también, sin pañuelos, que el burladero ya sabemos que es para el torero valiente

Aquí todo deviene en poema presidente, en poema francotirador, en poema escueto que pisa lo fregado hace mil. Todos estamos malheridos pero algunos deben morir, y cuanto antes mejor. el mundo se me ha hecho pequeño. No el mundo de playas y costas. De brindis y sonrisas. No, ese mundo, no. El mundo que me trae algo de verdad. El mundo de la pesca hermosa, como la que trae mi padre cuando coge su llaüt y sale a la mar. cuando yo salgo a la mar. Ese mundo. El que se detiene. El que paladea y hace streeptease abriendo un vino o cocinando un arroz. No somos miles, somos estos. Pero tenemos nombres. Y bocas. Y ojos. Y oídos. Y sabemos derramarnos sobre un sofá, imaginar cabinas de teléfono o chicharras de verano  que explotan a media tarde en pleno agosto. No necesitamos más. Somos el diez por ciento. Podemos con más de dos versos, tenemos tiempo aunque nos quede menos. Ahora suena Algiers, The Afghan Whigs. Y la pondré on repeat como hace un rato hice con Nudozurdo y su Bondage belcanto.Y sabes qué? que no pasará nada por frenar, el mundo seguirá girando, incluso cuando yo no exista, seguirá girando y yo sin darme ya cuenta, giraré con él.