habitualmente se refiere a lo
impredecible.
Caos deriva de la
raíz ghno ghen
("hueco", "muy
abierto").
Euforia, no me muerdas todavía,
déjame enterrar la pena en caliente
para ver cómo se mueve y se retuerce en el delirio
y la claustrofobia.
No me robes el duelo porque lo que no derrame ahora
me apuñalará más tarde.
Hay algo excitante en el bastardo fango,
algo hermoso en las lágrimas que caen muslo abajo.
Torrencialmente rotos, existimos.
Aprendemos a contar de niños, en la tormenta.
Mantas, madre y relámpago.
Amor, animal famélico que vienes a arrasar la despensa de la
calma,
con tus horas de fornicio en habitaciones de fiebre
para consumir cuerpos como tabaco y en agonía.
Espera.
Izar la tristeza e izar la sonrisa
es algo que desaprendemos tan velozmente como el caer de la
ropa.
Locos de atar, cuando transpiramos el uno en el otro
nuestras pesadillas a voces, nunca a oscuras,
sin imaginar lo atroz del silencio que trae el tumulto sin
ti,
cómo arrolla tu ausencia,
carro de gitano con su romero y su maldición.
(Te tocaré tres veces cada noche para saberte respirando
-dije
Te morderé el mentón hasta que lamentes haberme encontrado
–auguré
Y tenerme junto a ti será como ver llover en el metro).
Pero ahora, toda la gramática inútil de las ojeras que
no nacen de la falta de sueño
está manchando teclados,
quemando ojos al otro lado,
devorando horas que no tienen precio ni remedio.
Queríamos estrangular la palabra devastación,
y definirnos pobres pero, de algún modo, saciados,
como si empapelar la habitación con flores hiciera el
bosque
y me ubicara a tu lado.
Rebosando rabia y creyendo saber en qué hoteles se aloja la
rutina.
Flojos, ilusos, petirrojos de pecho estallado,
mientras nos buscábamos los huecos para curarnos
tarareando nuestras malditas tarantas,
tan vivos como extraviados.
Pero siempre después, se perpetra el caos.
Porque aquí con el exceso se trafica,
prestidigitadores de verbos hermosos
que exfolian la tristeza/maleza del daño.
Qué ordinaria la alegría, cómo se parece toda.
En cambio el golpe es un espejo que cicatrizar
no sabe ni sabrá nunca.
En el barro, en restregarse como cerdos en el barro, en la búsqueda de huecos mutuos está el goce, no otro. El poema también es un hueco. Un abrazo.
ResponderEliminarDe una isla a otra he lnavegado a este hermoso caos que es tu espacio donde no se trafica con el exceso, afortunadamente, sino con las palabras y eso cicatriza cualquier herida.
ResponderEliminarSaludos desde Tenerife cuando quieras te das un "saltito"-
tan solo por esto (que es el universo entero y completo) vale todo el llanto del despuès.
ResponderEliminar(Te tocaré tres veces cada noche para saberte respirando -dije
Te morderé el mentón hasta que lamentes haberme encontrado –auguré
Y tenerme junto a ti será como ver llover en el metro).
julia genia!
besos
Muchas veces leo y me voy en silencio, otras, como esta, necesito decir que me gustó.
ResponderEliminarUn abrazo.
HD
"Que ordinaria la alegría, cómo se parece toda." Tienes momentos de autentica genialidad. :)
ResponderEliminarTremenda la frase de Anaïs Nin.
ResponderEliminarMe recordaste a Ada Salas:
ResponderEliminar"El dolor es la forma más acabada del caos"
Tu poema es un puñetazo devastador, comenzar con Anaïs Nin es demasiado <3
Abrazos.
Joder, qué maravilla, y qué dolor y qué gusto leer este poema: eres poesía.
ResponderEliminargenial emocionante es como levitar entre las ruinas del tiempo
ResponderEliminarpiel de erizo, me dejaste erizada
ResponderEliminargrandísimo
ResponderEliminar